INTERNACIONAL
ELECCIONES EN MÉXICO

Claudia Sheinbaum se encamina a ser la primera presidenta de México

Claudia Sheinbaum, legado del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), es la prometida al Palacio Nacional, según los sondeos. Su oponente, Xóchitl Gálvez, fue senadora (2018 y 2023) y reúne a los partidos tradicionales PAN, PRI y PRD. Se eligen 20 mil cargos, incluidos el Congreso, nueve de 32 gobernaciones y puestos locales. AMLO termina su mandato, que comenzó en 2018, con una aprobación del 65%. Los comicios se desarrollan en luto: 25 candidatos fueron asesinados a lo largo de sus campañas.

Claudia Sheinbaum
Claudia Sheinbaum | AFP

México celebra este domingo unas Elecciones Presidenciales con dos mujeres como claras favoritas para alcanzar la presidencia de un país asolado por la violencia del narcotráfico, donde un promedio de 10 mujeres son asesinadas cada día. La candidata izquierdista Claudia Sheinbaum se perfila como ganadora tras los boca de urna.

Según la firma Enkoll, Sheinbaum, de 61 años y candidata del oficialismo, obtuvo 57,8% de los votos contra 29,1% para la centroderechista Xóchitl Gálvez y 11,4% para Jorge Álvarez Máynez (centro).

Otros dos sondeos de los medios Televisa y El Financiero proyectan a Sheinbaum como "ganadora", sin revelar aún porcentajes.

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Claudia Sheinbaum, física y candidata del oficialismo de izquierda, y Xóchitl Gálvez, senadora de centroderecha de raíces indígenas, son las favoritas para gobernar hasta 2030 la decimosegunda economía del mundo, de 129 millones de habitantes.

Según un promedio de encuestas de la firma Oraculus, Sheinbaum, de 61 años y origen judío, aventaja a Gálvez por 17 puntos porcentuales aupada por la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, su padrino político. En un lejano tercer lugar está el centrista Jorge Álvarez Máynez, un exdiputado de 38 años.

 

Gálvez: de la pobreza a las boletas

Xóchitl Gálvez encarna una historia de superación: la de una niña de origen indígena que vendió gelatinas para sortear la pobreza, se convirtió en una empresaria exitosa y ahora es la carta de la oposición para gobernar México. “En un camión como este me fui del pueblo para buscar suerte”, recuerda la política de centroderecha en un video de campaña, en el que viste uno de sus coloridos huipiles, blusa tradicional indígena.

Nacida hace 61 años en Tepatepec, comunidad rural del estado de Hidalgo (centro), su infancia estuvo marcada por la precariedad. “Llegaron a vivir aquí porque económicamente no les alcanzaba”, dice su prima Norma Angélica Ruiz, odontóloga de 68 años, mientras recorre la casa de los abuelos que acogió a los Gálvez Ruiz y sus cinco hijos. Ocupaban un cuarto donde aún cuelgan fotografías de Xóchitl adolescente con su familia. Ruiz señala recuerdos de aquella época: “Como no había refrigerador, arriba, en esas vigas, se colgaban las famosas gelatinas en canastas”.

Los allegados a Gálvez reconocen la poca popularidad de la candidata en Tepatepec, donde hay más propaganda electoral de su rival de izquierda y favorita, Claudia Sheinbaum. “En este pueblo, si eres exitoso, eres sospechoso”, resume la prima.

A la “güereja”, como la llamaban por su piel clara, la recuerdan poco juguetona y muy estudiosa. “En la secundaria aprendió a coser y luego les enseñaba a otras mujeres”, recuerda Ruiz. Tepatepec solo tenía primaria, por lo que Gálvez tuvo que recorrer largas distancias para seguir estudiando.

Xóchitl mantiene su estilo retador distintivo. A Sheinbaum le dedicó calificativos como “narcocandidata”. “Mientras a los diez años bailabas ballet, yo tenía que trabajar”, lanzó a Sheinbaum. Sin embargo, esos ataques no parecen haberle ayudado a repuntar en los sondeos, que la muestran 17 puntos porcentuales por detrás de su rival. Diversos analistas consideran que tras una larga campaña ha perdido frescura. Un ejemplo: aplaudió el triunfo del polémico Javier Milei en Argentina, para luego tener que aclarar que ella no es de “extrema derecha”.

