La evolución de la economía argentina mantiene abierto el debate sobre el alcance de la recuperación, el desempeño de los distintos sectores productivos y los efectos del modelo sobre el empleo y el consumo. Al respecto, el economista Matías Kulfas plantea, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que crecimiento y desarrollo no son conceptos equivalentes y sostiene que una parte de los votantes interpretó las promesas de Javier Milei como la expectativa de una mejora concreta en sus condiciones de vida.
El economista, académico y exfuncionario, Matías Kulfas, fue subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional entre 2006 y 2008, director del Banco Nación y luego gerente general del Banco Central de la República Argentina entre 2012 y 2013. Sin embargo, ganó mayor notoriedad cuando fue designado ministro de Desarrollo Productivo por el presidente Alberto Fernández, cargo que ocupó entre diciembre de 2019 y junio de 2022. Actualmente dirige Audemus, una consultora especializada en análisis económico, desarrollo productivo y políticas públicas.
Su consultora acaba de publicar un informe sobre el RIGI y, al mismo tiempo, sobre la realidad económica: qué sectores de la economía han mejorado y cuáles han empeorado. Le voy a pedir a la producción que nos coloque en alguna de las pantallas gigantes el gráfico en el que aparecen en rojo las actividades que bajaron.
Ese es el tablero de actividad económica que podemos ver del último año. Cuanto más verde está un casillero, que representa una actividad económica, quiere decir que está creciendo o recuperándose; cuanto más rojo está, significa que se encuentra en una situación de estancamiento o caída.
Lo que podemos ver en este gráfico es que, después de marzo, cuando estaba casi todo en verde, abril vuelve a mostrar un escenario con una mezcla de rojos. En general, todo el cuadro permite observar la heterogeneidad.
Yo discuto mucho esta idea que se ha instalado de que hay una economía a dos velocidades: una que crece mucho y otra que crece más lento. Creo que eso no es así. Hay una economía que está creciendo mucho, que son las actividades primarias, donde están el agro, la energía, que está volando, y la minería, que está empezando a arrancar.
Empresario textil: "Esto está peor que con Macri, y yo lo voté a Milei"
El resto no está creciendo a una velocidad menor; más bien está estancado o en declive, o tiene, como se ve en este cuadro, un mes bueno y un mes malo. Esto me parece que es lo que tenemos que revisar porque, como balance general, la economía muestra que muy pocos sectores empujan el empleo. Y los sectores que históricamente más empleo han generado en Argentina, como la construcción, la industria y el comercio, están mal.
Pero hasta ahí es algo que se viene repitiendo desde hace un año. Todos los economistas lo vienen diciendo. Ahora, cuando uno analiza el gráfico, si mira el mes de abril, claramente ve que no hay verdes y que, por lo tanto, respecto de marzo la situación empeoró. Y si mira marzo, ve que hay muchos verdes y entonces mejoró respecto de febrero. Así, cada mes parece algo un poco esquizofrénico. Pero si observamos el balance de los dos años y medio, tomando la última columna, que es abril, el último mes cerrado, y la comparamos con noviembre de 2023, el último mes del gobierno anterior, vemos muchos más verdes que rojos. Ahora bien, cuando vemos cuáles son los rojos, aparecen en el consumo de alimentos y en los consumos masivos de la vida cotidiana. Obviamente, se pueden elegir las categorías que se quieran para mostrar más verdes o más rojos. Pero la pregunta es: ¿esos rojos no están mostrando el modelo económico de fondo? Independientemente de qué actividades crecen y cuáles no, ¿la población no tiene hoy un nivel de vida inferior?
Ese es el punto. Este es un modelo de crecimiento muy excluyente donde son muy pocas las locomotoras que existen. Yo las valoro. No estoy en contra de que crezcan la minería o la energía; al contrario, soy un ferviente defensor de esas actividades económicas.
El problema es que en esa economía cordillerana vive un porcentaje muy pequeño de la población argentina. Tres cuartas partes de la Argentina están en esa región centro que va desde Buenos Aires hasta Mendoza, pasando por Rosario, Córdoba y otras ciudades. Allí se generan tres cuartas partes del Producto Interno Bruto, vive la mayor parte de la población y esos sectores están viendo pasar ese tren que va por otro lado.
