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MODO FONTEVECCHIA
La protesta estudiantil en Francia

Francia: similitudes y diferencias entre el estallido estudiantil actual y Mayo del 68

Marcelo Wesfreid analizó las protestas estudiantiles en Francia y las comparó con el Mayo del 68: “Es un movimiento que reivindica, en realidad, otro tipo de sociedad”.

Marcelo Wesfreid
Marcelo Wesfreid | Captura

Las protestas estudiantiles que atraviesan Francia volvieron a poner en el centro de la escena el malestar de una juventud que reclama mejores condiciones para estudiar y un horizonte de futuro. A diferencia de otros conflictos sociales recientes, el movimiento no nació a partir de una ley o de un recorte presupuestario específico, sino que comenzó en un colegio secundario de Créteil, en el este de París, y rápidamente se extendió a otros establecimientos, con episodios de violencia que sorprendieron al gobierno de Emmanuel Macron.

En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190)), el periodista francés Marcelo Wesfreid, director adjunto de la redacción de Politico Europe en Francia, analizó las similitudes entre este estallido y el Mayo del 68, cuando una protesta estudiantil derivó en un movimiento que luego incorporó a la clase obrera y se extendió a distintos sectores de la sociedad. Según explicó, detrás de las manifestaciones actuales aparece un malestar más profundo, vinculado con la falta de perspectivas para los jóvenes, el cambio climático, la inteligencia artificial y una sensación de incertidumbre sobre el futuro.

Marcelo Wesfreid es un reconocido periodista francés, autor y analista político. Actualmente se desempeña como director adjunto de la redacción de Politico Europe en Francia.

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Marcelo, muy buenos días. Jorge Fontevecchia los saluda. Hablamos con el vicerrector de la universidad más importante de la Argentina, la Universidad de Buenos Aires, la UBA, sobre los problemas de recorte con la educación que hay en la Argentina, que el presidente Milei ha producido. El Congreso ha construido una ley aumentando los recursos, el presidente la vetó. El Congreso luego, con dos tercios, logró que la ley tuviese valor. El presidente no la cumplió, la Corte Suprema ordenó que la cumpla y ahí estamos en un tira y afloje que hasta ahora ha generado tres años de marchas siempre pacíficas, enormes marchas a favor de la educación pública, pero pacíficas. Mientras que en Francia vemos que una situación similar, aunque en los colegios secundarios, produjo manifestaciones muy, muy violentas. Siempre se dice que Argentina es el país más francés de Sudamérica, en el sentido de que tiene una población insumisa y combativa, y que el espacio público generalmente está politizado. ¿Por qué en Francia se llega a la violencia y no hay otras formas de llevar adelante la discusión sobre la reducción del presupuesto para la educación pública y una visión general de lo que está sucediendo allí, según usted?

Bueno, primero, el fenómeno no es solamente actual. Si uno mira esos últimos diez años, ya van varios fenómenos, eventos, que desarrollaron manifestaciones muy violentas. Tuvimos en Francia, en 2018-2019, lo que llamamos les gilets jaunes, que fueron movimientos espontáneos, violentos. Tuvimos otros en los suburbios de Francia hace un par de años. Y ahora tenemos ese movimiento. Hay que darse cuenta de que hay muchos heridos. Hay más de 5.000 estudiantes o jóvenes que tuvieron problemas con la policía, que estuvieron arrestados y todo. Es un movimiento que, la verdad, es muy violento, pero que hay que entenderlo en un marco histórico un poco más largo Hay un momento en que la sociedad francesa tiene unas heridas internas de las que le cuesta salir adelante sin entrar en esos momentos de conflictualidad importante.

Claro, vemos el tema de los chalecos amarillos. Se suma una protesta sobre la otra y, al mismo tiempo, un cambio político en un futuro cercano con las elecciones. ¿Hay una explicación a esa actitud insumisa de Francia distinta de otros países? Por ejemplo, cuando hablábamos con expertos en Irlanda, cuando Irlanda hizo su famoso ajuste, no había protestas en Irlanda. Recién a los dos o tres años aparecieron algunas pequeñas. ¿Qué hace a esas heridas de Francia que estén siempre a flor de piel?

