Hamas dio un paso político al disolver esta semana su órgano de gobierno en Gaza, pero los expertos dicen que la decisión no resuelve el problema principal del estancado proceso de alto el fuego: las armas del movimiento islamista.
Hamas anunció el lunes la disolución del comité de 15 miembros que ha administrado los asuntos civiles en Gaza desde 2007, tras ganar las elecciones.
Este organismo supervisaba los ministerios y los servicios públicos de Gaza, que quedaron devastados por dos años de guerra con Israel.
Hamas afirma que quiere transferir estas responsabilidades al Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), un organismo integrado por tecnócratas palestinos y destinado a gestionar el territorio durante el período de transición.
En teoría, esto significa que Hamas acepta dejar de estar al frente del gobierno cotidiano de Gaza.
Un funcionario de Hamas declaró que incluso los responsables del ministerio ya estaban coordinando con la CNAG para preparar la transferencia de sus poderes.
El presidente del CNAG, Ali Shaath, quien al igual que el resto del comité ha estado atrapado en Egipto durante meses y no ha podido entrar en el territorio, dice estar listo para asumir sus funciones.
La administración civil de Hamas es solo uno de los componentes de su poder en Gaza, donde continúa manteniendo a sus combatientes y su arsenal de armas.
En Israel, tanto los medios de comunicación como los funcionarios del gobierno calificaron el anuncio de “artimaña”. Israel cree que la guerra solo podrá terminar realmente cuando Hamas haya entregado sus armas y Gaza haya sido completamente desmilitarizada.
Pero Hamas afirma que no renunciará a su principal fuente de influencia hasta que se haya establecido una autoridad de gobierno palestina y comience la retirada militar israelí de Gaza.
Desde que entró en vigor el alto el fuego en octubre, las fuerzas israelíes han extendido aún más su control sobre más del 60 por ciento de ese pequeño territorio.