Porque, finalmente, lo que digo es que la minería no depende de un plan económico. Depende de que cambiemos leyes que en el pasado eran restrictivas para la minería y de haber tomado conciencia de que, si los chilenos, que no tenían la Pampa Húmeda, tuvieron que desarrollar la minería porque no les quedaba alternativa, y nosotros no lo hicimos porque teníamos alternativas, ahora ya no las tenemos. Pero supongo que el desarrollo de la minería, como el de la energía, obedece a que están los recursos naturales y a un cambio de políticas orientado a su explotación, más que a una cuestión macroeconómica. Es decir, la estabilidad no tiene nada que ver con el desarrollo de la minería, ni tampoco que exista un dólar barato.
Con este dólar barato, las únicas actividades realmente rentables son las vinculadas a los recursos naturales y a las materias primas, donde no se requiere demasiada elaboración interna. Eso es lo que nos está pasando y por eso esos sectores andan muy bien.
¿Este modelo es excluyente? ¿Para que ande bien Vaca Muerta o para que se desarrolle la minería es necesario que haya un dólar barato?
No, en absoluto. Te digo más: por el contrario, para la minería y la energía sería mejor un dólar un poco más alto. Además, lo que yo veo como economista del desarrollo es que los recursos naturales tienen que ser vistos como una palanca para el desarrollo y no como un fin en sí mismo.
¿Qué quiero decir con esto? En el mundo hay países que se desarrollaron y que son muy ricos en recursos naturales. El ejemplo típico es Noruega. Noruega es el país con mayor desarrollo humano del mundo. Ahora bien, ¿Noruega vive solamente del recurso natural? Tiene, por supuesto, una parte importantísima de sus exportaciones vinculada a eso. Pero detrás hay un enorme entramado de tecnologías, servicios de ingeniería, empleos calificados, investigación y desarrollo que hace que todo el sistema productivo asociado a los hidrocarburos, que son el gran motor del desarrollo noruego, genere empleos de calidad. Esto es lo que este gobierno no entiende por las anteojeras ideológicas que tiene puestas.
Entonces, ¿qué es lo que necesitamos? Una macroeconomía que también acompañe.
Este gobierno cree que para que se desarrollen Vaca Muerta y la minería es necesario que no se desarrollen los otros sectores. Porque, desde esas anteojeras ideológicas, consideran que orientar el desarrollo hacia otros sectores afectaría el crecimiento de Vaca Muerta y de la minería. ¿Esa sería la anteojera?
Yo creo que, en parte, sí.
Porque, obviamente, querrían que se desarrollara la mayor cantidad de actividades.
En el RIGI incorporaron cláusulas que para mí eran absolutamente evitables. Una de ellas es que las empresas incluidas en el régimen, además de contar con estabilidad fiscal —con la que estoy de acuerdo— y acceso a divisas —con lo que también estoy de acuerdo, porque nadie va a invertir 5.000 millones de dólares sin tener asegurado el pago de sus deudas—, reciben además otro beneficio: si importan un insumo que necesitan, ingresan sin pagar aranceles.
En cambio, si una industria argentina ubicada en el conurbano o en Rosario quiere producir para venderle a Vaca Muerta o a la minería y necesita importar un insumo, tiene que pagar aranceles. Eso no equipara las reglas de juego. No favorece la competitividad, sino que genera un beneficio para el inversor del RIGI que importa en detrimento de la producción nacional.
Estas son las cuestiones ideológicas del Gobierno, que además ha sido tremendamente desigual. Piensa que la industria argentina está llena de gente que no quiere competir. Realmente la desconoce por completo. Creo que nunca han ido a una fábrica y no tienen el más mínimo conocimiento de lo que es la industria argentina. De esa manera no la hacen competir: la ponen en inferioridad de condiciones frente al capital que entra por el RIGI.
Frente a eso, yo te diría, defendiendo a Milei —que no es mi fuerte—, que él podría responder: "Está bien, es cierto, señor Kulfas, estoy otorgando un beneficio excesivo, pero necesito tanto que lleguen inversiones para desarrollar más Vaca Muerta y más minería...". Hasta ahí podría tratarse más de un error que de una anteojera ideológica. Ahora me planteo algo más profundo respecto de la matriz económica: ¿era necesario tener un dólar barato para que se desarrollaran la minería y Vaca Muerta?
