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Postura Pro-Estados Unidos

Día 774: Milei quiere su silla en el “nuevo orden mundial” de Trump

La alianza política internacional tomó fuerza con la invitación del republicano para integrarse al “Board of Peace”. Sorprendentemente, lo eximió del pago de 1000 millones de dólares por un asiento permanente, consolidando una alianza que promete dar que hablar.

Javier Milei ha expresado públicamente su alineación con Donald Trump
Milei defendió su postura pro-Estados Unidos como parte de su plataforma electoral y negó intereses petroleros en Venezuela | Modo Fontevecchia

El avance de Donald Trump hacia un esquema internacional basado en la fuerza, las alianzas selectivas y la lógica transaccional marca una ruptura con el orden multilateral que rigió durante décadas para evitar repetir las guerras mundiales del siglo XX. Mientras Europa debate cómo responder y reforzar su autonomía estratégica y Canadá busca desmarcarse de Trump, Javier Milei elige alinearse incondicionalmente con esa nueva arquitectura de poder. Su acercamiento político y en parte ideológico a la Casa Blanca va marcando su lugar en la cancha geopolítica, como también su posición frente a la democracia, la regulación y el rol del Estado en el escenario global.

El futuro ya llegó y estamos ante una ruptura del orden mundial, algo que ya claramente es un hecho. En Davos se vio con total claridad. La situación se está definiendo ahora, en vivo y tiene un actor principal: Donald Trump. El presidente estadounidense quiere imponer una nuevamesa chicaglobal, dirigida por él, donde inclusive busca integrar a Putin, algo que enciende las alarmas de Europa, ya en gran tensión con Trump por el intento de anexar Groenlandia.

Puentear a la ONU incorporando a Rusia es algo sumamente peligroso para Europa. Recientemente Serguéi Karaganov, asesor del premier ruso, en una entrevista con el comunicador Tucker Carlson, afín al movimiento MAGA de Trump, dijo que la guerra de Rusia no era contra Ucrania sinocontra Europa”, a quien acusó como responsable histórica de “todas las desgracias de la humanidad”.

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Además, aseguró que Estados Unidos ya no es garante de la seguridad europea: si Rusia atacara un objetivo europeo, Washington no respondería. Y amenazó con que Rusia podría usar armas nucleares contra Europa.

Davos escenificó la fractura de la geopolítica actual mediante contrapuntos. Líderes que salieron a denunciar las acciones de Trump y, desde una mirada realista, empezar a delinear alternativas de cómo posicionarse en este nuevo escenario.

Fue el caso, por ejemplo de Mark Carney, primer ministro de Canadá, que generó una ovación de pie del público describiendo el ocaso del “orden internacional basado en reglas” vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Le valió que Trump le retirara la invitación a su consejo de paz a Canadá.

En una crítica a la cosmovisión del presidente estadounidense Donald Trump, explicó que durante décadas países como Canadá se beneficiaron de un orden global sostenido por Estados Unidos que permitió la provisión de “bienes públicos, rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y marcos de apoyo para la resolución de disputas”. Sin embargo, todo era parcialmente una farsa, en el sentido de que las reglas no se aplicaban de manera justa, sino generalmente en beneficio de los más fuertes y sus aliados. Ahora las cosas son muy distintas.

Otra voz que se levantó contra Trump fue la del presidente francés, Emmanuel Macron, quien defendió la autonomía estratégica de Europa frente a las crecientes tensiones con Estados Unidos. Subrayó que Europa debe usar las herramientas a su disposición para proteger sus intereses, apostar por innovación e inversión, y afrontar un mundo cada vez más inestable. Y promovió la activación de mecanismos de la Unión Europea para contrarrestar medidas coercitivas. Además propuso una cumbre ampliada del G7 en París.

La disolución del orden heredado de la segunda guerra mundial está dando paso a un nuevo conjunto de reglas basadas en el “realismo soberano”, que podría definirse como la creencia en el poder y la autosuficiencia como principios rectores de las relaciones internacionales. Un pensamiento que inauguró el filósofo italiano Nicolás Maquiavelo, aunque Milei haya dado por muertas sus ideas.

La alianza estratégica de Estados Unidos con Europa se está debilitando, y la administración Trump impone la visión en su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2025: la doctrina “Donroe”, centrada en el Hemisferio Occidental y en un retorno a la vieja mentalidad de las esferas de influencia”, junto con el rechazo al multilateralismo y la negación estratégica y disrupción de sus rivales, muchas veces a través de la fuerza. La política exterior se vuelve transaccional.

Esto quedó a la vista durante el discurso de Trump en el Foro Económico Mundial, donde retó a Europa e indicó que Estados Unidos había “dado tanto y recibimos tan poco a cambio […] queremos un pedazo de hielo para la protección mundial, y no nos lo quieren dar”.

Milei saludando a Trump en Davos. Sus zapatillas deportivas generaron ruido en redes sociales.
Trump preside vitaliciamente este consejo, con poderes para vetos y destituciones

El presidente estadounidense venía aumentando la presión en relación a su deseo de anexar Groenlandia, señalando que estaba considerando tomarla por la fuerza, lo que implicaría violar la soberanía de Dinamarca, miembro de la OTAN.

Trump amenazó a quienes se oponían a sus planes con fuertes aranceles —principalmente a las principales naciones europeas— y finalmente alcanzó algún tipo de acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y dio marcha atrás, afirmando, como siempre, que ganó. Aplicó todo el manual de lo que se ha convertido en su “arte del trato” en el escenario global, empujando la situación hasta el borde del abismo para luego frenar a último segundo.

Romper la OTAN podría resultar contraproducente para Estados Unidos. Aunque parecería ser parte de su estrategia, está logrando que las naciones europeas aumenten su gasto y presencia militar, con Alemania y Francia a la cabeza, al igual que varios Estados bálticos. Sea por diseño o por consecuencia, la presión transaccional de Trump sobre sus aliados de la OTAN parece estar generando una mayor unidad entre las naciones europeas que están reforzando sus ejércitos.

Con Vladimir Putin golpeando a sus puertas en el contexto de la invasión rusa a Ucrania, la unidad y un mayor gasto militar suenan razonables para la Unión Europea. También los obliga a pagar la cuenta ante una eventual confrontación con Rusia, o a afrontar los costos de establecer disuasivos adecuados.

¿Qué rol juega nuestro gobierno en este nuevo orden mundial que se empieza a conformar?

El presidente Milei estuvo entre el reducido número de dignatarios extranjeros que se sumaron al Consejo de la Paz de Trump en una reunión paralela en Davos. Allí, en el primer párrafo de su preámbulo, la Carta del "Consejo de Paz" establece que para una paz duradera es necesarioromper con los enfoques e instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado”. Es decir que abiertamente entra en disputa con los organismos multilaterales vigentes.

El “board obviamente será presidido por Trump, de manera indefinida, y su Consejo Ejecutivo está compuesto por muchos de sus asesores más cercanos, incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio, su yerno Jared Kushner y su amigo Steve Witkoff. El Consejo pedía un pago inicial de 1.000 millones de dólares para asegurar presencia permanente. Contraintuitivamente, Trump invitó a Rusia y China a sumarse.

Javier Milei durante su discurso en el Country Strategy Dialogue on Argentina, en Davos
En Davos, elogió a EE.UU. por "salvar al mundo del izquierdismo"

Milei consiguió su foto junto a Trump mientras Kushner presentaba diapositivas que mostraban a Gaza como un proyecto inmobiliario futurista. Aunque el Consejo fue originalmente respaldado por las Naciones Unidas, recibió críticas por no mencionar la solución de dos Estados, la participación real de líderes palestinos y la falta de transparencia sobre cómo se administrarían los fondos. Surgió la sospecha de que Trump buscaba asegurarse un lugar en la mesa principal global.

Fuentes en la Casa Rosada indicaron que Argentina no pondría los 1.000 millones de dólares que Trump solicitó a cada miembro que quiera tener una presencia permanente en la mesa chica, sino que participaría durante tres años como miembro fundador dada la buena sintonía entre Milei y Trump. Donald Trump sigue mostrando gestos de apoyo a Milei. En su cuenta en Truth social, el presidente estadounidense compartió el discurso de Milei en Davos.

En relación a Milei, el presidente argentino tuvo una participación mucho menos destacada en Davos que su colega norteamericano. Le tocó hablar inmediatamente después de Trump ante una sala que ya empezaba a vaciarse. De hecho tuvo que esperar para comenzar su discurso porque Trump estaba dando declaraciones a la prensa en una sala contigua.

En lugar de un discurso cargado de intensidad verbal y agresividad intelectual, como el de 2025, Milei optó por una especie de clase universitaria de economia, cargada de referencias a filósofos y economistas en un intento de “probar” que “el capitalismo de libre empresa es el único sistema justo” y eficiente.

