Durante la noche del 3 de septiembre, luego de la cadena nacional del presidente, Javier Milei, en la que lanzó su nueva política sobre Malvinas, hubo analistas que dijeron que “fue un gran discurso y una jugada magistral”. Los había oficialistas e independientes. Es decir, periodistas y politólogos, que independientemente de que no le creyeran a Milei, reconocían una jugada inteligente del Gobierno. Simplemente para sumar al debate y dar otra perspectiva, vamos a dar diez argumentos de por qué esto, podría no ser una jugada maestra y podría terminar siendo perjudicial para el Gobierno.
1) Contraofensiva opositora
El proyecto del oficialismo para aplicar sanciones severas a las empresas que exploten recursos en el archipiélago desató una contraofensiva de la oposición. Lejos de acompañar el ritmo de la Casa Rosada, los bloques le salieron al cruce con un paquete de medidas que busca redoblar la iniciativa del Ejecutivo.
El reclamo de mayor impacto económico lo encabeza Guillermo Michel, de Unión por la Patria.
Propone derogar el acuerdo de doble imposición con el Reino Unido firmado en 1996. La medida obligaría a las empresas británicas a pagar Ganancias en la Argentina y cortaría un beneficio tributario de cincuenta millones de dólares anuales.
En paralelo, Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica, puso la lupa sobre el RIGI. Denunció que el Gobierno benefició con este régimen a la firma Southern Energy, cuya socia Harbour Energy arrastra una inhabilitación legal por operar en las islas.
La presión se amplía con la propuesta de Juan Marino, del peronismo bonaerense. El diputado sugirió coordinar un bloqueo portuario regional junto a países de América Latina contra las petroleras Navitas y Rockhopper. A su vez, rechazó la creación del Consejo de Seguridad Nacional para evitar subordinaciones a Estados Unidos.
Desde el ámbito de la defensa, Jorge Taiana acusó al Gobierno de actuar con oportunismo electoral respecto a la reactivación de la Base Naval de Ushuaia. En tanto, Pablo Juliano, de Provincias Unidas, exigió la restitución de los fondos del FONDEF para el presupuesto. Pidió frenar la venta de inmuebles de la Armada en el sur y reponer el financiamiento para las bases antárticas. De este modo, la agenda por la soberanía pasó de ser un anuncio oficial a un terreno minado de reclamos legislativos.
2) Deja incómodos a parte de sus principales aliados, el caso más notorio, el Eduardo Elsztain
El empresario posee alrededor del 2% de las acciones de Falkland Islands Company, una de las firmas con mayor peso económico en las islas. Frente a las controversias recientes, aclaró que intentó comprar la compañía para incidir en la economía local y respaldar el reclamo de soberanía nacional, pero la operación fue frenada por el gobierno británico. La revelación de esta inversión, sumada a su conocida cercanía con Javier Milei, resulta una contradicción difícil de explicar para el Gobierno.
3) Recuerda a Milei como admirador de Thatcher
Si había alguien que no lo recordara o no se haya enterado por desinteresado de la política, ahora sabrá algo difícil de explicar para el Gobierno: Milei es admirador de Margaret Thatcher, la primer ministro británica que cometió un crimen de guerra con el hundimiento del Ara General Belgrano fuera del área de exclusión. En esta acción decisiva para la guerra, murieron 323 argentinos, la mitad de las bajas en el conflicto. En reiteradas ocasiones, Milei defendió su admiración por Thatcher y la Revista Noticias reveló que tenía un retrato de la ex premier británica en su escritorio.
Además, como si esto fuese poco, vuelve a hacer girar los recientes videos de Milei criticando el gesto de la bandera de los jugadores como “acto de nacionalismo berreta” y los dichos de Monteoliva que intentaba prohibir que hinchas entren con banderas o símbolos de Malvinas al partido con Inglaterra. Al contrario, ayer en los Premios Perfil distinguimos a Santiago, el hincha que ideó y confeccionó en una sábana de hotel, la bandera que luego tomaron los jugadores.
