Brasil llega al balotaje presidencial del domingo 25 de octubre con una disputa ajustada entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, delfín del expresidente Jair Bolsonaro. La elección definirá quién gobernará la principal economía de América Latina durante los próximos cuatro años, pero también qué lugar buscará ocupar el país en el escenario internacional, tironeado por la competencia estratégica entre las grandes potencias.
En una entrevista con PERFIL en San Pablo, Edinho Silva, presidente del Partido de los Trabajadores (PT) y dirigente que coordinó la campaña de Lula, definió la elección no solo como "una disputa entre dos proyectos de país", en relación a las propuestas de ambos candidatos, sino a "dos visiones del mundo". Una encarnada por el presidente estadounidense Donald Trump, aliado del clan Bolsonaro, y otra por el líder del Partido de los Trabajadores.
La dimensión internacional, en tanto, quedó en evidencia en el último debate del viernes 23 de octubre, donde los candidatos se pelearon subsidiariamente a través de figuras polarizantes como Javier Milei y Cristina Kirchner. Quedó así como uno de los ejes de una campaña atravesada por la economía (con la inflación, el costo de vida, el endeudamiento y las altas tasas de interés como protagonistas), la seguridad (a partir del hartazgo social en las ciudades ante el aumento de la criminalidad) y la corrupción, con los casos del Banco Máster como protagonista de la recta final de la campaña.
El modelo económico, político y de inserción internacional de Brasil para los próximos años, a definirse en la tarde del domingo 25 de octubre, forma parte de una discusión de alto impacto para Argentina. Estas son las tres claves para entender qué se juega en las urnas.
1. Una elección voto a voto
La primera vuelta del 4 de octubre dejó una diferencia estrecha entre los candidatos, mayor a la prevista incluso por el más pesimista del equipo de campaña del Partido de los Trabajadores. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula. La diferencia de alrededor de 2,2 millones de votos shockeó a más de uno de los presentes en el búnker de Lula, en la ciudad de San Pablo. El run run reflejó lo que se vendría en los próximos días: cómo hacer para atraer a los 33 millones de brasileños que no votaron en primera vuelta, cuya mayoría se encontraba en los principales distritos electorales del Sudeste con predominio del voto pro Bolsonaro (San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais).
Lula y Flávio Bolsonaro en el último debate antes del balotaje en Brasil: seguí el minuto a minuto
Dos semanas después, las encuestas reflejaron que Lula da Silva se acercó al umbral necesario para aspirar al menos a un empate técnico con el referente del Partido Liberal, que hizo historia en primera vuelta al conseguir 25 bancas en el Senado brasileño, en el marco de un sistema de partidos hiper fragmentado. La última encuesta de Datafolha, encargada por el diario Folha de Sao Paulo, publicada antes del balotaje mostró una carrera más ajustada. Flávio registró el 47% de las intenciones de voto y Lula, el 46%, una diferencia dentro del margen de error de dos puntos porcentuales. Al considerar solo los votos válidos, el instituto ubicó a ambos candidatos en el 50%.
La encuesta, realizada entre el 20 y el 22 de octubre sobre 2.520 electores, confirmó que ninguno logró establecer una ventaja decisiva en la recta final. En tanto, el resultado del domingo dependerá de la capacidad de cada candidato para consolidar a sus votantes, captar a quienes eligieron otras fuerzas y movilizar a quienes todavía no definieron su participación. Mediante la viabilidad y rapidez del voto electrónico, las urnas cerrarán a las 17 y el Tribunal Superior Electoral comenzará la carga de datos de sur a norte, tal como habitúa, por lo que se espera que cerca de las 19 haya una tendencia del resultado.
2. Dos modelos de país

