Mirar la Argentina desde los márgenes implica poner el foco en una realidad que muchas veces queda fuera del debate público. La deuda para comprar alimentos, la imposibilidad de cubrir los gastos mínimos y el impacto de la crisis en la vida cotidiana de los barrios populares fueron algunos de los ejes que analizó Daniel Menéndez, referente de Barrios de Pie y director del Instituto Periferia.
Durante su entrevista en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Menéndez presentó los primeros datos de un estudio realizado en 15 provincias y planteó la necesidad de pensar a quienes viven en las periferias no como una carga, sino como “sujetos de transformación”, capaces de aportar conocimientos y experiencias para construir respuestas frente a la exclusión y la fragmentación social.
Daniel Menéndez es sociólogo, dirigente social y político. Se desempeña como subsecretario de Economía popular en el Ministerio de Desarrollo de la Comunidad bajo la gobernación de Axel Kicillof y la conducción del ministro Andrés Larroque. Durante la presidencia de Alberto Fernández ocupó el cargo de subsecretario de Política de Formación e Integración del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y presidió el Consejo de la Economía Popular. El referente de la organización Barrios de Pie dirige el Instituto Periferia, su espacio de pensamiento, formación y debate federal lanzado este año para abordar problemáticas sociales en la Argentina con perspectiva barrial.
Buenos días, muchas gracias por estar acá. Lanzaron el Instituto Periferia con la premisa de mirar desde los márgenes. Hace un ratito entrevistábamos a monseñor Colombo, que acaba de tener una reunión con el papa León XIV previo a la visita a Buenos Aires, y los márgenes y las periferias siempre eran el tema del que hablaba el Papa y, además, era una construcción de la sociología, la periferia. ¿Qué nos puede decir de esto? ¿Qué significa periferia y cómo es mirar desde los márgenes?
Bueno, nos parecía importante aportar al debate público en una sociedad que está fragmentada, que es difícil mirar más allá del metro cuadrado donde uno construye subjetividad y conocimiento de la realidad y quizá, en los medios de comunicación y en el debate público, a veces prima una mirada predominantemente de clase media, con dificultad, por la interacción cotidiana que está cortada con los barrios populares, para acceder a saber cómo están impactando las medidas económicas en el devenir de la vida cotidiana. Y nos parecía importante articular, primero, el volumen, el desarrollo y el territorio de organizaciones sociales junto con el aporte de profesionales de la academia para construir una mirada y seguir indicadores que den cuenta de una realidad para ponerla en debate. Vemos esta idea de la batalla cultural y la construcción de una mirada respecto del rumbo actual de distintas variables y, en general, del destino de nuestro país. Bueno, me parece que el impacto en los barrios populares no solo puede abordarse desde la percepción y la acción comunitaria, sino también desde cómo se pueden construir datos y miradas que aporten a este debate. Nosotros aportamos un estudio que tiene que ver con distintas áreas que buscamos comprender: la salud mental, la educación, el trabajo y, obviamente, la deuda, que nos parecía importante abordar a partir de esta coyuntura. Es un estudio, un informe preliminar, realizado en un universo de 15 provincias, que tiene esa intención. Según los datos que se arrojan, 6 de cada 10 personas relevadas hoy tienen deuda. Es decir, casi el 60% de quienes habitan los barrios populares. 3 de cada 4 hogares no llegan a cubrir los gastos mínimos y vemos que la morosidad se duplicó en los últimos 2 años, según datos del Banco Central. Y nosotros ahí tenemos una hipótesis que tiene que ver con que la gente deja de endeudarse para resolver problemas puntuales. Es decir, el patrón de comportamiento vinculado con la deuda estaba asociado al cumpleaños de la nena que cumple 15 años, un casamiento, un gasto imprevisto, se rompió el auto, un velorio, una situación donde uno pide a vecinos y se endeuda.
Situaciones extraordinarias, dice usted. Lo que ahora son ordinarias.
