La economía argentina atraviesa un proceso de reconfiguración que reabrió el debate sobre sus similitudes y diferencias con la década de los noventa, en un contexto marcado por el ajuste fiscal, la desaceleración inflacionaria y la búsqueda de mayor estabilidad macroeconómica. Claudio Loser, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, analizó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) el impacto sectorial de estas medidas y advirtió que “la industria va a sufrir, pero las pymes podrán adaptarse”.
El economista reconocido por haber ocupado uno de los cargos más altos dentro del Fondo Monetario Internacional (FMI), Claudio Loser, fue director del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo, el área encargada de supervisar las relaciones del FMI con los países de América Latina, Estados Unidos y Canadá. Seguido a dejar el FMI continuó trabajando como consultor económico internacional y analista de temas vinculados a la deuda, las finanzas públicas y la relación de Argentina con los organismos multilaterales. Ahora, se convirtió en una fuente frecuente de consulta para medios argentinos e internacionales debido a su experiencia en las negociaciones entre Argentina y el FMI.
¿Está la Argentina ahora frente a una posibilidad histórica de cambio de su tendencia declinante? El superávit fiscal, perdón, el superávit comercial récord que tuvo la Argentina el último mes muestra esa Argentina que ahora va a ser superavitaria en dólares, modificando la escasez histórica que siempre tuvo.
Yo creo que sí, pero por supuesto no puedo decir que esto está garantizado.
Esperemos que los resultados de la Copa Mundial y de la economía funcionen en pareja.
Estamos en una situación donde el resultado fiscal es muy fuerte y donde hay elementos macroeconómicos positivos: la tasa de inflación que está cayendo y el resultado de balanza de pagos positivo. Algo de esto lo vimos durante la década de los 90, pero de una manera distinta, donde había mucho más elemento de tomar prestado. Así que yo veo que esto como una gran posibilidad.
Por supuesto, esto está acompañado por un cambio estructural que es bastante traumático, voy a usar una palabra fuerte. El tema político puede afectar, pero yo veo una Argentina que, ciertamente, en lo que va del siglo y aún más, está cambiando con movimientos importantes en la parte productiva.
Lo que pasa es que hay ganadores y hay perdedores, y eso impacta también en términos de la opinión pública.
Antes de entrar en los efectos secundarios negativos de este proceso traumático, me gustaría aprovechar que usted hizo la comparación con los 90. Yo lo escuchaba a Roberto Lavagna decir, positivamente a favor de esta etapa, a pesar de sus críticas a Milei, que había una diferencia estructural. En el caso de los 90, la Argentina tenía un stock y entonces estaba quemando un stock de venta de empresas públicas, las famosas joyas de la abuela. Mientras que Menem se encontró con un stock de empresas públicas para privatizar y con eso financió un dólar barato, Milei se encuentra con un flujo. Y el flujo no se acaba, o por lo menos no se acaba por décadas. Esa es la gran diferencia incluso como sujeto de crédito, porque alguien que ve que una persona se está consumiendo su stock para consumir es menos sujeto de crédito que aquel que ve que consume con un flujo que no se acaba, que vuelve todos los años a poder exportar Vaca Muerta, el cobre y la electromovilidad. ¿Comparte esa visión de que la gran diferencia con los 90 es que aquello quemaba un stock y esto consume un flujo que no se agota?
Estoy totalmente de acuerdo. Al principio del gobierno de Menem parecía que era un problema, que había un tema de flujo, pero claramente se fue a un tema de stock. Milei se encuentra con un país totalmente empobrecido, ultraendeudado, y donde lo que podía trabajar era con el día a día, si lo puedo poner así. O sea, trabajar con el flujo.
Y eso es fundamentalmente diferente y es lo que realmente, desde un punto de vista analítico y desde un punto de vista de política, hay que hacer. Yo me puedo comer las joyas de la abuela, por supuesto, hasta que no tenga más joyas de la abuela. Mientras que acá estamos diciendo: la Argentina tiene problemas serios, pero hay una riqueza en la parte agrícola, la parte minera, la parte energética y la parte de capital humano que es muy fuerte y que nos va a permitir, si todo se maneja bien, transitar en este mundo tan complicado como un país respetable e incluso más que respetable.
