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MODO FONTEVECCHIA
Vulnerabilidades política

¿Alcanza que Milei controle la inflación para que sea reelecto?

El politólogo Ignacio Labaqui sostuvo que Javier Milei mantiene altas probabilidades de un segundo mandato si cumple su contrato de bajar los precios, siempre y cuando no se asome un candidato moderado de centro que funcione como un "Milei con mejores modales".

07-01-2025 Ignacio Labaquí analista internacional
IGNACIO LABAQUÍ. Analista internacional. | RADIO RIVADAVIA.

Si bien en la historia reciente de América Latina el oficialismo que no controla la inflación "tiene el boleto picado", el éxito en la estabilización económica "puede no alcanzar" por sí solo para asegurar la reelección, planteó el politólogo Ignacio Labaqui en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). Sostuvo, además, que Javier Milei mantiene altas probabilidades de un segundo mandato si cumple su contrato de bajar los precios, un logro que haría "difícil que pierda". Sin embargo, el analista advirtió que el resultado final dependerá de la oferta electoral de la oposición y de la propensión de un Gobierno que suele cometer "muchos errores no forzados" tanto en el plano político como en el económico.

Ignacio Labaqui tiene una maestría en Sociología en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres. Además, es licenciado en Ciencias Políticas con especialización en Relaciones Internacionales. Es analista senior en Medley Global Advisors y profesor de los cursos de Política Latinoamericana y Teoría de las Relaciones Internacionales en la UCA. En el pasado fue investigador asistente del Programa de Instituciones Financieras Internacionales de Flacso Argentina.

Raúl Timerman recomendó un texto suyo en el que usted planteaba cuatro alternativas de gobiernos con una performance económica y la posibilidad de ser electos o no. Aquellos que habían hecho estabilizaciones exitosas y que fueron premiados por los votantes: Menem en la Argentina en el 95; Cardoso en Brasil en el 94 y en el 98; Fujimori en el 95; Sanguinetti en el 99; y, en el caso de Costa Rica, menos conocido para nosotros, Luis Alberto Monge. Luego, estabilizaciones exitosas que fueron castigadas por el electorado: el caso de Rafael Caldera en Venezuela en 1998; el de Zedillo en México en el 2000; el de Jamil Mahuad y Gustavo Noboa en Ecuador en el 2002; y Paz Estenssoro, en Bolivia, en 1989.

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Luego hace una lista de estabilizaciones fallidas que fueron castigadas por los votantes, todas, y estabilizaciones fallidas premiadas por los votantes, ninguna. De lo que se deduce que, claramente, tener una estabilización fallida y aumentar la inflación es un gran predictor de fracaso electoral. Lo que usted plantea es que no queda del todo claro si el hecho de tener una estabilización exitosa, que es condición necesaria, pero no se sabe si es suficiente para ser reelecto. Me gustaría entonces que compartiera con nuestra audiencia el desarrollo de esta idea suya.

La idea de este artículo era justamente analizar si con inflación sola alcanzaba. Hay varias cosas. Uno: la mayoría de los casos de estabilización son de otro período histórico de la región, lo que muestra que el problema de la alta inflación y su persistencia en Argentina es más una anomalía. Yo diría que el único otro país que puede estar sufriendo esto hoy en América Latina es Venezuela.

Básicamente cualquier gobierno que intentó domar la inflación, y fracasó -hablo partiendo de situaciones de inflación alta, prácticamente de tres dígitos-, no logró continuidad, ya sea que iba por la reelección. En ese momento, en América Latina, en los 80, yo creo que ningún país tenía reelección consecutiva. En los 90 sí, ya algunos comenzaron a introducirla. En general, le fue mal, o no pudieron elegir sucesor, o su partido perdió el siguiente turno electoral.

Ahora, dentro de los que sí tuvieron éxito, ahí encontramos casos con matices. Yo ahí lo menciono a Rafael Caldera, que fue dos veces presidente de Venezuela, la segunda por fuera de su histórico partido, el COPEI. Él llegó con un discurso contrario a su antecesor, Carlos Andrés Pérez, que había iniciado reformas de mercado, que había terminado destituido por el Congreso. Y Caldera llegó con un discurso diferente; la inflación se le disparó, llegó arriba del 100%, y ahí tuvo que estabilizar. Y si bien logró bajar, entregar una inflación que no es baja, una inflación anual arriba de 30 puntos, fue el enterrador de la democracia del Puntofijo, Caldera, a pesar de haber sido uno de los creadores.

Y el caso de Paz Estenssoro yo creo que es muy interesante, porque fue el hombre que hizo la revolución boliviana en los 50 y al que le tocó hacer un ajuste brutal en los 80, y tuvo éxito en bajar la inflación con una característica: no tuvo éxito logrando un pacto de gobernabilidad con el principal partido de oposición. Ese acuerdo después se rompió cerca de las elecciones y digamos que hubo una elección muy competitiva donde el partido de Paz Estenssoro fue el más votado, su ministro de Economía fue el más votado, pero donde la elección boliviana se definía en un balotaje muy particular, definía el Congreso entre todos los candidatos, y se dio un acuerdo entre el padre del actual presidente boliviano, Jaime Paz Zamora, y Hugo Banzer, el legislador, que llevó a Paz Zamora a la presidencia.