Milei abogó por la desregulación y volvió a proclamar que las fallas de mercado no existen, agregando esta vez que los monopolios son buenos para el crecimiento. Después de la espectacularidad de la presentación de Trump, el tono monótono y el contenido ensayístico plagado de terminología de Milei tuvieron gusto a poco.

Ayer, en este mismo programa, su examigo y colaborador, Diego Giacomini dijo que el presidente utiliza el poder que tiene para hacer lo que le interesa y le divierte, más allá de si eso sirve o no al país y lo ejemplificó con lo que vio en Davos: afirma que Milei fue a dar una “clase de grado de economía” ante un público escaso, y que eso demuestra que usa su posición para poner el foco en lo que le divierte, no necesariamente en lo que aporta valor a las necesidades reales.

Parece emular a Donald Trump, que se había obsesionado con el Premio Nobel de la Paz. Recordemos que protestó por no recibirlo, cuando se lo otorgaron a Corina Machado. Incluso llegó a culpar a todo el estado noruego por no entregárselo y a decir que “ya no estaba obligado a pensar únicamente en la paz” por no haber recibido el premio.

Milei, que ama recibir premios, también busca su Nobel, el de Economía. El mismo día que habló en Davos, donde dictó una clase de economía anarco capitalista, su asesor Demian Reidel publicó en redes sociales una especie de paper escrito en conjunto con el presidente, titulado “When regulation kills growth” (“Cuando la regulación mata el crecimiento”). Estaba formateado como un trabajo académico e incluía complejas ecuaciones matemáticas en el cuerpo del texto, aunque el paper no ha sido presentado formalmente a ninguna publicación académica, como admitió Reidel.

Estaba alojado en su cuenta personal de Google y tenía el nombre de archivo “full_paper_with_new_front_page (2)”. Incluye muchos de los términos mencionados por Milei en un discurso en 2024 cuando, al recibir un premio del Instituto Liberal de la República Checa, en el Palacio Žofín de Praga, anunció su trabajo.

El paper no publicado oficialmente sugiere que regular los monopolios podría empujar a las economías hacia una trampa de pobreza y que, por lo tanto, los gobiernos deberían desistir de regular. No está claro si un trabajo de 18 páginas publicado en redes sociales sin siquiera contar con bibliografía podría ser digno de un Nobel, pero Milei no es particularmente conocido por la moderación de sus declaraciones.

Esta idea se conecta con una ideología más amplia que vincula a Milei con referentes de la nueva extrema derecha global. Que proponen incluso un mundo pos-democrátco y adhieren a la filosofía “aceleracionista”, que postula que no debe regularse el progreso tecnológico, sino acelerarlo sin barreras, sin prestar atención a la posibilidad de catástrofes sociales o climáticas que pudieran derivar de eso.

Algunos llaman a esta tendencia tecnofeudalismo”: un esquema donde grandes corporaciones tecnológicas comienzan a concentrar cada vez más poder relegando a los Estados. Los datos permiten monopolios mundiales, como el de la comunicación que tienen empresas como Google o Meta, que mediante Whatsapp y redes sociales como Instagram y Facebook, controlan la comunicación y la subjetividad de una gran cantidad de los habitantes del mundo.

Los contornos de este nuevo orden mundial comienzan a dejarse ver, y Milei, y Reidel no se quieren quedar afuera. Se han unido a Trump en la guerra cultural contra el wokeismo y ahora intentan derivar matemáticamente que los monopolios y la desregulación generan crecimiento económico, en un guiño a las grandes tecnológicas y a Silicon Valley.

Donald Trump dice que sólo Estados Unidos puede proteger Groenlandia

La incógnita es el costo de esa apuesta. Si el mundo entra en una etapa de bloques más duros, tensiones militares y disputas tecnológicas sin árbitros confiables, tomar decisiones que aten a una sola lógica de poder puede reducir márgenes de maniobra que son necesarios. En nombre de unacruzada ideológica”, el Gobierno de Milei quiere atar a la Argentina a uno de esos campos, posiblemente el más fuerte, aparentemente dejando de lado la posibilidad de ser parte de otros. Si la estrategia óptima es oponerse al realismo soberano de Estados Unidos, como sugiere el canadiense Carney, o someterse totalmente, como ha decidido Milei, está por verse.

MV/ff