¿Es posible que Donald Trump le haya bajado el pulgar a María Corina Machado por vanidad, por celos, porque ella recibió el Premio Nobel de la Paz y él no? Eso sostuvo un artículo del diario The Washington Post, que publicó que fuentes cercanas a Trump afirmaron: “Aunque Machado finalmente dijo que dedicaba el premio a Trump, su aceptación fue un ‘pecado supremo", y agregó: “Si lo hubiera rechazado y hubiera dicho: ‘No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump’, hoy sería la presidenta de Venezuela”.
La transición venezolana abierta tras la captura de Nicolás Maduro quedó marcada por el ninguneo de Trump a Machado, a quien descalificó públicamente mientras la opositora a Maduro se arrogaba la conducción del proceso. Sorprendentemente, el presidente estadounidense dijo que la dirigente “no tiene el apoyo” para liderar Venezuela tras la captura de Maduro, algo que dejó en offside a nuestro propio presidente, Javier Milei, quien en conversaciones con Emmanuel Macron ya preparaba un frente internacional para apoyar a Edmundo González Urrutia y a Machado en Venezuela.
“Creo que le sería muy difícil estar al frente del país. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”, dijo Trump. Además, ante la consulta sobre si había mantenido contacto con la dirigente, que viene respaldando la presión militar norteamericana, respondió que no.
Por el contrario, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo que Delcy Rodríguez es “alguien con quien se puede trabajar”, aunque bajo la amenaza de que, si no coopera, enfrentará consecuencias “peores que las de Maduro”, incluyendo una segunda ola de ataques. Las declaraciones se conocieron poco después de que Machado difundiera un mensaje público tras la captura de Maduro, en el que llamó a la movilización ciudadana y sostuvo que González Urrutia debía asumir el poder como “legítimo presidente de Venezuela”.
La oposición venezolana a Maduro sostiene que González Urrutia ganó las elecciones presidenciales de 2024 con aproximadamente el 80% de los votos, algo que fue apoyado en su momento por Estados Unidos. Incluso líderes regionales aliados a Maduro, como Cristina Kirchner, Gabriel Boric y Lula da Silva, insistieron en que debían ser reveladas las actas de la elección.
González Urrutia se expresó luego de los bombardeos estadounidenses y la detención de Maduro. Afirmó que Venezuela vive “horas decisivas” y alentó a sus seguidores con un mensaje en redes: “Venezolanos, estas son horas decisivas; sepan que estamos listos para la gran operación de reconstrucción de nuestra nación”.
Por su parte, Corina, en una carta publicada en X, escribió: “Esta es la hora de los ciudadanos. Los que arriesgamos todo por la democracia el 28 de julio. Los que elegimos a Edmundo González Urrutia como legítimo presidente de Venezuela, quien debe asumir de inmediato su mandato constitucional y ser reconocido como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional”. Lo expresó desde el exterior, donde permanece tras recibir el Nobel en Oslo.
Desde el mismo momento en que fuerzas especiales estadounidenses sacaron a Maduro de Caracas, el presidente Trump afirmó que Estados Unidos “dirigiría” la transición hasta que se establezca un nuevo orden de gobierno.
Según reveló The Washington Post, el ninguneo de Trump a Machado tendría su origen en los celos que le provocó que la dirigente venezolana recibiera el Premio Nobel de la Paz, un galardón que el presidente estadounidense creía que debía ser para él, en especial por sus gestiones para poner fin a las guerras en Ucrania y Gaza.
De acuerdo con el artículo publicado en el diario estadounidense, dos fuentes oficiales aseguraron que el Nobel a Machado fue “codiciado abiertamente” por Trump y que su aceptación fue interpretada como una traición. “Aunque Machado finalmente dijo que dedicaba el premio a Trump, su aceptación fue un ‘pecado supremo’”, afirmó una de ellas, y agregó: “Si lo hubiera rechazado y hubiera dicho: ‘No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump’, hoy sería la presidenta de Venezuela”.
El episodio vuelve a exponer un rasgo central de la personalidad de Trump: su tendencia a manejarse desde el ego y la imagen personal. Para el presidente estadounidense, el liderazgo no se mide tanto en términos institucionales como en gestos de lealtad simbólica, y cualquier figura que ocupe su protagonismo corre el riesgo de ser degradada de aliada estratégica a estorbo político.
Al ser consultada por el galardón, Machado dijo este lunes en diálogo con Fox News que “le daría el Premio Nobel de la Paz a Trump”. Pero lo cierto es que también hay una lectura estratégica por la que Trump podría preferir que no sea ella quien encabece la transición en Venezuela. Trump es, ante todo, un pragmático.

Este lunes entrevistamos en este mismo programa a Andrés Cañizalez, politólogo venezolano, quien sostuvo que la captura de Maduro abrió una nueva realidad política en Venezuela y que la transición debe pensarse en términos pragmáticos, no morales, y que Donald Trump se encontró con un obstáculo para definir la transición: el Ejército.
Señaló que María Corina Machado es, sin duda, la principal figura opositora y que alrededor de la mitad de la población la reconoce como tal, pero remarcó un obstáculo central: la falta de respaldo del alto mando militar. A su juicio, las Fuerzas Armadas optaron por la continuidad de un madurismo sin Maduro.
