INTERNACIONAL
Las elecciones ms vigiladas: 17 mil observadores internacionales

Masiva participación en las votaciones para elegir al próximo presidente de Nicaragua

Votaron con tranquilidad. Para pesadilla de EE.UU, Daniel Ortega está primero en intención de voto. Para no ir a ballotage, el ganador debe obterner el 35 % de los votos y una diferencia de 5 % con el segundo. Los resultados preliminares se conocerán a la madrugada. Galería de fotos

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Los nicaragenses concurrieron a las urnas con fe en construir un pas mejor. | AFP

Con una participación masiva y un clima de tranquilidad, culminaron las elecciones presidenciales en Nicaragua, las más vigiladas de la historia: más de 17 mil observadores internacionales llegaron al país en los últimos días para garantizar que el proceso se realizara con transparencia.

Los primeros resultados oficiales preliminares serán dados a conocer por el Tribunal Electoral en la madrugada del lunes.

Los nicaragüenses "participaron con entusiasmo" y tranquilidad, afirmó el jefe de la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA), el boliviano Gustavo Fernández, quien también comentó que la concurrencia de ciudadanos a las urnas se ubicó "en los niveles históricos de participación electoral en Nicaragua", superiores al 60 por ciento.

Las 11.274 Juntas Receptoras de Votos (JRV) dispersas en todo el país se integraron adecuadamente y la mayoría abrió en la hora indicada, excepto en un 4 por ciento que hubo una demora de casi dos horas, según el primer informe del organismo.

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Fernández atribuyó la lentitud inicial en el proceso de votación al hecho de que los votantes debieron llenar cuatro boletas: presidente y vicepresidente, diputados nacionales, diputados provinciales y representantes al Parlamento Centroamericano, y tardaron entre tres y cuatro minutos promedio por elector.

La misión de la OEA desplegó en el país a 200 observadores. No es casual: el mundo entero observó ansioso los comicios, en este pequeño país centroamericano, con no más de 5 millones de habitantes y con un 70 por ciento de sus ciudadanos por debajo de la línea de pobreza.

Es que fue un día histórico: por primera vez desde el fin del gobierno sandinista, Daniel Ortega tiene serias probabilidades de volver a acceder al poder.

La posibilidad aterroriza a los Estados Unidos, enemigo público número 1 de los sandinistas y principal fuente de financiación de la contra-revolución que actuó durante la década del 80, quien ya amenazó con retirar la ayuda que presta a Nicaragua y con congelar el envío de remesas–que representan una de las mayores fuentes de ingresos del país.

Para ganar en primera vuelta, Ortega necesita obtener el 35 por ciento de los votos o un 5 por ciento más que el candidato que lo sigue. La mayoría de las encuestas nacionales le dan el 33 por ciento de los votos, mientras que su principal opositor, el banquero y candidato por la derecha Eduardo Montealegre, obtendría el 25 por ciento.

La diferencia es suficiente como para que el líder sandinista, hoy ya más de centro y lejos del marxismo que profesaba en los 70 y 80, consiga la victoria en primera vuelta.

Pero a no confiarse. Los sondeos en Nicaragua están históricamente equivocados: en las elecciones de 1990, cuando Daniel Ortega perdió el poder en manos de Violeta Chamorro, 12 de las 13 encuestas le daban la victoria al líder sandinista.

Hubieron dos elecciones presidenciales más desde ese momento, y Ortega se presentó en todas ellas sin demasiada suerte.

Pero ahora, dicen los que saben, la situación es otra. El gobierno de derecha del saliente Enrique Bolaños dejó al país más empobrecido que nunca -es el segundo país más pobre de Occidente, precedido solamente por Haití- y con una brecha social entre ricos y pobres que es de las más grandes de Latinoamérica.

Esta situación podría llevar a muchos de los votantes de centro a inclinarse por Ortega: cuanto mayor sea el porcentaje de gente que vote, mayores posibilidades tiene el ex presidente de Nicaragua.

Montealegre, segundo en intención de voto, no logró una alianza con el tercero de los candidatos: el empresario cafetero y preferido de la administración Bush, José Rizo. Si los dos candidatos de derecha hubieran logrado unirse, Ortega hubiese perdido la posibilidad de salir victorioso.

Por eso es importante para el líder sandinista no llegar a la instancia de ballotage: de ser así, los votantes de Montealegre y Rizo se sumarían para oponérsele y tendría la derrota garantizada.

Mientras Hugo Chávez y Fidel Castro ya le prestaron a Ortega todo el apoyo posible (Venezuela hasta le vendió petróleo a un precio subsidiado), la mayoría de las potencias mundiales espera con preocupación los resultados.

Sólo el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) garantizó un crédito de 12 millones de dólares para el país “gane quien gane”; el resto de los organismos internacionales mantuvo silencio y se espera que no reaccionen bien si Ortega logra imponerse.

El proceso electoral nicaragüense revivió los recuerdos de la Guerra Fría y se convirtió en la más reciente de las batallas entre Bush y Chávez.

Ortega y la historia. Daniel Ortega es uno de los 9 comandantes sandinistas que gobernó a Nicaragua desde 1979 hasta 1990.

Durante este largo período el país se vio envuelto en una cruenta guerra civil, que dejó un saldo de 50 mil muertos, en la que el gobierno revolucionario se enfrentó constantemente a los “contra”, quienes – financiados por Estados Unidos- intentaban derrocar a la revolución comunista.

En 1984, y para demostrar la legitimidad de su Gobierno, Ortega llamó a elecciones y las ganó de manera abrumadora con más del 66 por ciento de los votos. En 1990, intentó repetir la hazaña, pero la fuerza de Violeta Chamorro lo quitó del poder y le puso fin a la Revolución.