En su famosa alegoría de la caverna, Platón imaginó una sociedad atrapada dentro de una cueva, condenada a mirar sombras proyectadas sobre una pared y a creer que esas sombras eran la realidad.
Un día, uno de los prisioneros se libera y descubre que las sombras eran apenas sombras de los objetos reales. Sale al exterior y conoce el mundo verdadero: la naturaleza, las cosas y finalmente el sol, el conocimiento. El proceso es doloroso porque debe abandonar todas las certezas que tenía. Pero aparece una dificultad extra: cuando el hombre vuelve a la cueva para contar lo que descubrió, los demás no le creen y reaccionan con rechazo.
Es interesante que este fragmento aparezca en La República, una obra donde Platón reflexiona sobre qué es un buen gobierno y quiénes deberían gobernar. La alegoría no habla solamente del conocimiento individual, sino también de la política: de cómo un grupo puede quedar atrapado en las apariencias, los prejuicios y las ilusiones colectivas.
Para Platón, gobernar no era simplemente administrar poder, sino tener la capacidad de conocer la verdad y soportar el costo de transmitirla, incluso cuando eso implique rechazo, incomprensión o conflicto.
Tal vez el problema final del mileísmo no sea económico, ni siquiera político, sino cognitivo. Los gobiernos empiezan a agotarse cuando dejan de registrar el mundo tal como es y comienzan a enamorarse de la versión de la realidad que ellos mismos producen. Ahí aparece el verdadero riesgo de la caverna: acostumbrarse tanto a las sombras que la luz termina resultando insoportable. Porque un presidente puede sobrevivir a una crisis, a una interna e incluso a sus propios errores; a lo que difícilmente pueda sobrevivir es a la pérdida total de contacto con aquello que ocurre afuera de su propio relato.

La política contemporánea recicló esa idea en una versión brutal y simplificada: “los que la ven” (los libertarios) atacan al que “no la ve”, por ser “kuka”, o “está gagá" en la jerga de redes sociales.
Javier Milei construyó buena parte de su identidad alrededor de esa premisa. Él sería el hombre que salió de la cueva y vino a revelar verdades incómodas frente a una sociedad engañada por la casta, el periodismo y el Estado. Pero empieza a emerger otra posibilidad: que Milei nunca haya salido de la caverna y que apenas esté mirando sombras fabricadas por quienes lo rodean.
La crisis interna del oficialismo revela justamente eso. La pelea entre Santiago Caputo, Karina Milei y Martín Menem dejó al descubierto un ecosistema donde las operaciones, las cuentas anónimas y las intrigas palaciegas parecen haber reemplazado a la información real.
En muchas ocasiones hemos escuchado que Milei no se encarga de los asuntos políticos, y por eso los delega en Karina Milei. En su momento, Guillermo Francos llegó a declarar que el presidente “no sabe” de política.
Pero si el presidente no tiene en sus manos la botonera política, entonces queda inevitablemente atrapado dentro del sistema de información que construyen otros. Depende de quién le acerca los datos, quién interpreta los conflictos y quién le traduce la realidad. Un mandatario que delega completamente la política termina gobernando sobre percepciones filtradas, recortadas y muchas veces manipuladas por su entorno. Ya no mira el mundo directamente: mira lo que otros le muestran.
Ahí aparece el verdadero problema del mileísmo. Si Karina Milei administra la estructura política, Santiago Caputo el clima digital y los Menem el territorio parlamentario, entonces Javier Milei queda encerrado en una especie de burbuja donde cada actor tiene incentivos para moldear la información en función de su propia interna de poder. El presidente pasa a depender emocional y políticamente de quienes le explican qué está pasando. Y cuando el líder pierde contacto directo con la realidad, empieza a reaccionar no frente a hechos, sino frente a relatos construidos por quienes lo rodean.
