En medio de la escalada en Medio Oriente y la tensión por el estrecho de Ormuz, el analista internacional Esteban Actis sostiene que el escenario actual confirma una tendencia más profunda: “Estados Unidos se ha empantanado en otro conflicto fuera de lo que es el Asia-Pacífico”, mientras que China observa cómo “el músculo estratégico, militar y económico de Washington se estira y se debilita”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), asegura que Beijing logra una “ganancia estratégica”, apoyada en una planificación de largo plazo que le permite ser “sensible al shock, pero no vulnerable” frente a la crisis energética global.
Esteban Actis es licenciado en relaciones internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, donde también se desempeña como docente e investigador. Es investigador en el CONICET y del Centro de Investigaciones en Política y Economía Internacional. Es coautor de libros, La disputa por el poder global (2021), donde analiza la rivalidad entre las grandes potencias y el orden internacional actual. Es colaborador del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, aportando análisis sobre riesgo político y mercados globales.
Dos días después de lanzar el proyecto Libertad, Trump suspendió para negociar el acuerdo con Irán. Usted afirmó que hace dos semanas Irán venía ganando la guerra de Ormuz porque Trump no sabe cómo lograr que el estrecho vuelva a su flujo natural. ¿Podríamos decir que esto confirma su diagnóstico de hace dos semanas?
Efectivamente, si uno mira las noticias de esta mañana, los mercados estaban expectantes por la filtración de una hoja de ruta para alcanzar un acuerdo definitivo de paz, pero inmediatamente, los mercados están cambiando de humor y el precio del petróleo vuelve a subir porque Irán anunció la creación de la autoridad persa para el estrecho de Ormuz, dando señales de que efectivamente la idea de un cambio del statu quo que teníamos antes del 28 de febrero, esto es la libre navegación por el estrecho, eso definitivamente va a cambiar. Irán, en este conflicto y con la capacidad de estrangular el estrecho, va a tener la intención de generar una mayor injerencia y mayor control sobre el estrecho.
Y ese es el punto hoy crítico de la mesa negociadora entre Trump y el régimen iraní. Porque efectivamente no solamente está en juego el precio del petróleo, sino uno de los principios más importantes del derecho internacional y la globalización: la libre navegación de los mares. Así que efectivamente estamos en un punto bisagra del conflicto y seguramente en los próximos días tendremos noticias al respecto.
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Un expresidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China dijo textualmente: “Estados Unidos está luchando sin ganar, China está ganando sin luchar”. ¿Concuerda con esta apreciación?
Totalmente. Si uno mira en términos económicos, China resultó ser mucho más resiliente de lo que se pensaba al shock petrolero porque, Beijing viene pensando que las cadenas de suministros vitales pueden tener disrupciones. Esto es una lógica de China de hace una década y este escenario estaba priceado por las autoridades de Beijing. Entonces han realizado tres estrategias en los últimos años: diversificación de la cadena de suministros, mayor logro de stocks de bienes estratégicos, en este caso, reservas estratégicas, y también, la capacidad de deprimir un poco la demanda en esos sectores.
China, en términos económicos, ha sufrido como toda Asia, pero menos de lo que se esperaba. Y en términos estratégicos, Estados Unidos se ha empantanado en otro conflicto fuera de lo que es el Asia-Pacífico, en Medio Oriente. La administración Trump decidió sacar el sistema integrado misilístico que tenía en Corea, que fue una decisión estratégica desde Obama, donde se pensaba la lógica del pivot hacia Asia y pensar la contención de China como un objetivo central. Entonces, Beijing está mirando atentamente los acontecimientos, cómo el músculo estratégico, militar y económico de Washington se estira, se debilita y, en ese sentido, es ganancia estratégica para China.
Ahora, ¿puede haber un ganador en China cuando es importador neto de petróleo y de gas, siendo Estados Unidos exportador de energía? Finalmente, que el petróleo quede a más de 100 dólares de manera estable, ¿puede plantear un triunfo para China cuando los verdaderos derrotados económicamente van a ser aquellos que no tengan energía y la tengan que importar, y los pocos beneficiados, aquellos que la tienen, aunque los precios internos le aumenten por inflación, pero pueden exportar? ¿Cómo lo entiende usted?
Si uno mira, China, viene diversificando su fuente de energía, viene aumentando muy fuertemente las energías renovables, dependiendo cada vez menos del petróleo e inclusive estaba aumentando en estos dos meses el uso del carbón, una fuente de energía muy contaminante, pero que ha logrado reemplazar un poco el petróleo.
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China es, podríamos decir, sensible al shock, pero no vulnerable. Ha logrado sortear esa capacidad, a diferencia de otros países asiáticos. Uno ve Corea del Sur y Japón, que sí efectivamente tienen una dependencia muy fuerte de su matriz energética por el estrecho de Ormuz y los proveedores de Medio Oriente. Entonces, en términos económicos, nadie dice que esto va a ser gratis para la economía china, pero está lejos de ser un shock económico que ponga en jaque a la economía de China.
