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IDEAS / Aborto: Sesión Histórica
miércoles 8 agosto, 2018

Tapar el sol con la mano

Después de meses de debate, lo que no está en duda es la lucha de las mujeres por sus derechos.

Mariángeles Castro Sánchez*

movimiento en la calle a favor de las dos vidas en zona del congreso Foto: Fotos Agencia NA y AFP

“La decisión sobre la maternidad debe basarse en la libertad y no en una imposición estatal”. Absolutamente de acuerdo. Esta afirmación, parte del material preparado por Amnistía Internacional para promover la legalización del aborto en Argentina, es un buen punto de partida para nuestra reflexión. Frente a ello, nos preguntamos: ¿y la decisión sobre la vida? ¿Debería un Estado civilizado y de pleno derecho decidir la muerte de algunos a pedido de otros? ¿Podemos retrogradar sin más a épocas pretéritas en las que la existencia pendía de la orientación del pulgar del poderoso?

Aborto sí, aborto no. Legal o no punible. Derecho al aborto o su variante eufemística:  interrupción voluntaria del embarazo (IVE) . Misoprostol, educación sexual integral, objeción de conciencia. En los últimos meses fuimos sistemáticamente bombardeados con términos que pasaron a integrar nuestra jerga cotidiana. Resonaron con estridencia en las ágoras modernas, en redes sociales, recintos, aulas y medios de prensa, salas de espera, pasillos y oficinas. Derechos Humanos, derecho a la vida, derecho a la integridad personal. Colisión de derechos. Derecho sobre el propio cuerpo. ¿Derecho a decidir? A decidir quiénes gozan de este derecho, que, de prosperar el proyecto con media sanción, no seremos todos.

La sociedad argentina, nuevamente escindida, enfrenta un debate que toca y conmueve su fibra íntima. No cabe declararse prescindente: verde o celeste, esa es la cuestión. A favor de la vida se declaran ambos, pero solo uno nos recuerda que son dos las vidas a proteger. Es por eso que el enfoque no admite medias tintas ni tibiezas. Ni desvíos del eje de la discusión que generen adhesiones sobre la base de falsos dilemas. Pues, si de salud pública se trata, el orden de prioridades coloca este tema en un lugar periférico, muy por detrás unas cuantas causas de mortalidad que arrojan números ampliamente más significativos.

Aclaremos, de paso, que la lucha de las mujeres por nuestros derechos es un camino de ida que no está en juego aquí. Porque ya no tiene retorno. Aspiramos a la igualdad en los diferentes ámbitos de actuación y hacia allí vamos. Pero la discusión roza este punto y adquiere por momentos ribetes surrealistas. Apelando a golpes bajos, citando casos paradigmáticos que generan una respuesta empática. Parecería que la única solución sería actuar tardíamente sobre unas consecuencias indeseadas, porque aún no atinamos a pensar con seriedad como tratar las causas. Un procedimiento seguro y el Estado se sacará un problema de encima velozmente. La ecuación costo-beneficio cerrará, pero ¿cómo continuará esta historia?

La hora reclama de nuestros legisladores una respuesta heroica. Con el heroísmo de mantenerse firmes frente a las tendencias impuestas y de sobreponerse a las presiones. Con la valentía de desoír recomendaciones contrarias a sus convicciones, provenientes de organismos que nos aleccionan por nuestra condición dependiente, preocupados por instalar el control de la natalidad como estrategia central de la lucha contra la pobreza.

La valentía cuasi heroica estará en no copiar modelos hegemónicos. La historia nos demuestra que las mayorías pueden cometer errores. Que las sociedades se equivocan y que, en el juego de poderes y contrapoderes, discurre un devenir en el que no todos son avances. Porque la evolución no se da linealmente, ni de manera espontánea: también podemos involucionar. Por lo pronto, que un Estado disponga los medios para eliminar unos seres humanos, vulnerables y sin voz, a pedido expreso de otros, menos vulnerables y parlantes, genera estupor.

Sin lugar a duda, el plan B es más arduo. Implica un mayor esfuerzo, coordinación, adopción de políticas específicas, desarrollo de programas, estrategias de implementación y evaluación permanente. Y, por supuesto, resulta considerablemente más oneroso en términos de mediano y largo plazo.
No obstante, más allá de los debates, las chicanas y controversias, la verdad es solo una. Aún en épocas de posverdad, la realidad se devela ante nuestros ojos y la evidencia se impone. No podemos tapar el sol con la mano. Aunque insistamos en construir y deconstruir argumentos, toda la estructura conceptual se desmorona frente a la contundente entidad de una vida que late.


*Directora de la Licenciatura en Orientación Familiar del Instituto de Ciencias para la Familia
de la Universidad Austral.

 


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