Por Elsa E. Álvarez (*)
El Síndrome de Mari Pilli tiene raíces culturales, sociales, familiares y emocionales. En una cultura donde se endiosa el perfeccionismo, la estética a ultranza, una ideología de preponderancia masculina y el tomar a los seres humanos como objetos, es lógico que tengan como efecto personalidades autoexigentes y preocupadas por "pertenecer", donde "pertenecer" significa dejar de lado las propias metas y objetivos para tener en cuenta los objetivos de la cultura.
Ciertos grupos familiares impulsan aun más estos modelos sociales de exitismo y perfeccionismo, pretendiendo que las hijas criadas en estos hogares sean “perfectas” en cuanto a su belleza física y a su adecuación al modelo social. Mujeres perfectas para encontrar maridos perfectos (buen nivel económico, probablemente profesionales, deportistas o empresarios exitosos) para tener hijos también perfectos, viviendo en barrios perfectos.