Guido Lapa, economista y docente de la Universidad de Buenos Aires, aseguró que “el mercado no confía en Argentina para prestarnos a tasa baja” y cuestionó la lógica de improvisación de la política financiera del gobierno de Javier Milei. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), analizó la reciente operación del ministro de Economía, Luis Caputo, para pagarle a los bonistas la deuda que vence este viernes y advirtió que el actual esquema cambiario y de endeudamiento es insostenible en el mediano plazo.
Guido Lapa es un economista que posee una maestría en Finanzas. Se desempeña como docente en la Universidad de Buenos Aires. Se especializa en historia económica, política económica argentina, inflación y salarios. Además, escribe columnas y comparte análisis en diversos medios de comunicación.
¿Cuál es tu balance del día respecto de la operación financiera de ayer, que hizo Luis Caputo, el Messi de las finanzas, que siempre consigue, del fondo de la olla, sacar algún crédito para no entrar en default. ¿Cuán exitoso fue esta vez el mago de las finanzas para salvar la derrota en el último minuto?
La clave está en lo último que dijiste. El Gobierno tiene la pretensión de hacernos creer todo el tiempo que su accionar fue planeado. Tienen esa frase de cabecera de que "todo marcha de acuerdo a lo planeado" y de que las distintas carambolas, los distintos conejos que van sacando de la galera, estaban premeditados. Yo creo que la realidad demuestra todo lo contrario. Y si uno mira cómo evolucionaron las distintas acciones de la Argentina, y se podría también incluir los bonos de la Argentina durante el último período, está claro que el mercado no está viendo con buenos ojos, o no está viendo un sendero de certidumbre y un sendero de consistencia del modelo económico.
Recién ayer, miércoles, se anunció cuál iba a ser la fuente de los dólares para pagar un vencimiento de deuda que es el día de mañana. Es muy atípico que a 48 horas de un vencimiento que la Argentina sabe desde 2020 que va a tener el 9 de enero de este año 2026, todavía no sepamos con qué dólares se iba a pagar. Entonces, si todo termina siendo tan sobre la línea, si todo termina siendo tan en el fleje, si todo termina siendo tan a último minuto, está claro que estamos en presencia de una improvisación de un gobierno de Estados Unidos que le había prometido en un momento, o había seducido a la Argentina con que le iba a facilitar un préstamo de bancos internacionales por 20.000 millones de dólares.
Eso finalmente no ocurrió porque los bancos pedían garantías que el gobierno de Estados Unidos no estaba dispuesto a otorgar. Y, en ese sentido, termina el Gobierno, a último momento, sacando la pelota de la línea, consiguiendo este préstamo de 3.000 millones de dólares. Es un préstamo contra una garantía de fondos también en dólares que pone el Banco Central y que es a una tasa de 7 puntos y medio, que es una tasa relativamente elevada. Es cierto que es la más baja de las tres emisiones de repos que hizo el gobierno de Javier Milei a lo largo de su mandato, pero es una tasa de muy corto plazo. El mercado no confía en Argentina para prestarnos a tasa baja.
¿Cómo sigue? Porque los vencimientos que tiene la Argentina de acá hasta el fin del mandato de Javier Milei son muy exigentes. ¿Cuál es tu prospectiva de si siempre va a terminar pudiendo sacar un conejo de la galera o si un día se le van a agotar?
Creo que, por un lado, hasta el propio (Domingo) Cavallo, un referente del liberalismo argentino, les viene avisando en sus publicaciones que los conejos se agotan. Y los conejos no solamente se agotan, sino que cuando uno depende siempre de sacar algún conejo, de sacar alguna carambola, terminan saliendo muy caras. Entonces, por un lado, yo creo que esto no es un barril sin fondo y en un momento se acaba.
No nos olvidemos que a lo largo de este gobierno hubo un blanqueo que fue muy exitoso y, sin embargo, los dólares no están más a disposición del Gobierno para pagar deuda o para otro fin más noble. También hubo un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, muy cuantioso, y esos dólares tampoco están. También terminó dependiendo del salvataje de Scott Bessent para poder llegar a la elección y hacer una buena elección como hizo en octubre. Todos esos han sido conejos. Este tercer repo del que estamos hablando hoy también lo es. Entonces, indudablemente de esta manera no se puede seguir.