Y con respecto a Estados Unidos, efectivamente para el sector petrolero norteamericano esto es una excelente noticia. Esta idea del “drill, baby, drill” de Trump se está viendo en los datos. Estados Unidos ha tenido un récord de exportación de combustibles en estos últimos meses. Muchos exportadores y empresas que tenían su cadena de suministro en Asia y en Medio Oriente están comprando gas licuado norteamericano. Esto está, por ejemplo, complicando un poco la navegación por Panamá, dado que hay muchos barcos de refinerías norteamericanas que están yendo hacia Asia.
Pero, en términos del agregado de la economía norteamericana, hay que ver si Estados Unidos es un gran ganador con un impacto en los precios que estamos viendo cada vez más sostenido. Esto con una variable que es muy clave en la diferencia entre China y Estados Unidos: estamos en una democracia frente a una autocracia. Los costos económicos de China se traducen políticamente distinto en Estados Unidos. Estados Unidos tiene elecciones de medio término ahora en noviembre. Entonces me cuesta ver, más allá de los impactos positivos para el sector petrolero norteamericano, que Estados Unidos sea un actor ganador de esta situación conflictiva.
En líneas generales uno ve a los economistas que hacen análisis que van más allá de la producción, hacen análisis generalmente financieros. Uno no podría hablar de inflación por el cambio relativo a un precio. Lo que podría haber es un salto de precio, pero una vez que se acomode en X cantidad de dólares el galón, a partir de ahí no es que la inflación continúa: fue una corrección de precio. Pero lo importante para la riqueza de un país es finalmente su producción y el valor de su producción. Lo que hoy Estados Unidos tiene para exportar a China vale más y lo que tiene para importar de China vale igual o menos.
Sí, en términos de la matriz energética, ese es el punto. Y por eso digo: Estados Unidos, y sobre todo en la administración Trump, está claramente con la intención de frenar la transición energética porque, en términos de economía política internacional, el gran ganador de la transición energética, que vende baterías, paneles solares, es la República Popular China.
Entonces, Trump no solamente expresa una negación del cambio climático y una cuestión cultural, sino que desde Estados Unidos se está viendo que la ralentización de esa transición energética es una muy buena noticia estratégica para la economía de Estados Unidos en términos geopolíticos, para Washington. Y, esa es una tensión que estamos viendo muy fuerte y todo lo contrario en China. China busca acelerar rápidamente la transición energética vendiendo autos eléctricos, baterías, paneles solares, porque en ese proceso de que el mundo compre y acelere la transición energética, el gran ganador geoeconómico es Beijing.
Entonces, comparto que en esa tensión esta guerra en Irán muestra esas dos caras. Muchas economías que han quedado presas del shock geopolítico y del estrecho de Ormuz están buscando acelerar hacia la transición energética de largo plazo, pero mientras tanto tienen que suplir la falta de petróleo de Medio Oriente y ahí Estados Unidos aparece como un actor que está aprovechando esa capacidad de ofrecer ya sea gas y petróleo de manera sostenible.
Como decía este expresidente de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China, que Estados Unidos en un sentido militar está perdiendo, China en un sentido militar está ganando; económicamente lo inverso: Estados Unidos gana, China pierde. ¿Y Europa?
Europa tiene un problema, que es que en los últimos años se ha dado cuenta de su debilidad estratégica en el mundo que viene. En Europa hay una visión desde que Rusia lo invade, y esto fue la guerra entre Rusia y Ucrania, Estados Unidos lo “arancela”, sobre todo a partir de Trump, y en estos días Trump amenazó nuevamente con subir los aranceles a Europa, y China los desindustrializa.
Si uno mira la industria alemana, en relación a la pérdida de capacidades vis-à-vis las importaciones de China, es muy claro. Y este nuevo shock energético muestra una debilidad profunda de Europa, que había logrado sortear la crisis con Rusia justamente a partir de recostarse en la compra de energía norteamericana.
En ese sentido, en estos dos meses se ha profundizado esa situación, pero sabiendo que efectivamente el vínculo entre Washington y Bruselas está quebrado. Entonces, la gran necesidad de Europa es diversificar sus vínculos, poner en palabras esta idea de la autonomía estratégica y, en ese sentido, cobra mucha importancia para Europa, por ejemplo, el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Europa necesita buscar nuevas geografías que logren justamente sortear esta debilidad estratégica.
Y en ese sentido, América Latina en general y el Cono Sur en particular aparecen como una geografía que puede ofrecerles nuevamente cadenas de suministros seguras y de largo plazo, sin la fricción geopolítica que tienen sus otros socios comerciales y exsocios políticos.
Uno quiere decir que la Unión Europea, que ya no tiene a Gran Bretaña, la salvó y la hizo grande durante 400 años de Occidente, desde el descubrimiento de América. Y nuevamente la tabla de salvación sería América. Así como usted decía que China es sensible pero no vulnerable, la situación para Europa es que Europa es vulnerable.
Totalmente. Se ha demostrado en la era de shocks tras shocks que venimos experimentando en los últimos años. Cada shock que tiene la globalización, ya sea por una pandemia, shocks geopolíticos, shocks energéticos, el principal actor que uno mira entre los perdedores es Europa, y eso muestra justamente un continuo estructural de la debilidad geoeconómica y geopolítica del viejo continente. Y, eso es un dato estructural que los propios líderes europeos se están dando cuenta.