El escritor y docente Roberto Perinelli recordó en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, los comienzos de Teatro Abierto, el incendio que destruyó la sala donde se desarrollaba el ciclo y las amenazas que atravesaron sus integrantes durante la última dictadura militar.
Perinelli explicó que, antes del ataque, los artistas sabían que estaban incomodando a determinados sectores, aunque todavía no podían dimensionar las consecuencias. “Hasta ahí nosotros teníamos cierta certeza de que estábamos haciendo algún tipo de picardía, que a alguien le molestaba esta picardía, pero no sabíamos el alcance, el nivel”, recordó.
“Ahí sí el riesgo se puso en evidencia”
El incendio cambió por completo esa percepción. Durante varias horas, los integrantes discutieron si debían continuar o abandonar el proyecto. “Cuando se produjo el incendio, que fue un día de desconcierto, quizás menos, qué hacemos, qué no hacemos, seguimos, no seguimos, ahí sí el riesgo se puso en evidencia”, relató Perinelli.
Finalmente decidieron mantener Teatro Abierto. La respuesta del ambiente cultural también fue inmediata: recibieron 17 propuestas de espacios para poder continuar con las funciones.
El movimiento terminó instalándose en un teatro cedido por Carlos Rottemberg y su socio de aquel momento. La elección de la avenida Corrientes tenía también una razón vinculada con la seguridad. “Creíamos que, estando en la avenida Corrientes, que es más visible, que no tiene lo que tenía El Picadero, que era una cortada, íbamos a estar un poco más seguros”, explicó.
Las amenazas contra los artistas
La continuidad no significó que desapareciera el miedo. Perinelli recordó que algunos integrantes debieron adoptar medidas especiales para protegerse.
Uno de ellos fue Luis Brandoni, a quien acompañaban hasta su domicilio debido a las amenazas recibidas. “Estaba triplemente amenazado, por la Triple A, y además era secretario de Actores”, señaló.
Pese a ese contexto, Teatro Abierto decidió continuar. La permanencia de las funciones terminó convirtiéndose en una respuesta cultural frente a la censura, las amenazas y el clima político de aquellos años.
“Algo tenemos que hacer”
Perinelli ubicó el origen del movimiento en una reunión realizada en la casa del dramaturgo Carlos Gorostiza. “El fenómeno, ya que estamos hablando del fenómeno, nació en la casa de Gorostiza”, recordó. De aquella conversación surgió una frase sencilla que terminó sintetizando el espíritu del proyecto: “Algo hay que hacer”. Perinelli explicó que rápidamente la expresión pasó a ser colectiva: “Algo tenemos que hacer, eran todos, éramos”.
Aquella necesidad de actuar terminó transformándose en Teatro Abierto, una experiencia en la que dramaturgos, actores y trabajadores de la cultura decidieron sostener su actividad incluso cuando el peligro dejó de ser una posibilidad y se convirtió en una realidad.