Alicia Castro, exembajadora argentina en Venezuela y en el Reino Unido, rechazó la posibilidad de que que Delcy Rodríguez haya colaborado con Estados Unidos para avanzar con la detención de Nicolás Maduro y afirmó que la vicepresidenta venezolana fue clave para preservar la institucionalidad tras los recientes hechos en Caracas. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la dirigente sindical comparó la ofensiva impulsada por Donald Trump con la intervención estadounidense en Libia y denunció: “Hay una mentira hilada pacientemente sobre el gobierno de Venezuela para que Estados Unidos se quede con el petróleo”.
Alicia Castro es una política sindicalista y diplomática argentina. Se desempeñó como embajadora de la Argentina en la República Bolivariana de Venezuela entre 2006 y 2011 y ante el Reino Unido entre 2012 y 2015. Fue diputada nacional por la provincia de Buenos Aires entre 1997 y 2005. Estuvo al frente de la Secretaría General del Gremio de Aeronavegantes
Por su larga experiencia en Venezuela, ¿cuál es su evaluación de lo que viene sucediendo desde el día sábado hasta hoy?
La verdad es que consternada y triste, y además comprobando que estamos viviendo en un mundo en caos. Esta etapa del capitalismo, del imperialismo y de lo que podemos llamar fascismo del siglo XXI nos está llevando a un caos. Seguramente ya habrá visto que, entre ayer y hoy, los Estados Unidos se han retirado de casi todas las organizaciones internacionales de las Naciones Unidas, de las convenciones y de todos los tratados internacionales que consideran que son perjudiciales para los intereses de los Estados Unidos. Es decir, los Estados Unidos de América, con Donald Trump, declaran abiertamente que no rige más el derecho internacional, sino la ley del más fuerte. El derecho internacional parecería una cortesía, pura palabra, lo que nos coloca realmente en la jungla.
El golpe de Venezuela, la intervención militar y el secuestro de Nicolás Maduro fue largamente anunciado. Recordemos que Hugo Chávez sufrió un golpe de Estado en el año 2002. Fue un golpe interno, se lo llevaron para matarlo, y el pueblo salió a la calle a recuperar a su líder, a su revolución, a su Constitución. Fue un hecho inédito para América Latina. A partir de ahí, con la conjunción de líderes de izquierda y progresistas, nuestro bloque latinoamericano pudo fortalecerse con la incorporación de Venezuela y de Bolivia al Mercosur. Luego, con la construcción trabajosa, por cierto, de la UNASUR, que tuvo una institucionalidad supranacional muy densa, muy interesante. Por ejemplo, tuvimos un congreso que tenía que ver con evitar los golpes de Estado. Se evitó, gracias a UNASUR, el golpe policial en Ecuador y el golpe secesionista en Bolivia.
¿Y no le sorprende esto mismo que usted cuenta y que recuerda de esas movilizaciones que hoy, después de los hechos del sábado en Venezuela, las manifestaciones sean mínimas y tibias? ¿Qué pasa en el alma del pueblo venezolano? ¿Hay una falta de apoyo del régimen chavista?
No, al contrario. Yo creo que hay una gran movilización. Sigue habiendo una demonización mediática contra Venezuela, o esta narrativa irresponsable que durante tantos años tantos medios y tantos dirigentes fogonearon, que contribuyeron a dar una imagen de poca legitimidad al gobierno de Nicolás Maduro, aun cuando fue electo y reelecto. Yo misma, en el año 2020, renuncié a mi designación en la embajada en Rusia, con la que me había honrado el gobierno de Alberto Fernández, porque la Argentina contribuyó a una resolución contraria a la República Bolivariana de Venezuela en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que no tenía ningún asidero más que la presión de los Estados Unidos y de un grupo de investigadores independientes que ni siquiera habían visitado Venezuela y hacían su trabajo desde computadoras en Miami. Me pareció responsable que el gobierno argentino no evaluara la peligrosidad de contribuir a esa narrativa contra Venezuela cuando Venezuela estaba bajo asedio, bajo ataque. Eso fue en 2020, donde ya para mí era evidente que era muy importante para la región cuidar a Venezuela, porque cualquier intervención militar en Venezuela afectaría a la Argentina y a toda la región.