El dólar barato tiene un objetivo antiinflacionario.
El dólar barato en Argentina, junto con la apertura económica, una combinación muy nociva, siempre se utilizó con el objetivo de reducir la inflación y, en algunos casos, también como mecanismo de contención social.
Termina siempre mal. Termina con aumento del desempleo, problemas en el sector productivo y endeudamiento.
Esto ya pasó con Martínez de Hoz, pasó en los años noventa y ocurrió durante el breve interregno de Macri. Me parece que eso hay que modificarlo.
Puede que no termine mal, ¿no? Porque hay una diferencia respecto de la tablita de Martínez de Hoz o la convertibilidad de Cavallo. Hoy existe un flujo que antes no tenía la Argentina. Vaca Muerta existe ahora; no existía en los años noventa ni en los setenta. Y la importancia de la minería, especialmente del cobre por la electromovilidad, tampoco existía en esas décadas. Entonces podría ocurrir que, desde el punto de vista macroeconómico, resulte sustentable algo que no lo fue durante la convertibilidad o la tablita. ¿La sociedad que surgiría de ese esquema generaría tensiones que la vuelvan políticamente insustentable?
Tengo serias dudas sobre eso. Es cierto que hay un flujo adicional de dólares que representa una oportunidad para la Argentina. Muchas personas lo venimos señalando desde hace tiempo.
Ahora bien, esa es una condición necesaria, pero no suficiente para lograr estabilidad macroeconómica. Dicho de otra manera: si tenés un superávit comercial que pasa de 15.000 a 30.000 o 40.000 millones de dólares, pero quienes tienen capacidad de ahorro —cada vez menos personas— siguen comprando dólares, entonces, en lugar de demandar 30.000 millones como el año pasado, demandarán 40.000 o 50.000 millones.
Lo que necesitás es recrear un circuito de confianza en la economía doméstica, algo que todavía no ocurrió. El Gobierno dice que el problema es el "riesgo kuka", después sostiene que ese riesgo no existe. Ahí empieza a contradecirse. Pero, fundamentalmente, hay algo que debe hacerse de manera simultánea. No podés pensar que primero ordenás la macroeconomía —que, insisto, todavía no está ordenada y mantiene desafíos pendientes— y después te ocupás de la cuestión productiva y social. Si este esquema de estabilización genera daño productivo y problemas de empleo, entonces no es sostenible. No hay verdadera estabilización.
Y agrego algo más. Argentina no es una sociedad sumisa. En otros países, frente a la injusticia social o la exclusión, la sociedad puede acomodarse. Yo no veo a la Argentina de esa manera.
Si uno observa la historia argentina de los últimos cien años, encuentra una sociedad que no tolera indefinidamente la exclusión o la injusticia. Aguantará un tiempo. Creo que le ha dado un voto de confianza a este gobierno.
Ahora miro los datos actuales y las perspectivas hacia adelante, y me resulta difícil imaginar una intención de voto masiva para Milei el año próximo, más allá de su núcleo duro. También observo una oposición que todavía no está organizada y pienso que, aun en este escenario, Milei tiene posibilidades de reelegir.
Pero me parece que, en cuanto la oposición logre organizarse y ofrezca una alternativa mínimamente superadora que, además de estabilidad, proponga un camino de recuperación del empleo y de la producción, el esquema de Milei va a empezar a resquebrajarse.
¿No es interesante dividir esta discusión, esta prospectiva, en dos planos? Uno estrictamente macroeconómico, no ético ni social. Si la sociedad argentina fuera sumisa, si la sociedad argentina lo soportase, ¿este modelo sería sustentable? Porque ni siquiera la dictadura logró sostenerlo con una sociedad a la que no le quedaba otra alternativa que ser sumisa. Entonces hay un plano estrictamente económico y otro plano social. La pregunta es si, con la aparición de Vaca Muerta y la electromovilidad, se crean condiciones para que un gobierno autoritario pueda llevar adelante una batalla cultural en la que convenza a la gente de que tiene que aceptar esa realidad. ¿Es sustentable o no a partir de este nuevo flujo de ingreso de dólares? Vos planteás que no, porque la gente va a comprar más dólares y los beneficiarios van a comprar más dólares. Pero te podría responder: ¿y si dolarizo? ¿No se acaba ahí el problema?