Los efectos secundarios nocivos. Usted decía que el plan tiene ganadores y perdedores. Distintos sectores le plantearon incluso a funcionarios del Fondo Monetario Internacional, a la Cámara Argentina de Comercio y a la Cámara de la Construcción su preocupación por la recesión y por la economía a dos velocidades. ¿Cuál es su propia preocupación respecto a los efectos secundarios de esta economía?
Evidentemente, el sector industrial interno, de sustitución de importaciones, es el que va a sufrir. Es difícil decirlo, pero para mí es algo necesario.
La construcción y el comercio van a modificarse. Aunque se dice que el campo, la minería y todo eso no tienen tanto efecto, en última instancia sí lo tienen. Y yo creo que esos sectores, de a poco, van a ir renovándose, no necesariamente en la zona de Buenos Aires y alrededores, pero sí en general en el país.
Cavallo le reclamó a Sturzenegger la eliminación total del cepo cambiario
No todas las pymes van a sufrir. Hay pymes que se están ajustando bien. Yo creo que el argentino y la Argentina tienen una capacidad de adaptación extraordinaria y van a aprovechar una mayor apertura para poder construir bienes con insumos importados que van a funcionar mejor y que van a ser favorables para la población en general.
Pero evidentemente el proceso ha sido más lento de lo que hubiéramos pensado.
Baja del riesgo país, mejora de la calificación. Se esperaba otra mejora de calificación que no llegó, pero de cualquier forma ya hay mejoras en otras calificadoras de riesgo. A principio de año había una ventana, antes de la guerra en Irán, para que la Argentina se endeudara en el mercado voluntario, pero a una tasa de interés alta. Luego esa ventana se cerró por el comienzo de la guerra en Irán y algunos analistas dijeron que el Gobierno se equivocó, que debería haber tomado aunque fuera un poco de deuda para probar el mercado voluntario. El Gobierno decía que las tasas eran muy altas. Ahora parecería que volvería a tener la posibilidad de ir al mercado de deuda con tasas menores que las que no aceptó en enero. Me gustaría su visión respecto de lo acertado o desacertado que fue el Gobierno al no ir al mercado voluntario convalidando tasas más altas y de las posibilidades que tiene de hacerlo a fin de este año y el próximo a tasas menores.
Evidentemente, el Gobierno hizo bien en no endeudarse. No puedo decir que tenían la visión perfecta para decir "ahora no y mañana sí".
La pegaron.
Le pegaron bien. En un momento complicado, la Argentina tuvo la suerte, o mejor dicho, tuvo el reconocimiento de los organismos internacionales que están garantizando su deuda, por lo menos en parte, y eso también le ayuda.
Yo creo que si la parte fiscal sigue bien y la inflación empieza a estar sistemáticamente entre 1 y 2%, va a haber realmente un reconocimiento importante y los mercados internacionales van a ir hacia un país como la Argentina, que hoy tiene un aspecto positivo, con todo lo negativo de nuestra historia: el hecho de que estamos lejos de los conflictos que existen en Medio Oriente y en Europa, y que seamos una fuente sostenible de bienes y servicios.
Yo creo que eso le va a ayudar a la Argentina. No quiero sobrevender a la Argentina, aunque quizá esté confundiendo un poco mis deseos con mi análisis. Mi análisis serio.
¿Por qué en 2016, durante el gobierno de Macri, el riesgo país era de 300 puntos y todavía el riesgo país argentino está más cerca de 500 que de 400? ¿Tiene que ver con que todavía hay cepo y que Macri lo sacó en 2016? ¿Usted cree que lo que realmente mejoraría la calificación de riesgo de Argentina, o lo que hoy detiene esa mejora, es que se mantiene el cepo parcialmente?
Sí, independientemente del elemento táctico de no sacar el cepo, yo creo que ayudaría muchísimo eliminarlo.