Entiendo que las personas normales, cuya mayor preocupación es su vida cotidiana es tratar de llegar al 15 de cada mes, no se ocupen de la geopolítica. Entiendo que puedan no hacerlo. Pero creo que nuestros dirigentes políticos tienen la obligación y la responsabilidad de medir sus actos en cuanto a la repercusión no solo en las internas, no solo mirándose el ombligo. Creo que tienen que atender a su obligación respecto de la geopolítica, sobre todo la Argentina, que contribuyó en la década pasada al fortalecimiento de un bloque regional con la UNASUR y luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un bloque de 33 países con 600 millones de habitantes que podía tener, cuando estaba funcionando, una importancia no solo desde el punto de vista ideológico o de los ideales de nuestros libertadores de independencia y unidad, sino también desde el punto de vista comercial, del intercambio científico y tecnológico. Ese bloque tuvo logros muy importantes, como por ejemplo el rechazo del ALCA en nuestro país. Todo eso hoy está desmoronado.
Creo que para Venezuela los Estados Unidos tenían planeada una acción parecida, que sigue la matriz Libia. Yo soy amiga de Julian Assange, el creador de la plataforma WikiLeaks, porque cuando yo era embajadora en el Reino Unido, en 2012, él fue asilado en la embajada de Ecuador. Estábamos muy cerca, entonces podía visitarlo a Julian muy seguido, una vez cada quince días. Disfruté mucho de esa relación con uno de los hombres más inteligentes que he conocido en el mundo y además con un coraje increíble, y deseando contagiarme, como él dice: “Courage is contagious”. El coraje es contagioso. Normalmente yo le preguntaba si sabía algo más sobre la Argentina, si sabía algo más sobre Venezuela. Y él me contestaba sistemáticamente que, si supiera algo más, lo hubiera publicado, porque era una persona que publicaba la información que le llegaba. La desencriptaba y la publicaba, sin un sesgo vinculado con sus propios intereses políticos. Es decir, su interés era democratizar la verdad y que todos los hombres y mujeres conociéramos los secretos del complejo industrial militar de los Estados Unidos.
Eso fue así mucho tiempo, hasta que un día me alcanzó un documento y me dijo: “Mirá esto”. Era un documento recién revelado por Edward Snowden, de las agencias de seguridad de los Estados Unidos, lideradas por la NSA, la National Security Agency, donde se establecían los seis países estratégicos como objetivo permanente de los Estados Unidos. Esos seis países eran China, Rusia, Irak, Corea del Norte y Venezuela. Entonces, el único país de América Latina señalado por todas las agencias de seguridad de los Estados Unidos y sus aliados, los “cinco ojos”, como objetivo estratégico permanente. Yo tengo el documento, se lo puedo alcanzar. Tenía un apartado, misión F, que mandaba a establecer los recursos humanos y materiales para que Venezuela estuviera controlada y evitar que se expandiera en la región y en el mundo el ejemplo de la Revolución Bolivariana, en ese momento del comandante Chávez, en especial respecto de la cuestión de los hidrocarburos y de que pudiera dañar los intereses de los Estados Unidos. Esto siempre ha sido el petróleo.
Ahora, lo que es extraordinario, como hemos visto en pocos días, es el desarrollo de la narrativa. Primero, querían intervenir en Venezuela por los derechos humanos, igual que en Libia. Por eso hablo de la matriz Libia. Primero demonizaron a Muammar Gaddafi, luego le crearon revueltas internas, como también hicieron en Venezuela. Después crearon un gobierno paralelo, como también hicieron o intentaron hacer en Venezuela con el mamarracho de Juan Guaidó, y luego mintieron diciendo que Gaddafi iba a hacer una masacre de civiles en una plaza. Finalmente, se basaron en una atrocidad que se intentó introducir por los Estados Unidos dentro del derecho internacional.
