La cuestión Malvinas volvió a ocupar un lugar central en la política exterior argentina, en un contexto internacional marcado por una nueva disputa por el Atlántico Sur, los recursos naturales y la proyección antártica. Para Fernando Petrella, diplomático de carrera y exsecretario de Relaciones Exteriores, la estrategia frente al Reino Unido debería priorizar el diálogo, la construcción de confianza y los intereses compartidos antes que la confrontación.
En Modo Fontevecchia, por +Perfil y Radio Perfil (AM 1190), Petrella repasó distintos momentos de la relación bilateral y sostuvo que los períodos de mayor acercamiento con el Reino Unido fueron, paradójicamente, aquellos en los que la Argentina estuvo más cerca de avanzar sobre la cuestión de las islas. Desde los acuerdos de comunicaciones de 1971-72 hasta los entendimientos alcanzados durante los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri, el diplomático destacó el papel de los acuerdos económicos y de cooperación como herramientas para mantener abierta la discusión sobre la soberanía.
Fernando Petrella es un abogado, escribano y también diplomático de carrera que ha consolidado una trayectoria clave en la política exterior del país durante la década de 1990. Ejerció como secretario de Relaciones Exteriores entre 1992 y 1996, durante la presidencia de Carlos Menem. Además, fue representante permanente de la República Argentina ante la ONU en Nueva York entre 1996 y 1999. Es miembro activo y referente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales.
Fernando, muy buenos días. Jorge Fontevecchia lo saluda. Primero me gustaría un balance general desde que el Gobierno colocó el tema de Malvinas en la agenda hasta hoy, su propia evaluación de éxitos y fracasos de la malvinización del Gobierno.
Bueno, déjeme primero que lo felicite por su activismo periodístico. Usted sabe que en los países con instituciones a veces frágiles, el periodismo cumple una gran función y usted hace su contribución a eso.
Muchas gracias.
Ahora, yendo a lo que usted me pregunta, creo que las medidas que está tomando el Gobierno para tratar de impedir que se explote el petróleo, las aguas disputadas, son medidas acertadas, sobre todo aquellas que apuntan a directores, accionistas y proveedores de aquellas empresas que están trabajando ahí. Ahora bien, basado en mi propia experiencia, yo diría que no nos entusiasmemos demasiado, hagamos las cosas con mucho cuidado, consultemos abogados internacionales importantes, no sea cosa que haya un rebote, ¿verdad?, y que tengamos nosotros algún juicio. Pero creo que las medidas son acertadas. Creo que crear un Consejo de Seguridad parecido a lo que tienen Estados Unidos es útil, en la medida que no sea un problema. Un ente burocrático más donde nos empecemos a pelear por quiénes lo integran. Y, por lo demás, me da la impresión de que la Argentina ha pasado a ser un país importante en el Atlántico Sur por la situación geográfica, por la Antártida, por el Tratado Antártico, porque controlamos con los hermanos chilenos los dos pasos oceánicos. O sea que, de ser un país geográficamente marginal durante todo el período de la Guerra Fría, en estos momentos de reconfiguración del sistema internacional, Argentina y Chile, los que estamos en el Atlántico Sur, hemos pasado a ser importantes. O sea que todo lo que pueda hacer el Presidente para fortalecer esa suerte de gravitación nueva, yo creo que está bien.
Fernando, hablábamos recién con Tokatlian y él nos decía que, dado que el Consejo de Seguridad, con un solo veto de algún integrante del Consejo de Seguridad, no hay nadie que pueda ser electo secretario general de las Naciones Unidas, con la malvinización del Gobierno, entre efectos colaterales, generó el hundimiento de la candidatura de Rafael Grossi como secretario general de las Naciones Unidas. Usted, como diplomático de carrera, ¿le parece plausible esta afirmación?
