Llegó el día que los “peces gordos” de Silicon Valley querían evitar a toda costa. En lo que muchos expertos ya definen como el "momento tabacalera" de las redes sociales, Meta se sentó en el banquillo de los acusados de un tribunal federal estadounidense. El cargo central es grave: haber diseñado deliberadamente los algoritmos de Facebook e Instagram para volver adictos a los usuarios más jóvenes, exprimiendo su atención al máximo.
La embestida legal no viene de un particular, sino de una pesada junta de 29 estados (con California, Colorado, Nueva Jersey y Kentucky a la cabeza) que decidieron actuar ante la inacción del Congreso. El golpe que buscan darle a la empresa de Mark Zuckerberg no es solo simbólico, sino económico y estructural: exigen una multa bestial de 200.000 millones de dólares y cambios de fondo en el funcionamiento de las plataformas para proteger la salud mental infantil.

Durante la apertura del juicio, la fiscal californiana Megan O'Neill fue al hueso y aseguró que la compañía "explotó cómo funcionan los cerebros de los niños". En su alegato, desnudó un modelo de negocios basado en cuatro pilares letales: enganchar a los menores, retenerlos en la pantalla el mayor tiempo posible, cosechar su información privada y luego ocultarle la verdad al público. A esto se sumó la acusación de recolectar datos de chicos menores de 13 años saltándose el consentimiento de los padres, violando abiertamente las leyes federales.
Del lado de Meta, la estrategia de defensa intentó amortiguar el impacto. El abogado Paul Schmidt reconoció que algunos usuarios tuvieron experiencias negativas, pero juró que la empresa siempre intentó crear herramientas de control y límites de pantalla. Sin embargo, su argumento quedó tambaleando tras el testimonio de Arturo Bejar, un ex director de ingeniería de la propia red social, quien confesó que en los primeros años de Facebook el único objetivo era atrapar usuarios rápido y que la seguridad era apenas "una idea de último momento".
Activistas y familiares de adolescentes que se suicidaron por problemas derivados del uso compulsivo de redes se manifestaron exigiendo respuestas. Lori Schott, una de las madres presentes, le apuntó directo a Zuckerberg y al jefe de Instagram, Adam Mosseri: "Construyeron una de las empresas más poderosas del mundo, pero el poder no excusa el daño".
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El fantasma de los 90 y el efecto dominó
Para dimensionar la magnitud de lo que está en juego, hay que viajar en el tiempo a finales de los años 90. Según explicó Vincent Joralemon, director del Centro de Políticas y Derecho de Berkeley, este caso se siente exactamente igual a cuando los reguladores arrinconaron a las grandes tabacaleras por ocultar que el cigarrillo mataba. La clave es que el juicio no castiga a la tecnología en sí, sino a las prácticas comerciales despiadadas que priorizaron la rentabilidad por sobre la salud.
Al igual que aquellas tabacaleras que terminaron pagando indemnizaciones multimillonarias y cambiando su forma de hacer marketing para siempre, el mayor riesgo para Meta hoy pasa por el daño de reputación y la obligación legal de alterar su producto estrella. Los estados demandantes exigen que la Justicia imponga límites estrictos e ineludibles al tiempo de pantalla de los menores, algo que perjudicaría las métricas de uso y las ganancias de la compañía.
El veredicto recién se conocerá en octubre, pero el proceso ya marcó un punto de no retorno para la industria tecnológica. Este juicio federal es apenas el primer capítulo de un tsunami de demandas que se está armando en todo el país y que ya tiene en la mira a otros gigantes del entretenimiento digital como TikTok, Snapchat y YouTube.
TC/MSS