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MODO FONTEVECCHIA
Interna en Córdoba

Luis Juez: "Ni De la Sota ni Schiaretti eran tan kirchneristas como Llaryora"

El senador nacional y referente del Frente Cívico repasa su relación con el gobierno de Javier Milei y critica la falta de escucha hacia los aliados. Además, advierte sobre los errores en las políticas de discapacidad, analiza el rol de Patricia Bullrich en el oficialismo y expone la dura interna opositora para definir la candidatura a gobernador en Córdoba.

Luis Juez
Luis Juez | .

En una extensa entrevista con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el senador nacional por Córdoba, Luis Juez, repasa sin filtro la actualidad política nacional y provincial. Fiel a su estilo directo y metafórico, el dirigente opositor reflexiona sobre su cambiante vínculo con la Casa Rosada y la incomodidad de señalar los errores del Ejecutivo nacional. A su vez, pone la lupa sobre el escenario político cordobés: denuncia el "marketing" del gobierno de Martín Llaryora —al que define como el más cercano al kirchnerismo de las últimas décadas— y detalla las complejas negociaciones con Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni para consolidar una oferta electoral unificada que logre alternancia en la provincia.

Luis Juez es un abogado penalista y dirigente político que actualmente se desempeña como Senador Nacional por Córdoba (2021-2027). Cuenta con una extensa trayectoria pública que incluye roles como Intendente de la ciudad de Córdoba, Fiscal Anticorrupción, Embajador y legislador provincial y nacional. En el Senado presida la comisión de Defensa Nacional e integra áreas clave como Asuntos Constitucionales, Justicia y Relaciones Exteriores.

¿Cómo le va, Luis? Jorge Fontevecchia lo saluda. Con su frase, siempre metafórica, dijo que pasó de comer milanesas con puré a que Javier Milei no le dé pelota. ¿Qué cambios hubo?

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No, la verdad que sus colegas se quedan con la anécdota más que con el contenido y el fondo de la cuestión. Yo no soy un tipo que anda con vueltas ni con complicaciones para decir que lo que es blanco es blanco y lo que es negro es negro. Tuve con el presidente la posibilidad —que no tuve en mis 40 años de política— de entrar a Olivos. Compartir la mesa de un presidente me pasó en cuatro, cinco o seis oportunidades, no sé cuántas veces, y la verdad que lo disfruté. Disfruté de la charla, de la conversación. Eso no me da ni una ventaja ni me pone en ningún lugar. Después de que hemos tenido discusiones —y uno de los temas que se discutieron y que a mí me generó un altísimo nivel de dolor de cabeza fue la discusión en su momento sobre el tema de la discapacidad—, esa me parecía una forma gráfica de decir: «Sobre este tema ya hemos hablado, ya fue discutido; chocar de vuelta con la misma piedra me parece una actitud poco reflexiva». Simplemente intenté explicarlo gráficamente.

Y yendo al fondo de la cuestión, Luis, como usted plantea: ¿siente que el Gobierno dejó de escuchar a los dirigentes que los acompañaron desde el comienzo y que hoy La Libertad Avanza tiene una lógica política, podríamos decir, más volviendo a sus propios orígenes, más ensimismada?

No. Yo simplemente digo que, en el momento que estamos atravesando, es importante tratar de cometer la menor cantidad de errores posible y tener la mayor cantidad de aciertos, de profundidad en el análisis, para evitar un dolor de cabeza. Me consta que en la Cámara de Diputados se estaba trabajando con mucha rigurosidad en una ley para salir del concepto de emergencia y darle al tema de la discapacidad el sustento permanente. Y bueno, obviamente, cuando aparecen estas cosas y trasciende que en el borrador del presupuesto la mirada sería otra, uno queda muy descolocado. Simplemente tengo la necesidad de advertir: esto trae dolor de cabeza. Hay otros que se callan la boca, especulan, tratan de no enojar al que tiene el poder. Yo trato de decir lo que pienso, tratando de advertir que la perseverancia en el error va a traer consecuencias importantes. Por supuesto, algunos lo toman para bien, otros se molestan o se incomodan, pero no persigo otra cosa que no sea señalar algo que nos va a perjudicar.