Hasta hace tres días el derecho internacional tenía una figura que era el “derecho a proteger”. Esto era el derecho a proteger los derechos humanos: en cualquier país del mundo donde se vieran amenazados, podía intervenir otro país. Por supuesto, cuando hablamos de “otro país” siempre se hablaba de los Estados Unidos. Entraron, mataron a Gaddafi salvajemente, mostraban ese oro, esos lingotes de oro, decían “el oro de Gaddafi”. No era el oro de Gaddafi, era el oro de Libia. Si vemos lo que pasa hoy en Libia, están los pozos de petróleo controlados por bandas parapoliciales armadas, las mujeres y los hombres pobres vendidos como esclavos, etcétera. Ese es el espejo donde podría mirarse la situación en Venezuela si realmente hubiera tenido éxito la operación de cambio de régimen que intentaron con el secuestro de Maduro.
Tuve una relación mucho menos estrecha que la suya, pero conocí a Assange y tuve la oportunidad de entrevistarlo. Me generó simpatía y valoración de su inteligencia. Respecto de Venezuela, usted dice que renunció en 2020, cuando el gobierno de Alberto Fernández adhirió a una sanción por incumplimiento de derechos humanos por parte de Venezuela. En esa época ya la Comisión de las Naciones Unidas de Bachelet había llevado adelante esa investigación. Pero todavía, en 2020, no se había producido la situación de anomalía de las elecciones de 2024, donde hasta Cristina Kirchner pidió que Maduro mostrara las actas electorales, cosa que no hizo. Y no solamente el gobierno de Alberto Fernández no reconoció a Maduro como presidente de Venezuela, sino tampoco Lula en Brasil, que no podríamos decir que fuera un gobierno en contra del chavismo. ¿No le parece que hubo un proceso de deterioro y que la Venezuela de 2025 y la de 2024 no es la misma de 2020?
No, yo no lo creo. Yo creo que, para los que conocemos bien Venezuela, para los que sabemos que entre Chávez y Maduro construyeron cinco millones de viviendas populares, para los que sabemos que Chávez y Maduro sacaron a los venezolanos del analfabetismo, que los empoderaron a través del ejercicio de una democracia participativa y protagónica, nos parecería increíble que Maduro no fuera votado, no fuera electo.
Finalmente, Venezuela tiene cinco poderes: el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, el Poder Electoral y el Poder Ciudadano. Entre estos cinco poderes se pusieron de acuerdo en que las elecciones habían sido válidas. Cristina Kirchner y Lula da Silva no desconocieron a Maduro como presidente. De hecho, Brasil tiene relaciones normales con la República Bolivariana y con su presidente constitucional. Sí pidieron las actas, desde mi punto de vista, fue un error, porque no midieron que con ese hecho se actuaba dentro de una narrativa que servía para construir la deslegitimación de Maduro y que servía para fogonear lo que sucedió el tres de enero. Jamás le piden las actas a (Emmanuel) Macron.
Hay una mentira hilada pacientemente respecto del gobierno de Venezuela para que Estados Unidos se quedara con el petróleo. Así de simple. Vemos cómo el acusado de narcotraficante, de capo de un Cártel de los Soles, el “narcoestado”, como repite (Javier) Milei y su grupo de coristas, analfabetos de la política, gente peligrosa porque ignora los valores fundamentales sobre los que se ha construido nuestra diplomacia. Nosotros teníamos una política de relaciones exteriores basada en principios muy firmes, como la no injerencia en terceros Estados, la solución pacífica de las controversias, la igualdad jurídica de los Estados. Argentina ha hecho doctrina: la Doctrina Calvo, la Doctrina Drago. Sin embargo, esta runfla cree que un presidente como Trump, al que apoyan, puede intervenir militarmente y secuestrar a un presidente como si fuera algo que pudiera tolerarse. La normalización de la anormalidad.
