afp/ap/ansa desde Washington
“¿Qué se siente ser la principal reina del sexo oral de los Estados Unidos?”. Con esa frase comienza la carta que Monica Lewinsky, la ex becaria de la Casa Blanca que en 1995 mantuvo un affaire con el entonces presidente Bill Clinton, envió a la revista Vanity Fair con su visión de la historia. La versión completa del texto, que formará parte del número de junio, fue publicada ayer en la edición digital a modo de adelanto, aunque varias líneas ya se habían filtrado en los últimos días
Lewinsky comienza su relato con el recuerdo de aquella pregunta denigrante que en 2001 le hicieron durante una audiencia televisiva para un documental. Al respecto, la ex becaria recuerda: “‘Es hiriente e insultante’, respondí. ‘Y por insultante que sea para mí, es más insultante para mi familia. Realmente no sé por qué esta historia se volvió sobre el sexo oral. Fue una relación mutua... Que lo haya hecho tal vez sea resultado de una sociedad dominada por los hombres’”.
En la carta a Vanity Fair, Lewinsky habla de “una relación consensuada” con Clinton y de que llegó la hora de “quemar la boina y enterrar el vestido azul”. Con esa metáfora, la ex pasante, que ahora tiene 40 años, se refirió a la boina negra que llevaba en una recordada foto en la que estaba junto al ex mandatario demócrata y también al famoso vestido azul con manchas de semen tras un contacto sexual que habían mantenido.
Además, la mujer niega que los Clinton le hayan pagado para desaparecer del radar de los medios y asegura estar “determinada a darle un final diferente” a la historia. “Lo que esto me costará lo descubriremos pronto”, agrega en la misiva, en un momento en el que el nombre de la esposa de Clinton, Hillary, suena fuerte para las elecciones presidenciales de 2016.
Lewinsky también deja en claro su versión acerca del romance, que se extendió durante un año y medio. “Claro, mi jefe se aprovechó de mí, pero yo siempre me mantendré firme en este punto: se trataba de una relación consensuada. Cualquier ‘abuso’ se produjo en el período posterior, cuando se hizo de mí un chivo expiatorio para proteger su posición de poder. La administración Clinton, sus fiscales especiales amigotes, los operadores políticos de ambos bandos y los medios consiguieron marcarme”.
“Yo, personalmente, me arrepiento profundamente de lo que pasó con el presidente Clinton. Déjenme repetirlo: yo. Personalmente. Profundamente. Arrepentida. De lo que sucedió”, escribió la becaria más famosa de la Casa Blanca. Por otro lado, admite la popularidad que le otorgó la relación desde un principio, aunque ella haya preferido luego mantenerse en el anonimato y recién ahora romper el silencio.