Javier Milei finalmente decidió no asistir a la Cumbre del Mercosur que este martes reúne a los presidentes del bloque en Paraguay. Mientras la Casa Rosada alegó "temas de agenda", incluida la jura del nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, la decisión coincidió con otra actividad del Presidente: una reunión con el senador brasileño Flavio Bolsonaro, candidato a disputarle la presidencia frente a Lula da Silva, quien llegó al país para participar de un evento en respaldo de los Acuerdos de Isaac con Israel. En tanto, que hoy por la tarde participá de los festejos por el 250° Aniversario de la Independencia de Estados Unidos, junto al embajador Peter Lamelas, en la embajada norteamericana en Buenos Aires.
Más allá de la explicación oficial, y de que el cronograma de la cumbre prevé su finalización cerca de las 14.30 —tres horas antes de la jura del sucesor de Manuel Adorni—, en Asunción los presidentes de Paraguay, Uruguay, Brasil y estados asociados avanzan en la implementación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, eje central de la agenda del bloque. Milei, en cambio, volvió a privilegiar otra agenda: la construcción de alianzas políticas e ideológicas con dirigentes conservadores o "anti élites políticas", en línea con una política exterior libertaria alineada con la doctrina de seguridad hemisférica impulsada por Donald Trump.
"Las Fuerzas de la Libertad", el proyecto de Milei para la región
"El león y el tigre rugen en Latinoamérica". Con esa frase, Javier Milei celebró en X el triunfo del colombiano Abelardo de la Espriella. Días antes, en plena campaña, el mandatario argentino lo había alentado con un nuevo insulto dirigido al candidato de Gustavo. "Dale, que le tenés que ganar a ese zurdo hijo de p... Las fuerzas de la libertad en la región estamos mirando y apoyando", dijo en un video publicado por el abogado mediático en sus redes sociales.
Milei canceló su viaje a la cumbre del Mercosur y recibió a Flávio Bolsonaro
No se trató de un gesto aislado. La construcción de alianzas con dirigentes afines se convirtió en uno de los ejes de la política exterior libertaria. Milei hizo propia la doctrina de seguridad hemisférica impulsada por Trump para disputar la influencia de China y otras potencias en la región y comenzó a posicionarse como uno de los referentes de lo que bautizó como "Las Fuerzas de la Libertad", una red internacional de dirigentes conservadores y de derecha que encontró en espacios como la Conferencia de Acción Conservadora (CPAC) un ámbito de articulación política. Las redes sociales se convirtieron, además, en el vehículo privilegiado para construir esa identidad política transnacional, enfrentada a la flamante Cumbre Progresista impulsada por el español Pedro Sánchez y de la que participan, entre otros, Lula da Silva y Claudia Sheinbaum.
Admirador del estilo del salvadoreño Nayib Bukele, Donald Trump y del propio mandatario argentino, De la Espriella rompió con la lógica de la derecha tradicional colombiana, representada durante la campaña por la dirigente uribista Paloma Valencia, y se convirtió en otro de los rostros visibles de una nueva generación de liderazgos anti establishment (o "casta política", en clave Milei) que hoy domina buena parte de la política regional.

Fuente: Elaboración propia (Cecilia Degl'Innocenti / Perfil.com)
Así, el país cafetero se convirtió en un nuevo símbolo de la internacionalización de este fenómeno que, a junio de 2026, tiene como premisa la intromisión de líderes extranjeros en las elecciones locales. Desde los tuits de Trump en favor del hondureño Nasry Asfura o del propio Milei, al condicionar el futuro del histórico swap al triunfo del candidato libertario en las elecciones legislativas de 2025, la política regional se mueve cada vez más alrededor de figuras "fuertes" y liderazgos personalistas (algunos hasta mesiánicos) que prometen soluciones drásticas o la "salvación" a los problemas estructurales de cada país.
El nuevo mapa político latinoamericano
Outsiders, populistas de derecha, neoconservadores, libertarios. El espectro compuesto por los sucesivos triunfos de dirigentes con discursos antiestablishment parece haberse convertido en una fórmula electoral ganadora. "La libertad avanza en toda América Latina y ya no hay vuelta atrás", escribió Javier Milei tras el triunfo de Abelardo De la Espriella. Más allá de la celebración política, el diagnóstico parece encontrar sustento en la foto que hoy ofrece la región.
Con la victoria de Keiko Fujimori en Perú, confirmada el pasado lunes, ya son once países los países gobiernos conservadores o asociados a la nueva derecha: Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Perú, Ecuador, Colombia, El Salvador, Costa Rica, Honduras y Panamá. Frente a apenas cuatro cercanos al progresismo: Brasil, México, Uruguay y Guatemala. El mapa, en tanto, podría cambiar si Flavio Bolsonaro, senador de Río de Janeiro e hijo del expresidente brasileño, resulta ganador en las elecciones presidenciales de octubre.

