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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 851: ¿Puede perder Milei pero que ganen algunas de "sus" ideas?

El desgaste del Gobierno abre una discusión incómoda: ideas que ganaron terreno, pero una implementación que empieza a mostrar límites. Allí, en ese vacío, figuras como Carlos Melconian y Patricia Bullrich aparecen como posibles intérpretes de un mismo rumbo, pero con otro estilo.

DÍA 851: ¿PUEDE PERDER MILEI PERO QUE GANEN ALGUNAS DE ‘SUS’ IDEAS?
DÍA 851: ¿PUEDE PERDER MILEI PERO QUE GANEN ALGUNAS DE ‘SUS’ IDEAS? | NET TV

Este, probablemente, sea el peor momento del gobierno de Javier Milei. Según varias encuestas, tiene menos imagen positiva que en septiembre del año pasado cuando había perdido las elecciones legislativas bonaerenses contra el gobernador Axel Kicillof. Ahora, es cierto que logró instalar un conjunto de ideas que se volvieron mainstream, por decirlo de alguna manera. La importancia del equilibrio fiscal, de favorecer un orden jurídico que promueva la actividad económica, la necesidad de controlar las instituciones públicas para que no se vuelvan cajas de la política y tantas otras. Indudablemente el debate político se complejizó y de alguna manera se sinceró desde que Milei es presidente. Antes, hablar de un ajuste era mala palabra, la discusión sobre la escasez de los recursos frente a las diferentes necesidades sociales volvían a quien lo planteaba inmediatamente de derecha.

El debate estaba sobreideologizado y alguien era conservador por plantear que las cuentas de un país debían estar ordenadas, que no se podía gastar más de lo que se recaudaba y que el recorte era una brutal quita de derechos.

Ahora, ¿qué es lo que sucedió con Milei si logró instalar un conjunto de ideas que a todas luces son sensatas? Justamente lo insensato de su aplicación y lo antidemocrático de sus métodos. La discusión sobre si conviene más pagar un neumático argentino que uno importado de China para tener industria es válida. Hay muchos países que reconvirtieron sus industrias y se fueron a una economía basada en servicios y la exportación de los recursos naturales. Lo hicieron planificadamente, buscando consenso de empresarios, gremios y trabajadores. Milei lo hace chocando con todo el mundo e insultando a empresarios que hace décadas invierten en el país.

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La discusión sobre la sostenibilidad del sistema previsional es ultra válida, Milei la llevó adelante con represión, causas armadas y ahora hay gendarmes procesados, miles de heridos y gracias a Dios no hubo aún un muerto en este país. El fotoperiodista Pablo Grillo se salvó gracias a la inestimable atención de los profesionales de la salud.

Por otro lado, hay muchas de las ideas con las que no fue consecuente. No solo no combatió a la casta, sino que incorporó en su gobierno a terceras filas del peronismo con prácticas cuestionables y los funcionarios de su propio Gobierno son acusados de causas escandalosas. En el tema económico, el tipo de cambio es manejado con una lógica electoral populista. Es decir, se mantiene un cambio atrasado para que la clase media pueda ir de viaje al exterior y para controlar artificialmente la inflación con el único objetivo de ganar elecciones.

El resultado es una caída de la competitividad industrial y ni siquiera los números inflacionarios siguen el curso que Milei prometió, de hecho volvieron a su dinámica alcista.

En ese sentido, si Milei logró que haya un importante sector de la sociedad que crea en sus ideas, pero pasa por una caída de popularidad que parece difícil que se revierta, surge una duda obvia. ¿Surgirá un candidato que pueda representar las ideas de Milei, pero que prometa una ejecución mejor?

En este contexto apareció una noticia interesante. Carlos Melconian insinuó que quiere ser presidente.

Melconian y Milei comparten algo que es el manejo inteligente del discurso en televisión. El uso de las metáforas y el tono atrayente en la televisión no es un capital que tengan todos los políticos y menos los economistas, pero ellos lo lograron. Claramente tienen estilos muy distintos, Melconian tiene una impronta más componedora, de alguien con roce social y calle. Representan a sectores distintos.

