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INTERNACIONAL / Dio una indulgencia plenaria
sábado 28 marzo, 2020

Francisco rompió una tradición milenaria para rezar por las víctimas de la pandemia

En una Plaza San Pedro vacía por primera vez en siglos, impartió la bendición urbi et orbi que los papas dan en Navidad y Pascua, por el nacimiento y la muerte de Jesús.

AFP / DPA

Lluvia. La plaza desierta y el momento de la bendición. Foto: ansa / afp
sábado 28 marzo, 2020

Por primera vez en la historia milenaria de la Iglesia católica, el Papa rezó ayer en solitario ante la inmensa plaza vacía de San Pedro y dio la bendición urbi et orbi, que solo se imparte el 25 de diciembre y el Domingo de Pascua, fechas en que se recuerda el nacimiento y la muerte de Jesús, y la indulgencia plenaria al mundo por la pandemia de coronavirus que lo azota.

Desde una plataforma situada en medio de una Plaza San Pedro vacía y lluviosa, Francisco recordó que, como los discípulos en su momento, todo el mundo está en la misma barca para luchar contra este mal.

La bendición permitió a los más de 1.300 millones de católicos obtener la indulgencia plenaria, es decir, el perdón de sus pecados, en un momento tan difícil, con medidas de confinamiento que afectan a más de 3 mil millones de personas.

Al igual que los apóstoles, dijo Francisco, a la humanidad la sorprendió una “tormenta inesperada y furiosa”: “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos”. 

Vacío. El Pontífice subrayó que, a raíz de esta crisis, que ha impuesto en la cotidianeidad un vacío desolador que paraliza todo a su paso, los seres humanos han descubierto que no pueden seguir cada uno por su cuenta, sino únicamente juntos y que nadie se salva solo.

La imagen del jefe de la Iglesia católica rezando solo ante la inmensa explanada por el fin de la guerra contra un enemigo invisible que ha causado 25 mil muertes hasta ahora resultó casi cinematográfica.

Bergoglio tuvo también palabras de afecto y elogio para quienes están en la primera línea de combate al coronavirus, como médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

“Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración”, dijo.

El Papa comparó la actitud de todas estas personas con la de Jesús, que cuando se desató la tormenta permaneció en la popa de la barca, la parte que primero se hunde, mientras los discípulos estaban “alarmados y desesperados” preguntándose si aún les importaba.

“Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: ‘¿Es que no te importo?’. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a El le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados”, destacó. 

Vulnerabilidad. Finalmente, Francisco consideró que la pandemia ha desenmascarado la vulnerabilidad de la humanidad y deja al descubierto esas “falsas y superfluas seguridades” con las que se construyen las agendas y proyectos.

“Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”, dijo Bergoglio. 

Para el Papa, el mundo ha avanzado rápidamente y los hombres se han sentido fuertes y capaces de todo, codiciosos en ganancias, absorbidos por lo material y trastornados por la prisa. “No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”, lamentó. 

Por eso, destacó que el Señor invita a tomar este tiempo de prueba “como un momento de elección”, para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. “Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”, concluyó.


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