En una charla ante empresarios organizada por el banquero Juan Nápoli en el Malba, Javier Milei afirmó que si “un marciano” analizara únicamente los datos económicos y el Boletín Oficial concluiría que la Argentina está encaminada a convertirse en una potencia mundial en los próximos 30 años.
Nuevamente, la alegoría de la caverna. Según el Presidente, existe una enorme distancia entre los indicadores económicos y la imagen que transmiten los medios de comunicación, a los que volvió a acusar de distorsionar la realidad. ¿No será al revés, señor Presidente?
Quizás si el marciano tuviera que buscar trabajo o emprender en la Argentina descubriría una realidad bastante más compleja que la que aparece en los gráficos oficiales. Vería comercios vacíos, consumo deprimido, pequeñas empresas cerrando, salarios que todavía corren detrás de los precios y una economía donde llegar a fin de mes sigue siendo una preocupación cotidiana para millones de personas. Tal vez entendería entonces que el problema no son los periodistas, sino la distancia cada vez mayor entre los indicadores macroeconómicos que celebra el Gobierno y la experiencia concreta de quienes viven todos los días en la Argentina.
Espert le dice que lo declararon inocente, Adorni que ya presentará la declaración jurada, Menem que no maneja la cuenta Periodista Rufus, Karina que todo va a estar bien. Todos le dicen que son inocentes, que no se preocupe. Que lo que hay de fondo es una conspiración del periodismo para voltear al Gobierno. ¿No serán esas las sombras proyectadas en la pared de la caverna de Platón, una realidad fabricada para que usted la crea?
En otros tiempos se hablaba de “el diario de Yrigoyen”, como metáfora política, en alusión al mito de que al expresidente le “fabricaban” un diario sólo con buenas noticias. Quizás esa vieja expresión sea reemplazada en el futuro por “el algoritmo de Milei”.
Ayer relevamos aquí la feroz interna desatada entre Santiago Caputo y Martín Menem por la cuenta troll @PeriodistaRufus. Ayer, el Presidente dijo en Neura que era un intento “prefabricado” de dañar al Gobierno.
Vamos a escucharlo.
La explicación oficial empieza a mostrar inconsistencias difíciles de sostener. Si, como plantea el entorno presidencial, todo fue un ‘injerto’ armado para perjudicar a Martín Menem, entonces aparece una pregunta elemental: ¿cómo se explica que desde hace semanas existieran publicaciones críticas contra Santiago Caputo desde esa misma cuenta? Una operación puede fabricar un mensaje puntual, pero no construir retrospectivamente un historial entero de posicionamientos políticos. La idea del ‘plantado’ empieza a parecerse más a una necesidad desesperada de negar la interna que a una explicación convincente de lo ocurrido.
Además, hay más cosas interesantes en esta declaración. El presidente niega que exista una interna, son solamente diferencias de opinión. ¿Acaso se puede pasar ocho horas diarias en Twitter, como hace Milei, sin enterarse de que hay una guerra digital abierta entre los seguidores de Caputo y los de Karina?
Por otra parte, Milei dice que Caputo es “su hermano”. De esta manera, la iguala a “su hermana” para intentar que la sangre no llegue al río. Pero todo parece indicar que es demasiado tarde.
En tercer lugar, menciona un video de Oria, el director de Realización Audiovisual de la Presidencia, quien hizo un video didáctico para explicarle a Milei que la cuenta no era de Martín Menem. Nuevamente, el algoritmo modificado para inventar una realidad particular.
La explicación que dio Martín Menem tampoco ayudó demasiado a despejar las dudas. Según relató, uno de sus community managers habría copiado una noticia “random” y la habría reenviado a distintos grupos de WhatsApp, desde donde un usuario “malintencionado” la reutilizó para montar una operación política en su contra. El problema es que la justificación deja más preguntas que respuestas. Porque si la cuenta no tenía relación con él, cuesta entender por qué alguien de su entorno difundía contenido desde allí o por qué la dinámica de publicaciones coincidía desde hacía tiempo con posiciones internas del menemismo libertario. Lejos de cerrar el episodio, la explicación terminó alimentando aún más la sensación de caos, improvisación y desconfianza que atraviesa hoy al oficialismo.