Zedillo también, pero a Zedillo se le disparó la inflación estando en el gobierno. Apenas asume, estalla la crisis del Tequila y la inflación se dispara en México nuevamente, después del éxito que había tenido el plan de Salinas de Gortari, el anterior presidente. Y Zedillo tiene que aplicar un plan de ajuste bastante duro y logra entregar una inflación cercana a un dígito, pero el PRI pierde las elecciones siguientes. Entonces, son casos bastante inusuales.

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En otro trabajo, pero no de este año, yo lo que había detectado era que ningún oficialismo en América Latina, desde que arrancó la tercera ola de democratización en el año 79 hasta la fecha en un contexto democrático, pudo ganar cuando la inflación anual era superior al 40% en el mes de la votación. Y hay una sola excepción: en la elección de Brasil del 94, la que Cardoso triunfa, con una inflación anual al momento de votar arriba del 1000%, pero con la inflación mensual cayéndose como un piano por el éxito del Plan Real. Si uno no controla la inflación alta, yo diría que tiene el boleto picado si es oficialismo. Ahora, si controla la inflación, puede no alcanzar, y ahí depende mucho cómo uno va a la elección, cuál es la oferta partidaria.

Uno de los puntos para discutir en Ciencias Sociales es que todos estos ejemplos son de cuando había inflación, los años 90, o sea, tienen entre 20 y 30 años. Dos generaciones de diferencia. ¿Cómo cambiará la subjetividad respecto de aquellos que vivieron la inflación o de los que no vivieron la inflación? ¿Cuál es su propia tesis respecto de cuánto influyen los cambios de subjetividad generacionales respecto a episodios como la relación entre inflación y elección?

No creo que haya cambiado tanto, y me parece que el parámetro es otro. Durante algunos años me parece que la Argentina tuvo una suerte de trauma con el desempleo y la recesión, fruto de lo que fueron los años finales de la convertibilidad. Pensemos que la Argentina entró en recesión en el segundo semestre del año 98 y recién salió en el segundo semestre del año 2002, y que la tasa de desempleo en la Argentina, hasta los años 90 había sido un país de desempleo históricamente bajo, tocó un primer pico en el año 95. El mismo mes que Menem fue reelecto con el 50% de los votos, ese fue el primer récord histórico.

El segundo fue durante la crisis de la convertibilidad, después de la salida de la convertibilidad. Y eso hizo que hubiera cierta tolerancia a las inflaciones moderadamente altas, inflaciones de más de 20%, en tanto que el salario le ganara y que la actividad se mantuviera. Ahora, me parece que el parámetro de trauma cambió. En los 80 estábamos acostumbrados, pero no era tan inusual que la población se acostumbrara a inflaciones de dos dígitos mensuales. Pensemos que algo así como el 40% del electorado o más tienen menos de 40 años, no han vivido algo como lo que fue el largo período de alta inflación de la Argentina que arrancó en el Rodrigazo del año 75 y que concluyó con la convertibilidad.

Entonces, la inflación del último año de Alberto Fernández es un nivel traumático. Tomemos el último mes antes de Milei, porque el primer mes es sin cerrar variables: dio arriba de 200% la inflación anual de 2023, pero el 160%... Esta cuestión de ver precios actualizándose por semana... Me parece que eso ya es lo suficientemente traumático para esta nueva generación de votantes. Eso me parece que le da una ventaja al gobierno si logra llegar con una inflación como la que predice el relevamiento de expectativa del mercado, o sea, en torno al 20%.

Timerman dijo ayer que 7 u 8 puntos sobre 10 de posibilidades de que Javier Milei sea reelecto. Obviamente falta un año y medio, las cosas pueden cambiar, pero bueno, si fueran hoy, ¿qué posibilidades si se mantuvieran las condiciones que están hoy proyectadas a un año y medio? ¿Coincide con ese vaticinio?

Yo a priori coincidiría. Depende mucho cuál es la oferta electoral y depende mucho que el gobierno no cometa muchos errores no forzados. Y es un gobierno que tiene una propensión muy alta a cometer errores no forzados, tanto en el área de la política como también en el área de la política económica. También es un gobierno que, por lo menos en materia de política económica, tiene cierta propensión a cambiar el curso si ve que se está equivocando, pero yo a priori diría que sí.

Milei tiene varias ventajas. Uno es que si su contrato con la sociedad era bajar la inflación, eso lo va a lograr. Miremos otra cosa. Supongamos, demos por buenos los pronósticos del REM. Es un supuesto muy fuerte porque el relevamiento de la expectativa de mercado se revisa todos los meses, y los economistas pueden cambiar sus proyecciones y la economía puede variar por algún shock externo negativo, por una sequía, por lo que fuere. Siempre se nos critica a los politólogos por las encuestas, pero los economistas ajustan sus pronósticos mes a mes.