"Creo que lo que dijo el presidente Trump es obviamente su percepción. Sin embargo, lo que dicen las encuestas en Venezuela es que alrededor de la mitad de la población considera que María Corina Machado es la principal figura política en Venezuela. Es muy reconocida y ha venido preparándose para llevar las riendas del poder. Pero en la dinámica venezolana, donde las Fuerzas Armadas son una estructura importante de poder político, en los altos niveles las Fuerzas Armadas no se acepta a María Corina Machado. Yo creo que Estados Unidos se ha topado con esa realidad", explicó Cañizalez en Modo Fontevecchia.
En ese pragmatismo, Urrutia y Corina Machado se mantienen aferrados a los resultados de 2024 de manera demasiado rígida, lo que estaría dificultando las negociaciones con Washington.
Además, el panorama en Venezuela es complejo. Cañizalez aseguró que, según encuestas, el 30% sigue siendo chavista, un núcleo duro importante al que hay que tener en cuenta.
De cara al futuro, Cañizalez imagina una elección con dos candidatas mujeres, Delcy Rodríguez y María Corina Machado, donde la líder opositora tendría más chances electorales, aunque el chavismo podría retener cuotas de poder gracias a ese 30% de identidad política y al manejo de los resortes del Estado durante la transición. Ese capital, advirtió, podría permitirle al oficialismo “renuclear” a sus bases sin la figura de Maduro.
En 2024, Corina Machado no podía ser candidata presidencial porque había sido inhabilitada en 2015 por asistir como “embajador alterno” de Panamá a una reunión de la OEA. Había cooperado con Juan Guaidó para el bloqueo de fondos de Venezuela en Estados Unidos. De alguna manera, Urrutia cumplió el papel electoral de Alberto Fernández con Cristina Kirchner en las elecciones argentinas de 2019, algo que no necesitará en unos nuevos comicios en 2026, donde competirían dos mujeres.
El peligro, según su mirada, es que un gobierno “medianamente decente” de Delcy Rodríguez haga que Venezuela deje de ser un problema para la Casa Blanca y que, en consecuencia, se dilate indefinidamente la convocatoria a nuevas elecciones.
El politólogo Andrés Malamud, en el mismo sentido, advirtió que, si no se manejan con cuidado las tensiones internas, la caída del régimen chavista podría derivar en un escenario aún más inestable que el actual. Para graficarlo, sostuvo que el país podría "convertirse en Libia”, con una “descentralización de la violencia” más que una guerra civil clásica. Por ello, explicó que Washington prefiere regímenes fuertes porque “es más barato, es más efectivo, es más estable”. Es decir, el rechazo al reconocimiento de Corina Machado y Urrutia responde a una gestión ordenada de la transición.
Además, Malamud sostuvo que hubo negociaciones entre Washington y Maduro, solo que Maduro “no se atuvo a las condiciones que le exigían”. “Le pedían que renuncie y deje a alguien potable. Maduro dijo: ‘Me voy en dos años y queda Delcy’. Los EE.UU. le dijeron: ‘Delcy sí, dos años no’”, sostuvo Malamud en Cadena 3. Y aregó que “no es imposible que dentro de dos años, antes de terminar el mandato, Trump lo indulte, como hizo con el (ex) presidente Orlando Hernández (de Honduras)”. Esta caracterización pinta las relaciones entre el chavismo y Washington mucho más flexibles de lo que parecen a primera vista.
Pero volviendo a la transición, imaginemos un escenario en el que Estados Unidos impone el reconocimiento de una victoria de Urrutia en 2024, revela las actas y declara nulo el gobierno actual. Todos los cargos actuales del gobierno quedarían sin efecto, tanto militares como administrativos.
Además, los funcionarios comenzarían a ser investigados como criminales, cómplices de los delitos con los que se acusa a Maduro en la Corte de Nueva York. Esto generaría un vacío de poder en el país, una fragmentación total de las organizaciones y una disolución del Estado. Al mismo tiempo, empujaría a una radicalización del chavismo, como la que está proponiendo, al menos discursivamente, el hijo de Nicolás Maduro, Nicolás Maduro Guerra, quien ahora ha declarado su “apoyo incondicional” a Delcy Rodríguez.
Por eso es que, desde Washington, se empieza a barajar la posibilidad de una transición ordenada mediante un llamado a elecciones para darle un “cauce” democrático a la crisis, algo que además da la posibilidad de ganar tiempo para avanzar en negociaciones con quienes hoy están en el poder.
"Delcy tiene que decir que no es la virreina. No está ahí porque la haya puesto el gobierno de Estados Unidos. Está ahí porque la puso la Constitución, la Corte Suprema y un decreto de Maduro que habría firmado antes de que lo capturen, porque la vicepresidenta en Venezuela no es electa, como en Argentina o en Estados Unidos. Según la Constitución, no estando el presidente, la vicepresidenta tiene 90 días para convocar elecciones. Por eso no la nombran presidenta, la nombran presidenta encargada, porque como presidenta encargada cada 90 días puede pedir un prolongamiento de la designación. Entonces, no hay elecciones en vista. Por ahora es win win, salvo para el pueblo venezolano. Todos están ganando: las empresas petroleras, el gobierno de los Estados Unidos, el chavismo. Los perdedores hoy son Nicolás Maduro y los esperanzados con la democracia en Venezuela", sostuvo Malamud.
