INTERNACIONAL
Audiencia clave en Nueva York

Grossi avanza en la ONU: guiños de Francia, el factor género y una elección marcada por la crisis global

En la carrera hacia la secretaría general, el argentino suma señales de un país clave en el Consejo de Seguridad, mientras la presión por una mujer al frente del organismo y las tensiones en la diplomacia argentina condicionan la competencia.

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Rafael Mariano Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU, interviene durante un diálogo informal para la candidatura al cargo de Secretario General en la sede de las Naciones Unidas el 21 de abril de 2026 en Nueva York. | AFP

Después de meses de poroteo diplomático, la candidatura de Rafael Grossi a la Secretaría General de Naciones Unidas se convirtió en una jugada política en desarrollo, tejida entre Buenos Aires y Viena, ahora expuesta ante el mundo. En una jornada clave de cara a la competencia por el máximo cargo diplomático global, el argentino no solo expuso su visión del rol que debería tener la ONU en el crítico escenario actual, sino que también terminó de ubicarlo en el radar de las principales capitales, donde se define, en última instancia, quién la conducirá en el período 2027-2031.

"La imparcialidad es un lugar muy solitario…", planteó Grossi, consciente de la escalada bélica global, en uno de los momentos centrales de su exposición. La definición resonó en los pasillos de Nueva York, donde conviven las delegaciones de los 193 países que conforman el organismo multilateral creado sobre las ruinas que dejó la Segunda Guerra Mundial.

Apelando a su experiencia al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), donde debió intermediar en guerras con riesgo nuclear entre actores que operan bajo lógicas de suma cero (como Ucrania o Irán), Grossi aclaró que ser imparcial no implica indiferencia. Sino que exige entender por qué se actúa en una crisis, estar dispuesto a dialogar con quienes están enfrentados y convertirse en un interlocutor aceptado por ambas partes.

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Candidatos a la secretaría general de la ONU 20260421
En la carrera a la ONU, Rafael Grossi compite con la chilena Michele Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan y el senegalés Macky Sall.

A lo largo de tres horas, Grossi respondió 49 preguntas en una audiencia clave para tejer los hilos del sucesor del portugués Antonio Guterres, que dejará el máximo cargo diplomático global en diciembre de este año. En ese contexto, sostuvo que el secretario general debe "construir puentes donde no existen" y ofrecer soluciones concretas en escenarios donde otros actores ya han optado por la confrontación directa.

"Las Naciones Unidas están desacreditadas o ignoradas", concluyó en un encuentro con la prensa. Si bien su diagnóstico no es nuevo (lo sostuvo desde que su nombre empezó a circular como posible candidato el año pasado), adquiere otro peso en un contexto marcado por el reciente anuncio del presidente del mayor aportante de la ONU, el estadounidense Donald Trump, de una tregua con Irán. Un movimiento que funciona como síntoma de época: no solo por la guerra en curso, sino porque vuelve a exponer el peso las negociaciones de poder directas por sobre los mecanismos previstos por las instituciones multilaterales.

Ese telón de fondo —que incluye desde el retiro de fondos de EE.UU. al riesgo de escalada global con las guerras de Ucrania y Medio Oriente— atraviesa la carrera por la ONU y redefine los atributos buscados en el próximo secretario general: menos administrador y más operador político capaz de moverse en un sistema fragmentado. "Necesitamos un secretario general que se ponga las botas y vaya donde está el problema", había dicho Grossi en su presentación oficIal en Buenos Aires a fines del año pasado.

El argentino Rafael Grossi y otros tres candidatos se disputan el liderazgo de la ONU en dos audiencias clave

El guiño de Francia y el peso del Consejo de Seguridad

En la carrera hacia la ONU, donde la falta de apoyos explícitos convive con la posibilidad de veto, las señales adquieren un valor político central. Y una de las más relevantes en las últimas semanas llegó desde Buenos Aires, lejos de la sede de cristal de Nueva York, donde Grossi compite con otros tres candidatos fuertes.

"No es una casualidad que lo hayamos recibido", dijo el embajador de Francia en la Argentina, Romain Nadal, en la antesala de las audiencias en Nueva York, ante una pregunta de PERFIL sobre un eventual respaldo de su país a la candidatura del diplomático argentino. La referencia apuntó al reciente paso de Grossi por la ciudad de Buenos Aires, donde compartió un almuerzo con embajadores del G7.

La frase, pronunciada en el marco del anuncio del evento "La Fábrica de la Diplomacia", una iniciativa compartida con Embajada Abierta y la UADE, fue leída en ámbitos diplomáticos como algo más que un gesto protocolar: un guiño medido (sin confirmación formal) de un miembro permanente del Consejo de Seguridad, el espacio donde se define la candidatura previo a la votación en la Asamblea General.

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Rafael Grossi en la audiencia ante la Asamblea General este miércoles 22 de abril.

