INTERNACIONAL
Intrigas en el Kremlin

Putin teme un golpe de Estado y apunta a Serguéi Shoigú como posible actor desestabilizador

Un informe de inteligencia revela que el presidente ruso extremó su seguridad ante el temor de una conspiración interna y el avance de un complot de la élite militar.

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Vladimir Putin y Serguéi Shoigú. | Collage

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, teme un posible golpe de Estado o incluso un intento de asesinato en su contra, según un informe de inteligencia europea difundido en las últimas horas, que señala al exministro de Defensa Serguéi Shoigú como un “actor potencialmente desestabilizador”. El documento describe un clima de “alerta máxima” en el Kremlin desde marzo de 2026, en medio de tensiones internas, asesinatos de altos mandos militares y el desgaste por la guerra en Ucrania.

De acuerdo con el expediente, el Gobierno ruso reforzó de manera drástica la seguridad del mandatario y su círculo íntimo ante el riesgo de un complot interno. Entre las medidas adoptadas figuran controles extremos para el personal cercano, restricciones en el uso de tecnología y vigilancia sobre colaboradores, en un intento por evitar filtraciones de información sensible.

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El informe sostiene que Putin teme el uso de drones en un eventual atentado. Se redujo significativamente la exposición pública del presidente: dejó de visitar instalaciones militares en lo que va del año y limitó sus desplazamientos, mientras el Kremlin recurre a imágenes pregrabadas para sostener su presencia mediática.

Uno de los puntos centrales del documento es el rol de Shoigú, histórico aliado de Putin y actual secretario del Consejo de Seguridad. Según la inteligencia europea, su influencia dentro del alto mando militar lo posiciona como una figura con capacidad de incidir en un eventual intento de desestabilización. Sin embargo, el informe no presenta pruebas concretas sobre su implicación directa.

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El informe también advierte sobre el deterioro en la percepción pública de Putin, cuya aprobación habría caído al 65,6%

Las sospechas sobre Shoigú crecieron tras la detención de su excolaborador Ruslan Tsalikov, acusado de corrupción, en un movimiento que fue interpretado como una ruptura de los acuerdos de protección dentro de la élite rusa. Este episodio, sumado a las denuncias recurrentes de malversación en el ámbito militar, profundizó las tensiones internas.

El contexto está marcado además por una serie de ataques y asesinatos de altos mandos. El caso más reciente fue el del teniente general Fanil Sarvarov, muerto tras la explosión de un artefacto en su vehículo en diciembre, un hecho que Moscú atribuyó a Ucrania. A este hecho se suman los atentados contra otros generales de alto rango, como Vladimir Alekseyev e Igor Kirillov, evidenciando una vulnerabilidad que los servicios secretos rusos no han logrado contener.

Tras ese episodio, Putin convocó a una reunión de emergencia con su círculo de seguridad. Allí, el jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov, cuestionó al Servicio Federal de Seguridad (FSB) por fallas en la protección de los mandos militares, en un intercambio que dejó en evidencia el nivel de desconfianza dentro del sistema.

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En paralelo, el Kremlin amplió el alcance del Servicio Federal de Protección (FSO) para reforzar la seguridad de altos comandantes, mientras se incrementa la percepción de vulnerabilidad en el aparato estatal.

A este escenario se suma el desgaste económico y social. Según el informe, la inflación, el aumento de impuestos y el alto costo de vida están impactando en la población, mientras crece el descontento por la prolongación de la guerra en Ucrania. El documento también advierte sobre el deterioro en la percepción pública de Putin, cuyos niveles de aprobación habrían caído al 65,6%, el registro más bajo desde el inicio del conflicto bélico.

La economía rusa enfrenta una inflación del 5,9% y tasas de interés del 14,5%, mientras que el costo humano de la guerra en Ucrania es devastador: se estima que hasta uno de cada 25 hombres jóvenes rusos ha muerto o resultado herido, superando las 430.000 víctimas fatales.

En este marco, el Kremlin prepara una versión reducida del tradicional desfile del 9 de mayo en la Plaza Roja, sin exhibición de armamento pesado, citando la "situación operativa", aunque los analistas apuntan al miedo a ataques con drones durante el evento.

Refuerzo extremo de seguridad: aislamiento y paranoia como estilo de vida

Entre las nuevas directivas de seguridad implementadas en el entorno del Kremlin se destaca la instalación de sistemas de vigilancia en los domicilios de los colaboradores más cercanos. Cocineros, fotógrafos y guardaespaldas tienen prohibido el uso de transporte público y teléfonos con acceso a internet.

En paralelo, se profundizó el aislamiento del presidente. Vladimir Putin dejó de frecuentar residencias habituales como la de Valdai y pasa largos períodos en búnkeres acondicionados, principalmente en la región de Krasnodar, como parte de un esquema de resguardo reforzado frente a eventuales amenazas.

GD/ML