La palabra “plantar” proviene del latín plantare, que originalmente significaba hundir o empujar algo en el suelo usando la planta del pie. Con el tiempo, el término derivó en el argot policial y delictivo hacia otra idea: la del “injerto forzado”, es decir, colocar pruebas falsas o fabricar evidencia para incriminar a alguien. Esa fue justamente la explicación que intentó instalar el oficialismo alrededor del caso Menem: la idea de que alguien “plantó” información para perjudicarlo políticamente. Pero cuanto más se analiza la secuencia de publicaciones, las internas previas y los movimientos dentro del ecosistema libertario, más difícil resulta sostener que todo haya sido simplemente una operación externa.
El respaldo de Javier Milei a Martín Menem provocó una fuerte crisis interna dentro de Las Fuerzas del Cielo, el espacio digital y político alineado con Santiago Caputo. La reacción fue inmediata: militantes libertarios cercanos al asesor cuestionaron al propio Presidente en redes sociales y algunos llegaron a plantear la posibilidad de construir un armado político separado junto a referentes como el Gordo Dan. ¿Será esta la antesala del salto a la política de Caputo?
El problema para el oficialismo es que la discusión ya no gira solamente alrededor de quién maneja una cuenta anónima, sino alrededor de quién manipula la percepción presidencial. Porque si Milei realmente creyó que todo era una operación externa, entonces alguien dentro de su propio círculo le construyó esa interpretación. Y si efectivamente hubo una acusación injusta contra Menem, la situación también deja una consecuencia política delicada: Santiago Caputo debería pedir disculpas públicas después de haber tratado de ‘mogólicos’ a dirigentes alineados con el riojano. La guerra digital libertaria empieza a devorarse a sí misma.
Sin embargo, pese al malestar, en el entorno de Santiago Caputo descartan cualquier ruptura inmediata con el Gobierno. Sostienen que desde hace más de un año el sector de los Menem anuncia su caída política y, aun así, continúan controlando áreas estratégicas como la SIDE, YPF y ARCA. El propio Caputo negó este lunes versiones sobre una posible renuncia, mientras trascendió otro dato clave: el grupo Jan De Nul, cercano al asesor, logró quedarse con la concesión de la Hidrovía, la privatización más importante de la gestión libertaria.
Escuchemos qué decía el Gordo Dan, alfil de Santiago Caputo, sobre estas declaraciones.
En su columna de hoy en La Nación, Joaquín Morales Solá señala que Santiago Caputo es prácticamente el único dirigente que desafió abiertamente a Karina Milei sin ser expulsado del círculo presidencial. Otros funcionarios cayeron por mucho menos, el caso de Guillermo Francos aparece como ejemplo de esa lógica de poder: su salida de la Jefatura de Gabinete estuvo vinculada a las declaraciones en las que recordó que Caputo acumulaba enorme influencia sin tener responsabilidades formales dentro del Estado. Javier Milei, según distintas versiones, interpretó esas críticas como una afrenta directa a uno de los hombres fundamentales de su estructura política.
Mientras tanto, otras figuras del oficialismo empiezan a moverse en medio de la crisis interna. Patricia Bullrich, ahora con poder propio desde el Senado, comenzó a exigir explicaciones públicas sobre el patrimonio y los movimientos de Manuel Adorni. En Balcarce 50 interpretan que su llegada al Congreso también funcionó como una maniobra para alejarla del núcleo presidencial. Así, entre trolls, cuentas anónimas, operaciones cruzadas y disputas de poder, el mileísmo atraviesa una batalla interna cada vez más feroz, donde nadie parece dispuesto a retroceder y donde el desgaste político empieza a hacerse visible incluso dentro del propio oficialismo.