Y ahora la deuda se incorporó como un patrón crónico. ¿Por qué? Porque tiene que ver con que el nivel de endeudamiento es absolutamente extraordinario y tiene que ver también con un contexto más amplio. No se puede explicar el endeudamiento escindido del contexto. Es decir, esta discusión que nos plantea el Presidente, el endeudamiento para comprarse el televisor para el Mundial, es un hecho que se puede explicar en un determinado contexto. Hoy eso no explica la realidad del endeudamiento, porque el endeudamiento es, según datos que nosotros recogimos, en casi el 43%, el 42 y pico, para comprar alimentos. Entonces, eso da una nueva mirada de la crisis. Por eso asociamos el endeudamiento con una crisis de ingresos que se explica con este dato: casi el 75%, 3 de cada 4 hogares, no llegan a cubrir los gastos mínimos. El 68,3%, 7 de cada 10, no pueden acceder a alimentos nutritivos. Es decir, aparece el problema vinculado con los ingresos, la alimentación y la calidad nutricional. El 37,2% ha pasado días sin comer.
O sea, uno de cada tres.
Uno de cada tres ha salteado comidas. Y ahí aparece el debate que tenemos en esta coyuntura, que se instaló y que da cuenta de que el 42,3% de las explicaciones para tomar plata prestada, endeudarse, tiene que ver esencialmente con comprar comida. Y ese es el dato que nosotros recogimos: 6 de cada 10, el 59,8%, tiene algún tipo de deuda. Tarjeta de crédito, familiares, créditos con particulares, préstamos mediante aplicación.
Mientras lo escuchaba, me vino a la memoria un reportaje que salió este domingo a Javier Auyero, que es el director del Centro de Antropología de la Universidad de Texas, que estudia casualmente el tema de la pobreza. Llama la atención, obviamente, en Texas, que es el lugar donde casualmente hay la mayor cantidad de inmigrantes latinos y el ICE actúa con mayor virulencia, pero él estudia todos los casos de pobreza en todo el continente y, como los inmigrantes hispanos o latinoamericanos entran casualmente en mayor proporción por los estados del sur, él tiene una especie de laboratorio de todos los países. ¿En qué se diferencia nuestra periferia de las otras periferias? ¿Y qué han estudiado de otras periferias en el pasado de la propia Argentina y en países limítrofes?
Bueno, la periferia tiene muchos puntos en común. Decía que el Papa Francisco nos ha convocado a los movimientos populares, a encuentros mundiales de organizaciones sociales, de trabajadores excluidos, y ahí uno podía conocer la realidad de, primero, pensar la periferia como el destino de sujetos que están excluidos, pero que son sujetos de transformación. Y que la política debe mirarlos no desde una mirada que la Iglesia ha predicado de la caridad, sino como un sujeto en sí mismo, y valorar la organización comunitaria del sector, que permite pensar cómo se resignifica el trabajo, que es lo que a nosotros nos parece importante en la periferia: la integración socio-urbana.
Usted dice “sujeto de transformación”, es decir, que puede desarrollarse y no ser percibido como un lumpenproletariado que finalmente es una carga.
No. A veces, la política tradicional quizá ve la periferia como el lugar para llenar micros para actos. Nosotros creemos que hay un conocimiento, que hay cualidades, hay miradas que pueden nutrir las políticas populares. Hay ejemplos vinculados con, y para nosotros es muy importante poner en valor, en este tiempo tan brutal de estigmatización, lo que tiene que ver con el trabajo. Porque también en la periferia está la integración socio-urbana, están los problemas de salud mental, está el problema del trabajo. Es decir, se ve en este modelo económico cómo en los conurbanos, en las periferias, impacta más la destrucción de la industria. Y ahí hay experiencias vinculadas con repensar el trabajo, repensar formas de integración de recicladores urbanos, de pequeña obra pública. Me parece que parte de la solución a los problemas que existen en este capitalismo, que genera tanta exclusión y tanto descarte, es pensar cómo, de la mano de organizaciones comunitarias y de la organización que se dan quienes están excluidos, se pueden pensar esquemas de integración. Porque la verdad es que no hay destino. Es decir, pensar en cerrar las periferias, cuando el contraste es el de los sectores más altos encerrados frente a un universo que desconocen y que temen, me parece que fractura más el país y genera una situación muy compleja, que cierra con niveles de represión muy altos.
En la que pierden todos. Daniel, felicitaciones. Muchas gracias por su informe.
Muchas gracias, Jorge.
LMM