La salud mental dejó de ser una preocupación exclusivamente individual para convertirse en una dimensión cada vez más presente en la discusión pública. En un contexto atravesado por la incertidumbre económica, el miedo y las tensiones sociales, el reconocido psiquiatra y psicoanalista José Eduardo Abadi analizó cómo esos factores impactan sobre los vínculos, la vida cotidiana y también sobre las formas de ejercer el liderazgo.
En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Abadi reflexionó sobre los límites de los test psicotécnicos, la importancia de la escucha en empresas, instituciones y gobiernos, y la diferencia entre una personalidad excéntrica y una patología psiquiátrica. Además, se refirió a la controversia generada por las declaraciones de la vicepresidenta sobre la salud mental del presidente Javier Milei y advirtió sobre los riesgos de intentar convertir una interpretación psicológica en una herramienta de disputa política.
José Eduardo Abadi es un reconocido médico, psiquiatra, psicoanalista, escritor y dramaturgo. Es una de las figuras más importantes de la divulgación de la psicología y la salud mental en la Argentina, destacándose por su enfoque humanista y por integrar el psicoanálisis con el arte, el teatro y el humor. Ha publicado más de 15 libros sobre vínculos humanos. Se desempeñó como director académico y profesor catedrático de la Licenciatura en Psicología en la UADE. Es miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional y de la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis.
Muy buenos días, José. En la Argentina actual te consultamos cada vez más a menudo, no por temas individuales del psicoanálisis, sino por temas generales de la salud mental de la sociedad en su conjunto. Supongo que vos lo debés percibir también en tu propio consultorio. ¿Cómo está afectando la economía, el endeudamiento del 20% del total de las familias argentinas sin paga? Yo estoy a poco de La salud psicológica de los ciudadanos. Vos que tenés un termómetro, haber comparado con distintas crisis, ¿qué te indica esta, distinto de las anteriores?
Bueno, primero, qué gusto saludarte, Jorge, de tanto tiempo. Un gusto, de verdad, este encuentro. Evidentemente, marcás un punto importante, que es cómo asalta el miedo, frente a las carencias, como la economía, que está muchísimas veces puesta en el tablero como algo que puede llegar a resultar un trastorno en lo que es la vida cotidiana, el sostén del hogar, la educación de los chicos. Cuánto la economía, como resguardo, en la medida que pueda ser satisfecha adecuadamente. Cuando falta, cuando esto está endeble, cuando esto está frágil, lo que aparece es un sentimiento fundamental, que es ansiedad, angustia y miedo, con las consecuencias que esto trae. Decir ansiedad, decir angustia, decir miedo, es decir un malestar físico, malestar psíquico, dificultades vinculares y muchas veces un despertar de una violencia reactiva o, muchas veces, caída en esos estados de, llamemos, depresión, si querés directamente un nombre más amplio, donde la vivencia es de pérdida, de carencia, de derrota.
Vos marcás una diferencia entre una incertidumbre sana y la angustia. Creo que lo marcaba también Freud. Una cosa es que uno siente temor si viene un león y tiene que salir corriendo, y otra cosa es la angustia sin objeto. La economía que se convierte en una especie de... de todo, podríamos decir, ¿no? Porque la construye, modifica, cambia la vida en todos los campos de las personas. ¿Finalmente, termina siendo una angustia sin objeto?
Mirá, es muy interesante lo que planteás, porque, por un lado, mencionaste la palabra incertidumbre. Y la incertidumbre, hay que tener cuidado con el sentimiento, porque la incertidumbre puede ser también una condición de la vida. Vale decir, la incertidumbre como aquello que tiene que ver con lo imponderable, con aquello que tiene que ver con esa cuota de no control, cuota —dije, valga la palabra que uso para una pregunta acerca de la economía—, con esa cuota que tiene que ver con lo imponderable, lo no previsible, lo que no podemos controlar, no es problema. La incertidumbre es inherente al ser humano y puede ser aprovechada como estímulo para el descubrimiento, para la pregunta, para el progreso. Acá no se trata tanto de la ciudadanía que nosotros estamos hablando, vos y yo, acá, y de la que formamos parte, de una incertidumbre con casi un matiz filosófico. Estamos hablando directamente de la amenaza, la sensación que tiene la gente ante esta economía que no puede, no tanto controlar en su totalidad, sino una cuota de previsibilidad que le dé un tiempo, unos metros de tranquilidad.
