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La increíble historia de la Onassis cartonera

Es una prima del magnate Aristóteles Onassis. Pensión sin lujos. Fotos.

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| Cedoc

La historia de la familia Onassis tuvo su momento de gloria económica y social, pero las tragedias y los dramas no tardaron en aparecer. De la herencia, sólo una nieta fue beneficiada. Un diario inglés descubrió recientemente a una Onassis, prima del magnate Aristóteles, en la calle trabajando como cartonera.

Según comenta el diario Libre, el medio británico The Daily Mail publicó la desgarradora foto de una anciana revolviendo la basura en Atenas. Como muchos, come en las ollas populares y busca abrigo entre la basura. Su nombre es Olga Onassis, de 90 años, viuda de Georgios, primo hermano y mano derecha del magnate Aristóteles Onassis.

Olga pudo aprovechar las ventajas de contar con millones y millones de dólares en su familia, pero luego de la trágica historia familiar, el futuro se tornó negro.

La llamada "maldición de los Onassis" empezó en 1973, cuando Alexander, el hijo de Ari, murió en un accidente de aviación con solo 24 años. Su madre, Athina, se suicidó meses después; un año más tarde murió el propio "Ari". Solo sobrevivió su hija, Christina, que tuvo una vida infeliz, se casó y se divorció cuatro veces y con solo 37 años murió en 1988 en Argentina, víctima de un edema pulmonar, gorda y sola. La fortuna del clan pasó con todo su peso a Athina Roussel, la única hija de Christina, que tenía entonces apenas tres años.

Ari Onassis siempre cuidó bien a su familia, y mientras vivió mantuvo con una generosa pensión a las viudas de sus hermanos y primos, incluida Olga. Su hija mantuvo la tradición, y la mujer disfrutó de seguridad financiera durante décadas. Pero en 2004, Athina decidió que 6.500 euros por año eran demasiado para una vieja tía abuela. La mujer quedó con la pensión estatal de 300 euros mensuales.

La joven millonaria Athina fue educada en Francia por la familia de su padre, Thierry Roussel, y a los veinte años se casó con Alvaro Miranda Neto, un jockey de la alta sociedad brasileña. Desde entonces viven en San Pablo, en una casa de 1.000 m² por la que pagaron más de 6,2 millones de euros.