4) Si la mayoría no le cree, perdería su principal activo: ser genuino
Según un estudio nacional publicado por la consultora Zuban Córdoba, seis de cada diez personas atribuyen este repentino endurecimiento del discurso a un mero oportunismo político de cara al escenario electoral. La investigación revela que la mayoría de los encuestados percibe una clara contradicción entre el alineamiento irrestricto de la Casa Rosada con la política exterior de Estados Unidos y el Reino Unido, y la súbita adopción de una narrativa de fuerte tono soberanista. Esta desconfianza se profundiza al evaluar el impacto real de las medidas económicas y geopolíticas del Poder Ejecutivo sobre el Atlántico Sur.
La brecha de credibilidad también se refleja en los sondeos de la consultora Analogías.
Sus mediciones señalan que más del 55% de la ciudadanía considera que las iniciativas oficiales buscan tapar el desgaste legislativo en el Congreso antes que defender una estrategia geopolítica seria. El electorado percibe que anuncios como la reforma de la ley de pesca o las sanciones bursátiles a operadoras británicas operan como maniobras de distracción frente al ajuste. Milei venció al resto de los candidatos, porque la sociedad consideró que era hora de que un outsider se hiciera cargo del poder. Alguien que no miente, que no viene de la política. Si estos números se confirman, Milei pasaría a ser un político más, restándole competitividad electoral.
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5) Si no logra mantener el tema, podría ser tapado por la visita del Papa
Esto puede parecer menor, pero un tema de esta importancia y raigambre popular, requiere de permanente iniciativa. Si el Gobierno se queda sin nuevas acciones que tengan efecto real, podría ser tapado por la visita del Sumo Pontífice que es en exactos dos meses. Sí Malvinas pasa como un tema más, sería un desgaste de la credibilidad del Gobierno y le quitaría fuerzas para nuevos anuncios.
6) La memoria de la utilización de Malvinas por la dictadura
La utilización de la Causa Malvinas como recurso político reactiva un precedente histórico ineludible. Durante la última dictadura militar, el desgaste de un programa económico restrictivo provocó una profunda pérdida de legitimidad. Esa crisis empujó al régimen a echar mano del sentimiento malvinero para intentar oxigenar su poder. Más allá del desenlace bélico, la maniobra dejó al descubierto la matriz del problema. Se trataba de un modelo financiero acorralado por la falta de resultados que apeló a una bandera emotiva para disimular su debilidad política.
Esto, puede asociar la iniciativa malvinera de Milei a la del propio Galtieri, restándole credibilidad. Además podría llamar la atención de las similitudes del plan económico del Gobierno con el de la dictadura, que terminó en un rotundo fracaso. Además, la dictadura utilizó a Malvinas para cohesionar a la opinión pública y atacar a cualquier crítico, tildándolo de ser funcional a Inglaterra. Yo mismo fui acusado de espía inglés y ordenada mi detención por “traición a la patria”. Si el Gobierno ataca a la prensa con la misma operación, podría quedar expuesto y su accionar perdería credibilidad. De hecho, Santiago Caputo llamó “agente británica” a la periodista, Julia Mengolini. La historia sucede como tragedia y se repite como un burdo tuit en redes sociales.
7) No se puede tapar la situación económica
Ya hablamos sobre los números que indican que seis de cada diez argentinos no le creen a Milei con el tema Malvinas. Los mismos estudios de Zuban Córdoba y Analogías señalan que la mayoría no ven el anuncio malvinero como algo aislado. Lo ven como una cortina de humo frente a la difícil situación económica. Cuando algo se intenta ocultar es cuando más sale a la luz. Contradictoriamente, el hecho de oponerle el tema Malvinas a la situación económica, hará que más cantidad de personas quieran hablar de esto. Sucedió con el tema Adorni. Cuando en la conferencia de prensa, el ex jefe de Gabinete buscaba evitar hablar del tema, llamando a una conferencia por otra cuestión, los periodistas acreditados y luego la opinión pública, querían hablar de su situación patrimonial.
8) Podría caer en la interna del Gobierno
La estrategia malvinera fue diseñada de forma directa por el asesor Santiago Caputo. El estratega busca construir un nuevo relato soberanista para retener al electorado nacionalista. Sin embargo, el movimiento provocó un fuerte malestar en el esquema que lidera la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Fuentes del entorno de la Secretaría General de la Presidencia señalan que el espacio de Karina observa la jugada con extrema cautela. En la mesa chica de la funcionaria consideran que el tema Malvinas es un terreno resbaladizo.