Bueno, primero, si volvemos a lo que está pasando con los estudiantes, no hubo una ley especial que desencadenó esa violencia. No hubo un corte de presupuesto que inició esas protestas. Todo empezó el 17 de septiembre, en un colegio secundario de Créteil, que es un suburbio en el este de París, donde faltaban profesores. Y de ahí empezaron unas manifestaciones locales que poco a poco se fueron desarrollando. Después de una semana ya había 30 colegios secundarios parados y ahora es una gran mayoría de los colegios que están con esos movimientos. Nadie lo esperaba en los colegios. Todo el mundo, y especialmente el poder francés, pensaba que iba a haber problemas sociales a raíz del precio de la nafta, que subió mucho con la inflación, la guerra en Ucrania y problemas en el Medio Oriente. Pero nadie había anticipado un problema vinculado a la juventud francesa. Y, de hecho, cuando uno escucha las reivindicaciones, son muy variadas. La gente no dice: “Sáquenme una ley, abandonen una ley”, porque no hay una ley específica que sea parte del debate. Hay gente que dice: “Queremos mejores clases, mejores condiciones para trabajar, para estudiar”. Otros dicen: “Queremos tener posibilidad de ir a las universidades que queremos”. Otros hablan del problema de los profesores: faltan profesores. Otros hablan del problema político en Palestina. Otros hablan del problema del clima. Es muy heteróclito. Y es un problema para el primer ministro y su gobierno, porque no saben exactamente cómo contestar a una protesta que es muy difícil de entender en cuanto a la reivindicación principal. Y, de hecho, el primer ministro va a hablar dentro de una hora y media por la televisión y vamos a ver qué anuncio va a hacer. Pero es difícil porque se ve que el problema es más profundo. Puede ser que sea el problema de la falta de perspectiva para esta juventud. Porque con la inteligencia artificial se sabe que vamos a tener menos empleos. También hay el problema del clima, que hay como un pesimismo acá muy fuerte. Y estamos en... se termina el mandato del presidente Macron. El poder está con menos herramientas para iniciar políticas. Y se habla mucho acá. El tema número uno de la política francesa es el tema de la jubilación. En Francia no hay problemas para financiar esa jubilación y toda la campaña electoral para presidente, que ya empezó, es sobre el tema de qué tipo de reforma cada candidato va a defender. Pero de juventud nadie habla. Y, de repente, estalló este movimiento como una manera de decir: “No. Acá, nosotros, jóvenes, acá estamos. También tenemos reivindicaciones. Queremos un mejor futuro”.

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Disculpe. No sé si es una interpretación muy correcta, pero parece más una angustia existencial, al Mayo francés, que una reivindicación concreta. Cuando usted dice crisis de perspectiva, el cambio climático, algo que incluso no podría solucionar ningún jefe de gobierno de Francia solo, porque es un problema global. O sea, Francia representa, como en el 68 representó, como la Revolución Francesa representó en el siglo XVII, de alguna manera, el malestar de la cultura en Occidente.

No sé si se puede generalizar, pero lo que sí es cierto es que ese movimiento tiene algo que ver con el de Mayo del 68. Este empieza porque hay un problema en Nantes, otra ciudad del suburbio, esa vez en el oeste de París. Hay un problema entre los chicos y las chicas de una universidad que no se pueden juntar. Bueno, empieza con un problema así, menor, y se vuelve un movimiento estudiantil, luego de la clase obrera, luego general. Puede ser que estemos en algo así, porque por ahora son los jóvenes de los colegios, pero los estudiantes ya se están juntando al movimiento. Y lo que vamos a ver es, por ahora no está claro si se queda en ese perímetro o si van a ir más allá. Los sindicatos quieren manifestar a principios de noviembre, pero vamos a ver si se juntan las luchas. Lo que por ahora no se vio es principalmente un movimiento estudiantil y de jóvenes, pero lo que es cierto es que es un movimiento que reivindica, en realidad, otro tipo de sociedad. Es vinculado al sentido, es vinculado a cosas que no son solamente materiales. Y es, lo repito, un problema muy grande para Macron, que si fuera un problema de una ley, uno la saca o la cambia, pero no hay ley, no había nuevas reformas. Por eso el gobierno realmente no se esperaba ningún tipo de manifestación así, de ese tipo, y fue una sorpresa. Y lo repito, acá estamos en campaña electoral y el problema era el problema de la nafta, de los impuestos, de las jubilaciones. Nadie hablaba del problema de la juventud.