A los 17 años llegó a vivir sola a Ciudad de México para estudiar en la estatal UNAM. “Solo quería ser ingeniera en computación y le pegó: en los 80 era un ramo que empezaba”, recuerda Ruiz. Con equipo prestado inicialmente, formó una exitosa firma para equipar edificios inteligentes con jugosos contratos gubernamentales, lo que ha desatado acusaciones de corrupción.

Habla con orgullo de su origen indígena: su padre era otomí y su madre, mestiza. Su nombre significa “flor” en náhuatl. 

Llegó al Senado en 2018 y se perfilaba como candidata para la alcaldía capitalina. Sin embargo, decidió buscar “la grande” hace un año cuando exigió a López Obrador derecho de réplica para responder a sus ataques, y le cerraron las puertas del palacio. 

“Se requieren ovarios para combatir el crimen, y tengo los suficientes”, indicó al criticar la política de seguridad del mandatario. Gálvez es respaldada por una coalición de los partidos tradicionales PAN, PRI (que gobernó durante siete décadas hasta 2000) y PRD. 

Reservada sobre su vida familiar, es público que una hermana está encarcelada desde 2012 acusada de secuestro, aunque no ha sido enjuiciada. “Se negó (a ayudarla), porque dijo que si era culpable tendría que pagar”, recuerda su prima.

 

Sheinbaum: la promesa de AMLO

Sobria e impasible, Claudia Sheinbaum, una científica brillante a la cual su rival llama “dama de hielo”, busca convertirse en la primera presidenta de un México machista, de tragedias y pasiones. Tanto en su militancia estudiantil en los años 80, como en su primer cargo público como secretaria de Medio Ambiente de Ciudad de México (2000-2006), proyectaba seriedad y enfoque. De rostro imperturbable, rara vez sonreía. Hace falta revisar viejas imágenes familiares para verla divertida en sus juegos infantiles, o ya adolescente sonriendo coquetamente para la cámara.

La campaña, sin embargo, reveló a una mujer afectuosa y risueña que repartió besos y abrazos entre miles de simpatizantes, y defendió apasionadamente a la “cuarta transformación”, proyecto del saliente mandatario Andrés Manuel López Obrador. “Este 2 de junio vamos a hacer historia. Seguirá avanzando la transformación”, proclamó en la principal plaza pública de México, durante su multitudinario cierre de campaña.

Pero en 1987 era una reservada estudiante de la maestría de Ingeniería Energética de la UNAM. “Ni ella ni yo éramos de socializar con todo mundo”, recuerda Guillermo Robles, uno de sus compañeros. Luego Sheinbaum cursó un doctorado en Ingeniería Ambiental, para el cual investigó cuatro años en Estados Unidos, y fue parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC) que ganó un Premio Nobel de la Paz en 2007.

El magnetismo de esa joven de ascendencia judía radicaba en sus convicciones de izquierda, que la hicieron militante del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), opina Robles. Aquel colectivo frenó un intento de privatización de la universidad. Aunque Sheinbaum “no era de las principales” líderes, según Robles, su compromiso no melló ni estando embarazada de su hija Mariana, hoy de 36 años. Esa convicción tiene vena familiar. Su madre, Annie Pardo, reputada bióloga, fue expulsada como profesora universitaria por denunciar la matanza de estudiantes de 1968 en la plaza Tlatelolco. Temple y discreción marcan la actuación de Sheinbaum, cuyos abuelos llegaron a México desde Bulgaria y Lituania, huyendo de la Segunda Guerra Mundial.

Como alcaldesa de un distrito de Ciudad de México, afrontó el derrumbe de un colegio durante el terremoto de 2017 que mató a 26 personas, incluidos 19 niños. También manejó con aplomo dos momentos álgidos como alcaldesa de la capital (2018-2023): la pandemia y el desplome de una línea del metro que dejó 26 muertos. El uso de métodos científicos y tecnología reflejó la impronta de Sheinbaum en la gestión del covid que, no obstante, dejó una elevada mortalidad.

“Tiene una capacidad de análisis impresionante, de leer datos y encontrar soluciones”, comenta Tatiana Clouthier, exministra de Economía de López Obrador, hoy su vocera de campaña. Tras el colapso de la línea del metro en 2021, defendió a su equipo y optó por una polémica negociación con la constructora de la obra –propiedad del magnate Carlos Slim– para indemnizar a las víctimas y evitar juicios.

Su frialdad también le juega en contra. Nunca miró ni llamó por su nombre a su principal oponente, la centroderechista Xóchitl Gálvez, durante tres debates en que esta la atacó duramente. “Sigues siendo fría, sin corazón, yo te llamaría la dama de hielo”, le espetó Gálvez.