MODO FONTEVECCHIA
A 50 AÑOS DE SU MUERTE

Jorge García Cuerva: "Mugica decía que un analfabeto es un espíritu subalimentado"

El arzobispo de Buenos Aires reivindicó al padre Carlos Mugica a 50 años de su fallecimiento y sostuvo que hay que evitar miradas anacrónicas sobre su legado. "Me parece interesante tomar lo que tiene que ver con aquellos valores que permanecen: el compromiso, la solidaridad y la búsqueda de la paz", indicó.

Jorge García Cuerva
Jorge García Cuerva | Captura de YouTube

El ex obispo de Río Gallegos, Jorge García Cuerva, criticó la persistencia de la injusticia social y ejemplificó con el problema del acceso a la vivienda y la disparidad económica. "Fuimos degradando nuestro propio país entre todos", admitió en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) y Radio Amadeus (FM 91.1). Por otro lado se mostró esperanzado con la visita del Papa Francisco al país: "El pueblo necesita el encuentro con su pastor y estoy seguro que a él le va hacer muy bien". 

Jorge García Cuerva es abogado, teólogo, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina. Había sido previamente obispo de Río Gallegos en el año 2019 y obispo auxiliar de Lomas de Zamora en el año 2017. 

Este sábado se conmemoró el 50 aniversario del asesinato del padre Carlos Mugica, reconocido por ser el primer cura villero y el fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM). Se dice que murió a manos de la AAA, aunque hay quienes sostienen que fue, por el contrario, a manos de Montoneros. ¿Qué vigencia tiene hoy su figura a medio siglo de su muerte? 

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Creo que la figura del padre Carlos Mugica no deja de interpelarnos a todos, fundamentalmente por lo que significa para nosotros los cristianos. Es un sardote que, como ya he dicho en alguna ocasión, su sangre derramada y su asesinato fue consecuencia de un modo de vivir, fundamentalmente con el compromiso con el Evangelio, con el compromiso con los más pobres. 

No sólo él, sino también, en el contexto que significaba la iglesia después del Concilio Vaticano II, iluminada fundamentalmente por el documento Popular Progreso del Papa Pablo VI, que justamente yo ayer citaba fuertemente. Incluso Mugica decía que un analfabeto es un espíritu subalimentado. Entonces, ya planteaba hace más de 50 años lo que significa no tener una educación de calidad y no permitir que los más pobres sean protagonistas de su destino, sino finalmente rehenes de los gobiernos de turno por un bolsón de comida o por una promesa electoral. 

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En ese contexto, el Padre Mugica es un referente más, seguramente el más importante, en el sentido que tuvo también una gran dimensión y proyección mediática de lo que quería en ese momento la Iglesia, que era jugarse por los más pobres en un momento terriblemente violento, de mucha convulsión política y social. 

Nosotros tenemos que, por un lado, evitar miradas anacrónicas, es decir, con categorías de hoy, analizar lo que pasó ayer. Pero, al mismo tiempo me parece que es interesante la posibilidad de tomar lo que tiene que ver con aquellos valores que permanecen: el compromiso, la solidaridad, la búsqueda de la paz. El sentido de que la violencia nunca es el camino y que tenemos que siempre estar cerca de los más pobres, porque fundamentalmente son ellos los que más sufren en el contexto actual.

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En ese momento vos tenías sólo 6 años. El 1 de julio se cumplen, además, 50 años de la muerte de Juan Domingo Perón. ¿Hoy qué vigencia tiene la idea de justicia social, especialmente para la Iglesia?

En realidad, hay algunos valores que trascienden no solamente las épocas, sino también propiamente a la Iglesia. Para nosotros, hablar de justicia social es que cada uno de nosotros pueda realmente ser protagonista de su propia vida, donde pueda tener una educación de calidad, poder ser alguien que trabaja, que estudia, que decide, que tiene derechos y, por supuesto, obligaciones.

Fundamentalmente que no haya gente excluida ni descartable, sino que verdaderamente todos tengamos oportunidades. Hace 50 años que la calidad de vida de los argentinos se ha degradado enormemente. Pensar tan solo que, en 1975, el 4% era el índice de pobreza y, finalmente, después de que gobernaron todos, hoy estamos hablando de índices de pobreza por arriba del 45%.

