CIENCIA
ARTEMIS II: MISIÓN A LA LUNA

La UBA se suma a Artemis II: el satélite argentino Atenea viajará en la histórica misión tripulada de la NASA a la Luna

La UBA participará en la misión Artemis II de la NASA con el desarrollo del satélite argentino Atenea, un CubeSat que será desplegado en el espacio profundo durante el histórico regreso de astronautas a la órbita lunar tras más de 50 años.

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Artemis II: la UBA se suma a la misión de la NASA que marcará el regreso tripulado a la Luna | NA

La Universidad de Buenos Aires formará parte de uno de los hitos más relevantes de la exploración espacial contemporánea. En el marco de la misión Artemis II de la NASA, la Facultad de Ingeniería de la UBA confirmó su participación en el desarrollo de Atenea, un microsatélite argentino que integrará la expedición tripulada que volverá a orbitar la Luna después de más de cinco décadas.

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El lanzamiento de Artemis II está previsto entre el 1 y el 6 de abril desde Cabo Cañaveral, en Estados Unidos. La misión representa el regreso de astronautas a una trayectoria lunar por primera vez desde la era Apolo, y también abre una ventana inédita para la ciencia y la tecnología argentinas, que lograrán proyectarse en una operación de máxima exigencia técnica y de seguridad.

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La contribución argentina llegará a través de Atenea, un CubeSat de clase 12U, de aproximadamente 30 por 20 por 20 centímetros, que viajará dentro del Orion Stage Adapter junto con otros tres microsatélites. Según lo previsto, esos dispositivos serán desplegados una vez que el módulo se separe de la nave Orion, cerca de cinco horas después del despegue.

La participación de Atenea no es un dato menor. Argentina quedó entre los cuatro países que lograron cumplir con los estrictos requisitos establecidos para incluir una carga útil de este tipo en una misión tripulada de la NASA. El grupo se completa con Corea del Sur, Arabia Saudita y Alemania, un dato que refleja el nivel de exigencia superado por el desarrollo local.

Artemis II y la vuelta de una misión tripulada a la Luna

Artemis II será la primera misión tripulada del programa Artemis con trayectoria alrededor de la Luna. Su importancia excede el plano simbólico: funciona como paso previo para futuras operaciones de alunizaje y para la construcción de capacidades de exploración del espacio profundo.

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En ese esquema, los microsatélites cumplen un rol estratégico. Aunque son dispositivos de menor tamaño que las naves principales, permiten ensayar sistemas, recoger datos y validar componentes en condiciones extremas. Esa lógica es la que ubica a Atenea como una herramienta clave para aportar información útil en futuras misiones.

Desde la Facultad de Ingeniería de la UBA subrayaron que el satélite argentino permitirá validar tecnologías críticas. Esa validación no solo servirá para ampliar capacidades nacionales, sino también para generar datos que podrían resultar de interés para la propia NASA en el marco de programas de exploración más complejos.

Qué es Atenea, el CubeSat argentino que participará de la misión lunar

Atenea es un satélite pequeño diseñado para operar en un entorno espacial mucho más hostil que el de la órbita terrestre baja. Su inclusión en Artemis II implica que podrá poner a prueba instrumentos y subsistemas en condiciones reales de radiación, comunicaciones de largo alcance y navegación más allá de los usos tradicionales de muchos nanosatélites.

La NASA de EE. UU. se prepara para la misión lunar Artemis II. 31032026

Entre sus principales objetivos figura la medición de dosis de radiación en órbitas bajas y profundas. Esa tarea permitirá evaluar blindajes y también analizar el comportamiento de componentes comerciales conocidos como COTS, frecuentemente utilizados en desarrollos espaciales por su disponibilidad y menor costo relativo.

Otra de las funciones centrales será la prueba de fotomultiplicadores de silicio, o SiPMs, dispositivos optoelectrónicos de alta eficiencia con aplicaciones en comunicaciones, sensores y pantallas. La validación de estos componentes en ambiente espacial resulta esencial para determinar su fiabilidad en futuras misiones de mayor complejidad.