Melconian tiene un punto en eso. Es interesante que el peronismo tiene muchas dificultades para articular medidas que habría que tomar si fuese Gobierno en este momento. De alguna manera, si plantean que hay que emitir para aumentar las partidas de salud, educación y subsidios a empresas con el objetivo de subir los sueldos, desde el Gobierno se los acusaría correctamente de que esto generaría inflación. Y sí, por otro lado, admitieran que hay que continuar de alguna manera con la austeridad podrían defraudar a parte de su base electoral. Por eso, cuesta mucho que planteen qué medidas tomarían de llegar al poder.

Sin embargo, desde el grupo que acompaña a Melconian se publicó una muy buena nota en La Nación en la que plantean la necesidad de relanzar el programa del Gobierno y explican qué hay que hacer de ahora en más.

Enrique Szewach y Rodolfo Santangelo sostienen que el programa económico de Milei necesita un relanzamiento urgente, porque la secuencia elegida por el Gobierno —avalada por el FMI— generó problemas que hoy traban la acumulación de reservas, la estabilidad monetaria y la recuperación.

El primer gran error, según ellos, fue liberar antes de tiempo el acceso de las personas al dólar oficial (para atesoramiento y turismo), encareciendo la demanda de divisas cuando el Banco Central todavía estaba con pocas reservas. Eso implicó que los dólares del superávit comercial se usaran para financiar compras de individuos en lugar de fortalecer reservas. Explican que, con el fin del blend exportador, el BCRA podría haber acumulado divisas para pagar deuda y mejorar su balance. Pero la prioridad del Gobierno fue bajar la brecha cambiaria, sacrificando reservas. Entre abril y agosto de 2025, las compras de dólares por parte de personas se duplicaron y el Banco Central perdió divisas incluso en un contexto de superávit.

La incertidumbre electoral de septiembre-octubre agravó el panorama: hubo una demanda extraordinaria de US$5000 millones que solo se contuvo por el apoyo de Estados Unidos y el resultado electoral. Desde diciembre, el público demanda unos US$2500 millones por mes.

A eso se sumó, según Szewach y Santangelo, una política monetaria confusa, con subas de tasas y encajes que frenaron el crédito, elevaron la morosidad y debilitaron al sistema financiero.

Para los autores, 2025 debía ser un año de relanzamiento, pero terminó siendo un mal punto de partida debido a la mala secuencia de políticas y a la incertidumbre preelectoral.

En 2026 el BCRA empezó a recomprar dólares dentro de la banda de flotación, con US$4577 millones adquiridos en un trimestre. Es una mejora, pero insuficiente porque el Tesoro usa esos dólares para pagar deuda.

Szewach y Santangelo dicen que ahora hay una oportunidad excepcional: superávit comercial récord e ingreso de capitales privados. El BCRA debería aprovechar esa ventana para acumular reservas agresivamente.

Para relanzar el programa económico, proponen:

*Ratificar el superávit fiscal y avanzar en privatizaciones e inversiones exportadoras.

*Introducir un cambio imaginativo que recupere entusiasmo y reduzca costos de transición.

*Desalentar (sin cepo) la compra de dólares para ahorro y turismo, porque hoy se venden divisas a precios “subsidiados”.

*Simplificar la política monetaria y recentrar la responsabilidad en el Banco Central.

Advierten que la incertidumbre internacional, especialmente por el precio del petróleo, obliga aún más a relanzar el programa. Confiar en que el tiempo hará bajar la inflación o derramar inversiones puede volverse unbúmeran político, económico y social”. Para Szewach y Santangelo, la secuencia fue el problema. Ahora, con mejores condiciones políticas y externas, el Gobierno tiene una última ventana para relanzar en serio el programa económico, acumular reservas y evitar otra frustración.

Recuerdo que en tiempos de gobierno del PRO, Melconian y Prat-Gay eran el ala más humanista por decirlo de algún modo, rivalizaban con Luis Caputo con un enfoque más financista y Sturzenegger, más teórico. Es natural que ahora estos dos últimos estén con Milei y los dos primeros sean críticos y se mantengan al margen del Gobierno.

En la misma línea de lo que plantea Melconian y su equipo, Prat-Gay en el tradicional almuerzo del Rotary Club, dijo que al plan económico del Gobiernole falta enamorar” porque no genera empleo, producción ni exportaciones, y que, si la microeconomía está mal, entonces la macro también lo está, por más prolija que luzca en los números.