La imagen contrasta con la denominada "marea rosa" que marcó buena parte de las dos primeras décadas del siglo XXI. Sin embargo, detrás de ese predominio conviven experiencias muy distintas: libertarios, outsiders, dirigentes conservadores tradicionales, empresarios convertidos en candidatos y liderazgos personalistas que hicieron de la seguridad su principal bandera. Esa heterogeneidad abre un interrogante: ¿Iberoamérica vive un nuevo giro ideológico conservador o el fenómeno responde al hartazgo social y al creciente castigo a los oficialismos, algo que va más allá de su signo político?
¿Ola conservadora o voto castigo?
Para el analista internacional Ignacio Labaqui, la respuesta no es lineal en función de la heterogeneidad de la política regional. "Quedarse solo con que De la Espriella es de derecha es perder de vista otros aspectos más relevantes. De la Espriella es outsider, es populista y no es parte de la derecha tradicional colombiana, que apoyaba la candidatura de Paloma Valencia. Se referencia en Bukele, fundamentalmente. Entonces sí es un triunfo de un candidato de derecha, pero con características que lo emparentan con Bolsonaro y Bukele, más que con José Antonio Kast", explicó a PERFIL.
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Esa diferencia también aparece al mirar el resto del mapa regional. "Así como cuando fue la llamada ola rosa no eran lo mismo Bachelet o Tabaré Vázquez que Hugo Chávez y Rafael Correa, es un error meter en la misma bolsa a Kast junto a Bukele o De la Espriella. Kast es un político tradicional surgido de la UDI. De la Espriella y Milei son outsiders. Noboa, de parecerse a alguien, es más parecido a lo que fue Collor de Mello en Brasil", sostuvo.
Según el profesor de UCA y UCEMA, aunque todos comparten una orientación promercado, las prioridades también son diferentes. "De la Espriella, Noboa y Kast ponen mucho más el acento en la inseguridad y la lucha contra el crimen, por la situación que atraviesan sus respectivos países, mucho más que Milei, que pone el foco en la economía". "Desde el final del superciclo de las materias primas hay una ola anti-oficialismos bien clara. No importa si el gobierno es de derecha o de izquierda: los oficialismos cada vez encuentran más dificultades para reelegir. Eso se relaciona con desempeños económicos más mediocres, con el deterioro de la seguridad ciudadana y con una menor capacidad de los Estados para proveer bienes públicos."

En ese contexto, advierte que tampoco hablaría de una única "fuerza conservadora". "No sé si hablaría de fuerzas. Milei, Noboa y De la Espriella no llegan al poder con un partido consolidado", señaló. Para Labaqui, la polarización favoreció el ascenso de estos liderazgos personalistas, aunque la verdadera prueba para determinar si existe un corrimiento ideológico llegará en las próximas elecciones. "La pregunta que queda mirando hacia el futuro es si los actuales oficialismos se sostienen en el poder o no. Eso será lo que confirme si efectivamente hay un corrimiento a la derecha o simplemente oficialismos que pierden".
En ese contexto, la polarización terminó favoreciendo el ascenso de figuras disruptivas, muchas veces sin estructuras partidarias consolidadas. "Milei, Noboa y ahora De la Espriella no llegan al poder con partidos tradicionales fuertes. Son liderazgos muy personalistas que capitalizan el desgaste de quienes gobiernan", explicó.
En tanto, en medio de la volatilidad electoral (como se vio en Colombia, luego de que un empresario mediático le ganara al primer gobierno progresista de la historia que no logró reelegir), si los actuales oficialismos vuelven a perder las próximas elecciones, la hipótesis del voto castigo se sostiene mientras que si algunos logran sostenerse en el poder, recién entonces podrá hablarse de un giro ideológico regional.
Esa lectura dialoga con el diagnóstico del politólogo Javier Corrales, profesor de Amherst College (Estados Unidos) y especialista en democracia y autoritarismo en América Latina. Para el académico, el fenómeno responde a una demanda cada vez más extendida por liderazgos fuertes. "Los votantes creen que si eligen a un hombre fuerte que impulse determinadas políticas encontrarán la salvación", sostuvo recientemente durante una charla con PERFIL. Corrales advirtió que esa tendencia atraviesa las fronteras ideológicas y exige preservar instituciones capaces de limitar el poder presidencial. "La política de los hombres fuertes, incluso si te gustan sus ideas, puede convertirse en una receta para más tiranía", advirtió.
Keiko Fujimori y el caso peruano
El mapa regional se consolida con la confirmación del triunfo de Keiko Fujimori en Perú. La especialista en procesos electorales Dolores Gandulfo (Universidad de Georgetown), consideró que la proclamación oficial podría concretarse durante los primeros días de julio, una vez resueltas las impugnaciones pendientes por parte de las autoridades electorales.
En tanto, la llegada de Fujimori termina de reforzar la imagen de una América Latina predominantemente gobernada por signos conservadores. Sin embargo, detrás de ese color uniforme conviven trayectorias políticas, agendas e identidades muy diferentes. "Para mi la región está dando un giro. No creo que sea el conservador del 2015 en adelante, que respondió a liderazgos que discutían con el sistema político vigente y que no representaban a las derechas clásicas. Por otro lado una estrategia hemisférica, donde la injerencia de Trump en la mayoría de los procesos electorales, con excepción de Perú, es clara", concluyó.

*El mapa excluye a Venezuela, Nicaragua por no contar con elecciones libres y competitivas, y no incluye al Caribe insular, Belice ni las Guyanas por criterios metodológicos.
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