Y añadió: "Lo que está circulando ahora es un plan en tres etapas. La transición, dicen, empieza por evitar el caos y para eso Delcy Rodríguez. La segunda etapa, la reconstrucción civil, y ahí Edmundo podría tener algún papel. Y la tercera etapa es la legitimación democrática y ahí María Corina podría ser candidata en elecciones finalmente libres, pero uno no sabe si esto es el plan o la excusa".

Delcy Rodríguez se mantiene en su discurso fiel al chavismo y ha condenado la intervención estadounidense, pero al mismo tiempo promete cooperar con Washington. La aceptación de esa continuidad de Delcy como interlocutora principal con Estados Unidos revela que Trump busca estabilidad estratégica antes que pureza democrática.
Algo dejó descolocado a nuestro propio presidente, quien tras la caída de Maduro, en una conversación realizada el sábado en Olivos con Macron, había comenzado a coordinar posiciones sobre la crisis venezolana y a promover un frente internacional que impulse la llegada de Edmundo González Urrutia al poder. Del encuentro participaron solo el canciller Pablo Quirno, el embajador francés Romain Nadal y el traductor presidencial, luego de que el mandatario francés solicitara expresamente el contacto.
Para la Argentina, la transición venezolana abre además dilemas prácticos: definir si se reabre la embajada en Caracas, cerrada tras la expulsión de diplomáticos por parte de Maduro, y cómo resolver la situación del gendarme Nahuel Gallo, detenido desde diciembre de 2024. En la Argentina, el presidente Javier Milei ha buscado posicionarse como socio de una transición regional que destierre al chavismo y promueva gobiernos de otro signo político. La oposición venezolana, después de años de fracturas internas, enfrenta ahora el reto de consolidarse en medio de un tablero internacional fragmentado.
Conociendo la biografía de Machado, no llama la atención su cerrazón a hacer valer los resultados de la elección presidencial de 2024. Uno de los hitos más destacados de su estrategia fueron las elecciones primarias de 2023, cuando Machado organizó más de 600.000 “comanditos” para resguardar las actas de votación y exponer irregularidades electorales, una operación que, según el libro "María Corina Machado: la libertadora de Venezuela", escrito por Iñaki Lasarte y Marcelo López Masía, puso en jaque al régimen y la consolidó como la principal figura opositora.
Este gesto, sin embargo, se ha vuelto paradójico: en lugar de cimentar su alianza con Estados Unidos, ha terminado por distanciarla de quienes toman las decisiones clave en Washington, hoy inclinados a resoluciones más pragmáticas para tratar de encauzar la crisis.
Para Washington, la estabilidad económica y el acceso a recursos pueden pesar más que un ideal democrático puro. El riesgo de todos estos equilibrios es que Venezuela quede atrapada entre un intervencionismo extranjero que busca ventajas geopolíticas y un vacío de poder interno que podría fragmentar aún más su sociedad.
Las encuestas que apuntan a que Machado superaría el 50% en un escenario electoral competitivo chocan con la realidad del poder militar y político heredado del chavismo, que sigue siendo una fuerza a tener en cuenta. La pregunta que surge, sin embargo, es si una elección en un contexto de transición será legitimada por todos los espectros del arco político, una especie de “gran pacto pacificador” que permita un cauce democrático y evite una escalada de la violencia en Venezuela.
Para la comunidad internacional, el desafío será equilibrar la exigencia democrática con un pragmatismo que evite la desintegración total del Estado venezolano. Pero lo que está claro es que el futuro de Venezuela dependerá de la capacidad de sus actores para traducir una transición forzada en una transición legítima y duradera. La transición venezolana está atrapada en una paradoja: la líder que encarna con más claridad la ruptura con el chavismo es, al mismo tiempo, una figura sin capacidad de dirigir una transición estable, según Trump.
Entre el ego herido de Trump y el pragmatismo de Washington, Machado pasó de símbolo de resistencia a variable incómoda en una ecuación que prioriza evitar, por el momento, una polarización mayor. Estados Unidos parece dispuesto a tolerar una continuidad “light” del chavismo si eso garantiza gobernabilidad, control del Ejército y previsibilidad económica, aun cuando ese camino vacíe de contenido la épica opositora de los últimos años.
Aferrarse a la batalla de 2024, sin poder real para imponer esos resultados, crea el riesgo de dejarlos hablando solos y a la defensiva, ante un chavismo que podría rearmarse para competir en unas elecciones con la épica de defender al país de la intervención imperialista.
El futuro de Venezuela, a la larga, reside en la capacidad de sus ciudadanos, a través de sus representaciones y organizaciones, de cerrar sus grietas mediante el proceso democrático, de establecer un marco normativo que abarque a todos los sectores y permita avanzar, sin violencia, en la reconstrucción del país.
TV/fl