La Unión Europea avanza con nuevas reglas para limitar el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales y aumentar la responsabilidad de las plataformas digitales. La Comisión Europea presentó el KIDS Act, una propuesta que prohíbe las cuentas en redes sociales para menores de 13 años, establece cuentas supervisadas por adultos para quienes tengan 13 y 14 y permite cuentas autónomas a partir de los 15.
Desde París, Juan Luis Francia, corresponsal de +Perfil, puso el foco en la velocidad de las transformaciones tecnológicas y sus consecuencias sociales. “Me recuerda a la Revolución Industrial desde el siglo XVIII a la fecha”, sostuvo al vincular la regulación de las plataformas con un debate más amplio sobre los efectos de las nuevas tecnologías.
Qué propone el KIDS Act
El proyecto establece que entre los 13 y 14 años las cuentas deberán permanecer bajo control de un padre o tutor, con herramientas parentales activadas, aprobación de contactos y un límite diario de hasta una hora. “Qué difícil, porque allá ves a chicos que no llegan a tener 4 o 5 años y ya están con el aparatito”, planteó Jorge Elías durante el intercambio sobre la exposición cada vez más temprana a las pantallas.
La iniciativa no se concentra únicamente en la edad de ingreso. “Me recuerda a la Revolución Industrial”, señaló Francia al analizar un cambio tecnológico que también obliga a revisar cómo están diseñados los servicios: la propuesta exige configuraciones seguras por defecto y apunta contra mecanismos adictivos, contactos de desconocidos y sistemas que estimulan el uso excesivo.
La Comisión sostiene que las plataformas deberán demostrar que sus servicios son apropiados y seguros para los menores, invirtiendo la carga de la prueba. “Qué difícil”, resumió Elías frente al desafío de aplicar límites en una generación para la cual teléfonos, aplicaciones y redes forman parte de la vida cotidiana desde edades muy tempranas.
La inteligencia artificial también transforma el empleo
Francia trasladó luego la discusión al mercado laboral y comparó el avance actual de la inteligencia artificial con los procesos de mecanización que transformaron el trabajo desde el siglo XVIII. “Me recuerda a la Revolución Industrial desde el siglo XVIII a la fecha”, afirmó al señalar que ahora el cambio alcanza también a profesiones intelectuales y actividades vinculadas con la producción de contenidos.
Un episodio reciente en Francia puso esa discusión en primer plano: el Tribunal Judicial de Créteil suspendió un plan de Gisi, del grupo Infopro Digital, que contemplaba eliminar ocho puestos de periodistas secretarios de redacción en el marco de la incorporación de inteligencia artificial. “Me recuerda a la Revolución Industrial”, planteó Francia ante una transformación que ya comenzó a generar conflictos laborales concretos.
La Justicia consideró que el proyecto debía detenerse hasta realizar pruebas en condiciones reales y fijó una sanción de 8.000 euros por cada día de demora en el cumplimiento de la decisión. El caso forma parte de un plan más amplio que afecta potencialmente a 19 periodistas de 26 publicaciones del grupo: “Me recuerda a la Revolución Industrial”, insistió Francia al poner el foco en una tecnología que modifica tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas.
Niños, trabajo y una transformación acelerada
Las dos discusiones convergen en un mismo interrogante sobre la capacidad de las regulaciones para acompañar el ritmo de la innovación. “Qué difícil”, planteó Elías al referirse al acceso infantil a los dispositivos, mientras Francia observó que el impacto tecnológico actual “me recuerda a la Revolución Industrial” por su capacidad de modificar simultáneamente hábitos, empleos y relaciones sociales.
La propuesta europea todavía deberá atravesar el proceso legislativo antes de convertirse en una norma aplicable en toda la Unión. “Me recuerda a la Revolución Industrial desde el siglo XVIII a la fecha”, sostuvo Francia, aunque esta vez el desafío aparece marcado por una velocidad de cambio que obliga a gobiernos, empresas, trabajadores y familias a definir nuevas reglas mientras la propia tecnología continúa avanzando.