INTERNACIONAL
explosión social en el país persa

Se expanden las masivas protestas en Irán por la crisis económica, y la represión ya dejó diez muertos

El régimen religioso de la República Islámica de Irán recurre a la represión para frenar las masivas marchas que comenzaron el domingo pasado contra el colapso económico provocado por la inflación, la depreciación de la moneda y el estancamiento. Hay decenas de detenidos. Las marchas son encabezadas por comerciantes del Gran Bazar, y se les unieron sindicatos del transporte y estudiantes universitarios. Los cánticos cuestionan el gasto excesivo en armamento.

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Inédito. Los comerciantes cerraron sus negocios y salieron a la calle a reclamar un cambio de rumbo en las políticas económicas. | afp

Al menos diez personas murieron esta semana en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y manifestantes en Irán, informaron medios locales, en el marco de las masivas protestas contra el costo de vida.

Las movilizaciones comenzaron el domingo en Teherán, donde los comerciantes del tradicional Gran Bazar cerraron sus negocios para protestar contra la inflación, la depreciación de la moneda y el estancamiento económico, antes de extenderse a otras regiones del país.

La República Islámica sufre desde hace años un encarecimiento desenfrenado de los productos básicos y una crónica devaluación de su moneda. En diciembre, los precios aumentaron en promedio un 52% interanual, según el Centro de Estadísticas.

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En estos últimos días la situación se expandió y comenzaron a registrarse enfrentamientos en ciudades medianas de varias decenas de miles de habitantes.

En Lordegan (suroeste), dos civiles murieron, informó la agencia de prensa Fars, que dio cuenta de enfrentamientos y actos vandálicos en esa ciudad situada a 650 km de Teherán. La agencia también mencionó “importantes daños” y la detención de varias personas.

En Azna, una localidad de la provincia de Lorestán, también en el oeste, otras tres personas murieron en choques con las fuerzas de seguridad cuando intentaron tomar una comisaría, informó Fars. “Un grupo de alborotadores aprovechó una protesta para atacar una comisaría de policía. Tres personas murieron y otras 17 resultaron heridas en los enfrentamientos”, indicó la agencia, refiriéndose a civiles.

En los choques en Kuhdasht, también en el oeste, murió un miembro de las fuerzas de seguridad en circunstancias poco claras. De 21 años y miembro del Basij, “defendía el orden público”, precisó la televisión estatal, citando al gobernador local, que dio cuenta de “pedradas” que dejaron 13 policías heridos.

El Basij es una milicia paramilitar integrada por voluntarios, afiliados a los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica. Las demás muertes ocurrieron en Teherán, de acuerdo con medios locales, aunque la policía no las confirmó oficialmente.

Diferentes a otras. Las actuales protestas en Irán presentan características que las distinguen de movimientos históricos anteriores, como la Revolución Verde de 2009 o las protestas de Mujer, Vida, Libertad de 2022 contra el velo.

A diferencia de 2022, donde el detonante fue un reclamo por derechos civiles y libertades individuales (tras la muerte de Mahsa Amini), las protestas actuales son primordialmente existenciales. Con una inflación superior al 52% y una devaluación del rial del 69% en el último año, el lema central pasó de la libertad de vestimenta a la lucha por el pan.

La participación masiva de los comerciantes del Gran Bazar de Teherán –un sector históricamente conservador y aliado del sistema– indica una fractura en la base de apoyo tradicional del régimen.

Por otro lado, las manifestaciones actuales han logrado unir a sectores que antes protestaban por separado. Están los comerciantes y dueños de pequeñas empresas que cierran por la imposibilidad de fijar precios, y los sindicatos de transporte y obreros industriales afectados por el impago de salarios. También se agregaron los estudiantes universitarios, que aportan la estructura organizativa y la retórica política.

Esta unión “vertical” hace que las protestas sean más difíciles de contener, ya que no se limitan a una élite intelectual o a una minoría étnica.

Desafío al armamentismo. Por primera vez, el descontento se dirige explícitamente contra la política de defensa y las acciones del régimen en el exterior. Los cánticos en las calles critican el monumental gasto en drones y misiles mientras el país sufre apagones y desabastecimiento.

La percepción de que el gobierno prioriza la “guerra asimétrica” sobre la infraestructura básica ha convertido al presupuesto militar en un símbolo de opresión económica, no de orgullo nacional.

A diferencia de otras ocasiones donde se negó cualquier legitimidad a las manifestaciones, el gobierno ha tenido que reconocer oficialmente que las “demandas económicas son legítimas”.

Ante tal movilización, el presidente, Masud Pezeshkian, lanzó una advertencia a su propio gobierno. “Desde un punto de vista islámico, si no resolvemos el problema de los medios de subsistencia de la gente, acabaremos en el infierno”, declaró en un discurso retransmitido por televisión.

El gobierno ha intentado enviar mensajes tranquilizadores, reconociendo las “demandas legítimas” debido a las dificultades económicas.

Sin embargo, esta concesión viene acompañada de una represión violenta y el uso de la “teoría de la sedición extranjera” para justificar el uso de fuerza letal.