Mire, yo creo que la cuestión es bilateral. El tema Malvinas no se va a resolver en una instancia judicial, en un arbitraje, aplicando el famoso transferencismo que se le ha atribuido en nuestra diplomacia de no discutir las cosas de manera bilateral y llamar a árbitros. Hay libros escritos sobre esa pequeña enfermedad que a veces es nuestra diplomacia. Acá el punto es saber si es más útil pelearse e insultar a los indígenas ingleses y maltratarlos y, con ello, maltratar a los malvineros, o si conviene generar la confianza, tener un acercamiento y ver qué resultados dan. La historia reciente sugiere claramente que cuando hubo períodos de acercamiento y de buena relación con el Reino Unido, las islas casi pasaban a ser nuestras. Eso ocurrió con los acuerdos de comunicaciones de 1971-72, elaborados por el embajador Beltramino, que era diplomático, durante el gobierno de facto de Alejandro Lanusse, y el canciller Luis María de Pablo Pardo. Hasta la guerra, las islas eran de hecho nuestras: dependían para todo de la Argentina. Los isleños no eran ciudadanos británicos, eran kelpers; necesitaban un documento argentino para poder trasladarse en el mundo. Los niños de las islas se educaban y se curaban en la Argentina. Había maestras que en su época enseñaban el español, etcétera. La guerra mandó todo eso para atrás. Cuando viene el gobierno de Carlos Menem, apoyado por Estados Unidos, que promovió en Washington los acuerdos de Madrid sobre el fin del gobierno de Alfonsín, de nuevo se hicieron acuerdos de comunicaciones, de seguridad, de petróleo y de pesca, con cupos perfectamente arreglados con los isleños. Y empezamos, gracias también a las iniciativas del censor que manejaba YPF, a tener una muy buena relación. A punto tal que mi contraparte en el Foreign Office viajó a las islas y le dijo a los isleños que una discusión de soberanía era muy posible en el futuro. Y los isleños que integraban la delegación británica como actores, no como partes en Naciones Unidas, le hicieron cantidad de preguntas a Di Tella sobre cómo sería esa suerte de condominio de las islas. Y bueno, los isleños, cuando el gobierno de Menem empezó a tener dificultades económicas y el gobierno de la Rúa también, se mandaron por su cuenta y dieron licencias de pesca superiores, lo que generó una gran problemática nuestra. Recordemos, señor Fontevecchia, que no hay santos en el sistema internacional, que hay que vigilar los acuerdos que uno hace, dormir al lado del acuerdo, siempre hay que hacer así. Y cuando vino el gobierno de Menem, cuando vino el gobierno de Mauricio Macri, volvimos a tener una muy buena relación, a punto tal que el viceministro de ellos, Duncan, viajó a la Argentina con un enorme comunicado donde, bajo paraguas de soberanía, volvíamos a discutir hidrocarburos, comunicaciones y una cantidad de cosas. Y Theresa May le mandó una carta a Mauricio para también discutir, bajo paraguas, esos temas tan importantes hoy: hidrocarburos y comunicaciones. En fin, todo esto indica que cuando hay buena relación con los británicos, las cosas pueden funcionar. Cuando hacemos lo contrario, maltratamos a los isleños y les negamos cualquier derecho. Es decir, hoy en día, en el siglo que estamos, en el siglo XXI, los derechos individuales ya nadie los discute. O sea que si los isleños decidieron ser británicos, bueno, son británicos como tantos otros que habitan el territorio. Y así lo tenemos que tomar.
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Ah, usted está colocando allí un punto importante. A ver, si yo lo estoy sobreestimando el punto, cuando el actual Gobierno británico dice “los isleños son y serán británicos” y no está diciendo “las islas son y serán británicas”, ¿de alguna manera está...?
No, el Gobierno británico está declarando una realidad. Ahora, las islas son británicas, están administradas por el Gobierno británico, están discutidas. La comunidad internacional sabe que hay una disputa de soberanía ahí. El Gobierno de Estados Unidos, desde la guerra en adelante, ha promovido una negociación para que se resuelva el tema. O sea que indirectamente le está diciendo a los británicos: miren, señores, sus títulos no son correctos. Ahora, Argentina tiene que tomar la iniciativa. Nosotros no deberíamos seguir diciendo que los ingleses no quieren negociar. No, no, no. Los ingleses nos están mirando y nos dicen: a ver qué nos ofrecen. Si usted, que es un periodista importante, se comunicase con la directora del diario del pingüino, del Penguin News, ella le diría —me lo dijo a mí hace unos años—: “Somos parte de Tierra del Fuego, para ustedes, ¿qué nos ofrece Tierra del Fuego?”. Es decir, ¿qué tentación les damos? En la época de Di Tella le dimos pesca, le dimos cupos de pesca. Los barcos del INIDEP estaban inéditos, integrados a veces por malvineros y británicos para ver la masa de pesca que había. Es decir, se hizo una relación de contactos basados en intereses económicos, detrás de los cuales nadie ignoraba que la Argentina tenía intereses políticos importantes. Y de ahí surgió la famosa posición Hong Kong, un estado de soberanía, que creo que es la que el presidente aludió, no sé, en algún discurso, en algún comentario que hizo. Y ahí esa postura solucionaría el problema y el día que la Argentina vuelva a ser lo que era cuando yo ingresé a la Cancillería —usted no había nacido—, bueno, entonces el tema se resolverá fácilmente con la proyección antártica, donde colaboramos con Chile y con el Reino Unido. Y ellos colaboran con nosotros y con los chilenos en la Antártida, donde nosotros tenemos una presencia histórica y de que no hay nada que hacer. Y eso es lo que yo creo que es lo más indiscutible. Así que fíjese usted cómo la búsqueda de confianza, el diálogo y, basado también en incentivos económicos, ayuda a que esto se resuelva de manera pacífica.
Fernando, le agradezco mucho. Le mandamos un fuerte abrazo y valoramos su aporte. Muy gentil.
Le agradezco a usted y lo felicito de nuevo por su activismo periodístico. Un abrazo enorme.
Muchísimas gracias.
LMM / EM