El gobierno de Nicolás Maduro denunció ayer un supuesto complot de la oposición para eliminar a líderes del chavismo y promover las protestas callejeras que sacudieron al país en los últimos tres meses y dejaron 41 muertos, 674 heridos y 2.200 detenidos. La acusación fue rechazada por el antichavismo.
La represión a los manifestantes y las “guarimbas” de la oposición –cortes de calles– dieron paso recientemente a una intensa violencia política, que culminó con los asesinatos de dirigentes chavistas y de la oposición. El fin de semana pasado, las autoridades hallaron el cádaver del concejal oficialista Eliézer Otaiza. El ex jefe de la policía política chavista –la Disip– fue acribillado de cuatro balazos en el rostro y el pecho. Su cuerpo, además, tenía señales de haber sido torturado.
La ejecución sacudió al Ejecutivo, que ordenó una investigación especial para dilucidar las circunstancias de su muerte, al tiempo que acusó a opositores radicados en los Estados Unidos. “Fue planificado y ejecutado como un falso positivo, lo alentaron desde Miami sectores que tenían poder mediático y económico en Venezuela en el pasado. Tenían meses alentando el asesinato de Otaiza y de otros líderes”, expresó Maduro. Según el presidente venezolano, los asesinos habrían sido presuntos “sicarios”, que aún no fueron apresados. Sin embargo, el diario El Nacional sostuvo que se trató de un crimen sin connotación política, cometido por criminales que lo confundieron con un policía.
El hombre que participó del levantamiento militar que encabezó Hugo Chávez en 1992 no fue el único dirigente político asesinado desde que estallaron las protestas. En el bando antichavista, aún recuerdan la ejecución de Héctor Alzaul Planchart, militante de Avanzada Progresista, el partido de Henri Falcón, ex candidato a vicepresidente de Henrique Capriles. El dirigente opositor murió en marzo tras recibir un impacto de bala en el pecho, al salir de la sede partidaria. Aún se desconoce si fue un crimen por encargo o un episodio delictivo más.
Según un informe difundido en abril por Amnistía Internacional, “el país corre el riesgo de caer en una espiral de violencia” si no hay diálogo entre el gobierno y la oposición.
Venezuela es uno de los países más peligrosos del mundo. Según las cifras oficiales, en 2013 hubo 12 mil muertes vinculadas con la delincuencia. En tanto, el Observatorio Venezolano de la Violencia, dirigido por el académico Roberto Briceño León, denunció que esa cifra ascendió a 25 mil víctimas fatales.
Ante el estallido de las protestas, el gobierno creó una Unidad Especial de Protección de Personalidades de Estado, que, sin embargo, no fue capaz de evitar la ejecución de Otaiza. El enfrentamiento en las calles amenaza profundizar la ola de violencia política en Venezuela