Cuando fue el Mayo del 68, el disparador fue que se juntaron los obreros con estudiantes. Usted nos estaba marcando que todavía no existe esa combinación, pero la ve plausible. Y mi pregunta es: hay elecciones en Francia y Marine Le Pen tendría la posibilidad nuevamente de ser candidata competitiva. En todo el mundo vemos un corrimiento a la derecha. Hay un autor argentino que escribió un libro célebre de la emergencia de Milei que era “La rebeldía se volvió de derecha”. Esa rebeldía actual de los estudiantes, ¿es una rebeldía que tiene alguna orientación ideológica progresista, como fuera la del 68, o puede terminar en una rebeldía de derecha, como ha venido haciendo últimamente en América Latina?

Ese movimiento tiene mucho... Está muy respaldado por la izquierda. De hecho, todos los diputados de ese movimiento político están en la calle, están en los liceos. Y parte de la juventud francesa vota por la extrema izquierda. Es realmente, sociológicamente, una población que apoya a Jean-Luc Mélenchon. Lo que pasa es que las imágenes de violencia, la extensión de violencia en París o en las ciudades, eso, en la población que no está manifestando, acarrea como un movimiento de “piden orden”. Hay gente que quiere que se paren esas marchas, que haya como una respuesta más fuerte, que haya un Estado más vertical. Y eso le va a dar energía y votos al Frente Nacional. Lo que está pasando en Francia es una polarización política entre ese movimiento, apoyado por la extrema izquierda; un poder centrista, vamos a decir, que no sabe cómo manejarlo; y una extrema derecha que está diciendo: bueno, cuando ya vieron que el poder de Macron es un fracaso, vieron lo que hace la extrema izquierda, voten por Marine Le Pen. Ese es el esquema general.

Aquí la producción nos informa que se está por anunciar por parte del gobierno francés algo así como que “el que rompe, paga”. No sé si usted ha informado de eso y por qué significaría “el que rompe, paga” como respuesta a lo que están haciendo los estudiantes.

Es una ley que ya está en discusión en el Parlamento. De hecho, tenía que examinarla el Senado. No tiene nada que ver con lo que está pasando, pero a raíz de los movimientos estudiantiles, el gobierno decidió avanzar el examen de ese texto en el Senado para tener una respuesta como un poco más policial, no sé cómo se puede decir, a los movimientos violentos. ¿Qué dice esa ley? Esa ley dice que si uno rompe algo, si uno está en un grupo donde gente está rompiendo, no sé, una estación de ómnibus o no sé qué, uno es también responsable. Ahora la ley dice que es responsable penalmente el que rompió una vidriera, el que empujó a un policía. Pero no es responsable penalmente el que es parte del grupo y no hizo nada, y miró. La ley que ha sorprendido, así se llama, está pensada para crear una forma de responsabilidad colectiva. Yo estoy en un grupo, no hago nada, pero estoy con el tipo que está empujando a un policía: soy responsable también. Es una forma de adaptarse a grupos muy móviles que están en las manifestaciones y que vienen, atacan, se van. Es una respuesta policial, pero la quiere usar el gobierno para decir también a los estudiantes, poner la presión, diciendo que, bueno, si rompen cosas, no es solo responsable el que lo hace, sino el que estaba al lado y no dijo nada.

Marcelo Wesfreid, muchísimas gracias. Fue muy clara, muy interesante la conversación con usted y le decíamos lo mejor a Francia, a los estudiantes franceses. Muchísimas gracias.

Gracias.

LMM