La Argentina volverá a decir presente en una misión rumbo a la Luna. En el marco del programa Artemis de la NASA, un microsatélite desarrollado por instituciones nacionales formará parte del lanzamiento, en lo que representa un hito para el sector aeroespacial local. “La Argentina ha tenido desde hace muchas décadas una actividad muy prolífera a nivel aeroespacial”, explicó el decano de Ingeniería de la UBA, quien detalló que el proyecto fue seleccionado entre decenas de propuestas internacionales y que “se terminó armando un microsatélite realmente en tiempo récord”.
"Es importante revalorizar el esfuerzo de la universidad y de las universidades públicas, que hoy estamos enfrentando situaciones de presupuestos, básicamente por la renuncia de docentes y del personal no docente, que es clave para sostener el funcionamiento y estos proyectos", subrayó Alejandro Martínez en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Alejandro Martínez es ingeniero en electrónica de la Facultad de Ingeniería de la UBA. Actualmente se desempeña como decano de la UBA y preside el Consejo Federal de Decanos de Ingeniería y también la Comisión de Ingeniería Electrónica de la Universidad de Mendoza.
Los temas son muchísimos que podríamos conversar, pero hoy nos motiva especialmente el hecho de que mañana otra vez se inicia una misión para llegar a la Luna y me gustaría que usted nos contase la parte que le cabe a la Argentina en ese satélite que va a llevar la nave que va a la Luna.
La Argentina ha tenido desde hace muchas décadas una actividad muy prolífera a nivel aeroespacial en varios de los segmentos que trata la actividad espacial. Esa historia, en el año 23, tres años casi, la Argentina firmó con la NASA el convenio Artemis, Artemis II particularmente, por lo cual, con otros casi cincuenta y algo de países, se forma parte de esta misión, de alguna manera, que lidera la NASA.
A partir de ese momento, la NASA invitó a presentar proyectos para aprovechar este cohete, el SLS, llamado así, que va hacia la Luna con tripulación humana, para elevar una carga útil: proyectos para que los países que firmaron este convenio presenten como carga útil a este cohete.
La Argentina y varios países presentaron proyectos; en un momento la NASA tenía catorce, terminamos cinco proyectos y, finalmente, hubo cuatro que terminaron siendo los aceptados. De hecho, el cohete lleva toda una sección donde hay como slots, digamos, ranuras donde van estos microsatélites y ahí hay mucha “basura”, porque justamente no todos pudieron calificar para poder estar ahí.
En resumen, el microsatélite argentino, liderado por la organización CONAE, que es la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, que fue la referente de la NASA para esta presentación de proyectos, se dio vuelta y empezó a evaluar y a consultar distintas instituciones para ver quiénes tenían capacidades y podían, en término, cumplir con presentar un proyecto que la NASA tenía que evaluar.
Ahí formamos parte tres universidades, además de la UBA. Nosotros, Facultad de Ingeniería, participa, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín y otros institutos que formaron parte también, como el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa Ben; cada uno puso una parte y, con el liderazgo de CONAE, se terminó armando un microsatélite realmente en tiempo récord, pero cada uno tenía una historia para llegar a este punto.
La novedad de este microsatélite es que, primero, satélites pequeños en el mundo ya hay muchos volando, en general todos en órbitas bajas, pero este satélite va a volar a 72.000 km de la Tierra. Los satélites que más alto vuelan hoy son los geoestacionarios, que están a 36.000, por lo menos los que están funcionando y conocemos, 36.000 km; este va a estar al doble y eso da la oportunidad de hacer ciertas experiencias que no se han realizado nunca y que son totalmente novedosas.
Una de ellas es medir radiación, por ejemplo. La radiación es un fenómeno que aquí en Tierra lo vivimos de una manera, pero en el espacio exterior tiene mucha implicancia, no solo para un humano, sino fundamentalmente para el hardware, la electrónica, que puede dañarla y afectarla; entonces se va a medir radiación a esas alturas.
Se van a medir los sistemas de posicionamiento global, como GPS. Entonces, la constelación de GPS son satélites que están a 21.000 km de altura; esto va a ser medido a más de tres veces la altura normal y nosotros estamos usando el sistema por debajo de esa constelación.
Se va a probar electrónica. La industria espacial ya tiene mucha madurez y experiencia en realizar dispositivos que nacen para ser usados en el ambiente espacial, pero ya desde hace un tiempo se está probando electrónica terrestre, de algunas industrias, por ejemplo la motriz. Obviamente que hay un proceso también de espacialización, se llama, donde también se la protege, pero se quiere empezar a usar más materiales comerciales. Eso abarata los costos también de las misiones y, fundamentalmente, las comunicaciones.
