Martín Balza, exjefe del Ejército, analizó desde una mirada militar la operación estadounidense en Venezuela y sus efectos regionales, con la experiencia de haber sido embajador argentino en Colombia y Costa Rica. En una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la detención Nicolás Maduro fue una "una intervención militar" que no se podría haber concretado sin un "infiltrado" en el área de inteligencia. "No fueron ajenos a esto Diosdado Cabello y el ministro de Defensa", señaló.
Martín Balza es un militar en situación de retiro, con el grado de teniente general. Es veterano de la guerra de Malvinas. Fue jefe del Estado Mayor General del Ejército desde el 4 de noviembre de 1991 hasta el 10 de diciembre de 1999. Tras su pase a retiro, se desempeñó como embajador en Colombia entre 2003 y 2011 y como embajador en Costa Rica entre 2012 y 2016.
Queremos conocer su opinión militar, estratégica, sobre lo que pasó en Venezuela y qué consecuencias puede tener en Colombia, un lugar que además usted conoce muy bien porque fue embajador allí.
Voy a tratar de hacer un balance con el conocimiento que tengo de los hechos, que es mediático. Por lo tanto, es totalmente fragmentario. Y para alguien que no es ni político, ni politólogo, ni sociólogo como yo, me atrevo a calificar esto como un disparate total. Estamos viviendo algo incomprensible, de lo que podemos apreciar nada más que un comienzo, pero hay que ver cómo sigue todo esto.
Yo no voy a defender en absoluto, porque nunca lo he hecho, al ahora expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro. No comparto su ideología ni tampoco muchas cosas de Hugo Chávez. Pero, independientemente de eso, no tengo nada que me una, sino simplemente la crítica de un ciudadano argentino más. Yo estoy dando una opinión. Respeto todas las otras opiniones, pero la respuesta de Estados Unidos ha sorprendido al mundo, a todos nosotros, porque fue una respuesta jamás pensada, inédita. Es, si mal no recuerdo, la primera intervención militar en Sudamérica, en mi opinión, en un país sudamericano, independientemente de Chávez, independientemente de Maduro, con quienes no me pueden relacionar en absoluto.
Y puedo luego hacer comentarios porque tuve la oportunidad, cuando era jefe del Ejército, allá por febrero de 1999, de integrar una comisión oficial cuando asumió Chávez. Me tocaba rotativamente y me tocó a mí, así que lo conocí. Se compartió un desayuno, éramos en la comitiva oficial seis o siete, alrededor de las ocho de la mañana, en un hotel, con una pequeña delegación venezolana más o menos del mismo número. Chávez habló en un desayuno que ni siquiera era de trabajo. Pero después lo escuché un par de horas más tarde en el Parlamento, cuando asumió oficialmente, y hubo gestos. Estoy hablando de febrero del 99, yo era jefe del Ejército.
Cuando entró, yo estaba en tercera fila más o menos. Había presidentes, casi todos los presidentes latinoamericanos, con excepción de algunos. Todos estaban. Recuerdo que, en la fila de senadores que él saludaba, a uno me pareció que no lo saludó. Efectivamente, después comprobé que no lo había saludado. Habló una hora y media y dijo tres o cuatro cosas. Una de las primeras fue: "Cuando era jovencito y me recibí, me entregó el sable el corrupto más grande que ha existido en Venezuela. Hoy es senador y está ahí. Hoy juro como presidente y ese corrupto de Carlos Andrés Pérez sigue ahí”. Eso lo repitió una vez más durante su discurso.
Era expresidente de Venezuela, la persona que además había nacionalizado el petróleo.
Claro. Nombró a todos los próceres. Yo recuerdo a quién nombró, pero también recuerdo a quién no nombró. Nombró a Simón Bolívar, pero olvidó a José de San Martín.
Reavivando aquella polémica sobre qué se dijeron Bolívar y San Martín en su famoso encuentro.
Sí. Y después dijo algo que con el tiempo comentamos y nos reíamos: que el barril de petróleo no debía superar nunca los 10 dólares, porque así iban a diversificar la economía. Y, si mal no recuerdo, en su época el barril llegó a estar casi en 100 dólares. Cuando terminó el acto y salimos, comprobé, o por lo menos aprecié, que para el pueblo venezolano ese hombre era un líder. Hablo del pueblo venezolano porque recorrimos mucho, escuché mucho.
A Maduro lo traté no mucho, pero cuatro o cinco veces, en reuniones de la OEA, una importante por un aniversario de la OEA que se hizo en Cali, y después en reuniones donde iban todos los embajadores y, en algunas, también los cancilleres. Lo que yo aprecié es su percepción.
La práctica demuestra claramente otra cosa: el gobierno no era el gobierno de Maduro, era una coalición entre tres o cuatro integrantes, entre los cuales estaba Maduro.
Sí. Para el pueblo venezolano, Chávez era un líder, pero el liderazgo, en mi opinión, no se transfiere. Es difícil transferirlo.
En ese sentido, ¿Gustavo Petro es un líder en Colombia, un país que usted conoce y que de alguna manera también es amenazado por Trump con continuar sus intervenciones? Petro tiene un antecedente militar porque era guerrillero.