Nadal no solo destacó la trayectoria del argentino al frente del OIEA, sino también su cercanía con el presidente francés Emmanuel Macron y la "convergencia de sintonía" construida en los últimos años desde el organismo que vela por la no proliferación nuclear.

La referencia no es menor. En la práctica, la elección del secretario general de la ONU depende de una recomendación del Consejo de Seguridad —donde EE.UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia tienen poder de veto— que luego es refrendada por la Asamblea General. Es ahí donde se juega la verdadera competencia, en una dinámica donde los equilibrios entre potencias pesan más que las presentaciones públicas.

El apoyo de Milei y el malestar hacia la diplomacia libertaria

Pero la candidatura de Grossi no se construyó solo en Nueva York o en las capitales europeas. También tiene un anclaje claro en Buenos Aires, donde el respaldo del gobierno de Javier Milei y del establishment local a fines del año pasado fue una variable clave. "Para mí es un orgullo. Yo soy argentino", afirmó el diplomático en una entrevista publicada por La Nación este miércoles, donde además reveló que mantuvo conversaciones "muy profundas" con Milei sobre el rol de Naciones Unidas, pese a su escepticismo que derivó en el retiro de Argentina de la OMS.

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"Traté de explicarle que el organismo tiene esta naturaleza, que tiene que cambiar y que es posible cambiarlo", señaló, en línea con lo que ya había anticipado en su entrevista con PERFIL en octubre de 2025, cuando —sin candidatura formalizada— planteaba la necesidad de reconstruir el vínculo entre los Estados y una ONU percibida como "lejana o ineficaz".

Ese mismo ecosistema político, empresarial y diplomático en el que Grossi buscó consolidar apoyos en los últimos meses también dejó entrever tensiones internas en la capital argentina. Las críticas apuntan, en parte, a la gestión de la Cancillería y al rol de Pablo Quirno en un contexto de cambios profundos en la política exterior.

Decisiones como el voto en contra de resoluciones vinculadas a la condena de la esclavitud transatlántica o el rechazo a iniciativas impulsadas por Bolivia y Ecuador marcaron un giro que incomoda a sectores del cuerpo diplomático y tensiona la tradicional inserción multilateral del país. "Algunos embajadores ya muestran señales de malestar, y muchos líderes internacionales buscan acercarse directamente a la sociedad civil", sintetizó un veterano diplomático que prefirió el off, en un intercambio con PERFIL en el CARI (nodo de la candidatura de Grossi a nivel local) durante la visita del presidente de República Checa la semana pasada.

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La candidatura de Grossi cuenta con el apoyo explícito del gobierno de Javier Milei.

Los otros candidatos y el factor género

La carrera, sin embargo, está lejos de definirse. Grossi compite con nombres de peso como la expresidenta chilena Michelle Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan y el senegalés Macky Sall, en una contienda atravesada por variables políticas que exceden los currículums.

Una de ellas es el factor género. Un documento impulsado por la Asamblea General en noviembre de 2025 reconoció “con pesar” que ninguna mujer ha ocupado el cargo e instó a los Estados miembro a considerar seriamente esas candidaturas. La presión existe, pero convive con otra lectura más pragmática, que empieza a ganar terreno en los círculos diplomáticos.

En ese contexto, la candidatura de Bachelet resulta paradigmática. Su postulación, retirada formalmente por el presidente chileno José Antonio Kast, fue retomada y respaldada por Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, lo que introduce una variable adicional en un escenario donde los alineamientos regionales también pesan. Consultado sobre ese punto, Grossi marcó una diferencia que generó ruido en el círculo diplomático regional. "Yo soy argentino. No entiendo una persona que se presente bajo la bandera de otro país", afirmó.

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Cómo sigue la carrera hacia la ONU

Formalmente, el proceso sigue un esquema pautado. En noviembre de 2025, una carta conjunta del presidente de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad -en línea con la resolución 79/327— puso en marcha el mecanismo de selección, invitando a los Estados a presentar candidatos, acompañados de una declaración de visión, antecedentes y detalles de financiamiento de campaña. También se estableció la realización de audiencias públicas y la publicación de una lista oficial de postulantes.

El calendario prevé que el Consejo de Seguridad avance en debates y negociaciones reservadas antes de emitir una recomendación a la Asamblea General, que deberá formalizar la designación con tiempo suficiente para la transición previa al inicio del mandato en 2027. En paralelo, los Estados pueden retirar o reemplazar candidaturas en cualquier momento del proceso, lo que mantiene abierta la competencia hasta las etapas finales.

Pero, como reconocen diplomáticos con experiencia en el sistema, la dinámica real responde a otra lógica. Las audiencias públicas ordenan la discusión, pero no la definen. El peso decisivo sigue estando en los equilibrios de poder dentro del Consejo de Seguridad, donde cada uno de sus cinco miembros permanentes puede bloquear una candidatura.