Evidentemente, la justicia social clama al cielo en el sentido de que la calidad de vida de los argentinos se ha degradado enormemente. Y ahí puse también, en esa homilía de ayer, el ejemplo Carlos Mugica cuando dice: “Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas de las que yo me puedo ir y ellos no”. 

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Yo agrego que, desde hace años, estamos acostumbrados a soportar la podredumbre de la inflación, que es el impuesto de los pobres, y aguantamos el tufillo de dirigentes rápidamente muy ricos y gente trabajadora siempre muy pobre. Nos hemos acostumbrado a que esto pase y esto no está bien. 

No está bueno que la mayoría de los jóvenes que quieren tratar de tener un departamentito para formar su vida no lo puedan hacer. El alquiler es algo inalcanzable y, de repente, uno ve que otros tienen demasiadas propiedades fácilmente. Entonces, me parece que, vuelvo sobre tu pregunta, la justicia social tiene que ver con una calidad de vida donde todos realmente tengan oportunidades. Y como siempre digo, la educación es la clave.

Este fin de semana, Cristina Kirchner, en un acto sobre el padre Mugica, dijo que estamos atravesando un momento inédito de individualismo. Obviamente que este individualismo tiene que ver con la filosofía libertaria. ¿Qué rol debe asumir la Iglesia católica para combatir ese individualismo, si es que le corresponde hacerlo?

Vivimos un individualismo desde hace mucho tiempo, vivimos en el famoso “sálvese quien pueda". A mí me cuesta hacer diagnósticos sociales que solamente pongan el acento en lo que sucede en los últimos meses. Vuelvo a insistir, creo que nos tenemos que hacer cargo desde distintos lugares, tanto la dirigencia empresarial como la religiosa y política, de que, desgraciadamente, por no tener una mirada y una conciencia social, fuimos degradando nuestro propio país entre todos.

Cristina Kirchner durante el acto por Carlos Mugica, en el Instituto Patria.
Cristina Kirchner durante el acto por Carlos Mugica, en el Instituto Patria.

Entonces, en ese sentido, yo prefiero no hacer análisis que se refieren solamente a estos últimos meses. Por ejemplo, en la homilía de ayer, en varias ocasiones pongo “desde hace rato” o, en algún otro momento, pongo “fácilmente desde hace 50 años”. Pero, según el medio que tomes, esas partes se las quitan. Creo que es parte también del juego mediático y uno tiene que saber jugarlo. 

Es fundamental la solidaridad y el compromiso. Cuando Jesús, ya hace más de 2 mil años, cuenta la parábola del buen samaritano, habla de aquellos que van en el camino y ven a alguien tirado al borde. Cuenta que algunos pasan, los miran y siguen, y aparece un samaritano que se detiene, que se conmueve y que se ocupa de la persona herida al borde del camino. En realidad, la lectura dice que el que está al borde del camino está medio muerto. Entonces, yo digo que sí está medio muerto quiere decir que también está medio vivo. Tenemos que descubrir en mucha gente que está excluida, que es desechable, que es descartable para la sociedad de hoy, que está media viva y que es mi hermano. Ese tiene que ser siempre el mensaje de la Iglesia. Es mi hermano aquel que sufre. No es un objeto, es una persona que, desgraciadamente, en el sistema ha quedado afuera y yo me tengo que preocupar y ocupar.

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Vos mencionaste que en 1974 había un 4% de pobres y, agrego, fue el último año que el país registraba un PBI similar al de Australia y Canadá, y superior al de Corea del Sur, además de tener un desempleo de un dígito. Hay quienes dicen que el punto de inflexión, que fue en 1975, simplemente mide el momento en que se tuerce la historia del crecimiento argentino, pero que las causas pudieron haberse originado antes y recién eclosionaron ese año. Lo cierto es que a lo largo de este medio siglo hemos probado todo tipo de modelos económicos y políticos y nadie le encontró la solución. Si tuviera que conjeturar la causa de la causa, la causa originaria, ¿se podría decir que dado que se ha probado todo tipo de políticas económicas y todo tipo de partidos políticos, incluso de sistemas autoritarios, el problema de fondo es que no nos ponemos de acuerdo unos con otros y nos vamos de un extremo al otro todo el tiempo?