Del M-19. Yo lo conocí, lo traté brevemente en dos o tres oportunidades, una de ellas cuando era senador. Él ocupó los dos cargos más importantes en Colombia: alcalde de Bogotá y presidente de la República. El vicepresidente, como acá, lo elige el presidente, pero luego puede enviarlo de embajador o nombrarlo ministro. No tiene las características del vicepresidente de Estados Unidos, que preside el Senado. Petro fue un guerrillero del M-19 que se desmovilizó. Entregaron las armas, si mal no recuerdo, en 1989 o 1990. Fue de los primeros. Traté a varios de ellos, algunos incluso fueron asesores del presidente Álvaro Uribe.
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Cuando se dice que Petro es guerrillero, ¿es comparable, desde cierto punto de vista, a cuando se dice que Patricia Bullrich era montonera?
Sí, porque fue, como otros que luego ocuparon cargos importantes en Defensa y han actuado en una organización terrorista irregular.
Pero me parece que hay una diferencia entre quienes verdaderamente tomaron las armas. Algunos de los ministros de Defensa de Argentina estuvieron en la parte de inteligencia. Petro era un hombre de armas tomar.
Sí, pero luego ocupó cargos institucionales. Yo lo traté varias veces como senador.
Déjeme contarle una anécdota de un embajador. Recuerdo haber recibido a un embajador de Colombia que había sido comandante jefe del Ejército colombiano. Usted sabe que la embajada de Colombia en Buenos Aires es un premio político: generalmente vienen embajadores que no son de carrera. En este caso, este hombre había sido jefe del Estado Mayor en el momento en que a Manuel "Tiro fijo" Marulanda le cae una bomba cuando prende su celular, logrando así asesinar a la persona más importante que quedaba de los movimientos guerrilleros en Colombia. Este general tenía su tarjeta con la bandera colombiana en plomo. Y él me dijo, textualmente: “Los militares latinoamericanos fuimos empleados a sueldo de los yanquis para matar comunistas y nos quedamos sin trabajo”. ¿Los militares argentinos están en otro nivel comparados con los militares colombianos?
Es muy atinado lo que dijo ese general. Yo conocí a Colombia antes de ser designado embajador, cuando estaba en actividad como jefe del Ejército. Fui cuatro o cinco veces y traté a algunos generales que luego ocuparon cargos importantes. Mi promoción egresó en 1955 del Colegio Militar como subteniente. Tuvimos 52, 53, 54, 55, con acontecimientos importantes, como fue en el 52 el velatorio de Eva Perón. Yo tuve que hacer una o dos guardias en el Concejo Deliberante, donde la velaron, menos el último día, que la velaron en el Congreso. Por eso el cortejo sale por la Avenida de Mayo, del Congreso. Hice dos guardias. Aprecié ahí muchas cosas que valoré años después, no en ese momento.
En el 55 era cadete de cuarto año. Estaba de retiro, volviendo, volviendo al Palomar, y siempre cuento esta anécdota. Un señor dijo: “Qué truenos”, porque era un día gris. Cuando entro en el colegio me dicen: “Están bombardeando Buenos Aires”. Es decir, desde esa época que yo me recibí de subteniente, eso que dice el general, con diversos matices, sí se dio acá. Estoy haciendo mi apreciación. Si usted toma, a lo mejor, un compañero mío, puede tener otra apreciación que yo respeto.
En la Escuela Superior de Guerra de los años 57, 58, se notaba evidentemente el mundo del marxismo-leninismo, con dosis de marxismo, con dosis de comunismo. Eso se incorporó a través de la revista de la Escuela de Guerra, entre otras cosas, porque había algunos oficiales que después llegaron a generales que trajeron, informativamente, el empleo de la doctrina francesa que Francia aplicó en Argelia.
¿Usted me dice que los militares colombianos tenían la misma formación ideológica que los militares argentinos, y quizás los venezolanos? Yo estuve asilado en Venezuela y recuerdo que en la embajada tenía de custodia un coronel venezolano que era absolutamente profesional y demócrata, y me marcaba continuamente la diferencia con las Fuerzas Armadas argentinas. En esa época estaba la dictadura, y decía que nunca en Venezuela había habido un golpe militar. ¿Puede ser que, a lo mejor, el sistema democrático, que en la Argentina fue interrumpido varias veces, haya generado anticuerpos en ese antinorteamericanismo?
Puede ser. De Venezuela no conozco tanto, pero he tenido compañeros venezolanos y tuvieron ciertas características que los diferenciaban bien con respecto a nosotros, sobre todo con respecto a nosotros. La influencia de los Estados Unidos en Venezuela, y sobre todo en Colombia, fue más intensa que en la Argentina, sensiblemente más intensa. Luego, en Venezuela hubo cierta deformación en el Ejército venezolano.
¿Chávez logró torcer la cultura, reformateó las Fuerzas Armadas de Venezuela?
