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MODO FONTEVECCHIA
ANÁLISIS POLÍTICO REGIONAL

Durán Barba explica las elecciones y la situación política en Latinoamérica de Bolivia a Brasil

El consultor político desglosa las causas detrás de la inestabilidad institucional y las mutaciones culturales que reconfiguran el mapa electoral en América Latina.

duran barba
duran barba | Captura

El mapa electoral de América Latina experimenta una reconfiguración drástica caracterizada por la volatilidad del voto, el retroceso de los partidos tradicionales y el avance de fuerzas disruptivas impulsadas por profundas divisiones culturales. Al respecto, y en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el consultor político Jaime Durán Barba señala que el impacto de la tecnología y los algoritmos modificó los hábitos del electorado, consolidando tendencias que privilegian las respuestas inmediatas y fragmentadas por encima de los proyectos políticos a largo plazo.

El consultor político y asesor de imagen ecuatoriano, Jaime Durán Barba, es considerado uno de los fundadores de la consultoría política en América Latina. Se desempeñó como asesor de líderes como Mauricio Macri y otros candidatos en América Latina, dirigente campañas electorales y publicado varios libros sobre estrategia y comunicación política. Además, fue secretario de la Administración Pública en Ecuador.

Lo que está pasando en Bolivia tiene una gravedad y una resonancia enorme. Usted estuvo durante casi un año trabajando en ese país para las elecciones que dieron origen al actual presidente y asesoró al candidato que terminó en segundo lugar. Entre el actual mandatario, el postulante que usted promovió y Samuel Doria Medina, los espacios ubicados del centro a la derecha reunieron el 94% de los votos. El MAS, el partido de Evo Morales, obtuvo apenas un senador y solo el 6% del total. ¿Cómo se explica entonces que, pocos meses después, Bolivia atraviese una revuelta de semejante magnitud? ¿Qué es lo que está ocurriendo hoy en el país?

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La situación de Bolivia es incomprensible porque tuvieron casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), en los que Evo Morales tuvo una gran prosperidad económica fruto de lo que venía de antes. Bolivia era un exportador importante de gas y de petróleo. El no invertir en estas áreas y hacer demagogia con los precios los llevó a una quiebra. Cuando se dieron las elecciones, había colas de hasta cuatro kilómetros para cargar nafta en los autos, y racionada, porque vendían diez dólares nada más.

Para un camionero que vive de manejar su camión, los mataban de hambre, porque para cargar combustible hacías una cola de seis horas, salías a trabajar cuatro horas y gastabas lo que habías conseguido. Era una hecatombe total.

La razón por la que Evo Morales y el MAS tuvieron una votación tan mínima en las elecciones es porque fueron una catástrofe: quebraron el país. Y tres candidatos de oposición —Rodrigo Paz, Samuel Doria Medina y Jorge Quiroga— se llevaron todos los votos, más del 90%.

Quien atrajo votos para Paz fue el vicepresidente Edman Lara, que es el típico personaje… el capitán.

Es el famoso capitán.

Un excapitán de la Policía que fue expulsado de la fuerza. Tiene muy poca preparación en cualquier sentido. Hizo una campaña lloriqueante de “también me hacen bullying”, “quiero volverme a vestir de policía”, una cosa realmente lamentable. Pero desde la campaña anunció que metería preso a Paz.

¿A su candidato a presidente?

A su binomio. “Él no ha de cumplir las promesas, entonces le meteré preso”. Lo dijo en campaña.

Hizo cosas insólitas el día de las elecciones, cuando consiguieron ganar. No fue al local. Prefirió ver todo por televisión y no estar con su binomio recibiendo los resultados.

Me decías recién que las encuestas que ustedes hicieron daban que ocho de cada diez votantes del actual presidente votaron por el vicepresidente, o sea, por este capitán.

Sí. Rodrigo Paz no es una persona demasiado llamativa. Y este capitán es un showman, un tipo que hace cosas.

¿Algún punto de contacto con Milei, salvando las distancias intelectuales?

No. En absoluto. Es un… como diría mi abuelito, “un loquito particular”. No tenía nada de especial. Milei tiene, de todas formas, una formación académica y puede hablar de algunas cosas. El capitán no puede hablar de nada.