Hoy sigue esa narrativa porque ahora la narrativa de Miami es que Delcy Rodríguez traicionó a Maduro, lo cual, para quienes conocemos a Delcy nos resulta inverosímil. Delcy Rodríguez no es colaboracionista de EE. UU.. Tengo la suerte de haberla conocido, en el año 2001, cuando no era funcionaria, y a Jorge Rodríguez, que tampoco era funcionario en esa época. Los conozco muy bien, conozco su carácter, su firmeza, conozco su fe revolucionaria. Son hijos de un revolucionario, Jorge Rodríguez, que fue torturado y asesinado por la Cuarta República, participaba en la Liga Socialista. Conozco su talante revolucionario y creo que han podido hacer algo inédito en estos días.
Sobregiro mileísta por Trump en Venezuela
¿Usted cree que no hay ninguna posibilidad de que Delcy Rodríguez sea colaboracionista, ni siquiera en estos momentos, con el gobierno norteamericano?
Absolutamente no. Yo creo que el nombramiento de la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada no es un hecho burocrático: es una brillante estrategia para mantener la institucionalidad en medio de estas dificultades tremendas e inéditas. Podría haber colapsado el Gobierno. Semejante intervención militar de nuevo tipo, cien personas muertas, podría haber generado un colapso general. En cambio, creo que los mandos, la vicepresidencia, la Asamblea Nacional tuvieron que elegir entre colapsar y adaptarse, y han logrado adaptarse a esta situación tan difícil con la unidad de todos los poderes del Estado. Cuando vemos a Delcy Rodríguez sentada con todos los ministros, con los parlamentarios, recién en medio del caos, a los dos días se juraron los nuevos representantes en la Asamblea y juró la vicepresidenta como presidenta encargada.
Yo creo que hay muchos logros para nuestra parte. Cuando digo “nuestra parte”, digo Venezuela y digo nuestra región. Primero, Estados Unidos no logró el regime change, que era su objetivo, el cambio de régimen. El gobierno de Venezuela sigue funcionando. Esta acción ha desacreditado a Donald Trump. Usted está viendo seguramente cómo Donald Trump está enfrentando críticas durísimas: todos los humoristas se mofan de Donald Trump diciendo que se va a adueñar de Venezuela, del petróleo, de la Tierra, de México, de Colombia y de Groenlandia. Recién yo estaba leyendo un informe de Chris Hedges. ¿Lo lee a Chris Hedges?
Poco, pero cuéntenos.
Chris Hedges mandó un mensaje donde repite a una historiadora que dice: “La belicosa frivolidad de los imperios seniles”, caracterizando el afán de Trump de adueñarse del mundo, destrozar el derecho e imponer la ley de la fuerza. Está recibiendo durísimas críticas, incluso de republicanos que le están haciendo pedidos de juicio político, pedidos de destitución, de impeachment.
Luego, otro de los sucesos importantes de estos días es que la oposición golpista de María Corina Machado, y no a la oposición democrática que incluso tiene miembros en la Asamblea Nacional, se ha derrumbado en su presunta influencia dentro de Venezuela, porque si no este sería el caso en que la oposición estuviera movilizada, y no está movilizada la oposición en Venezuela. Corina Machado, a pesar de todo lo que ha chupado las medias, y no encuentro un modo menos vulgar de decirlo, y pedirle una intervención armada a su propio país, lo que es el colmo del colmo del cipayo. A pesar de eso, ha sido desacreditada por el propio Trump, que ha dicho: “No sirve, no tiene influencia dentro de su propio país”.
Finalmente, creo que se está derrumbando la narrativa que había contra Venezuela. En el primer día del juicio, cuando Maduro dijo: “Soy el presidente de Venezuela. He sido secuestrado en mi domicilio en Caracas. Soy un hombre honesto”, ya estableció que el Cartel de los Soles no existe. Así que creo que es un escenario de altísima complejidad. Le agradezco una conversación tan abierta, porque nos falta, me parece, este registro en los medios. Estamos acostumbrados, por las redes, a que todo tiene que ser inmediato, todo tiene que ser virulento, y a hacer interpretaciones que duran un minuto.
Y es doblemente valioso porque usted sabe que yo no opino como usted. Entonces, me parece que tiene mucho más valor aún que podamos compartir en el disenso. Así que valoro el tiempo y su opinión, que me parece que aporta al debate público, y para nosotros es fundamental tenerla.
TV