Sí, pero también lo aprecié ya como embajador. A diferencia de lo que fue acá, allá era un gobierno democrático. Chávez ganó como nueve o diez elecciones inobjetables. Después, otra cosa es lo que pasó con él. Los generales ocupaban cargos importantísimos, políticos, sobre todo políticos y empresariales.
¿Usted dice que no había golpes militares, pero los militares tenían una cuota de poder dentro del sistema muy grande?
Sí, y sobre todo hubo cierta contaminación también con muchas otras cosas que se decían ilegales.
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Le quiero pedir una reflexión militar sobre la operación de lo que llaman la extracción de Maduro en Venezuela. ¿Usted cree, general, que para que haya podido haber sido hecho algo así fue imprescindible un acuerdo con el Ejército venezolano para que no utilizaran las defensas antiaéreas rusas con las que contaban?
No tengo elementos de juicio, pero aprecio que Estados Unidos ha hecho algunas apreciaciones que dicen que fue un hecho policial. Y también lo dijo aquí una senadora nuestra, Patricia Bullrich, dijo: “Es un hecho policial”. Desde aquí, desde Buenos Aires, creo que fue un hecho militar, una intervención militar. No tiene características de una intervención policial. Es mi opinión. La señora Patricia Bullrich puede tener otra, que yo respeto. Es una operación militar, y esa operación, para concretarla en la forma como la han concretado no se puede haber hecho sin priorizar el área de inteligencia, en sus distintas variantes, que han tenido un infiltrado, como le llamen. No cabe ninguna duda. Y que es una operación militar para mí, y no policial.
Una cosa es que tengan un infiltrado dentro de la custodia del círculo más cercano de Maduro, del lugar donde estaban Maduro y su señora para ser luego extraídos. Pero otra cosa es que tuvieran un acuerdo con las Fuerzas Armadas venezolanas para que no usaran su batería antiaérea. ¿Puede ser que en todo Caracas ni un solo regimiento tirase un tiro hacia arriba?
Sí, porque así fue.
¿Es posible sin un acuerdo con la cúpula militar?
Cuando asumió Maduro, ya estaba de embajador. Le pregunto si realmente Maduro ejerció como presidente, o hay otros que lo manejaron a Maduro totalmente. Me permitiría, sin elementos de juicio, en una conversación de café, que no fueron ajenos a esto Diosdado Cabello y el ministro, actual ministro de Defensa también. Diosdado Cabello y el ministro de Defensa tuvieron que ser partícipes para que se realice la operación de EE. UU. Ni siquiera un cabo reaccionó. Pero hay un dato que sí le quiero decir.
Según los datos, hay 2.200 generales. Me refiero a almirantes, el máximo grado de las fuerzas armadas, pero muchos de ellos, cumpliendo cargos en empresas privadas o del Estado. El ministro de Defensa debe llevar más de diez años en ese cargo, generales, pero cumpliendo.
¿Lo que usted dice es que el verdadero poder estaba en las Fuerzas Armadas, en Diosdado Cabello y en el ministro de Defensa, y no en Maduro, y que para que esa operación se haya podido producir sin un solo rasguño a ningún soldado, Norteamérica tuvo que haber contado con un tácito, explícito acuerdo con ellos dos?
Yo, con la información que tengo, estoy convencido. Puedo estar equivocado, pero estoy convencido de eso. Diosdado Cabello es un militar retirado, pero creo que se retiró con un grado de capitán, pero evidentemente Maduro no mandó, con un ejército politizado en cierto sentido, pese a que algunos políticos acá no han reconocido lo hecho por las fuerzas armadas después de la democracia. Porque acá parece que las fuerzas armadas para la recuperación de la democracia no hicieron nada, y yo creo que las fuerzas armadas colaboraron también para la democracia imperfecta, pero que hoy tenemos.
Sobre Colombia, me guío por todo esto. Yo no soy experto en narcotráfico en absoluto, pero he conversado con gente que conoce mucho y quiero haberle dicho, como el expresidente Ignacio Cardoso, de Brasil, que es un especialista en el tema. Yo le hice una pregunta en una conversación informal, pero tuvimos como cinco minutos al presidente, que ya no era presidente. Le dije: "¿Cómo estamos con la lucha contra el narcotráfico en el mundo?". Él me dijo: "La lucha contra el narcotráfico en el mundo la vamos perdiendo. Y una de las causas es que del PIB se invierte poco. El 70, 80% del presupuesto asignado en los países va a cuestiones operativas, y muy poco a la prevención, y tendría que ser al revés en el aspecto sociocultural, político, económico, judicial. Se tendría que invertir 80% en la prevención y el 20% la acción".
Venezuela no es productor de droga. El productor número uno de clorhidrato de cocaína en máxima pureza, y está produciendo 2.500 toneladas métricas hoy y está sembrando 200.000 hectáreas, es Colombia. Esa droga entra a los Estados Unidos, según los que conocen el tema, con mafias colombianas, venezolanas, mexicanas y estadounidenses, porque es el consumidor. Si no, no entrarían por Centroamérica. Me consta, Costa Rica es un corredor que entra. Ese es el estado actual que yo viví y no creo que haya cambiado mucho.
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