Por eso sería tan grave —aunque no creo que se dé— que Paz renuncie y asuma el capitán.

Nos decía recién un filósofo boliviano que existían serias vinculaciones entre el capitán y Evo Morales. Que había coincidencias recientes entre ambos, además de contactos con el gobernador de la región donde se encuentra Evo Morales, y que muchas declaraciones del capitán coincidían con las del exmandatario.

El capitán es una persona como Trump. Un día invade Groenlandia, al siguiente Canadá y finalmente invade Yemen. Son personas que no tienen coherencia mental. Pueden decir cualquier cosa en cualquier dirección. El capitán no tiene ninguna posición.

Algunos atribuyeron la votación del capitán y de Paz a Evo Morales porque ganó en todas las zonas masistas. Pero eso ocurrió más por rechazo a los dos principales candidatos, que eran Tuto y Doria Medina, que por otra cosa.

¿Cómo por un voto más popular? ¿Que los votantes del MAS, desencantados con el MAS, encontraron en el capitán un plebeyo con el que identificarse?

Sí. Creo que tu interpretación es exacta.

Pero en Bolivia hay una oposición enorme entre los collas, que son los del occidente boliviano, y los cambas, que son los de Santa Cruz. Santa Cruz de la Sierra es una ciudad pujante, con una economía extraordinaria y gente preparada. Es un país que se parece muy poco a El Alto.

El Alto tiene dos zonas: hacia el norte los aymaras y hacia el sur los quechuas. Pero es otra cultura distinta de la occidental. Ahora, no son mayoría. De hecho, pasa algo parecido en Ecuador. Allí el movimiento indígena dice que va a sacar a Noboa, pero sacaron el 4% en las elecciones. No son mayoría, aunque tienen capacidad de movilización porque culturalmente viven en comunas y se movilizan más fácilmente.

Y hay algo curioso que estaba pensando hoy viendo la televisión. Realmente, cuando uno ve la movilización contra Paz, siente —no digo que piensa, siente— que los pobres están contra Paz, porque ves a esas señoras con polleras, indígenas, y parece que este tipo estuviera aplastando a los pobres. Pero no está aplastando a los pobres: están sufriendo las consecuencias del gobierno del MAS, que descalabró Bolivia.

¿Podrías contarnos nuevamente, para los inexpertos en el tema Bolivia, quiénes son los Ponchos Rojos?

Los Ponchos Rojos son un grupo armado que funcionó con Evo Morales. Son aymaras y viven hacia la zona del lago Titicaca. Son muy agresivos y están armados, tienen fusiles y todo.

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Siempre fueron uno de los grupos no más grandes, pero sí de los más agresivos y entrenados que respaldaban a Evo Morales. Debe haber unos 5.000 Ponchos Rojos en total, pero avanzan armados.

O sea, un ejército.

Morales vive en el Chapare, una zona del departamento de Cochabamba totalmente tomada por gente armada que lo rodea. Es la zona de los cocaleros, donde se produce más coca. Él ha sido presidente de los cocaleros toda la vida y son grupos armados semejantes a las zonas liberadas que hubo en Colombia en tiempos del apogeo de la guerrilla.

Cruzamos el lago Titicaca y tenemos que en Perú quien va al balotaje es un candidato con sombrero que nos hace rememorar al candidato anterior. ¿Qué te indica eso? Hay algo recurrente en Perú de chocar con la misma piedra.

Hay dos países en Perú. El Perú occidental, relativamente próspero, cuyo corazón es Lima. Hay otras ciudades también en la costa, pero Lima es la cabeza. Y el sureste peruano, que justamente limita con la zona occidental de Bolivia y tiene una cultura indígena semejante. Ahí estuvo asentado Sendero Luminoso. Fue la zona de Sendero Luminoso.

De ahí han salido algunos líderes vinculados a la ideología katarista, que supone la supremacía de la raza indígena y que además sigue homenajeando a Túpac Katari. Ollanta Humala era hijo de uno de los principales filósofos kataristas y también venía de esa zona.

