El Papa León XIV ha sido señalado como el continuador natural del legado de Francisco, combinando una formación jurídica con una profunda vocación misionera en defensa de los más vulnerables. Así, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), la cita del arzobispo argentino Alberto Bochatey sobre las advertencias de Jorge Bergoglio respecto a la escalada bélica global refuerza la vigencia de su mensaje: “Cuando Francisco nos hablaba de la III guerra mundial muchos se reían”.
El obispo católico argentino, teólogo y especialista en bioética Alberto Bochatey es obispo auxiliar de la arquidiócesis de La Plata. Se desempeñó como sacerdote en 1981 y desarrolló una trayectoria académica fuerte, especialmente en el campo de la bioética, donde también se desempeñó como docente e investigador en instituciones como la Universidad Católica Argentina. A partir de 2012 fue nombrado obispo auxiliar de La Plata por el papa Benedicto XVI y desde entonces ocupó distintos roles dentro de la Iglesia argentina.
¿Cuánto pudo haber tenido el cónclave de cardenales en la elección de un norteamericano como Papa, en un momento en el que probablemente existía la necesidad de poner límites en el caso de Estados Unidos?
El Papa León XIV es un hombre muy formal. Es una palabra que en Argentina casi la hemos desterrado. A veces se lo quiere comparar con Francisco, se dice más tradicional o menos tradicional. En realidad, es un hombre muy formal. Es norteamericano, si bien tiene muchos años de América Latina en su vida y en su experiencia. Es canonista, es un hombre del derecho y, por lo tanto, a cada cosa su lugar.
Eso fue lo que dijo con respecto al discurso de la guerra y la paz, desde que le toca atravesar estas explosiones de guerra que estamos viviendo, donde él se atiene estrictamente al Evangelio, pidiendo por la paz. No hay ningún aliento por la guerra. Ahora, la respuesta o esta expresión del presidente Trump no nos extraña.
Hubo como una advertencia tácita en el mensaje del Papa para la Cuaresma. ¿Y qué dijo este año? No hace falta abstenerse de carne, de pescado, de comidas: abstengámonos de palabras hirientes, de palabras que lastimen, de palabras que no unan, que no creen puentes. Y era un poco profético lo que vio León XIV.
¿Hay una continuidad en ese reclamo por la paz y límite al exceso de autoritarismo por parte de quien le toque gobernar países poderosos, entre la mirada del Papa Francisco y la de León XIV?
Sí, yo creo que es la misma mirada. Toda la Iglesia ha reaccionado al unísono. Incluso los obispos argentinos ayer hemos dado una pequeña comunicación pidiendo por la paz, con esa expresión de León XIV: una paz desarmada y desarmante, una paz que no viene escondiendo armas, el cuchillo bajo el poncho, como decimos los criollos, y al mismo tiempo caminos de paz que, vos que venís armado, te puedan desarmar para el diálogo. No para que pierdas tus derechos o tu lugar, sino para poder construir el diálogo.
Y, sin duda, Francisco nos hablaba de la tercera guerra mundial. Ahora estamos en vísperas de su primer año de desaparición en este mundo. Siempre nos habló, y algunos se reían: “¿De qué está hablando el Papa Francisco?”. Y estaba hablando de lo que estamos viviendo estos días.
A punto de cumplirse un año de la desaparición de Francisco, aparece este protagonismo de León XIV, que hasta ahora ha sido siempre de perfil más bajo. ¿Le resuena la coincidencia en la fecha y lo que anticipó el Papa Francisco de la tercera guerra mundial en cuotas, que fue exactamente sus palabras?
No, yo creo que ha sido una coincidencia, porque no creo que el presidente Trump haya tenido en cuenta esto para hacer las declaraciones, ya que esto explotó a raíz de lo que dijo Trump y no tanto por lo que venía diciendo León XIV, que lo repetía cada semana: el llamado por la paz en Los Ángeles, desde el domingo, desde la ventana, y los martes, cuando vuelve al Vaticano, luego del día de descanso en Castel Gandolfo, donde hace esas declaraciones informales en la puerta del Palacio Apostólico y ya venía hablando de la paz.
Y claramente dijo: “Yo no vengo a discutir, no voy a entrar en una discusión con nadie, solamente voy a anunciar el Evangelio. Yo soy Papa, no soy político”. A mí me gusta usar una figura que nosotros, los amigos de las patrias, entendemos bien: nos gusta flamear nuestra bandera, una bandera argentina en la mano o la norteamericana o la china, la que sea. El Papa y los obispos flameamos el Evangelio.
Nuestra bandera es el Evangelio encarnado en cada país. No negamos nuestra nacionalidad, nuestra patria, pero lo que más importa no es de qué bandera es el Papa, sino que es el Papa del Evangelio. Y lo que él hace es mostrar e iluminar el Evangelio. Y también eso lo hacía Francisco claramente.
El Papa Francisco le decía a Trump, en su primera presidencia, que un verdadero cristiano no construiría muros sino puentes y que él no es un verdadero cristiano. ¿El Papa, desde el cielo —es decir, el Papa Francisco—, estará sonriendo, contento de que se haya elegido un buen continuador, teniendo en cuenta que a él le tocó la primera presidencia de Trump y ahora a su continuador le toca la segunda? ¿Y no hay ahí, nuevamente, dos papas enfrentándose con el presidente norteamericano, marcando una continuidad en las críticas desde la Iglesia y en las respuestas del líder político, calificándolo como débil y de izquierda?
Si se acuerdan, Trump dice: él habla de muros y miren los muros del Vaticano que sostienen los jardines vaticanos, está lleno de muros. Es una comparación ridícula, porque son muros de contención que tienen cientos de años y otra cosa es a lo que se refería el Papa con la construcción de muros.
Por eso yo siempre pienso que Francisco tenía claramente en la figura de León XIV lo que él había predicado. Francisco nos habló de la Iglesia en salida. Prevost fue un hombre de misión. Francisco nos hablaba de una Iglesia de los pobres. Prevost dejó Chicago y se fue a las montañas más pobres del Perú.
Todo lo que anunciaba Francisco que quería en la Iglesia lo vivió ese joven sacerdote, en aquel entonces Robert Prevost, que después sería obispo y cardenal.
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Francisco, yo creo, vio en él la realización de la Iglesia que él enunciaba. Francisco nos habló, como profeta, de una Iglesia renovada en sus formas y en sus maneras, y encontró en Prevost, en León XIV, a alguien que lo venía viviendo desde hace tiempo. Así que hay una continuidad, sin duda.
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