Pensá que este dispositivo, a 72.000 km, va a haber que comunicarlo, porque el satélite se va a perder y porque en algún momento, en su trayectoria, va a hacer un downlink de la información que va generando y es un desafío hacerlo a esas distancias, con un satélite que está orbitando la Tierra y que es una caja de zapatos, prácticamente, en su tamaño.
Y una pregunta, ya que trasciende al tema del satélite y al proyecto de la Facultad de Ingeniería, que tiene que ver con qué significa tecnológicamente volver a la Luna, tantos años después, tantas décadas después. Se decía en aquella época que un teléfono celular hoy tiene más tecnología de lo que tenía todo el Apolo que alunizó por primera vez.El salto tecnológico que se produjo a lo largo de todas estas décadas hace que una misión hoy a la Luna genere qué podría decirle salto en términos de tecnología.
En principio, decir algo un poco más del contexto político. Creo que en esas épocas, de cuando el hombre llegó a la Luna y cuando orbitó la Luna en varias misiones Apolo, había una Guerra Fría en donde Estados Unidos, a raíz de que Rusia había primereado lanzar satélite, que era el Sputnik en ese momento, algo que le pasaba por arriba de la cabeza volando, y se propusieron que teníamos que también hacer lo mismo e, inclusive, ir a la Luna; y ahí se generó esa carrera aeroespacial.
Hoy, de alguna manera, en contextos en algunas cuestiones similares, pero con nueva tecnología, que es lo que te quería también contestar, que es lo que vos preguntaste, estamos de vuelta en un mundo bipolar y en una "nueva Guerra Fría", por la cual hay una carrera, de vuelta, espacial. Creo que eso es lo que motiva que hoy estemos hablando de vuelta y estemos trabajando, y la humanidad esté trabajando, por lo menos Estados Unidos y algunos países, por el tema de la Luna nuevamente.
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Las cuestiones tecnológicas distintas de esa época a la de hoy son varias. En principio, que a la Luna se la ve como un lugar de recalado, como para desde ahí surgir a otras misiones al espacio. En primer lugar, se conoce más de la Luna, de los minerales que puede tener, algunos minerales raros.
También se habla de la Luna como el establecimiento de un lugar de lanzamiento de satélites para la propia Tierra, o sea, tirarlos desde la Luna a la Tierra. Salir de la Tierra es lo más costoso: son esos primeros, quizás, ocho minutos en donde se va a consumir gran parte de ese cohete que vos ves que tiene 98 metros.
Después, en el resto no hay gravedad; en la Luna hay un sexto de la gravedad que hay en la Tierra, entonces podría ser un buen lugar para lanzar satélites. Y pensá en los negocios que hay hoy, que no había hace cincuenta años o cincuenta y pico de años: desde ya, Elon Musk y toda la constelación de Starlink, que tiene más de 10.000 objetos, y si hay empresas que hablan de un millón de objetos en el espacio.
Entonces, hoy hay un negocio, un nuevo espacio, como también se le va a llamar, de negocios espaciales, desde medicina hasta turismo espacial, que generan expectativas y la Luna puede ser un buen lugar de base para varios de ellos. Y hablando también de otros experimentos, el tema medicinal, el tema biológico, estudiar qué pasa cuando uno tiene gravedad cero, por ejemplo, donde se ha descubierto que ciertos tratamientos médicos dan resultados distintos.
O sea, la tecnología del hombre para llegar a la Luna, básicamente la propulsión y toda esa cuestión, puede ser muy similar, o evidentemente, como vos bien mencionaste, la electrónica y todo lo otro permite el aseguramiento del guiado de la nave y de los controles mucho mejor que hace cincuenta y pico de años, pero hay todo un contexto que es completamente distinto.
Inclusive, y te redondeo con esto, el contexto bélico: todo lo que pasa en la Tierra pasa en el espacio e, inclusive, así como vemos los conflictos que vemos hoy en la Tierra, también se están reproduciendo en el espacio, aunque uno por ahí todavía piense que el espacio es un lugar de cooperación y de hermandad, de alguna forma. Fijate lo que pasó en la Guerra Fría: cuando cayó el muro, cuando cayó la Unión Soviética, el astronauta que estaba en el espacio, cuando bajó, ya no existía más. Y, de alguna forma, creo que estamos en ese nuevo contexto también, más allá de lo tecnológico.
Y, en la última palabra, si me permitís, revalorizar el esfuerzo de la universidad y de las universidades públicas, que hoy estamos enfrentando situaciones de presupuestos, siempre hubo deficiencia, pero hoy extremadamente, básicamente por la renuncia de docentes y del personal no docente, que es clave para sostener el funcionamiento. Y es el momento de decir que muchos de estos proyectos se ponen en riesgo cuando tenemos resultados a nivel internacional con el trabajo de todos los días.