Evalúan que la maniobra abre frentes de conflicto innecesarios con la diplomacia anglosajona. Cerca de Karina afirman que el discurso bélico o las sanciones a empresas extranjeras pueden ahuyentar a los inversores del RIGI. Consideran que el eje del Gobierno debe seguir enfocado en la estabilidad financiera y la inflación.
La tensión entre ambos sectores se traslada a la gestión diaria del Gabinete. Allegados a la Cancillería y al Ministerio de Economía admiten que la propuesta de Caputo agarró descolocados a varios funcionarios. Mientras el esquema de comunicación del asesor empuja la agenda legislativa de sanciones, el equipo económico debe dar explicaciones ante los fondos de inversión por la seguridad jurídica de los proyectos en marcha.
Esta diferencia de criterios alimenta las internas del oxidado triángulo de hierro oficialista. Resultados que no sean los esperados, pueden ser utilizados por Karina para terminar de desplazar al Mago del Kremlin. Santiago Caputo ya viene retrocediendo en su esquema de poder, inclusive perdiendo la comunicación digital del Gobierno. Un traspié en su iniciativa con Malvinas podría desatar otra guerra interna en el Gobierno.
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9) Puede empoderar a Victoria Villarruel
Milei tiene un competidor interno que puede aprovechar mejor el tema Malvinas. Su vicepresidente, Victoria Villarruel, es nacionalista desde siempre, hija de un veterano de Malvinas y el tema lo lleva con más naturalidad y menos contradicciones. Las inconsistencias de la política oficial del Gobierno, pueden darle estelaridad a una candidatura de Villarruel que canalice el sentimiento malvinero de los votantes del Gobierno.
10) Hay varios ejemplos internacionales que alertan sobre la utilización de banderas soberanistas
En la ciencia política, el uso de causas sagradas para disimular debilidades internas se conoce como política exterior de distracción. La estrategia busca trasladar el debate público hacia un enemigo externo o una causa patriótica cuando la gestión económica o la gobernabilidad cruzan una zona de peligro. Sin embargo, la historia demuestra que el recurso suele transformarse en un búmeran. Si la causa invocada exige resultados que el Ejecutivo no puede garantizar, el tiro termina saliendo por la culata.
Un caso paradigmático es el de Grecia en 1974. Acorralada por protestas sociales y un profundo desgaste interno, la dictadura de los coroneles buscó oxigenarse impulsando la unión estratégica con Chipre. La aventura nacionalista derivó en la invasión turca a la isla y en una crisis militar terminal. Incapaz de sostener la confrontación, el régimen se derrumbó de manera inmediata y la democracia fue restaurada.
Otro antecedente histórico se remonta a la Rusia de 1904. El régimen zarista de Nicolás II, acosado por el descontento popular y la parálisis política, buscó consolidar su prestigio involucrándose en la guerra ruso-japonesa. El cálculo de una victoria rápida y gratificante terminó en un desastre militar catastrófico. Las derrotas expusieron la incompetencia de la monarquía y aceleraron el estallido de la Revolución de 1905.
En el ámbito democrático, el ejemplo de la primera ministra turca Tansu Çiller en 1996 resulta sumamente ilustrativo. Tras una severa recesión económica y la pérdida de peso legislativo, el gobierno escaló un conflicto con Grecia por unos islotes deshabitados en el Egeo. La maniobra patriótica rozó el choque armado y exigió la mediación urgente de potencias internacionales. El episodio no logró resolver la fragilidad de fondo y Çiller cayó del poder poco tiempo después.
Para la gestión de Javier Milei, estas experiencias ofrecen una lección clara. La apelación al nacionalismo no requiere de un conflicto armado para fracasar. Alcanza con que la causa elegida sea más prestigiosa que el mandatario que la invoca. Cuando la sociedad percibe oportunismo antes que resultados concretos, el recurso no eleva el prestigio del gobernante. Por el contrario, rebaja la bandera utilizada al nivel de la desconfianza general.
Como dijimos al principio, estas son solo diez razones de por qué la apuesta podría salir mal, pero probablemente haya otras que expliquen lo contrario. Desde estas columnas llamamos la atención a estos aspectos que contradicen lo que explicaron otros analistas y colegas. Pero, Argentina siempre nos sorprende, por eso, el tiempo es el mejor analista, el que nunca se equivoca.
LT