Fue el periodista Carlos Rosella, en su afán por defender a su amigo Silvio Berlusconi, el que involucró a la cantante argentina Lola Ponce en lo que ninguna chica bella quisiera estar involucrada por estos días: las famosas fiestas que pusieron al Cavaliere en el centro de un escándalo político hace unas semanas, con la publicación de unas fotos que dejaban muy poco librado a la imaginación.
Sin embargo, ella prefirió no hacerse eco del alboroto que se generó a su alrededor y se subió, como si nada pasara, al escenario del Forum di Assago en la noche del viernes. Allí, brindó su show en el marco del Latinoamericando 2009 –un festival anual que congrega a figuras de la música oriundas del Nuevo Continente y que ella apadrina– y se retiró ovacionada.
Ahora, el escándalo golpeó su puerta. Ayer, como es su costumbre después de cada show, apagó su celular para dormir casi todo el día y, al parecer, seguir lo que “el manual de la buena celebrity” indica que no hay que hacer cuando se quiere detener un “efecto bola de nieve”. Pero ni su celular ni el teléfono de su casa tuvieron descanso. “No sé nada de lo publicado. Me llamaron ayer, antes de subir a cantar en Latinoamericando y no sabía de qué hablaban. Pero quiero aclarar que yo sí canté para Berlusconi pero fue una única vez y mi novio me acompañó. Además no cobré cachet porque para mí fue un honor cantar para él”, dijo.
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