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Pero supongamos que son buenos sus pronósticos y que la Argentina tiene tres años seguidos de crecimiento, no espectaculares, pero tres años seguidos de crecimiento al fin, y tres años de inflación a la baja. Eso no se ve, entonces, desde comienzos de los años 90, los primeros tres años de la convertibilidad, que fueron infinitamente mejores en términos tanto de crecimiento como de baja de inflación. En defensa de la actual política, diría, no se está usando el tipo de cambio como una ancladura, no es un hard peg, como dicen los economistas, cosa que eventualmente genera problemas a mediano plazo. Entonces eso, hace difícil que Milei pierda.

De vuelta: puede cometer muchos errores, dividir el voto, que haya una fragmentación excesiva de partidos que hoy apoyan a Milei porque Milei no es generoso a la hora de armar estrategias, que aparezca un candidato peronista más centrista, moderado, o algún candidato ni siquiera peronista, sino de fuera del peronismo, no un outsider, yo creo que el espacio para el outsider hoy no está, a diferencia de lo que creen algunos. Un candidato moderado, de centro, una especie de Milei plus, que diga: "Bueno, yo no voy a tocar el modelo económico y, aparte, tampoco planeo gritar". Milei con mejores modales, por decirlo de una manera simpática.

Lo que fue la Alianza en su momento.

Exacto, pero el problema es que yo no creo que estemos en esa etapa todavía, porque para que apareciera la Alianza, tenía que quedar abandonada la idea que estábamos viendo la urgencia, y eso me parece que, después de que la convertibilidad superó el test del Tequila, eso quedó de lado. Entonces hubo un cambio muy fuerte también en el radicalismo. De la Rúa fue elegido gracias a que dijo que iba a mantener la convertibilidad; Duhalde perdió las elecciones no solamente por los 10 años de desgaste de poder de Menem, sino también porque justamente decía que había que salir de la convertibilidad.

Un tema puntual es la corrupción. Aparece en todas las encuestas como principal problema la corrupción. El problema, decía Timerman, es que ningún partido opositor puede tomar esa bandera porque todos tienen casos de corrupción en sus filas. Entonces resultaría hipócrita, tendría que venir alguien de afuera. Al mismo tiempo usted dice: "No veo la oportunidad para un outsider". En el caso de aquella Alianza de fines de los años 90, el planteo era mantener la economía y no gritar. El plus Menem era sin corrupción. ¿Qué papel juega la corrupción aquí y qué relación hay entre corrupción y economía? Que los periodistas por experiencia sabemos que cuando la economía va bien la gente no se preocupa por la corrupción, cuando la economía no va bien se preocupa por la corrupción.

Diría que esa es la relación que hay. No es algo del agua que tomamos los argentinos, este doble estándar. Muchas décadas atrás, los seguidores de un político brasileño que se llamaba Adhemar de Barros acuñaron un eslogan que a mí me parece gracioso, genial y trágico: Rouba, mas faz, roba pero hace. Veamos los ejemplos: Menem, que tenía varios escándalos de corrupción en el primer mandato, reeligió con comodidad; el kirchnerismo en sus primeros ocho años de gobierno, los cuatro de Néstor y los primeros cuatro de Cristina, también varios escándalos de corrupción, ganó con el 54% en 2011. Eso quiere decir que hay una doble vara de la sociedad respecto de la corrupción. Esto es decir "la corrupción es el principal problema del país", sí, pero no termina decidiendo el voto.

Con la inseguridad pasa algo similar, en Argentina por lo menos. Durante años la inseguridad estaba al tope de las preocupaciones ciudadanas y se votaba al kirchnerismo, que tenía una postura más bien abolicionista. De vuelta, no es exclusivo de la Argentina, miremos en Brasil. En el año 2005, el gobierno de Lula da Silva tuvo un bruto escándalo de corrupción, el Mensalão, y al año siguiente reeligió con mucha comodidad ganándole a quien hoy es su vicepresidente, Geraldo Alckmin. Diez años después, la corrupción era un tremendo problema, afectaba a todos los partidos, en el escándalo del Lava Jato. Y si bien Dilma Rousseff no fue destituida por el Lava Jato sino por otro tema, pero eso fue lo que llevó a la crisis del PT en el año 2016.

Entonces, yo tiendo a pensar que, cuidado con esto de que la corrupción aparece como el principal problema, que eso tienda a llevar a orientar el voto de las personas. Sí, la corrupción suele jugar un rol muy importante en el discurso de los outsiders, y particularmente los que son populistas, vengan por derecha o vengan por izquierda. Lo han usado Milei, López Obrador, Bolsonaro, Hugo Chávez, siempre la corrupción y este discurso de la casta. A ver, López Obrador hablaba de la corrupción del PRIAN, Bolsonaro de la corrupción del Centrão, con el que después terminó siendo aliado.

RM/fl