Algo de eso hay. Ni es mi especialidad ni me atrevería a dar opiniones en términos de planes económicos posibles para la Argentina. Eso sí, creo que lo que vos decís es real en este sentido: los argentinos parecería que tenemos en nuestro ADN una obsesión por el enfrentamiento, por el construir sin los otros, por creer en algún momento aquello de Mao, de cuanto peor, mejor. 

Por eso creo que hay valores del Evangelio que van más allá y que son los que, como Iglesia, tenemos la responsabilidad de predicar y de tratar de vivir. Que es esto de la solidaridad, de los acuerdos, de los consensos, la cultura del encuentro de la que tanto habla nuestro Papa Francisco.

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Justamente, ayer hubo un mensaje muy lindo del Papa, en conmemoración de los 50 años de la muerte de Mugica, en donde decía esto de poder terminar con la grieta, pero no por silencios cómplices, sino porque nos miramos a los ojos y nos descubrimos hermanos. 

La ausencia de la cultura del encuentro, el constante enfrentamiento entre nosotros, la descalificación, el creer que yo tengo la verdad y el otro es el culpable de todo, el tener una clase dirigente que debe hacerse también responsable en mucho de lo que le pasa a la Argentina. Creo que es un poco todo eso lo que nos lleva a esta situación.

El Pacto de Mayo en el horizonte

Claudio Mardones (CM): La homilía que usted brindó ayer en un Luna Park casi colmado, tuvo una gran expectativa en el cierre de una jornada que conmemoraba los 50 años de la muerte de Mugica a manos de la Triple A. Uno de los puntos fue precisamente concentrarse en que 7 de cada 10 niños en la Argentina son pobres y que hay muchos interrogantes sobre el Pacto de Mayo. Sin embargo, nosotros pudimos reconstruir que, cuando Milei recibió a la Conferencia Episcopal Argentina, hubo intereses para poder acercar algún aporte en materia educativa y la respuesta del presidente fue que no, que es todo estrictamente económico ¿Con qué expectativas llega en este momento usted, el arzobispado y quienes estuvieron ayer en el Luna Park a este pacto del 25 de mayo?

Sí, es verdad que, concretamente, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal planteó la posibilidad de ampliar este acuerdo de mayo con algunas otras temáticas que puedan ser políticas públicas, fundamentalmente en la que tenga que ver con la atención de los más pobres en el contexto actual y también en la educación.

Nos parecía que esto era fundamental pero el presidente consideró que no, que el pacto tenía que ver más con cuestiones exclusivamente económicas. Si bien reconozco que en los últimos días he podido leer noticias que comentaron que habría algún intento de ampliar el Pacto de Mayo. Entonces, esa es mi expectativa, que ojalá se pueda ampliar. 

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Justamente me confirmaron que el tradicional tedeum del 25 de mayo se va a realizar aquí en Buenos Aires y luego Milei va a partir hacia Córdoba. Allí habrá un mensaje hacia todos. Algunos acentuarán en una frase y quedaré como opositor, otros lo harán en otra frase y quedaré como oficialista, pero es el famoso tema de la grieta. 

Lo que sí veo como positivo es que se hable de un acuerdo, eso ya es importante y, junto con la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, seguiremos planteando que es interesante la posibilidad de pensar en ampliar los contenidos del acuerdo, y la educación, en esto, es clave.

Expectativas por la posible visita del Papa

El 2025 es el año del jubileo, el viernes participé  en una conferencia de cuatro países (Inglaterra, México, Argentina e Italia) sobre la relación del Papa y los medios de comunicación. ¿Cuál es tu propia expectativa respecto a que el Papa pueda venir antes de fin de año o principio del próximo?

Siempre la expectativa es grande. Siempre le planteamos a Francisco que su pueblo lo espera, que es una consigna muy propia en este tiempo de los hogares de Cristo. Justamente en este contexto difícil, con una necesidad de que los argentinos puedan superar la división y la ridiculización del otro porque no piensan como yo, es importante la fraternidad y la cultura del encuentro. Y creo que Francisco es símbolo de todo eso. El pueblo necesita el encuentro con su pastor, y estoy seguro que a él le va a hacer muy bien reencontrarse con su pueblo argentino.

AO FM