Para Edinho Silva, flamante diputado electo por San Pablo, la elección no se limita a una evaluación de la gestión de Lula da Silva. Lo que está en juego es el "modelo de desarrollo" que Brasil adoptará y el papel que tendrá el Estado en la economía y en la reducción de las desigualdades. "El proyecto del presidente Lula es uno de los mayores proyectos de inclusión social de la historia de Brasil", sostuvo el presidente del PT en una entrevista exclusiva con PERFIL tras conocerse el resultado de la primera vuelta.
En su planteo, uno de los armadores políticos del histórico líder del PT sostuvo que las políticas sociales forman parte de una estrategia más amplia, que busca combinar la mejora de las condiciones de vida con el desarrollo industrial. "Queremos utilizar nuestras riquezas naturales como base para desarrollar nuestra industria y generar empleos de calidad para nuestros jóvenes", afirmó.
Sin embargo, la oposición plantea otro diagnóstico para capitalizar el descontento con el costo de vida, la inseguridad y los cuestionamientos a los gobiernos del PT, en un país donde en la primera vuelta el "voto castigo" fue casi tan efectivo como el voto útil.

En el debate de la cadena Bandeirantes del 18 de octubre, el senador sintetizó su argumento con una pregunta dirigida a los votantes: "El PT gobierna este país hace 20 de los últimos 24 años. Les pregunto a ustedes que están en sus casas: ¿su vida mejoró o empeoró?".
La frase condensa la estrategia de Flávio que sostuvo en el debate previo al balotaje del 23 de octubre: presentar la elección como una oportunidad para terminar con un ciclo político que considera agotado en función de otras problemáticas que preocupan al brasileño mucho más que la corrupción: el nivel de endeudamiento, el alto costo de vida, las altas tasas de interés y el auge de la criminalidad en las calles.
En ese escenario, el discurso de "mano dura" de Bolsonaro lo dejó mejor parado, incluso a pesar de su vinculación al escándalo de corrupción del Banco Master, un presunto fraude financiero de gran escala y por operaciones que involucran al estatal Banco de Brasília (BRB). Por su parte, Edinho Silva cuestionó la candidatura del designado por Jair Messias Bolsonaro en función del legado del bolsonarismo, citando la pandemia de COVID-19, que dejó más de 700.000 muertos en Brasil.
3. Trump, Milei, el debate en O Globo y la dimensión geopolítica
Para Silva, la diferencia entre Lula y Flávio Bolsonaro no se limita a la política doméstica: también define cómo Brasil se relacionará con las grandes potencias y qué lugar buscará ocupar en el escenario internacional. "Estamos claramente ante una disputa entre dos visiones del mundo", explicó. Además, describió a Trump como "el líder fascista del mundo" y cuestionó las guerras, las ocupaciones territoriales y el trato a los inmigrantes por parte de la política estadounidense.
"Lula representa un proyecto diferente para el mundo, basado en el humanismo, el respeto por las personas y la naturaleza, y la defensa de un desarrollo sostenible", sostuvo el dirigente, y agregó: "Queremos utilizar nuestras riquezas naturales como base para desarrollar nuestra industria y generar empleos de calidad para nuestros jóvenes, en lugar de ofrecérselas al gobierno de Trump", afirmó.
Flávio, en cambio, se muestra más cercano al presidente estadounidense y a los sectores conservadores transnacionales que comparten su agenda, en sintonía con el gobierno de Javier Milei. "Ambos candidatos representan dos países diferentes", concluyó Silva.

El debate de Globo del viernes 23 de octubre expuso esas diferencias y convirtió a la Argentina en uno de los escenarios de la disputa electoral. Lula cuestionó la admiración de su rival por Milei y le preguntó: "¿En Argentina la gente come carne de burro y decís que querés el mismo modelo que Milei?". Flávio respondió con críticas a los gobiernos argentinos anteriores: "Argentina tuvo un gobierno de izquierda durante 20 años que la destruyó". En el debate anterior, el senador cuestionó los resultados de las administraciones del PT: "El PT gobierna este país hace 20 de los últimos 24 años. Les pregunto a ustedes que están en sus casas: ¿su vida mejoró o empeoró?".
En relación al vínculo con Argentina, una victoria de Lula mantendría las diferencias ideológicas con la Casa Rosada, cuya relación con Brasil está reducida a un encargado de negocios tras los insultos de Milei al presidente brasileño y al juez supremo, Alexandre de Moraes. Sin embargo, la tensión política no se tradujo en una caída del intercambio comercial: en 2025, el comercio bilateral alcanzó los 31.195 millones de dólares, un 12% más que el año anterior y el mayor nivel desde 2013.