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Esa es, en cambio, una amenaza que carga de esa angustia. Angustia significa malestar, naturalmente, físico, con todos los trastornos somáticos que trae, y psíquico, con la imposibilidad de vincularse, de pensar, de poder, si vos querés, reparar daños, que están en juego. La incertidumbre como lugar de pregunta, de inquietud, de deseo: bienvenida. La incertidumbre como amenaza, donde mi "seguridad", entre comillas, porque no puedo pretender la seguridad omnipotente, sino la seguridad humana, se ve en juego. Esa incertidumbre que es amenaza nos convierte a todos en protagonistas de una tensión cotidiana, que la evidenciamos en nuestras relaciones personales, a diario, y lo vemos en lo social. Los seres humanos necesitamos control, deseamos controlar, deseamos previsibilidad, deseamos a veces que lo que va a venir mañana esté ya escrito en la agenda del día anterior. Bueno, una cuota de previsibilidad, vuelvo con la palabra cuota, una cuota de previsibilidad, algo de ese control que nos haga sentir, entre comillas, seguros, naturalmente, que es lógico y es sano. Pretender una previsibilidad total, que no exista aquello que se escapa, si vos querés, a lo previsible, bueno, eso ya no podemos. Lo que sucede en este momento, muchísimas veces, es una imprevisibilidad que tiene que ver con no sé qué me va a ocurrir mañana, que se convierte enseguida en: tengo miedo de que algo malo suceda mañana. Y ese “tengo miedo de que algo malo suceda mañana” se convierte en un factor ansiógeno que interviene en cada una de las conductas y relaciones que voy teniendo en mi vida cotidiana.
José, mencionaba el locutor que te presentó tu carácter de haber sido profesor en la Facultad de Psicología, allí en la célebre calle Independencia. Recuerdo perfectamente que se hablaba de que una de las principales salidas laborales de los licenciados en Psicología no es tener la posibilidad de tener pacientes, que lo logran en cantidad suficiente solamente psicoanalistas que tienen una trayectoria y acumulan credenciales de envergadura, sino la salida laboral de la mayoría de los licenciados en Psicología es en los departamentos de recursos humanos de todas las organizaciones, realizando evaluaciones de ingreso de candidatos a ocupar posiciones. Y durante el debate presidencial que se generó en 2023, el punto crucial del debate fue cuando Sergio Massa le dice a Milei que no había pasado el psicotécnico para ingresar como empleado del Banco Nación. Y bueno, allí hubo un momento en el cual el que hoy es presidente perdió por un momento la compostura. Esos psicotécnicos, esos análisis, esos aportes que los licenciados en psicoanálisis realizan en las áreas de recursos humanos de todas las organizaciones, ¿tienen carácter científico, son considerados válidos? Esos peritajes son objeto de, no digo irrefutabilidad, porque Popper planteaba que la ciencia tenía que ser refutable, pero resultan plausibles y verosímiles.
Bueno, mirá, se llaman las baterías psicodiagnósticas, los test psicotécnicos, que son una serie de ellos que pueden indicar si un paciente tiene un trastorno orgánico o simplemente psicológico. Algunos se llaman proyectivos y tienen que ver, a través de una serie de láminas que te voy mostrando y asociándolas, las situaciones que va haciendo el entrevistado. Pueden dar un perfil psicológico de personalidad, si estamos frente a alguien agresivo, de fondo depresivo, de las relaciones parentales que puede haber tenido o filiales. No las suelen hacer, o no las solemos hacer, por lo menos los psicoanalistas. Los hacen más los psicólogos que han trabajado más sobre esta temática. Los psicoanalistas los pedimos. Viene un paciente, tenemos una consulta, tenemos alguna duda o queremos una mayor certeza, o si se trabaja para alguna institución lo piden. Podemos pedir a un psicólogo que se encarga de estos test, que hacen los test psicotécnicos, que lo haga. Nosotros lo leemos, lo interpretamos y podemos trabajarlo eventualmente con el paciente. La utilidad, sí, yo creo que los test psicotécnicos y los test en general psicodiagnósticos, para determinados cargos o en determinadas consultas, puede ser útil. No hay que darle un valor absoluto. No hay que suponer que son infalibles. Muchas veces hay que tener en cuenta toda la tensión emocional que está en juego en la persona que está haciendo el test, en todo caso, testeada, pero puede darnos pistas que pueden ser útiles. No convertirlo en la garantía de, o la ausencia de, pero sí como un elemento que es una ayuda, digamos, diagnóstica; una ayuda que puede indicar aspectos que por ahí no se vieron en primera instancia en una entrevista verbal.
También las empresas lo hacen porque parten de la base que salud mental, vale decir, por salud mental se entiende que no haya sobreexigencias, que no haya culpas equivocadas, que no haya sometimientos, que no haya autoritarismos, que la relación entre aquellos que forman parte del equipo definan realmente al equipo. Es decir, un conductor tiene que tener pequeños líderes o un líder, pequeños líderes alrededor, ¿no es bueno?Y hoy ya no se piensa, o cuando se piensa están realmente en otro tiempo, que tiene que haber una voz única que sabe todo y escucha simplemente por una especie de burocracia a los demás, pero ya tiene decidido que ya cree que sabe todo y que no se equivoca nunca. Bueno, eso no forma parte hoy del arsenal, del equipaje que tiene que tener un líder. Hoy lo que hay que buscar es que los que forman parte de empresas o de instituciones, de gobiernos o de lo que sea, tengan siempre la escucha abierta, sean permeables a la opinión del otro, sean pasibles de vivir una reputación que se les haga como algo útil y no algo persecutorio.El equipo necesita el feedback, necesita la retroalimentación y para eso necesita gente pensante. Y gente pensante es gente que pregunta, gente que duda sanamente y gente que ensaya.
