La capital paulista fue el escenario elegido por Flavio Bolsonaro, candidato de la extrema derecha, para encabezar un acto por el día de la Independencia de Brasil, ocurrida el 7 de septiembre de 1822. Debido al frío intenso que se abatió hoy sobre esta ciudad, pero también por un bajo nivel de estímulos, la participación de los seguidores estuvo muy lejos de alcanzar las decenas de miles que solía convocar el padre Jair Bolsonaro. Esta vez, de acuerdo con el cálculo realizado por la policía, eran poco menos de 20.000 los que se congregaron en la Avenida Paulista, un lugar clásico de las manifestaciones.

A los oradores les faltó el fuego necesario para galvanizar al público. Lo único que atinaron a gritar, como consigna, fue: "Afuera Moraes, afuera Lula". Obviamente en referencia al juez de la Corte Suprema Alexandre [de Moraes], y al presidente Lula da Silva. Varios dirigentes ultraconservadores acompañaron al hijo 01 del ex presidente. Estaba allí el gobernador de San Paulo, el carioca Tarcísio de Freitas, que busca su reelección; el titular del Partido Liberal, Valdemar Costa; y un personaje famoso, pero de prestigio en decadencia, el ex juez Sergio Moro, que montó la causa Lavajato y envió a Lula a la prisión.
Flavio inició su mensaje con el estilo indolente que lo caracteriza: después de entonar "Fuera Moraes, Fuera Lula", se dedicó a hablar de los conflictos en la Corte Suprema, un tema que ya no convoca ni a la prensa. Dijo que él tendrá la suerte de indicar cinco nuevos miembros para el Supremo Tribunal Federal (STF), como si el asunto pudiera despertar entusiasmo en el sentimiento popular. Y con esa misma letanía, sostuvo: "Mi padre pidió a Dios sacar al espíritu del mal" , para añadir luego "Que el señor lleve su espada de justicia a la Plaza de los Tres Poderes".

El senador, de 45 años, utilizó esta última frase para recordar que en el centro del poder en Brasilia, el 8 de enero de 2023 hubo un intento de golpe fracasado. Calificó lo sucedido ese día como "una farsa". Pero esta vez, con su "espada" podrá recoger el triunfo.
En ese tono, entre pendenciero y necio, sostuvo: "A partir de enero del año próximo le voy a declarar la guerra a los narco terroristas del Primer Comando de la Capital y del Comando Rojo. Serán encarcelados o neutralizados por la policía. Y trabajaré para reducir la edad de responsabilidad penal, recortar los impuestos, aplicar la castración química a los agresores de mujeres y castigar con penas de prisión de al menos ocho años a los ladrones de teléfonos celulares».

Mientras el senador hablaba, algunas personas del público levantaron un muñeco de Donald Trump, ejecutado con profesionalismo. No fue éste el único caso de adhesión explícita a los Estados Unidos: un hombre disfrazado de arlequín se había puesto una vestimenta con partes de la bandera americana y pedazos de la bandera brasileña.
La relación explícita del bolsonarismo con Trump, a quién sin duda idolatran, fue replicada hoy por el presidente Lula da Silva. "Están los que juegan en contra. Se disfrazan de patriotas pero militan por intereses extranjeros. Somos un país soberano y nuestras decisiones pertenecen a nosotros y a nadie más".
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Claro que San Pablo tuvo otras manifestaciones, si se quiere mucho más vinculadas a lo popular. Fue el ya clásico "Grito de los Excluidos" que se celebra en esta misma fecha.

Con termómetros que marcaban 11ºC, movimientos populares se congregaron en la Praça da Sé, en una manifestación que reunió a los movimientos sociales rurales y urbanos, a los sindicatos y centros obreros, a partidos políticos y movimientos de izquierda. También estaban presentes la comunidad LGBTQIA, los inmigrantes, los pueblos indígenas y afrodescendientes, y las personas sin techo, junto con representantes del ala progresista de diversas religiones. Los manifestantes se reunieron frente a la Catedral de San Pablo, con pancartas que rezaban: «En defensa de la tierra, la paz y la vivienda. Alzaremos nuestras voces: mujeres vivas y soberanía».
El encuentro comenzó muy temprano con la distribución de café, pan y fruta a personas en situación de vulnerabilidad social. Fue la otra cara de la moneda.