Pero son dos culturas totalmente distintas. El sureste es más mágico, más indígena, más pobre y más numeroso. Ha tenido líderes tan agresivos como Sendero Luminoso, la guerrilla más sangrienta que hubo en la década de 1970. Fue brutal. Hubo al menos 50.000 muertos por Sendero. Culturalmente es una región del país que no tiene mucho que ver con Lima y con la región occidental.

¿Y si tiene más que ver con esa zona​ de Bolivia que limita con el sureste peruano?

El sureste peruano y el occidente boliviano son muy parecidos. Tienen una cultura indígena y la ideología katarista permea ambos países. Es una ideología que supone la supremacía indígena. Los kataristas creen que antes de que llegaran los españoles nunca hubo violencia ni guerras, que todos los indígenas se llevaban maravillosamente y que era el paraíso terrenal, y que los españoles trajeron las enfermedades, el odio y la guerra.

O sea, ¿es una exageración decir que en Perú y en Bolivia lo que hay, en el fondo, es un problema antropológico?

Yo creo que eso es lo de fondo.

Ahora, además de eso, Keiko es una mujer inteligente, con mucha trayectoria, pero muy fría. La vez pasada perdió las elecciones por pocos votos, cuando ganó Pedro Castillo, que representaba al sur y andaba a caballo y con ese sobretodo.

Keiko ha sido varias veces candidata. Existe todavía ese odio a Fujimori, que estuvo preso tantos años, siendo que también hizo cosas positivas por Perú. Tuvo un muy mal aliado, que fue Vladimiro Montesinos, y eso lo hundió.

¿Esta vez le toca competir a Keiko?

No estoy seguro del resultado, porque la gente vota en contra. Entonces va a haber una porción importante del país que vote en contra de Lima, de los “aniñados”, de los ricos, de los prolijitos.

O sea, ¿finalmente la lucha de clases sigue vigente?

No son clases, son culturas. Es más Huntington que Marx. Son culturas distintas. Y también está la influencia de internet, que nos llevó a esta sociedad puntillista, de colchas de retazos, que también puede dar una sorpresa en Colombia.

Estamos de cara a la elección colombiana. ¿Qué escenario ve?

El candidato de Petro va a salir primero, sin duda. Y la esperanza que tienen sus opositores, que vienen de la partidocracia tradicional colombiana —entre los cuales hay gente muy preparada.

La clase política colombiana es de las más preparadas del continente—, es otra. Yo me llevo muy bien con algunos de ellos, especialmente con Iván Duque, que es muy amigo mío.

Además, lo tuviste de alumno.

Sí, también fue alumno nuestro. Tengo el orgullo de tener algunos alumnos que hoy son presidentes. Ya van cuatro.

¿Y qué representa Petro y su mundo?

Una colcha de retazos: gente que defiende los derechos gay, las mujeres, los negros, la ecología. Pedacitos, pedacitos de cosas que ahora están de moda en la bibliografía norteamericana. Les interesa un puntito, no una cosmovisión. Pero arman esas colchas de retazos porque todos tienen antipatía por el discurso formal. Dicen: “Doscientos años de liberales, conservadores, preparadísimos que se vayan al diablo”.

El candidato presidencial colombiano es mucho más ideológico que Petro. Petro es una persona moderna, más identificada con lo que se podría llamar el pensamiento woke.

El candidato que encabeza las encuestas es un hombre formal que se afilió al Partido Comunista a los 13 años. Es comunista de toda la vida y colaboró con las FARC. Para mí, ser comunista o ser católico no es una ofensa, pero sí es un hombre de convicciones reales. Petro es más novelero. A mí me gusta ser novelero, tampoco es un ataque. Pero el otro es un comunista orgánico, que piensa como comunista y ha vivido como comunista.

Yo discrepé con mis amigos colombianos cuando me dijeron que no gana en segunda vuelta.

¿Ponés en duda que gane en segunda?

Quienes se le oponen están seguros de que no gana en segunda. Yo creo que es posible que gane en segunda el voto contra el sistema, contra los conservadores, los liberales, los antiguos, los de siempre.

Entonces, ¿vos creés que podría ganar en primera y también en segunda vuelta el candidato oficialista?

El mismo, el candidato de Petro.