Y mientras tanto, Milei aparece ante las cámaras perdido, sedado, con declaraciones que parecen cada vez tener menos contacto con la realidad.
Vamos a ver una de las declaraciones más desopilantes de estos días, durante una clase en la Universidad de San Andrés, como invitado en una clase de la Maestría en Economía encabezada por Federico Sturzenegger. El episodio tuvo momentos incómodos: el economista Juan Carlos de Pablo debió pedirle a Milei que ordenara a su seguridad permitir el ingreso de estudiantes que permanecían afuera “cagándose de frío”.
Por otra parte, aunque desde el Gobierno presentaron la exposición como una “clase magistral de Macroeconomía Avanzada”, varios cuestionaron que los contenidos correspondían más bien a conceptos básicos de Macroeconomía I. Pero escuchemos el momento al que nos referimos.
Por su estilo tan particular, y sus vínculos con la nueva extrema derecha global, Milei probablemente sea uno de los presidentes latinoamericanos con mayor nivel de notoriedad internacional actual. ¿Pero uno de los tres hombres más conocidos del planeta?
Es obvio que Donald Trump, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Taylor Swift, Elon Musk o Vladimir Putin tienen niveles de reconocimiento global muchísimo mayores. Xi Jinping o Narendra Modi gobiernan países con poblaciones y niveles de influencia global incomparablemente mayores, mientras que celebridades como Kim Kardashian o MrBeast poseen audiencias digitales que superan ampliamente la capacidad de alcance internacional del presidente argentino.
El nivel de fama del Presidente todavía no entra ni en el top 20.
Además, conocimiento no es igual a popularidad. Y la visita de Javier Milei a la Universidad de San Andrés generó una fuerte polémica, motivando que docentes de la institución difundieran una carta pública en defensa de la educación pública y en reclamo por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.
Este martes, Milei volvió a relatar su visión distorsionada de la situación argentina durante un evento VALO (Banco de Valores S.A) realizado en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, acompañado de Manuel Adorni.
El mandatario aseguró que la Argentina está “a las puertas de un milagro” y prometió profundizar el ajuste fiscal, el achicamiento del Estado y la política monetaria restrictiva para seguir bajando la inflación. Además, volvió a atacar a los medios de comunicación, diciendo que distorsionan la realidad económica.
Pero lo que vamos a señalar aquí es otra cosa: su falta de entusiasmo. Ya no se entusiasma como antes al gritar “Viva la libertad carajo”.
La psiquiatra y escritora suiza, Elisabeth Kübler-Ross, popularizó la idea de que el duelo suele atravesar cinco etapas emocionales: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Del “esto no puede estar pasando” se pasa al enojo, luego intentan encontrar soluciones imaginarias o pactos para revertir la situación, atraviesan una profunda tristeza y finalmente llegan a una forma de aceptación de lo ocurrido.
Sigmund Freud también entendía el duelo como un proceso psíquico de elaboración de una pérdida. Freud, en Duelo y melancolía, habla de un “trabajo de duelo” mediante el cual la persona va aceptando lentamente que el objeto perdido ya no está y debe reorganizar su vida emocional.
Javier Milei: "Santiago Caputo es como un hermano para mí"
Durante años, el kirchnerismo explicó cada crisis interna como producto de conspiraciones mediáticas o judiciales. El mileísmo, que prometía terminar con esa lógica, empieza a caer en mecanismos muy parecidos. Toda información incómoda pasa a ser una operación, toda crítica un ataque coordinado y toda filtración una maniobra externa. Pero cuando un gobierno necesita explicar cada conflicto propio como una conspiración ajena, quizás el problema ya no sea el enemigo, sino la incapacidad de reconocer lo que ocurre dentro de su propia caverna.
¿Será este tono desapasionado de Milei un signo de que está atravesando una fase de aceptación por estar reconociendo la verdad? ¿Por vislumbrar algo de la luz externa de la caverna?
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
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