Señaló que el humor social se viene deteriorando justamente por la dispersión del ajuste: algunos sectores avanzan y otros están directamente quebrados. Planteó dos paradojas que según él definen la fragilidad del momento.

La primera es que, pese a haber cumplido todo lo que exige Wall Street —ajuste fiscal, privatizaciones, alineamiento total con el mercado—, el Gobierno sigue sin acceder al crédito internacional a casi 30 meses de gestión. Con vencimientos de unos US$20.000 millones por año, reservas netas negativas y déficit en la cuenta corriente, concluyó que la situación “no es sostenible”. La segunda paradoja es la falta de confianza en la moneda local. Dijo que “la gente no quiere pesos” y que la falta de remonetización corta toda posibilidad de recuperación: sin demanda de dinero no hay crédito, sin crédito no hay reactivación y sin reactivación no se acumulan reservas.

Lo describió como un círculo vicioso, “el perro que se muerde la cola”.

También cuestionó que el Gobierno subestimó la inercia inflacionaria. A 30 meses de gestión, la inflación mensual ronda el 3%, un número que comparó desfavorablemente con el de Macri, la convertibilidad y la salida de la convertibilidad. Según Prat-Gay, Milei cree que con equilibrio fiscal y emisión cero alcanza, pero eso ya se probó en 2016 y fracasó porque los programas necesitan coordinación: si el enfoque es de shock, debe serlo simultáneamente en lo fiscal, lo monetario y lo cambiario.

Aunque reconoció que Milei leyó mejor el clima político que había para un ajuste rápido, señaló que el programa todavía no logró responder por qué los argentinos no confían en el peso ni por qué los mercados internacionales no confían en la Argentina. Sin resolver esto, dijo, el país seguirá en una situación frágil. Sostuvo que el plan solo podría consolidarse si aparece entusiasmo, crecimiento y reducción de las desigualdades territoriales.

Cerró con un mensaje político: el Gobierno debe evitar que la frustración termine reeditandolo viejo”, porque esa sería la verdadera derrota. ¿Son jugadas individuales o quién está detrás de todas estas críticas es el propio Mauricio Macri? Es decir, Macri postula al PRO como un espacio post-mileista. ¿Cuánto plafón hay para una fuerza de derecha que comparta ideas con Milei, pero que no sea peronista?

Bueno, en el programa de ayer, la producción de Ernesto Tenembau hizo algo muy interesante. Directamente recopiló comentarios en la cuenta de X de Milei de usuarios que dicen haberlo votado, pero que están enojados y no quieren que vuelva el kirchnerismo. Vamos a compartir un fragmento de Ernesto leyendo solo algunos. Pero son una cantidad impresionante en cada posteo del Presidente.

Toda esta gente, ¿se asustará con la vuelta del kirchnerismo y votará a Milei a pesar de todas sus críticas o se animarán a votar a otra opción? Milei, además tiene otra pregunta muy inquietante que hacerse. ¿Y si este fenómeno de triunfar en las ideas y perder en la aplicación de las mismas da paso a otro funcionario de su Gobierno, más precisamente a Patricia Bullrich?

Según una encuesta nacional realizada en marzo de 2026 por D'Alessio IROL y Berensztein, que relevó 800 casos en todo el país, hay un cambio en el escenario político al ubicar en segundo lugar al presidente Javier Milei, con el 40%. Patricia Bullrich tiene 41%. Detrás de Bullrich y Milei aparecen Diego Santilli con 38% y el gobernador bonaerense Axel Kicillof con 36%. Más abajo se ubican el expresidente Mauricio Macri y Luis Caputo, con 35%.

Inquietante. Patricia Bullrich con un 42,7% de imagen positiva supera a Milei con un 40,3%. Lo sigue Kicillof y atención, Juan Grabois. Milei debe mirar estos números con mucha preocupación, porque sabe que Bullrich es alguien que busca incesantemente el poder sin importar con quien se tenga que aliar o a quien tenga que dejar de lado. No olvidemos que todos sus jefes políticos sufrieron su “traición”.

Dejó todos los espacios cuando sintió que no eran de su conveniencia política.

La política, si uno la observa sin el maquillaje de campaña, puede pensarse como una combinación inestable de tres dimensiones: idea, método y carácter. La idea es el rumbo: aquello que, en palabras de Aristóteles, pertenece a la theoria, el momento contemplativo en el que se define qué es lo bueno, lo justo, lo deseable.