Entonces imagínese esto: gana el candidato de Petro en Colombia, gana Lula en Brasil —porque todo parece indicar que Flávio Bolsonaro está en picada y que una suma de factores vuelve a colocar a Lula como favorito—, hay cierta desestabilización en Bolivia con un presidente de centroderecha y, si se da lo que usted dice, de que en Perú la gente termina votando contra Keiko y aparece nuevamente un gobierno disparatado, tendríamos un corrimiento de Sudamérica, que parecía consolidarse con el triunfo de Paz y con la victoria de Kast en Chile.

Más que un corrimiento a la izquierda, un corrimiento al disparate.

Disparate, porque el candidato peruano es pintoresco, pero no de izquierda.

En el caso de Colombia sí sería un dirigente ideológico de izquierda.

En Brasil, en cambio, yo creo que Lula ha cambiado mucho. Lula, en la última elección, llevó como compañero de fórmula a su adversario de la elección anterior. Tuvo el apoyo de Fernando Henrique Cardoso, claramente no de izquierda aunque progresista, y también de Marina Silva, a quien yo ayudé en 2010. Lula fue líder de una gran coalición que reaccionó frente al bolsonarismo. Ya no es el líder de extrema izquierda que fue al principio.

Se fue corriendo cada vez más hacia el centro.

Sí. Y en una entrevista que dio cuando yo estaba viviendo en San Pablo dijo algo muy interesante. Le preguntaron: “¿Pero usted es de izquierda?”. Y respondió: “Yo soy sindicalista, y los sindicalistas estamos acostumbrados a negociar. Hacemos la arremetida, la huelga, pedimos el cielo. Y después negociamos, porque sabemos que hay que negociar. Nunca queremos destruir la empresa. Queremos mejoras para los trabajadores. Y eso soy en política”.

Hicimos Bolivia, Perú, Colombia, Brasil. Déjeme llegar a la Argentina. El año que viene hay elecciones y en los últimos meses se registró una caída constante en la popularidad del presidente y en la aprobación del Gobierno. ¿Cómo ve el mapa político argentino actual y el que imagina para el año próximo?

He aprendido en estos últimos años que lo único previsible en América Latina es lo imprevisto, porque siempre termina pasando lo que parecía imposible. Muchos líderes son bastante improvisados y no leen. El presidente norteamericano llegó a decir con orgullo: “Nunca he leído un libro”. Y a él eso le parece un valor.

Con Santiago Nieto estuvimos trabajando sobre esto en nuestro último libro. Los psicólogos dicen que leer es terapéutico. Las personas deberían leer un libro por mes para ordenar un poco la cabeza, porque si no se embrutecen con el scroll.

Y yo creo que Donald Trump nunca leyó un libro. Se le nota una mente absolutamente desordenada, que pasa de cualquier tema a cualquier otro. Y eso es un fenómeno universal: está pasando en todos lados.

¿Decir Milei puede ser reelecto o puede perder por mucho es posible?

Ambas hipótesis son perfectamente posibles porque él pertenece legítimamente a esta nueva generación que tiene ideas de cualquier tipo. No es solo generacional, es la gente en su conjunto.

En los primeros 30 minutos cuando se despiertan los argentinos, brasileños o ecuatorianos, toman contacto con su celular y, desde ese momento, incluso en todos sus tiempos libres, en el subte o cuando están esperando su turno con el médico, están conectados scrolleando el celular.

Este artefacto nos invadió la vida más de lo que el libro invadió la vida a las personas de la Ilustración y nos cambió la mente. Entonces, ¿que Milei pueda ganar? Sí. Creo que comete errores.

No entiendo este ánimo de sacrificarse por Adorni. No tiene sentido.

Dicen que en el Mundial, si a Argentina le va más o menos bien, quizás puedan llegar a decir que renuncia sin un gran costo de imagen pública.

Un partido, un grupo político que enarboló la bandera de la honestidad, de acusar a todos de chorros, de acusar a todos los periodistas de ensobrados, no puede permitirse pecar ahí.

Ha tenido un costo en imagen. Algunos analistas de opinión pública midieron que perdió la mitad del apoyo, de 60% a 30% en algunos casos, lo que es realmente muy poco común en tan pocos meses.

Una encuesta revela cuál es el techo electoral de Javier Milei

Yo veo muchas encuestas y efectivamente está bordeando el 30% de aprobación. Cosa común en América Latina.