Si dolarizás, que era un poco la idea original de Milei y por algo no lo hizo.
Porque no tenía los dólares, como decía que faltaban. Pero los tiene dentro de dos años. El tipo es reelecto y dentro de dos años los tiene.
Dentro de dos años yo creo que estás siendo un poco optimista. Yo soy más optimista respecto de este tema de la balanza comercial para comienzos de la década que viene. ¿Por qué te digo esto? Proyectos de cobre hay en Argentina. ¿Van a generar 15.000 millones de dólares más? Sí, pero en cinco años.
Desde el día en que Taca Taca, José María y Agua Rica arranquen y digan "ya está, empiezo". Algunos están en ese proceso. Son cuatro o cinco años de construcción e inicio de producción hasta que empiecen a generar un flujo de dólares muy importante. Va a llegar, por eso te digo que esto es más bien para 2030.
Javier Milei recortó un 89% el presupuesto para políticas de género
Algo parecido ocurre con Vaca Muerta, que está creciendo muchísimo. Empezamos a exportar gas licuado.
Yo digo: 2030. Y, nuevamente, es difícil que yo esté defendiendo la política del Gobierno, pero quiero ponerme en la hipótesis del pensamiento crítico. El tipo dice: "Muy bien, en 2030 dolarizo y se acabó el problema". Ahora, creo un gran Perú. Entonces la pregunta pasa a ser otra. Ya no es macroeconómica, sino social.
A nivel macroeconómico es probable que en 2030 tengas todas las condiciones para tener algo parecido.
¿El argentino, por su cultura, es asimilable al de otros países de América Latina que tienen una conformación antropológica distinta a la nuestra y un porcentaje de inmigración menor del que nosotros tenemos? Y ahí me parece que aparece el tema más interesante para un economista del desarrollo como vos: la batalla cultural. Si uno lee al peronismo —yo lo leo desde afuera, como vos sabés—, digo: bueno, el peronismo lo que vino a hacer, quizá de una manera más simple en el caso de Cristina Kirchner, fue empoderar a la sociedad. Decirle: "Usted puede, usted tiene derecho, usted se lo merece, usted debe tenerlo. Si no lo tiene es porque algo funciona mal en la política, no porque haya restricciones". Continuamente se hablaba de empoderar a la gente. La enorme multiplicación del gasto público era resultado de eso. Y vos recordarás que un presidente del Banco Nación durante el gobierno de Macri dijo que convencieron a la gente de que podía tener celular y no recuerdo qué otro electrodoméstico. Entonces, el planteo es convencer a la gente de que puede o de que no puede. La batalla final aquí, y por eso Milei le pone tanto foco, es la batalla cultural. Convencer a la gente de que tiene que aceptar esa realidad de distribución de la renta. ¿Es plausible ese planteo?
No. Pero además, ojo, que Milei no dice eso. Milei lo que está diciendo es que, por este camino, el pueblo argentino va a ser grande y va a tener acceso a un montón de cosas que hoy no tiene.
Del mismo modo que dijo que iba a hacer un ajuste fenomenal, que efectivamente hizo, pero que el efecto iba a recaer sobre la casta, cuando sabemos perfectamente que eso era imposible. La mayor parte del ajuste recayó sobre personas de carne y hueso: profesores, maestros, la obra pública, que genera dificultades enormes en Argentina, y muchas otras cosas que están golpeando al pueblo argentino, no a la supuesta casta.
¿Él habla del pueblo argentino o habla de la Argentina? Dice que la Argentina va a ser grande. No le dice a cada persona: "Vos vas a estar mejor". Le dice que la Argentina va a ser una potencia.
Pero llegó a esos sectores.
Esa es la interpretación que hicieron esos sectores de lo que él dice cuando se refiere a la Argentina de hace cien años: un país grande con una población pobre.
Sí, es una interpretación. Yo creo que el mensaje de Milei, tal como es captado por la gente, no es que va a vivir en la exclusión o que va a tener que arreglarse como pueda.