Por supuesto, eliminar el cepo haría que las aguas se movieran bastante, pero sería tremendamente importante porque le daría un sello de seriedad a través del tiempo al Gobierno. El no hacerlo todavía genera dudas.
En el caso de Macri, el problema fue diferente en términos políticos y de las condiciones del país.
Además no existía Vaca Muerta, no existía la electromovilidad y al mismo tiempo había un déficit tanto de la balanza comercial como fiscal. Obviamente la situación es totalmente diferente.
Esa es la diferencia fundamental. Por supuesto, los economistas decimos que si se cierra el déficit fiscal normalmente mejora la balanza de pagos, y es exactamente lo que se ve.
Y en este caso, con todo lo doloroso que puede haber sido, es algo absolutamente necesario. Yo diría que en una situación normal no hace falta tener superávit fiscal, pero en este caso ha sido algo tremendamente importante y los beneficios, que no se ven en el día a día, son tremendamente importantes.
¿Por qué no sacan el cepo? ¿A qué atribuye usted que no tomen esa decisión con la tendencia bajista del dólar?
Yo creo que tienen miedo de que haya una corrida, que todavía la confianza de las empresas no esté totalmente consolidada. Tienen miedo del corto plazo.
Sí, el dólar no se ha movido con una inflación que supera totalmente la inflación internacional. Tienen margen, lo podrían hacer. Yo soy un observador, pero recomendaría que se hiciera.
Creo que tienen miedo, en el corto plazo, de que no haya suficiente confianza.
Déjeme aprovechar su doble condición de argentino, por un lado, pero al mismo tiempo de estadounidense como lugar de residencia durante tanto tiempo. ¿Qué dicen allí de los errores tácticos del presidente Trump y cómo afecta esto a la economía? ¿Es realmente así cuando él decía que si no se abría el estrecho de Ormuz la economía del planeta estallaba?
Mi respuesta es no. Él tiene, por supuesto, con todo respeto al presidente, declaraciones muy fuertes.
Tengo que tener cuidado, no vaya a ser que me expulsen del país, a pesar de vivir acá hace 53 años. Pero realmente el estrecho de Ormuz genera problemas si se mantiene cerrado. Sin embargo, ha habido fuentes alternativas en Estados Unidos, Guyana, Brasil, Argentina y otros países que han podido aumentar la producción.
O sea que no sería catastrófico. Sería serio y negativo, pero yo creo que está inflando este efecto. Evidentemente, el impacto de la apertura es muy importante dado que ayuda a la economía mundial. No tanto a la de Estados Unidos, quizá en forma indirecta a América Latina, pero ciertamente a Asia y a Europa esto les significa un elemento muy importante.
¿Y cómo ve usted las chances del presidente Trump en las elecciones de medio término, en este contexto económico de los Estados Unidos y en cómo evalúan los norteamericanos el erratismo, podríamos decir, del presidente en esta guerra en Irán?
Yo creo que hay una posición bastante negativa. No le va a ir bien en la Cámara de Representantes, que es el equivalente de la Cámara de Diputados. Es casi seguro, yo diría seguro, que va a perder la mayoría allí.
En el Senado es un poco más complicado, pero también hay alguna posibilidad. En la segunda parte del gobierno va a tener que estar mucho más a la defensiva porque realmente la gente está enojada, primero por la parte de protección, por las tarifas que pusieron. La cuestión del petróleo también le pegó muy duro a la gente.
Y aunque la actividad económica está bien y la inteligencia artificial está fantástica, de todas maneras, en el día a día del consumidor general hay bastante negatividad. Incluso hay negatividad respecto de los recortes a la inmigración.
Por supuesto, yo tengo un sesgo latinoamericanista en esto y eso pegó muy duro, pero fundamentalmente hace que la gente no esté contenta. Hay gente que va a estar con él de todas maneras, eso seguro. Pero fundamentalmente yo creo que va a estar a la defensiva y perdiendo, a menos que pase algo absolutamente extraordinario en los próximos tres meses.
MV