Consultada sobre las posibilidades de que Rafael Grossi llegue a conducir las Naciones Unidas y su eventual impacto en la disputa por las islas Malvinas en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Susana Malcorra descartó que un argentino pueda favorecer fácilmente la posición nacional, porque "es un tema de una complejidad diplomática enorme". "No es que un argentino o una argentina vaya a favorecer a la Argentina en detrimento del Reino Unido", sostuvo. "El secretario general tiene un mandato basado en el pedido de las partes", explicó, quien ocupe ese cargo "no está representando a su país, está representando a todos los países del mundo".
Susana Malcorra es una ingeniera eléctrica y diplomática con una destacada trayectoria en el sector corporativo y organismos internacionales. Se graduó de la Universidad Nacional de Rosario y fue CEO de Telecom Argentina. En el ámbito internacional se desempeñó como jefa de Gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Posteriormente ejerció como ministra de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina.
—Quiero comenzar por las Naciones Unidas, que es el lugar que vos conocés como casi ningún otro argentino. Señalaste que estamos en un mundo de transición, donde el uso de las fuerzas se está consolidando como método dominante de la geopolítica actual, con organismos como las Naciones Unidas, la Unión Europea y la propia OTAN demostrando dificultades para resolver conflictos bélicos de escala: la invasión a Ucrania, la situación de Medio Oriente, que otra vez vuelve a recrudecer. Me gustaría primero una especie de estado del arte de las relaciones internacionales desde tu perspectiva.
—Evidentemente es un momento complejo del mundo, donde los principios más básicos que están detrás de la creación del sistema internacional de las Naciones Unidas y toda la arquitectura que hay alrededor de las Naciones Unidas están puestos en duda. El primer principio que no se está respetando es el principio del autocontrol. Lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial fue una decisión de los países poderosos de que, en su propio interés, establecieran una forma de convivencia donde se respetara al otro, donde no se aceptara la invasión del otro y donde eso estuviera basado en una serie de reglas, sin lugar a dudas, pero lo más fundamental es en el autocontrol.
Porque el autocontrol, lo que se dice en inglés self-restraint, es en el interés propio, porque cualquier cosa que pueda ocurrir a partir de ahí puede desatar demonios que lleven a situaciones como las de las guerras mundiales. Ese principio está roto y es un principio muy fundamental, porque es el que ha hecho que, a pesar de todas sus limitaciones, las Naciones Unidas lograran durante 80 años que la convivencia en el mundo se sostuviera en un nivel razonable.
Hoy no solo está roto, sino que está roto por parte de aquellos que son los fundadores y los que definieron eso como principio, que son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, los que tienen ese privilegio del derecho a veto. Y hay ya dos de ellos que claramente han roto ese principio, lo cual lleva a una secuencia de cosas que puede tener implicancias realmente muy difíciles de dimensionar.
—Esos dos, uno de ellos, Estados Unidos, tiene elecciones ahora de medio término. ¿Vos creés que una eventual derrota de Trump en las elecciones de medio término y el hecho de que no pueda ser reelecto, porque se ha cumplido un segundo mandato, podrían significar un cambio en esa situación que vos describís? ¿Creés que es más una política de los Estados Unidos, sin depender de Donald Trump, utilizar la fuerza para resolver los conflictos?
—Una de las características que tiene la administración Trump es la imprevisibilidad. Si vos te fijás, un principio rector durante su campaña fue que iba a cerrar frentes de conflicto y que no iba a abrir nuevos frentes de conflicto, porque él consideraba que no estaba en el interés de los Estados Unidos hacerlo. Dicho esto, lo ha hecho y uno podría considerar que ha abierto más de un frente de conflicto, porque en el caso de Estados Unidos con Venezuela también se produjo por un mecanismo que no respeta esos principios que yo definía antes.
Entonces, no sé cuál puede ser la reacción si se produce, en las elecciones de medio término en noviembre, una pérdida por parte de los candidatos del presidente Trump. Recordemos que esta es una elección legislativa y si pierde el control del Senado y del Congreso, pareciera ser que el control de la Cámara, lo que sería el equivalente a la Cámara de Diputados, está bastante en riesgo. El control del Senado no está tan definido. Pero si perdiera ese control, yo no sé cuál puede ser la reacción, porque quizás una reacción puede ser doblar la apuesta. Es decir, uno no sabe. E insisto: la imprevisibilidad es la característica dominante del momento y de la administración. Entonces, a mí me cuesta mucho hacer un pronóstico en ese sentido.
—Y en el caso de Europa, finalmente lo que está sucediendo en la prolongación de la guerra entre Rusia y Ucrania, y por momentos ciertos triunfos militares inimaginables de Ucrania contra Rusia, y la idea de Europa de decidirse a invertir más en armamento y en defensa, ¿cómo imaginás el futuro cercano de Europa geopolíticamente?
—En primer lugar, algo que tenemos que reconocer es que con estas dos guerras, la de Ucrania como la de Irán en Medio Oriente, queda claro que las asimetrías que existían, dadas las fortalezas militares, ya no son tal como las definíamos antes, porque hay nuevos instrumentos, nuevas formas de ataque y contraataque que tienen un costo-beneficio totalmente distinto. Me refiero especialmente a los drones. Alguien hacía una equivalencia de lo que es la inversión en los misiles por parte de Estados Unidos o de Rusia, medida en varios millones, dos millones y pico de dólares cada uno, contra un dron que está medido en términos de varios miles de dólares.
El efecto de cada uno es distinto, pero una sumatoria de drones hace que lo que vos acabás de describir, que es el caso de Ucrania, cambie la dinámica y algo que pareciera ser un momento de retroceso por parte de Ucrania se transforme en un momento de contraataque y avance. Lo que es cierto en el caso de Ucrania es que estamos en una guerra de largo alcance. Es difícil pensar que ninguna de las dos partes va a encontrar una solución definitiva a la guerra, salvo que sea a través de algún esquema de negociación. A través de medios militares pareciera ser que esto está para quedarse.
Vos me preguntabas por Europa. Una de las grandes implicancias que tiene todo esto que está pasando, esta sobremilitarización, esta noción de pérdida del autocontrol que yo te describí al principio, es que las inversiones en defensa están aumentando y, cuando mirás los números, son realmente impactantes. ¿Qué implicancia tiene eso? La primera implicancia es que los recursos son finitos y, si se invierte tanto en defensa, habrá otras cuestiones que van a tener que restringirse. En el caso de Europa, me parece que la primera cosa que vamos a ver es una reducción en el Estado de bienestar. Europa se ha caracterizado como democracia, en general, en todo el contexto de una visión de la intervención del Estado generando un ambiente propicio para sus ciudadanos: la educación, la salud y muchísimas otras cosas.
Eso va a tener un impacto directo. La inversión en infraestructura creo que va a ser otra posible área que va a ser impactada. Ahora, es evidente que Europa ha tomado una decisión de que no pueden contar con el apoyo histórico, incondicional, yo diría, de Estados Unidos, y va a hacer todo lo que necesite para generar un espacio de preservación y de seguridad mayor. Sobre todo porque, bien sabemos, Rusia es un vecino inmediato.
—En ese subir y bajar de la importancia relativa de distintos integrantes en esta nueva geopolítica, en estos últimos diez años Inglaterra salió de la Unión Europea, se cumplieron más o menos una década del Brexit, Inglaterra padeció una caída del producto bruto, salió claramente desbeneficiada desde el punto de vista económico, más allá del propio estancamiento de Europa. Al mismo tiempo, para Estados Unidos, y parece que más allá de Trump, Latinoamérica pasa a ser importante y el sur pasa a ser importante, por lo menos en su guerra comercial con China. ¿Existen situaciones más favorables para la Argentina en tratar de recuperar diplomáticamente las Malvinas en esta situación de hoy frente a la que hubo hace diez, veinte y treinta años?
—El tema de Malvinas es un tema de una complejidad diplomática enorme. Nosotros estamos, de momento, amparados por una resolución dentro de Naciones Unidas que apela a que las partes llamen al secretario general a mediar y encontrar una salida: esto está en manos de las partes. Es decir, que tenemos que ser tanto los argentinos como los representantes del Reino Unido quienes decidan hacer esa aproximación. Hasta ahora no ha habido ninguna intención en ese marco, claramente no la ha habido.
Vos hacés una clara referencia a una dinámica que está cambiando y que no solo tiene que ver con esta definición de la nueva doctrina Monroe, como le dicen ahora, la doctrina de Trump, sino que también tiene que ver con que el cambio climático está provocando, tanto en la Antártida como en el Ártico, una enorme pérdida de hielo y una apertura de espacios de conexión. Eso tiene implicancias geopolíticas importantes. Las del Ártico las dejo de lado. Las de la Antártida, más allá de abrir pasos, eventualmente cada vez más importantes —lo estamos viendo en el caso del estrecho de Ormuz—, también abren una enorme oportunidad de explotación múltiple. Yo sé que se está hablando mucho de petróleo y gas asociado eventualmente, pero yo te diría que la cuestión de tierras raras en la Antártida es un gran signo de pregunta. ¿Qué puede haber allí?
Entonces, el apetito por la Antártida, que ha estado hasta ahora bajo un acuerdo de partes entre los países que tienen derecho a esa Antártida, puede realmente resquebrajarse o alterarse. Eso nos da una oportunidad y nos da un riesgo también. En ese contexto, ¿es posible que se pueda dar un inicio de una conversación? Siempre espero que así sea. Yo Soy de las que cree que hay que establecer ese esquema de diálogo. Todavía no lo veo. Quizás tu pregunta pueda sugerir si Estados Unidos puede, de alguna manera, variar su posición y hacer más factible un esquema de diálogo. Quizás pueda ser. Algo que en algún momento el presidente Trump sugirió, pero después rápidamente salió de escena.
La realidad es que las múltiples dinámicas que tenemos, una de ellas provocada por el cambio climático, no solo por la geopolítica y el comercio, pueden implicar que haya una apertura, pero también pueden implicar que el apetito por mantener la presencia, y no solo por mantenerla sino por ampliarla en el sur del Atlántico, sea mayor para el Reino Unido. Entonces, tenemos que tenerlo alto en nuestra prioridad, tenemos que mantener el foco. Malvinas no es una opción, está incluida en nuestra Constitución, es algo que tenemos que encontrar la forma de resolver y también te diría que probablemente tengamos que ser creativos en la forma de encontrar esa solución.
—Hago una conjetura, espero plausible. La pérdida de casi un 10% del producto bruto de Inglaterra versus el promedio de la Unión Europea desde la salida del Brexit; la posibilidad de que la Argentina, a partir de Vaca Muerta y de que se decida a explorar la cordillera en minerales como lo ha hecho Chile, genere tres turbinas de fabricación de divisas que reviertan su escasez y sus limitaciones, generalmente de la balanza de pagos; el hecho de que hoy, con drones de 5.000 dólares, se logren resultados militares superiores a los de misiles que cuestan millones de dólares, ¿puede generar en un futuro algo similar a lo de Hong Kong?
Es decir, que finalmente Inglaterra tenga que entregar Malvinas porque la posibilidad de que, en el caso de China, o en el caso de la Argentina, pueda volver a tomarla militarmente sea factible y que el costo de defenderla para Inglaterra sea insoportable. Y agrego una alianza del Mercosur. Con Brasil, Lula diciendo claramente en su momento: "Las Malvinas son argentinas, Inglaterra es un invasor en continente sudamericano". ¿Existe la posibilidad de que la lógica de debilitamiento progresivo de un país como Inglaterra y el mejoramiento progresivo de un país como la Argentina, que en algún momento se va a tener que producir porque el deterioro que hemos tenido durante medio siglo es tan marcado que simplemente una pequeña recuperación nos colocaría en otra posición, generen circunstancias que obliguen a la negociación en el caso de Gran Bretaña porque sea posible reapropiarse de las Malvinas a través de fuerzas militares?
—Vos acabás de describir un escenario en el que la tecnología, y lo dijimos antes sin hablar de Malvinas, tiende a mostrar como factible. Las Malvinas están a una distancia del Reino Unido tal que mantener su presencia allí tiene un costo. También es cierto que todo eso hay que medirlo a la luz de las oportunidades que el Atlántico Sur ofrece. Es decir, yo veo una oportunidad de sentarse a la mesa, sin lugar a dudas. Veo una oportunidad de sentarse a la mesa, como la hubo antes del 82. Y la desperdiciamos. Y la desperdiciamos por razones absolutamente espurias de parte del gobierno militar. Entonces, creo que puede haber una oportunidad. Creo que estamos en un momento de arenas movedizas, en múltiples niveles, y que eso nos puede dar una oportunidad.
La posición de Estados Unidos, es una posición que está evolucionando, que está cambiando. Y no olvidemos que uno de los grandes errores que cometió el gobierno militar fue asumir que Estados Unidos nos iba a dar el apoyo, cuando Estados Unidos estuvo incondicionalmente detrás de su socio histórico, que es el Reino Unido. Esa incondicionalidad, por lo menos, no está en este momento. No sé cómo se va a proyectar hacia adelante.
Entonces, esas son variables que hay que leer muy delicadamente, que hay que ir mirando muy delicadamente y para las que hay que estar preparados con escenarios, con posibilidades, con alternativas para eventualmente abrir una línea de conversación. Estas cosas llevan su tiempo, no son de un día para otro, pero me parece que es importante estar alertas a eso y preparados para ofrecer alternativas que, muchas veces, en estas negociaciones, pueden no ser blancas o negras. Pueden ser que tengan períodos de transición. Hay modelos en el mundo que te muestran posibles soluciones. Vos nombraste a Hong Kong. Hay que reconocer que Hong Kong tiene una peculiaridad muy grande, habida cuenta del tamaño de China. Pero sí hay distintas opciones que pueden ser pensables y yo, personalmente, apostaría a ello.
—Venís sosteniendo, que sería momento de que las Naciones Unidas rompieran una tradición de 80 años y, por primera vez en su historia, haya una mujer como secretaria general. Paralelamente, Argentina tiene, por primera vez, un candidato con muchas posibilidades también de ocupar ese lugar. Me gustaría tu pronóstico, en función de cómo ves que ya se acerca la fecha de la decisión. Dos, si en el caso de que no fuera una mujer y fuera un argentino, si creés que un secretario general de las Naciones Unidas argentino podría contribuir a generar esas negociaciones respecto de Malvinas.
—En primer lugar, yo quiero hacer un reconocimiento al embajador Grossi. El embajador tiene una amplia experiencia en el sector atómico y tiene un recorrido larguísimo. Así que nada de lo que yo vaya a decir va en detrimento de reconocer lo que Rafael representa. Yo creo, y esto lo vengo diciendo hace mucho tiempo, esto empezó mucho antes de saber que Grossi iba a ser candidato, que es momento de que, por fin, las Naciones Unidas reflejen la representación de los pueblos del mundo. La Carta de las Naciones Unidas empieza diciendo "los pueblos del mundo".
Y los pueblos del mundo pasan, sin lugar a dudas, a ser representados por la mitad de los hombres y la mitad de las mujeres. De hecho, las mujeres tenemos una pequeña mayoría respecto de los hombres. Llegó el momento de representar más equitativamente a esos pueblos del mundo. Esto, que parece filosófico, tiene un sustrato adicional, que es que, en un momento en el cual la beligerancia del mundo es tan fuerte, donde la militarización del mundo es tan acentuada, encontrar a alguien que esté más dispuesto a tender puentes es fundamental. Y creo que las mujeres solemos ser más propensas a encontrar soluciones a los problemas de manera pacífica. Es una característica del género. No digo que solo las mujeres tengan esto, pero es mucho más acentuado en el caso de las mujeres. Ergo, sigo sosteniendo esto.
Dijiste que se está acercando la fecha. Todavía falta. En realidad, no hay una fecha definida. El secretario general se va el 31 de diciembre. Increíblemente, este proceso podría llevar a una situación en la cual llegáramos al 31 de diciembre sin tener nombrado a un sucesor o una sucesora. Espero que no sea así. El espacio que se dan los cinco permanentes del Consejo de Seguridad en este proceso es muy grande. Personalmente, creo que es posible que no hayamos visto todavía todos los candidatos o candidatas que van a hacer finalmente el proceso completo. Creo que puede haber más candidatos.
En cuanto a tu pregunta respecto de la posibilidad de que un argentino facilite, me parece que esa es una pregunta que en el Reino Unido se hacen. Si el hecho de que haya un argentino o una argentina en su momento es algo positivo respecto del diferendo de Malvinas. Hasta ahora han pensado que no. Entonces, no sé si eso cambiará. El secretario general o la secretaria general, tiene un mandato basado en el pedido de las partes. No hay nada que pueda hacer por motu proprio. No es que un argentino o una argentina vaya a favorecer a la Argentina en detrimento del Reino Unido, que podría ser un miedo que hubiera en el Reino Unido. Pero si el Reino Unido interpretara que haya alguien de Argentina que puede ser un vehículo de facilitación, sería muy importante. Hasta ahora no lo he visto.
—¿Vos creés que sería un facilitador o no?
—Creo que un secretario general o una secretaria general argentina tiene que mantenerse muy equilibrado o equilibrada y solo intervenir a pedido. Me parece que nosotros perdemos de vista muchas veces que, en estos organismos, cuando llegás a la máxima posición no estás representando a tu país, estás representando a todos los países del mundo. Creo que el hecho de que haya un conflicto en tu país hay que manejarlo con muchísima cautela porque puede transformarse en algo en detrimento de los intereses. Entonces, hay que manejarlo con mucha prudencia.
RM