O sea, ¿te parece entonces, José, que además serían útiles que no solamente estuvieran en las empresas, sino estuvieran en todos los organismos públicos y para todos los cargos públicos?
No te quepa duda, Jorge, en todo lugar, en toda institución, en todo ámbito, donde no estamos solos, porque solos no se puede conformar proyectos. Un proyecto solitario es una contradicción. Un proyecto es la labor de un conjunto que tiene una meta. Es una meta en común donde se integran disensos y consensos para encontrar un objetivo viable, común, que habilite a que eso se realice. Si no, quedamos en una situación de estancamiento. Proyecto, Jorge, viene del latín pro-iaceo, ir hacia adelante, es decir, es un desafío. Y para eso hace falta conjunto. ¿Por qué? Porque el conjunto brinda un acompañamiento que da confianza, que nos reúne bajo normas que cumplimos todos, el secreto de la norma y de la regla es que nos incluya a todos, eso nos da pertenencia y seguridad, y nos permite pensar. Y algo más que es tan importante, y vos lo has trabajado muchas veces en distintas formas, que es crear. Crear es preguntar y resultar.
José, la vicepresidenta, la semana pasada, cruzó un Rubicón al decir que directamente el presidente, su compañero de fórmula, tenía problemas de salud mental. Obviamente fue un caso que estuvo en todos los medios, por lo que vos lo debés haber escuchado. ¿Qué opinión tenés respecto de eso? Tengo colegas tuyos que dicen que, viendo al presidente caminar simplemente en la espera de un consultorio, no haría falta mucho más para diagnosticar algo en coincidencia. ¿Cuál es tu opinión? ¿Cuál es tu opinión respecto de eso, con la distancia, de que eso no se puede diagnosticar a distancia?
No se puede diagnosticar a distancia, ni en una cercanía donde no haya un oído entrenado para escuchar, un determinado tiempo para poder evaluar, y en la devolución que uno hace, ver qué receptividad tiene el otro. Yo creo que no hay que confundir, querido Jorge, un intento de aclarar, ni que hablar una interpretación, ni que hablar un diagnóstico, con una estrategia que tiene como meta el poder, que está sostenido en la ambición, que tiene como ingrediente broncas, rabias. Yo creo que cuando la psicología se mete a jugar en esos terrenos, pierde esa distancia esencial que nos permite entender lo que ocurre.
Hicimos hoy en la apertura una comparación, comparación de Sturzenegger con Quijote. Y recuerdo de Erasmo, su famoso Elogio de la locura. ¿Hay una diferencia entre lo que regularmente llamamos el loco lindo y otro grado de locura autodestructiva?
Está muy... Me recordás cuando yo era estudiante, estaba haciendo la formación psiquiátrica, antes todavía de haber ingresado en la... en la Asociación Psicoanalítica, había un profesor que teníamos que decir que había que diferenciar, ¿no?, un loco lindo de un loco del diablo. Como un... que era... Hacía la diferencia en términos de la motivación que podía generar en el terapeuta y la accesibilidad que tenía esa persona a escuchar al otro. Mirá, el loco lindo puede tener que ver con particularidades que no dañan el conjunto de lo que se está... o de dónde se está. El loco lindo puede tener que ver con extravagancias. El loco lindo tiene que ver con un cierto histrionismo, a veces narcisista. El loco lindo puede tener que ver con... si vos querés, algo de una personalidad más histriónica. Es distinto que la... Cuando hablamos, en realidad, ahí estamos refiriéndonos... Es una expresión banal que se usa, ¿no? En el lenguaje cotidiano. Otra cosa es la patología de la psicosis, ¿no es así? La psicosis es otra patología, tiene otros componentes, tiene otro condicionamiento y es policausal, y exige un tratamiento obviamente psiquiátrico y psicoanalítico. Loco lindo, cuando en la Argentina se lo usa, no pretende ser diagnóstico de una patología, sino una modalidad de carácter. La locura... La verdadera patología que tiene que ver con la pérdida de la orientación autopsíquica y alopsíquica, con núcleos primarios que no pueden estar integrando defensas adecuadas o conductas que pueden dañar al otro o a sí mismo, con incapacidad del sentido de la realidad y de plasmar vínculos sanos que nos permitan ser, es otra cosa.
Tu profesor, ¿entendí bien? Decía el loco del diablo, ¿esa fue la expresión que utilizó?
No. Una especie de pudor... pudor ridículo mío.
Ah, ok, ok.
Cambié la última palabra. Decía, en broma, una cosa es un loco lindo y otra un loco de mierda.
Sí, ahora entendí perfectamente. Bueno, José, muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias y por tu disposición de siempre ayudarnos a comprender la realidad. Te mandamos un abrazo fraterno y esperamos estar en contacto nuevamente.
Un gran abrazo, Jorge, un gran abrazo.
Muchísimas gracias.
LMM