Creo que la mayor parte de la gente que lo votó, y me parece que hay que respetar ese voto, lo hizo con la expectativa de una Argentina mejor. Con esta idea de: "Yo te voy a sacar el pie del pecho que te pone el Estado y eso va a liberar fuerzas productivas, va a haber inversión y más oportunidades de empleo".
Bueno, nada de eso ocurrió. Si hay un dato que muestra una enorme distancia entre la narrativa del Gobierno y la realidad de los números es la inversión. El Gobierno se llena la boca hablando de flujos de inversión y la inversión viene cayendo hace un año, trimestre tras trimestre.
La construcción está 20% por debajo de los niveles de 2023. Hablo de inversión concreta: fierros, máquinas, edificios nuevos, construcciones residenciales y productivas. Todo eso cae trimestre tras trimestre desde hace un año.
Y lo que hay, sobre todo, son anuncios.
Fijate esto: cada vez que aparece el ministro de Economía o el Presidente hablando de los anuncios del RIGI, dan un número más alto. Cien mil millones, dicen. Pero los proyectos aprobados son muchos menos y los desembolsos reales no llegan ni a 1.000 millones de dólares.
Estamos hablando de números muy por debajo del promedio de la región, de países vecinos como Brasil, Chile, Perú o Costa Rica. Me parece que hay una expectativa formada, una especie de fantasía, que no acompaña a los hechos.
Insisto: lo que tenemos que hacer es ofrecer una alternativa que construya una realidad distinta. Decir: la macroeconomía hay que ordenarla. Este gobierno dio un paso en esa dirección, vamos a reconocerlo, aunque con muchos errores y muchas cosas que no son sostenibles y generan daño. Ahora bien, la economía no puede seguir yendo a los tumbos. No podemos vivir con inflación alta cuando la mayoría de los países vecinos tienen inflación baja desde hace mucho tiempo. Esto implica también repensar cuestiones fiscales, macroeconómicas y el rol del Banco Central. Son temas que durante mucho tiempo fueron tabú en la discusión pública.
Pero, así como creo que el peronismo tiene que ser mucho más cuidadoso y cauteloso en la cuestión macroeconómica, también creo que la oposición tiene que ser mucho más audaz en lo que plantea respecto de la cuestión productiva, tecnológica y del empleo. Porque esto está en discusión en todo el mundo.
Este es el único gobierno del mundo al que este tema no parece importarle.
Los líderes de la extrema derecha, como Donald Trump, Giorgia Meloni o Viktor Orbán, son líderes industrialistas y productivistas. Les preocupa lo que pasa con el empleo.
Nacionalistas.
Nacionalistas.
Milei, en cambio, es universalista.
Es el único personaje que está fuera de esa dinámica y es muy llamativo porque termina generando un esquema que favorece a quienes supuestamente detesta.
El gran ganador de esta etapa en Argentina, lo he dicho muchas veces, es China. Es el país que más aumentó sus exportaciones hacia la Argentina. No fue Estados Unidos.
Y a cambio de nada. Porque, por ejemplo, Luiz Inácio Lula da Silva logró inversiones muy importantes en electromovilidad a partir de negociaciones con China. Argentina, cero en ese sentido.
Es muy interesante. Eliseo Verón decía que el sentido del mensaje lo pone el receptor, no el emisor. Yo creo que Milei dice: "La Argentina va a ser grande", no "vos vas a ser grande". Pero coincido con tu apreciación, que me parece muy aguda: quien lo vota leyó otra cosa de lo que él dice. Él dice una cosa, pero el mensaje es completado por el deseo del receptor. Ahora, ¿no hay un hecho absolutamente objetivo? El ajuste que pudo instrumentar Milei en sus primeros dos años no lo hubiera podido instrumentar Macri. ¿No hay, entonces, un cambio de percepción respecto de que la mayoría de la población acepta que hay que vivir un poco peor, por lo menos durante cierto tiempo, algo que no aceptaba en 2016? ¿No es esta, de algún modo, una batalla cultural? Supongo que trasciende a Milei, pero hay un cambio de percepción respecto de la tolerancia al ajuste en comparación con la que existía hace ocho años. Y eso le permitió pasar a tener superávit fiscal muy rápidamente, algo que Macri nunca hubiera podido hacer. ¿No hay, en definitiva, una aceptación de que hay que sufrir un poco? Probablemente lo que estamos discutiendo acá es por cuánto tiempo y si ese crédito se le está agotando. Pero, ¿no cambió la subjetividad respecto de la idea de que había que gastar menos?