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Luis, usted está sentado al lado de Patricia Bullrich. ¿Cómo siente los llamados de atención que Patricia Bullrich continuamente viene haciéndole al Gobierno?

Yo la he escuchado siempre que se ha expresado —por lo menos para conmigo— y lo ha hecho con una absoluta pertenencia al espacio político del presidente. Jamás escuché de su boca una sola mención que tenga que ver con una mirada individualista, y me parece que está bien que ella, como presidenta de la bancada oficialista, le advierta al Gobierno. ¿Y le marque una hoja de ruta donde va a tener dificultades? Si no, sería muy complicado. Si no, ¿de qué sirve una persona a la que le asignan una tarea? Yo le encargo a Jorge Fontevecchia que se pare en aquella esquina, espíe a ver si pasa alguien y me mantenga informado. Y resulta que cuando me cuenta, yo me enojo porque pasó fulano. Y me dice: «Bueno, pero si esa era mi tarea». La tarea de ella es la presidencia de la bancada del oficialismo, y lo hace con altísimo esmero y dedicación. Entonces, que advierta, que diga: «Che, guarda que este tema es complicado, guarda que esto no va a pasar, guarda que esto es difícil, guarda que para esto no tenemos los votos», no hace otra cosa más que cumplir con la naturaleza de su función.

Comprendo, pero me imagino —y usted hará lo mismo— que eso es en privado, no en público. Que sea en público implica que no la están escuchando. O sea, si necesita hacerlo público es porque necesita esto que usted está diciendo: el que mandó a la esquina para ver qué pasaba advierte y ve que no le dan bolilla. Y entonces, aun con ánimo absolutamente positivo para el espacio, tiene que elevar la voz porque no la escuchan. O sea, mínimamente, un síntoma de que no es escuchada existe, ¿no? Y lo mismo usted, Luis.

Bueno, pero esa definición la puede dar solamente Patricia Bullrich. Yo le puedo hablar de lo que a mí me concierne y lo que a mí me toca. Yo levanto la voz porque es mi estilo, porque es mi forma, porque no me callo la boca, porque soy un aliado del Gobierno. Y, como aliado, tengo el derecho a coincidir en un montón de cosas y a disentir también en otro montón de cosas. Como aliado tengo la necesidad de decir: «Esto sí y lo voy a acompañar; esto no y no me van a convencer». Yo tengo otra cualidad y en esa condición de aliado me expreso y me manejo. La situación de Patricia, probablemente por su pertenencia a La Libertad Avanza y por un montón de cuestiones que claramente son mucho más importantes que las que puedo llegar a expresar yo, tendrá otra relación. La mía es esta, siempre fui igual: siempre digo lo que pienso, siempre cuento lo que me parece que veo, siempre advierto. Me he equivocado un millón de veces, pero nunca lo he hecho con la mala intención de estar sugiriendo un camino para perjudicar o lastimar. Simplemente cuando he advertido: «Che, esto no va a pasar, esto es complicado, esto es difícil», es nada más que para que se reflexione sobre lo que se está haciendo. Muchas veces en política eso trae mucho dolor de cabeza porque, en definitiva, hay gente a la que no le gusta esa conducta, y yo la entiendo. Ya me ha pasado en la historia de mi vida: a muchos dirigentes políticos no les ha gustado que tenga esa actitud de señalar, de advertir, de prevenir. Pero no lo hago con otra finalidad que no sea evitarles un dolor de cabeza a posteriori.

Luis, hábleme de Córdoba. Allí aparecen Bornoroni, Rodríguez Loredo, usted como protagonista de la candidatura a gobernador... ¿Cómo imagina que se va a terminar resolviendo el candidato de su espacio?

Nosotros en Córdoba estamos viviendo un momento muy complejo, muy pero muy complejo. Este es un gobierno que no genera ninguna expectativa, pero que se sostiene enormemente a partir de un montón de recursos, de plata, de distribución de pauta. Ningún fanático —y esto se lo digo con todo respeto—, ni el más fanático adherente al gobierno provincial puede creer que la reelección de Llaryora a los cordobeses les va a traer mayor salud, educación o seguridad. Vengo de la cárcel de Bouwer de ver a un cliente con el que vamos a entrar en audiencia esta semana, y uno habla con la gente del servicio... Yo hablo con todo el mundo, se imagina que hace 40 años que hago derecho penal. Y obviamente hay una desesperación por un cambio, por un timonazo. La mitad de la cúpula del servicio penitenciario, los más antiguos, están presos por determinados delitos, varios delitos, siempre en connivencia con el poder político. Se impone a gritos en la provincia de Córdoba un cambio de rumbo. Ahora va a depender en gran parte de la honestidad intelectual de quienes tenemos la responsabilidad de articular una oferta opositora unificada. ¿Eso está complicado hoy? Sí, más o menos. Es difícil, hay que ver cómo lo articulamos, pero creo que va a terminar primando el sentido común. Cada uno tendrá todo el derecho del mundo: Rodrigo dice que tiene que ser el candidato a gobernador porque es radical y el radicalismo tiene una importante cantidad de municipios; Bornoroni dice que tiene que ser el candidato a gobernador porque es el hombre del presidente y todavía el presidente tiene números interesantes en Córdoba; y yo digo que tengo ese rol de candidato a gobernador porque estoy como Messi: voy por la cuarta. Las tres anteriores no pude y esta se me tiene que dar; y porque soy el tipo que más conoce, porque he armado equipo en las tres oportunidades para gobernar Córdoba y porque no hay un solo problema de esta provincia que no conozca y no entienda alguna solución para resolverlo. Cada uno tiene argumentos que, si usted los mira y los examina desde el punto de vista de quienes los exhiben, parecieran muy razonables. El tema es que después vamos a tener que coordinar cómo administramos esa vanidad individual y le ponemos conducta en pos de tener un buen resultado. El mejor equipo es el que gana, así que después veremos cómo lo ordenamos. No es sencillo, claro que no es sencillo, pero yo entiendo que no podemos fracasar.

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¿Usted lo imagina resolviéndose a través de una interna? Creo que en Córdoba no hay PASO, pero ¿a través de una interna con votación de los tres candidatos para ver quién es el que tiene más apoyo?

Es muy difícil implementarla, se te mete el peronismo, Jorge.

¿Y entonces cómo lo imagina?

Luis Juez: Sí, claro. Y aparte, vos tirás la moneda al aire y te la enganchan; acá los negros no llegan al piso. No sé. La vez pasada, en el 2021, con Macri habíamos acordado una cosa y Macri decidió 24 horas antes hacer otra distinta. Bueno, fuimos a la PASO y les pegamos una biaba importante, ganamos por 26 puntos. Pero eso estaba controlado, estaba la justicia electoral. Es muy difícil armar un esquema que permita que la gente pueda elegir sin que el oficialismo se meta. Supongo yo que uno también tiene que apostar, porque después va a haber que confrontar, después va a haber que ganar y después va a haber que gobernar. Con lo cual, el escenario no es un escenario simple, porque el peronismo cuando gobierna deja tierra arrasada. Imagínese en esta provincia, después de casi 28 o 29 años de gobierno del peronismo, todo lo que va a haber que hacer. Con lo cual, yo soy un veterano, Jorge: cumplí 63 años una semana atrás, no soy una criatura. Yo no tengo edad para ser vanidoso. Por supuesto que me encantaría ser gobernador de Córdoba, me he preparado toda la vida y no he podido: una vez me robaron, otra vez perdí estrepitosamente y la otra estuve muy cerca. ¿Eso me da mayor derecho? No, simplemente me da una hoja de ruta con mayores aciertos sobre dónde está la peligrosidad de la ruta, nada más. Pero también entiendo que vamos a tener que sentarnos a discutir. Ojalá encontremos un mecanismo. También le voy a decir con mucha sinceridad: el peronismo ha sido muy inteligente en dividir a la oposición históricamente. Cuando los tipos no te pueden ganar, te generan un conflicto interno donde te van dividiendo y comiendo los talones. ¿Eso lo van a hacer? Sí, seguro, lo están haciendo. Hoy el dispendio de recursos económicos del gobierno provincial en materia comunicacional no tiene límite en Córdoba, no tiene límite. Pero bueno, deberemos aprender de nuestros errores y buscar un mecanismo que nos permita tener una postura unificada.

Luis, usted habla de peronismo. Desde la Ciudad de Buenos Aires se ve al cordobesismo como algo distinto al peronismo; de hecho, la vicegobernadora es radical. ¿Qué diferencias hay entre el peronismo de Córdoba y el peronismo nacional?

No, ese cordobesismo es un invento del gobernador, que salió a comprar a precios muy baratos, casi de remate, a dirigentes de otros partidos políticos. Entonces se trajo a un radical, a uno del PRO, a algún socialista, a uno de la izquierda, a algunos nuestros que eran del Frente Cívico. Y claro, con la chequera y el presupuesto de todos, el tipo es Goldsilver: tiene el bolsillo profundo. Entonces compra voluntades, se lleva lo que puede y después lo vende como si fuera la selección de las Américas. Pero son todos tipos que en sus partidos políticos tenían un futuro absolutamente incierto. Pero lo venden con inteligencia. Porque acá nos venden un «pensamiento del cordobesismo». Son mentiras: son oportunistas que entienden que esa es la oportunidad. Pero ha sido efectivo, le quiero decir, Jorge; ha sido muy efectivo. Porque con ese argumento los tipos destrozaron al PRO, lo desarmaron absolutamente, se llevaron al viceintendente —dirigente del PRO—, se llevaron a algunos ministros. Lo desarmaron, concretamente; lo desarmaron y lo desarticularon. Generaron un daño importante e irreparable en el radicalismo. A nosotros nos llevaron algunos cuadros importantes a los que después les pagaron con lugares muy expectables y rangos ministeriales. Y los usan porque los tienen, porque en eso el peronismo es muy inteligente, le sabe sacar el jugo. Después la historia termina como termina siempre: cuando llega el momento electoral, los tipos terminan jugando con la propia tropa porque el peronismo es así. Se muestra para afuera como si fuera generoso, pero después termina siempre contabilizando de la misma manera. Esto va a pasar así. Pero lo venden con mucha inteligencia. Yo no podría decir que ni De la Sota ni Schiaretti eran tan kirchneristas como lo es Llaryora. La relación de Llaryora con el kirchnerismo y con Massa es de una profundidad que yo mentiría si dijera que la tenían De la Sota o Schiaretti. Pero los tipos se venden con mucha inteligencia, son muy pícaros. Aparecen con las publinotas en los programas de Buenos Aires vendiendo una Córdoba que no existe.

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Créame que se lo digo con sinceridad, porque se lo dije al gobernador cuando me junté con él hace cuatro semanas: «Vos estás mirando una realidad con los anteojos del poder». Esta provincia, que antes era un faro para la República, hoy está muy lejos de tener una justicia independiente o de tener una salud pública que era motivo de orgullo, o una educación. Vienen y nos venden las pruebas PISA, y aparecen por ahí los ministros diciendo que Córdoba salió primero. Terrible mentira. Tenemos la jubilación docente más baja de la República Argentina, salarios docentes miserables. Pero bueno, son muy buenos en el marketing. De la Sota acertó y ganó después de varios intentos cuando logró instalar en Córdoba a João Santana y Duda Mendonça, dos grandes consultores en materia de comunicación pública. De eso hace 25 o 26 años, y eso quedó absolutamente instalado. Son muy buenos para venderte una película que no existe. También hay un montón de incapacidades del lado nuestro, digámoslo con todas las letras, porque también hemos colaborado muchas veces con nuestras disputas y nuestras peleas a hacerle fácil el escenario al Gobierno. Pero esta es la realidad, lo demás es una mentira. Tienen tipos que hablan con Massa, tipos que hablan con Máximo, tipos que hablan con Wado, tipos que hablan con Cristina, tipos que hablan con los gobernadores. Pero, ante la duda... . Aparte, como el peronismo siempre termina unido... Porque el poder los unifica, eso les hace más fáciles las cosas.

Y siguiendo esto, Luis, y a veces también por errores propios, existe la posibilidad de que vaya separado el campo político entre Bornoroni, usted y el radicalismo. ¿Qué posibilidades le asigna a que se vuelva a repetir eso: el peronismo unido y el no peronismo en Córdoba separado entre De Loredo, usted y Bornoroni? ¿Es factible que suceda?

Yo creo que no. No, por lo menos en lo que a mí me concierne. Entiendo que tengo legítimas ambiciones y pergaminos para exhibir, pero ninguno de ellos tiene que ser más importante que terminar con un ciclo ruinoso en la provincia de Córdoba. Por lo menos yo, en primera persona, es lo que creo que me pasa por la cabeza. Ahora, soy extremadamente claro: este es un gobierno que tiene un techo y un piso muy alto, porque están en 35 o, como mucho, 40 puntos. Pero hay un fastidio a un estilo que ya lleva muchos años. Córdoba no es Formosa, o podría ser Formosa con soja. Hay cosas que ya no se toleran más en Córdoba. Hay toda una estructura asfixiante en el área que se le ocurra. Con lo cual, obviamente, una propuesta opositora unificada garantiza un resultado.

A ver si lo interpreto: ¿usted estaría dispuesto a concederle a Bornoroni el ser candidato o eventualmente a De Loredo? Creo que, de hecho, De Loredo dice que en la vez anterior le cedió a usted el lugar y que ahora le tocaría a él. Creo que algo así, no sé si lo estoy interpretando bien.

Sí, pero esto no es una calesita donde te bajás del caballito y te subís al gusano. Queremos jugar al fútbol, queremos ganar. Si queremos ganar el domingo, no pongas al más petiso a jugar de nueve... Hay que armar un equipo. Y le soy claro: cada definición mía después termina en los títulos de los diarios, y alguno termina diciendo: «Juez se bajó de tal cosa». Hay una desesperación del gobierno por ponerme en lugares incómodos, por lastimarme, por generar contradicciones o divisiones.

No quiero generarle eso, Luis, para nada.

No, lo sé, Jorge, por eso me atrevo a hablar con franqueza con usted. Yo estoy dispuesto a hacer lo que haya que hacer para terminar en Córdoba un proceso que creo que está agotado. El peronismo ha hecho cosas muy bien y hay otras que claramente ya no se les ocurre cómo poder resolverlas, y eso para una sociedad como la nuestra es pernicioso porque uno se acostumbra a que la vara vaya bajando. Yo no voy a hacer nada que incomode esa cuestión. Ahora, soy muy claro: soy de los que creen que hay que terminar con este ciclo. Cualquier duda que me haga sostener que no estamos trabajando en ese sentido... bueno, obviamente actuaremos en consecuencia. Pero yo creo que si somos inteligentes, nosotros vamos a ofrecerles a los cordobeses una oposición unida, articulada, con proyecto y con programa. Córdoba necesita eso y en eso hay que trabajar.

Luis, como siempre, muchas gracias. Le mando un abrazo a la distancia y nos mantenemos en contacto. Muy gentil.

No, gracias a usted, Jorge. Yo tengo un gran respeto por ustedes, así que tengan una gran semana. Un abrazo grande.

Muchísimas gracias.

MEG