¿A qué apunta el Gobierno? A bajar el riesgo país y poder volver a endeudarse por la vía tradicional en el mercado, emitir nueva deuda. Lo que pasa es que hoy por hoy el riesgo país sigue siendo muy elevado. Argentina es uno de los países con mayor riesgo país de América Latina. ¿Y qué le exige el mercado que el gobierno no está diciendo? Principalmente, hay un consenso que tiene que ver con comprar reservas. Para poder comprar reservas el Gobierno tiene que estar dispuesto a convalidar seguramente un tipo de cambio más alto.
Hay algo del atraso cambiario que es muy evidente cuando uno ve lo que es el turismo emisivo en la Argentina versus el turismo receptivo, lo que están aumentando las importaciones versus lo que se están achicando las exportaciones, si sacamos Vaca Muerta del mapa, y uno ve la balanza comercial en la Argentina. Es claro que el tipo de cambio que quiere el Gobierno para poder contener la inflación a raya es distinto del tipo de cambio que necesita el mismo Gobierno para poder acumular reservas, para poder bajar el riesgo país y para poder volver al mercado internacional. Entonces, ahí yo veo una fricción. Veo una tensión que no tengo claridad de qué manera se va a resolver.
Honestamente, no quiero hacer futurología barata, pero sí estoy seguro de que el gobierno tiene una dependencia muy fuerte con los Estados Unidos, y con unos Estados Unidos que indudablemente están jugando partidas múltiples. Justo coincidió que las elecciones argentinas se dieron en un momento en donde la Argentina fue trending topic en Estados Unidos, se hablaba de la Argentina en los medios y se le dio mucha relevancia a la situación de nuestro país. Pero indudablemente yo creo que, en la medida en que toda la situación geopolítica se va tensando de una manera tan acelerada, Argentina corre el riesgo de dejar de tener ese teléfono rojo y dejar de tener la atención y el favor de Estados Unidos para un futuro escenario de estrés.
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¿No le aconsejarías a nadie endeudarse en dólares? Así planteado, parece que la única forma que Argentina va a tener de poder volver a los mercados y no depender del teléfono rojo que se lo atiendan en Washington es haciéndole caso al mercado, que es acumulando reservas. Para lo cual, al acumular reservas, va a haber que convalidar un dólar más alto.
Sí, eso si el Gobierno actúa con pericia, que no tenemos garantía de que vaya a ocurrir.
En un período de dos años, más tarde o más temprano, no vas a poder sacar conejos. Hay 20.000 millones de dólares de conejos que habría que sacar para que Milei pueda sobrevivir. Más tarde o más temprano va a tener que aceptar un dólar más alto.
Yo creo que es insostenible este tipo de cambio, eso indudablemente. Pero, si alguien se tiene que endeudar, como un empresario o un comercio, es muy compleja la situación porque el mercado de pesos también lo han destruido. Uno mira la caución, que tiene una importancia muy grande para las industrias y para las empresas en la Argentina, y está con una volatilidad que no es sana tampoco. Entonces, hay que ver qué tipo de herramientas pueden tener tanto los individuos como las compañías a la hora de pensar en endeudarse.
Tenemos una Argentina con un nivel de actividad muy bajo, con un nivel de consumo muy bajo, con ingresos y salarios que están perdiendo contra la inflación, con una inflación que, si estamos hablando de que el nuevo régimen de bandas probablemente vaya indexándose al calor de la inflación pasada, puede que eso se traslade también a los precios. Entonces, yo soy bastante cauto y bastante pesimista respecto del futuro de la economía argentina en términos de actividad, de empleo y de salario. No sé si el Gobierno está pensando en esas variables a la hora de modelar su segunda mitad de mandato. Si uno mira el presupuesto que presentó y que se aprobó en el Congreso, no son temas que estén como prioridades para el Gobierno nacional.
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