Yo creo que se venía un año muy difícil. 2023 fue un año muy malo para la Argentina, con una suba de la inflación que asustó a mucha gente, y con toda lógica. Hubo meses con tres remarcaciones en un mismo período. Eso realmente fue muy desgastante. Después, me parece que pensar que la gente se enamoró del superávit fiscal es una simplificación absoluta. Yo creo que la gente va a esperar resultados y la mayoría no los está obteniendo, con lo cual creo que ese crédito se va desgastando para el Gobierno.
También creo que la Argentina tiene que salir de esta falsa discusión, alejada de lo que pasa en el mundo, entre la idea previa del Estado presente, que promete mucho y cumple muy poco, esta suerte de Estado de bienestar low cost que hace un montón de cosas, pero con poca calidad y escasa prestación. Pero también hay que escaparse de esta mirada del Estado ausente.
He leído estos días a Milei recomendando el tema de los seguros, esta idea de que el Estado desaparezca y todas las relaciones humanas se hagan con compañías de seguros. Son disparates. Son ideas que pueden servir para un laboratorio o para discutir en algún grupo de estudio que no le haga daño a nadie. Desde el Estado argentino me preocupa que esto aparezca.
Entonces digo: ni una cosa ni la otra. Creo que tenemos que salir de esa discusión binaria e ir hacia la idea de un Estado posible, inteligente, que tenga prioridades, que no quiera desarrollar 80 instituciones o 40 ministerios, sino que diga: "Me centro en seis o siete instituciones clave que sean las que puedan tener capacidades reales para priorizar y poner el foco".
Yo creo que poder tener un buen esquema de obra pública e infraestructura, en algunos casos con el sector privado y en otros con inversión pública, es realmente muy importante. Con una agencia que tenga mucha transparencia y ponga toda la información en tiempo real para que esté sujeta a cualquier tipo de escrutinio público. Una política industrial selectiva por resultados, donde se pueda evaluar año a año y lo que no funcionó se elimine y sea reemplazado por otra cosa.
Que las políticas industriales no sean para siempre, sino que tengan períodos determinados, porque la realidad es cambiante. Hace un tiempo acompañamos, con la Ley de Software y la Economía del Conocimiento, a un sector muy dinámico. Bueno, la ley vence dentro de dos años. Creo que no habría que renovarla; habría que hacer otra cosa hacia el futuro, porque claramente ya es otro el formato de funcionamiento del sector del software con la inteligencia artificial.
Son todas cuestiones que creo que tenemos que volver a discutir y que hablan de esto: de un Estado inteligente, no del ajuste fiscal por sí mismo. Porque, en realidad, lo que hay que decir es que la gran mayoría de los países del mundo tienen déficit fiscal. Lo que pasa es que lo financian colocando deuda en el mercado de capitales a tasas razonables y, entonces, es sostenible.
En la Argentina hoy eso no se puede hacer. Pero lo que quiero decir es que esto no significa que haya que asumir que la Argentina va a tener que vivir en ajuste fiscal permanente.
Lo que tiene que tener, sí, es una política sólida y consistente. Y quizás haya que financiar algo, pero que sea a tasas razonables y sostenibles, y para agrandar la economía, no para destinarlo a gasto corriente o a iniciativas de muy poca envergadura e impacto económico y social.
Vuelvo a lo semántico, a qué lee cada uno cuando el otro dice lo que dice. Porque vos te especializás en desarrollo y, al mismo tiempo, el Presidente se autopercibe como especialista en desarrollo, en crecimiento con y sin dinero. ¿Podrías explicar la diferencia entre crecimiento y desarrollo?
Tiene que ver con diferentes formas en que se organizó la disciplina económica. El desarrollo es una subdisciplina que surge sobre todo a mediados del siglo XX, justamente a partir del entendimiento de que no todos los países eran iguales.
