INTERNACIONAL
contra la corrupcion

Francisco pidió erradicar el hábito de “los devotos de la diosa coima”

Argentina. El Papa recibe una bandera en la Plaza de San Pedro.
| AFP

ansa/ap/afp desde el Vaticano

El papa Francisco arremetió ayer durante su homilía en Santa Marta contra el hábito de la corrupción, al orar porque “el Señor cambie el corazón de los devotos de la diosa coima”. En la misa que oficia diariamente en la residencia donde se aloja, en el Vaticano, el Pontífice dijo que “la coima es una costumbre mundana y fuertemente pecadora”. La frecuente prédica del Papa contra la corrupción se enmarca en la lucha por revertir la mala imagen de la jerarquía vaticana, a menudo envuelta en escándalos por manejos turbios de dinero y finanzas, especialmente en el Instituto para la Obra Pública (IOR), conocido como Banco Vaticano.
Francisco comentó la parábola evangélica del administrador deshonesto, refiriéndose al “espíritu de mundanidad” que los católicos deben combatir como “el enemigo”. Llamó a los fieles a rezar para que los corruptos “se den cuenta de que la dignidad viene del trabajo digno, del trabajo honesto, del trabajo diario y no de estos caminos más fáciles que al final sacan todo”.
“Es una costumbre que no viene de Dios –afirmó Francisco–. ¡Dios nos mandó a llevar el pan a casa con nuestro trabajo honesto! ¡Y este hombre, el administrador, les daba de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos quizás eran educados en colegios caros, quizá crecidos en ambientes cultos, pero habían recibido de su padre, como comida, suciedad, porque su papá, llevando pan sucio a casa, había perdido la dignidad. Y éste es un pecado grave, porque se empieza con una pequeña coima, pero es como la droga, ¿eh?”.
En la homilía, el Papa también expresó su pena por “esa pobre gente que ha perdido la dignidad en la práctica de sobornos y trae consigo no sólo el dinero que ganaron sino también la falta de dignidad”.
También instó a que la nulidad del matrimonio católico no sea fruto de un proceso apresurado, burocrático ni genérico, sino que se intente armonizar lo que prescribe el Derecho Canónico con las situaciones concretas de la Iglesia y de la sociedad. En una audiencia en el Vaticano con participantes del Plenario del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, Francisco se refirió en concreto a la figura del “defensor del vínculo” en este tipo de procesos.
Esa figura está contemplada en el Derecho Canónico para proponer y manifestar lo que se pueda alegar contra la nulidad o disolución del matrimonio.

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