O sea, yo creo que Paz pronto va a precipitarse hacia esas cifras. El que se mantiene sensatamente es Noboa, que es un outsider de los outsiders. Es un tipo preparadísimo, con tres grados de universidades importantes del mundo, que planifica. No es tan simpático ni populista, pero Ecuador está con 400 puntos de riesgo país, lo cual nunca pasó.

Eso es algo insólito porque es un tipo que sabe cómo manejar. Es muy preparado. El otro polo de Milei no es nada populista, no hace cosas espectaculares, pero está manejando el país.

¿Cómo fue el riesgo país cuando se dolarizó Ecuador y cómo evolucionó hasta llegar a ese 400? No es algo común en Ecuador.

Cuando dolarizamos, llegó a 1000.

¿Cuál fue el más bajo que tuvieron?

Años después llegamos a 500.

O sea, este es el más bajo de todos.

Es el más bajo de la historia. Lo cual es importante porque supone la posibilidad de que las empresas y el Estado puedan tomar créditos afuera.

Ahora, fíjate vos: con dólar y todo, el riesgo país era superior a los 500.

Claro, por la inestabilidad.

Lo mismo de siempre. El gobierno de Correa fue como el de Evo Morales. Curiosamente fue un gobierno que persiguió a los indígenas como ninguno y por eso los indígenas siempre estuvieron en contra de él, aunque ahora también están contra Noboa y Correa los está utilizando como un ariete.

¿Cuándo sale tu nuevo libro? ¿Cómo se titula? ¿De qué trata?

El viernes pasado entregamos el último borrador a Sudamericana.

Yo viví una vorágine durante 40 años en la que todos los meses hice por lo menos cuatro viajes largos de avión. He hecho cientos de vuelos, dado cursos en todos los países de América Latina y me entrevisté con todos los presidentes que se te ocurran. Estuve en las casas de gobierno almorzando con presidentes de México, Argentina y otros países.

De pronto, todo eso se paró. Cuando vino el resultado de la elección boliviana y una persona de ínfima cuantía como el vicepresidente controló el electorado, me pregunté: “¿Qué pasa?”. Y así se llama el libro: “¿Qué diablos nos pasó?”.

Creo que la cuestión es mucho más profunda que simplemente decir “fallaron las encuestas” o “fallaron los publicistas”. Hay un cambio que tiene que ver con la derogación de la lógica de la Ilustración.

Tú y yo somos de una generación que se formó con libros. Yo no puedo vivir sin mis libros: son mis amigos. Aunque para mantenerme actualizado leo muchos libros electrónicos, para mí no hay como el libro físico, al que puedo tocar, acariciar y escribir.

Salió este libro de Alex Pentland, del MIT, “Sabiduría compartida”, y a partir de ahí seguimos también los journals y revistas científicas donde anuncian investigaciones que recién aparecerán en libros dentro de un año.

Entonces, ¿qué es lo que pasa? Hay una conciencia total de que se pudrió el cerebro. Se utiliza mucho esa expresión: “cerebro podrido”. No somos capaces de procesar la información como lo hacíamos en tiempos de la Ilustración.

En vez de consultar un libro, que tiene principio, final, capítulos y un tema específico, nos acostumbramos a levantarnos y entregarnos a una red que no controlamos. Porque las cosas que aparecen en tu teléfono no son las mismas que aparecen en el mío. Los algoritmos seleccionan contenidos distintos y aparecen cientos de cosas sin principio ni final.

Eso que llaman el scroll infinito.

No tienen un tema: aparece el monito que adoptó a la madre de plástico en Tokio, el discurso de Milei, las piedras en Bolivia. Y lo que está científicamente estudiado es que aquello que no capta tu atención en los primeros 15 segundos, lo desechas. Por eso hablan de laguerra de la atención”.

Entonces, si aparece un político diciendo: “Buenos días, yo soy fulanito de tal y estoy pensando…”, ya está.

Es un mundo nuevo.

¿Cuándo está impreso? ¿Cuándo se puede comprar ese libro?

En septiembre va a salir a las librerías y se va a llamar “¿Qué nos pasó? De la fogata tribal a la inteligencia artificial”.

MV