Había un puñado de países desarrollados, que en ese momento eran unos 30 aproximadamente, y más de 150 que tenían brechas muy grandes con el mundo desarrollado. Y que el subdesarrollo no era una fase previa al desarrollo, sino que había una forma de producción y de organización social que se reproducía en el tiempo. Si no había un cambio de políticas públicas, ibas a quedar ahí eternamente.
Estancado en el subdesarrollo o en la categoría intermedia de país en vías de desarrollo.
Entonces, fijate que en América Latina todos los países son países en desarrollo, o en vías de desarrollo, como quieras llamarlos. Pero ninguno es un país desarrollado.
Incluso Chile, que fue el que tuvo mejor desempeño, quedó estancado en lo que se llama la trampa de los ingresos medios. No logró dar el salto tecnológico y quedó con una economía primaria exportadora, bastante exitosa en el sentido de que es estable y redujo mucho la pobreza, pero quedó ahí. Y el siguiente salto le cuesta muchísimo. Es una discusión que hoy está muy instalada en Chile.
Digo esto para entender también el contexto regional que nos toca vivir y la discusión que se viene si sale todo bien con el RIGI. Porque a lo mejor sale bien, hay muchas inversiones, pero vamos a estar en un proceso parecido al de Chile.
Entonces, me parece que son temas que Milei ni siquiera tiene en su agenda personal. No tiene nada de esto incorporado porque, además, no es una persona que tenga mucho diálogo. Fijate que la mayoría de las publicaciones que él autopromociona no son publicaciones con referato, donde se haya sometido al escrutinio de una revisión por pares. Es una persona que habla consigo misma y con su grupo. No tiene una forma de validar las ideas que sostiene.
Sí ha sido muy audaz en la parte del show. En su momento tuvo la capacidad de expresarlas públicamente y llegar a un público no convencional, que obviamente en su gran mayoría no tiene idea de quién es Keynes ni por qué lo insulta tanto. Estamos hablando de un economista reconocido por el 99% de la academia. Podés estar más o menos de acuerdo. Y también hay que revisar muchas cosas que se dicen en nombre de Keynes que no son las que realmente decía.
Encuesta: Milei o Kicillof, ¿quién acumula mayor rechazo entre los bonaerenses?
Para serte bien claro: Keynes no era una persona que decía "hay que gastar más". Keynes decía que había que tener una política contracíclica. Cuando la economía real viene muy mal porque el sector privado está en recesión, el Estado tiene que compensar. Pero cuando el sector privado se recupera, el Estado tiene que moderar el gasto. Eso es ser contracíclico keynesiano. Algunos dicen: "No, el Estado tiene que gastar más siempre". Y le hacen decir eso a Keynes, que no se puede defender porque está muerto.
¿Eso dice Kicillof?
No sé qué dice Kicillof porque, la verdad, hace mucho que no lo escucho.
Creo que sí tenía un poco esa percepción. Esa idea de un Estado sin restricciones. Que si se acaba el financiamiento se recurre a la emisión monetaria y que la emisión monetaria es neutral, que no genera efectos en la economía real.
Son todas cuestiones que hay que revisar. Yo espero que se hayan revisado. Espero que dentro de las nuevas propuestas que prometió haya algo de esto.
Creo que el peronismo, insisto, tiene que ser mucho más razonable en materia económica y plantear equilibrios monetarios y fiscales alternativos. Pero también plantear lo que el pueblo va a pedir a los gritos. La gente va a pedir a los gritos: queremos trabajo, queremos que el comercio vuelva a estar dinámico, que la industria se recupere, por supuesto con competitividad. Yo jamás le voy a pedir a una empresa petrolera o minera que compre pagando el doble o un 80% más de lo que cuesta un producto en el mercado internacional.
Lo que digo es que trabajemos para que pueda comprar acá. Y si hay brechas de competitividad, resolvámoslas con política industrial, con política productiva y con política fiscal. Hay un montón de herramientas. Pero trabajemos en eso, en hacer competitiva a la industria y no en lo que pasó: esta destrucción que implicó el cierre de 2.500 fábricas y la pérdida de 80.000 empleos industriales. Esto no es bueno para el país.
MV