Es el plano en el que los proyectos parecen nítidos, luminosos, incluso inevitables: ahí todo cierra, como en esas pizarras donde los estrategas dibujan flechas y nadie se anima a preguntar por los supuestos. La idea es cómoda porque no falla: puede ser discutida, pero no ejecutada.

Después está el método, que corresponde a la poiesis: el arte de convertir la abstracción en un plan, un programa, una secuencia de acciones que puedan ocurrir en el mundo real sin derrumbarse como un castillo de naipes. Hannah Arendt distinguía entre fabricar y actuar; el método es ese espacio fronterizo donde la política se parece a un oficio, con reglas, tiempos y materiales concretos. El método es ingrato porque pone a prueba la idea, la obliga a bajar del Olimpo y pisar barro, contradicciones, planillas de Excel y resistencias que no figuraban en la teoría.

Y finalmente está el carácter, la dimensión más subestimada y a la vez decisiva: la praxis. El carácter no es solo estilo personal, ni carisma, ni temperamento. Es la capacidad política del ejecutor de sumar o restar valor al proceso. Weber, cuando hablaba de la ética de la responsabilidad”, entendía el carácter como esa mezcla entre convicción y cálculo que permite sostener el rumbo sin incendiar el barco.

El carácter es lo que vuelve a un dirigente apto para navegar la incertidumbre; es la diferencia entre quien puede tensionar sin quebrar y quien convierte cada objeción en una tragedia personal.

La política fracasa cuando estas tres dimensiones se desacoplan: ideas luminosas sin método, métodos prolijos sin una idea que los justifique, o caracteres incapaces de encarnar lo que predican. Cuando se alinean, aunque sea de manera precaria, aparece esa rara forma de eficacia que, como recuerda Raymond Aron, es la condición mínima de cualquier acción histórica. Tal vez Milei acertó parcialmente en las ideas, pero erró en la praxis y en el carácter. Si esto fuese así, podría decirse que hizo su aporte a la historia política de este país.

Quiero volver a Melconian porque con todo lo que sucedió, una conversación que tuvo conmigo se resignifica y adquiere otro espesor. En ese momento le pregunté si Milei complica a Juntos por el Cambio electoralmente pero lo beneficia culturalmente y me dijo “no lo sé”, claramente era un Melconian que estaba por afrontar una contienda electoral. Sería interesante preguntárselo ahora y repensar esta definición de rompehielo.

Un barco rompehielo está diseñado para navegar por aguas heladas, donde un barco normal se detendría o quedaría atrapado. Su casco es mucho más grueso y reforzado, especialmente en la proa, que tiene una forma curva y fuerte capaz de subirse sobre el hielo y aplastarlo con el propio peso del barco. Además, los rompehielos suelen tener motores más potentes y un sistema de propulsión especial que les permite avanzar lentamente mientras rompen capas de hielo, algo que un barco común no soportaría. Otra diferencia clave es que su estructura está hecha para resistir impactos constantes y bajas temperaturas extremas, mientras que los barcos normales están pensados para aguas abiertas y climas más benignos, y colisionar con hielo podría dañarlos seriamente.

Sin embargo, el rompehielo tiene ciertas limitaciones comparado con un barco normal. Su casco reforzado y pesado lo hace más lento y menos eficiente en velocidad y consumo de combustible en mar abierto. Además, muchos no están diseñados para maniobrar rápido o para puertos muy angostos, y algunos tienen menos espacio útil para carga porque parte del diseño está destinado a resistencia y potencia.

Veremos, si la metáfora de Melconian alumbra a un sector de la oposición a impulsar un nuevo barco que parta de un rumbo acertado, pero con mejor capacidad de maniobra y más pericia por parte del capitán.

Karina Milei estuvo en Diputados y la oposición reclamó por Manuel Adorni

Además, a Milei le dicen “El Loco” y justamente El Loco es la primera carta de los arcanos mayores en el Tarot, algo que su hermana Karina conoce muy bien. Cuando a alguien le sale “El Loco” en la tirada del Tarot significa que empieza una nueva etapa de su vida, un viaje que tendrá muchos desafíos. El Loco, rompe con lo anterior, es una vuelta de página, un primer impulso hacia lo nuevo.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV