En el oficialismo aseguran que conseguirán la aprobación de la reforma laboral en el Senado y que podrán pasar con velocidad el debate en Diputados. Patricia Bullrich, la jefa de la bancada de LLA, asegura que la próxima sesión del 11 de febrero en la Cámara Alta concuirá con una una mayoría de 42 votos, que superarán por cinco los 37 necesarios para sesionar. En cada provincia que recorre Diego Santilli, se escuchan pronósticos diferentes, porque los gobernadores que reciben al ministro del Interior le advierten que todavía quedan muchos temas que abordar para concretar una negociación viable.
Esta semana estuvo en Salta, con el mandatario Gustavo Sáenz y después viajó a Neuquén, para encontrarse con Rolando Figueroa. El jueves fue recibido en Entre Ríos por Rogelio Frigerio. Fue el primero de los tres en ofrecerle un "contundente apoyo" a la reforma laboral, aunque el propio Santilli fue cuidadoso, pero sin dejar de mostrarse optimista. En la conferencia de prensa que ambos ofrecieron cuando terminó el encuentro, el ministro reconoció que hay preocupación sobre los fondos coparticipables que las provincias dejarán de recibir si el proyecto se transforma en ley.
La estrategia oficial se apoya en una promesa de compensación indirecta: menos impuestos, más empleo formal y, a partir de ese crecimiento, una recaudación ampliada que permita recomponer ingresos. Sin embargo, ese argumento encontró resistencias. En privado, varios gobernadores admiten que la ecuación no resulta convincente en el corto plazo y que la pérdida de recursos es inmediata, mientras que los beneficios proyectados son inciertos.
Reforma laboral y negociación individual: cuál es el poder real para acordar condiciones de trabajo
Fricciones internas y un respaldo político que no se replica en todas las provincias
A la complejidad del vínculo con las provincias se sumó un problema de coordinación política dentro del propio oficialismo. La negociación aparece fragmentada entre quien concentra el diálogo parlamentario en el Senado —Patricia Bullrich— y quien recorre las provincias en busca de apoyos —Diego Santilli—. Esa superposición generó ruidos, reproches cruzados y mensajes contradictorios hacia los interlocutores provinciales.
Mientras una parte del oficialismo busca ordenar el discurso y subrayar que la reforma laboral no afectará derechos adquiridos, otros sectores sostienen interpretaciones más amplias del alcance del proyecto. Esa falta de una línea unificada obligó a desmentidas públicas y ajustes discursivos que expusieron dificultades para disciplinar el debate interno.
El resultado es una negociación en la que el emisario político aparece activo, pero con márgenes limitados. Las definiciones de fondo, especialmente en materia fiscal, dependen del área económica, que hasta ahora se mostró reticente a habilitar compensaciones explícitas. Ese desequilibrio refuerza la desconfianza de los gobernadores, que recuerdan experiencias recientes en las que los compromisos no se tradujeron en hechos concretos.
En contraposición al apoyo explícito de Entre Ríos, contrastó con la cautela de otros mandatarios, que evitaron comprometer votos sin antes despejar el impacto fiscal del proyecto. Incluso entre los gobernadores con mejor predisposición, el respaldo estuvo atado a una advertencia: no avanzar sin atender una agenda más amplia de reclamos pendientes, que incluye infraestructura vial, cajas jubilatorias no transferidas y conflictos heredados con la Nación.
En ese contexto, la gira por Salta, Neuquén y Chubut dejó señales ambiguas. En algunos casos, el diálogo se mantuvo abierto; en otros, el contexto político local y los conflictos en curso aconsejaron bajar el perfil y evitar nuevas exposiciones. El tiempo empezó a jugar en contra: cada día que pasa sin acuerdos claros reduce el margen de maniobra para llegar a la sesión clave del 11 de febrero con los votos asegurados.
Un clima político enrarecido y una carrera contrarreloj hacia el Senado
A las tensiones fiscales se sumó un episodio que alteró el clima político y generó incomodidad en medio de la negociación. El hallazgo de dispositivos de espionaje en dependencias oficiales de una provincia introdujo un factor de ruido inesperado justo cuando el Gobierno necesita concentración absoluta en su principal objetivo legislativo.
El episodio reavivó viejas sospechas sobre prácticas de inteligencia y expuso un terreno sensible que atraviesa transversalmente a la dirigencia política. Sin acusaciones directas ni conclusiones judiciales, el caso agregó un componente de cautela en un momento en el que cada gesto cuenta. La aparición de este tema en plena discusión por las extraordinarias reforzó la percepción de un contexto adverso, en el que los tropiezos no provienen sólo del contenido de los proyectos, sino también del entorno político que los rodea.
El road show de Santilli: después de Frigerio fue recibido por Weretilneck
Con el calendario avanzando y el debate concentrado en pocas semanas, el oficialismo enfrenta un desafío doble: sostener la confianza pública en que los votos están y, al mismo tiempo, cerrar una negociación que aún muestra fisuras. La reforma laboral sigue siendo el plato fuerte del verano legislativo, pero el camino hacia su tratamiento aparece más accidentado de lo previsto.
En ese escenario, cada reunión con gobernadores, cada señal del área económica y cada episodio colateral adquieren un peso desproporcionado. Las sesiones extraordinarias, pensadas como una vía rápida para ordenar la agenda del Gobierno, terminaron exponiendo las dificultades de un oficialismo que avanza, pero no sin tropiezos, en su primer gran examen legislativo del año.
NG