Atenea también recopilará datos GPS por encima de la constelación habitual, con el objetivo de optimizar maniobras en órbitas de transferencia geoestacionaria. A eso se suma la validación de enlaces de comunicación de largo alcance, una capacidad indispensable para cualquier programa serio de exploración del espacio profundo.

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En términos técnicos, todas estas operaciones tienen un objetivo convergente: elevar el Nivel de Madurez Tecnológica, conocido como TRL, de subsistemas considerados estratégicos. Dicho de otro modo, pasar de desarrollos promisorios en laboratorio a tecnologías efectivamente probadas en el espacio.

El rol de la UBA en un proyecto estratégico para la ciencia argentina

La participación de la UBA se concretó a través de la Facultad de Ingeniería, especialmente desde los departamentos de Electrónica y Física, con intervención de distintos laboratorios e investigadores. La universidad aportó capacidades de diseño, desarrollo y trabajo experimental, en articulación con otras instituciones del sistema científico nacional.

El proyecto Atenea está liderado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y reúne a un entramado amplio de actores argentinos. Además de la UBA, intervienen el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín y la empresa VENG S.A.

Ese esquema de cooperación muestra que la misión no debe leerse solo como un logro aislado, sino como el resultado de una política de articulación científica y tecnológica. En un campo tan exigente como el espacial, ningún avance relevante depende de una sola institución: requiere redes de trabajo, continuidad y especialización.

Uno de los aspectos más destacados del desarrollo es la fuerte participación estudiantil. De acuerdo con las autoridades de la Facultad, buena parte del equipo que trabajó en las distintas partes del satélite está integrado casi en su totalidad por estudiantes. Ese dato agrega una dimensión formativa de enorme valor: no solo se envía tecnología al espacio, también se forman recursos humanos en un área de frontera.

Ciencia argentina en Cabo Cañaveral

La expectativa por el lanzamiento también tiene una dimensión concreta en el terreno. El profesor Guillermo Salvatierra y Fernando Filippetti, responsable de FIUBA en Atenea y director del proyecto ASTAR, se encuentran en Cabo Cañaveral para participar del operativo previsto para los próximos días. Su presencia allí sintetiza el peso específico que adquirió la contribución argentina en esta etapa de la misión.

Filippetti destacó que uno de los principales objetivos de diseñar y poner en órbita este tipo de satélites es la validación tecnológica. Eso implica probar en condiciones reales tanto los componentes como los recursos y los procedimientos, una instancia decisiva para todo programa espacial que busque escalar en complejidad y confiabilidad.

Además, el antecedente le da aún más dimensión al proyecto. Según explicó, la última vez que intentaron incorporar uno de sus satélites a una misión fue en el año 2000, pero en aquel momento no fue posible. Más de dos décadas después, la oportunidad finalmente se concreta con una misión de impacto mundial.

Por qué la participación argentina en Artemis II es un hecho histórico

La inclusión de Atenea en Artemis II ubica a la Argentina dentro de un grupo muy reducido de países que lograron insertarse en una misión tripulada lunar con una carga tecnológica propia. En términos geopolíticos, científicos y académicos, se trata de una señal de capacidad nacional en un sector donde las barreras de entrada son extremadamente altas.

También se trata de un espaldarazo para la ingeniería argentina. No solo por el desarrollo del satélite en sí, sino por la posibilidad de demostrar que en el país existen equipos con formación y experiencia suficientes para responder a estándares internacionales de seguridad, calidad y desempeño.

El proyecto, además, permite leer la participación argentina desde una doble escala. Por un lado, como aporte concreto a una misión internacional de enorme relevancia. Por otro, como plataforma de crecimiento para futuras iniciativas espaciales nacionales, desde nuevos satélites hasta desarrollos instrumentales y de comunicaciones más ambiciosos.

En tiempos en los que la exploración lunar vuelve a ocupar un lugar central en la agenda global, la presencia de Atenea muestra que la Argentina no solo observa ese proceso desde afuera. También busca construir un lugar propio, con capacidades científicas, universidades públicas y organismos especializados que pueden integrarse a la nueva etapa de la carrera espacial.