El Presidente demócrata Obama está comenzando a sentir el impacto de la hostilidad que hay en ciertos lugares del planeta. Hace algún tiempo que los republicanos lo acusan de ser el nuevo “Jimmy Carter”, pues no le aceptan la “suavidad” de su estilo frente a algunas de las amenazas mundiales.
Las primeras fuertes críticas internas llegaron cuando Obama saludó a Chávez en la Cumbre de las Américas. En ese momento el vocero de los republicanos en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, dijo que la política “débil” de Obama solo traería problemas. “Se parece a Jimmy Carter, que probó ser débil y el mundo se volvió duro. Los predadores, los dictadores, enseguida saben reconocer esa debilidad, entonces se aprovechan”, afirmó hace unas semanas atrás.
Y Obama en poco tiempo fue viendo una realidad distinta. De Venezuela volvió a recibir un discurso potente y exigente de Chávez, poniéndolo en la picota con Cuba, cuando fue el mismo Obama él que intentó una apertura con la isla.
Pero siguieron los disgustos. En la reunión en la Casa Blanca que mantuvo con el israelí Netanyahu, el estadounidense se refirió directamente al régimen iraní frente a los periodistas, diciendo que esperaría que las elecciones en dicho país pasaran para poder intentar “dialogar”. Obama seguramente estaba esperando una buena recepción de sus palabras. Pues bien, ocurrió lo contrario. Apenas se fue el israelí de suelo norteamericano, el iraní Ahmadinejad anunció haber probado un nuevo misil con alcance de 1.200 kilómetros que tiene capacidad y nueva tecnología para llegar a Israel y a Irak, donde Estados Unidos tiene estacionadas varios centros operativos.
Y el fin de semana que pasó vino la sorpresa mayor. El régimen norcoreano hizo explotar una bomba atómica subterránea, guiada por un misil de corta distancia, que para algunos científicos y físicos nucleares, fue 10 veces más potente que la que habían probado hace tres años atrás (donde hubo un conflicto importante y George Bush tuvo que apelar a los chinos para que intervinieran) y generó un temblor de casi 5 grados de la escala de Richter, captado por 20 centros sísmicos. Si bien Obama enseguida expresó su disgusto (en unas breves palabras que muchos medios caratularon como suaves), los norcoreanos nuevamente en estos días pasados siguieron probando varios misiles más e inclusive anunciaron que no respetarían de ahora en adelante el armisticio de 1953 convenido con sus vecinos del Sur. Como si fuera poco amenazaron a Estados Unidos y a Corea del Sur militarmente si sus buques en el mar son incautados o inspeccionados.
Ha sido tan fuerte el impacto de dicha prueba nuclear y las sucesivas amenazas, que la Casa Blanca, vapuleada por las críticas, recién ayer miércoles pasó a la acción concreta. El asesor de seguridad, el General James Jones anunció que Obama discutirá la situación con el presidente ruso Medvedev en una Cumbre a realizarse en Julio. Asimismo el Secretario de Defensa, Robert Gates, fue despachado en una misión urgente a Singapur para tener reuniones con los países asiáticos, incluyendo Corea del Sur, Japón y otras naciones del Pacífico. Y Hillary Clinton tuvo un lenguaje firme por primera vez como Secretaria de Estado: “Corea del Norte ha hecho una elección. Ha decidido violar las resoluciones del Consejo de Seguridad y ha ignorado a la comunidad internacional. Va a haber consecuencias por dichos actos”.
Las futuras sanciones económicas, la amenaza de aislacionismo político y el endurecimiento de las posturas, ya se han incorporado ahora en los discursos de la administración demócrata. Un giro importante, un ajuste, que para muchos en Estados Unidos, sonaba necesario.
(*) Especial para Perfil.com