El avance de las nuevas derechas a nivel global modificó el debate político y volvió a poner en el centro conceptos como el miedo, el nacionalismo, la religión y la llamada “batalla cultural”. En este escenario, figuras como Donald Trump, Javier Milei, Jair Bolsonaro y Nayib Bukele construyeron liderazgos que, según Antonella Marty, apelan a respuestas simples frente a sociedades atravesadas por crisis económicas, transformaciones culturales y una creciente polarización.
Politóloga, escritora y analista política, Antonella Marty analizó este fenómeno y advirtió sobre los riesgos que implica la consolidación de una política basada en el dogma y la construcción permanente de enemigos. En Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), también explicó las contradicciones de una nueva derecha que combina nacionalismo y globalización, y señaló un cambio particular en el discurso de Milei: “Antes hablaba de algunos cuatro o cinco autores que él leyó, creo, pero ahora lo hace desde la Biblia”.
Antonella Marty ella es una politóloga, escritora, conferencista internacional y analista política. Destaca por su enfoque en la defensa de un liberalismo progresista, los derechos sociales, la libertad migratoria y la separación entre la Iglesia y el Estado.
Antonella. Muy buenos días. Muchas gracias por estar acá. ¿Por qué las derechas avanzan en el mundo en estos últimos años?
Buenos días, Jorge. Muchas gracias por la invitación. Yo creo que hoy estamos en un momento muy peligroso, peligroso para la democracia, peligroso para el mundo. Como bien mencionás, hay un avance global a lo largo del mundo de este movimiento que utiliza el miedo. Hay una instrumentalización clara del miedo, de una política de la crueldad, donde hoy los votantes los eligen por lo que prometen destruir. Estos personajes narcisistas que encarnan la figura de mesías políticos que aparecen para resolver problemas, supuestos problemas, y combatir supuestos fantasmas, y muchos de ellos, en esta nueva derecha, lo hacen en nombre de esa épica llamada batalla cultural.
¿Estamos en el comienzo, en el medio o en el final de este ciclo? ¿Este ciclo comienza con Trump en 2016 o comienza con Thatcher a mediados de los 80?
Este es un proceso nuevo, diría yo. Empieza en parte con Donald Trump en el 2016. Se refuerza también más tarde con la llegada de Jair Bolsonaro, que creo que es una personalidad clave en el desenlace de toda esta nueva derecha. Nueva, en el sentido de nueva, porque ellos mismos se autodefinen. Los personajes, los líderes, influencers de esta nueva derecha se definen así, definen a la derecha como nueva. ¿Y por qué? Porque aparece algo disruptivo, una promesa de romper todo lo que no se pudo romper en la década de los 80 en esa derecha más tradicional y lo que quedó en las décadas siguientes. Y además tiene el componente de las redes sociales, donde hoy el discurso de odio está a un clic de distancia, algo que antes no era así. Antes era un proceso todavía más complejo. Incluso el proceso del pensamiento crítico llevaba a otras cuestiones. Creo que hay que volver a traer la duda. Hay que volver a traer la filosofía. Hay que volver a traer el pensamiento crítico al debate. Es el gran desafío. No tengo dudas de que es el gran desafío. Porque hoy estamos enfrentados a una política del dogma, una política del dogma donde las nuevas derechas aparecen y lo hacen en nombre de Dios. Y cuando personajes como Milei, personajes como Donald Trump, como Bukele, como De la Espriella, todos estos personajes que conocemos hablan en nombre de Dios y se dicen enviados, mesías, enviados, hay que prestarle atención porque esa palabra de Dios es una palabra que no admite la duda. Y cuando un político habla en nombre de Dios, nos está diciendo que hay que creer ciegamente en él y que su palabra es la palabra final. Y eso es peligroso para la democracia.
¿Estamos al comienzo, a mitad o a fin?
Yo creo que estamos entre el comienzo y mitad. Creo que esto todavía probablemente tenga para rato. Dependerá mucho de lo que pasa en algunas elecciones de este año: las elecciones de medio término en Estados Unidos, las elecciones de Brasil, que se disputarán Lula y Flavio Bolsonaro. El poder depende de muchas de estas elecciones clave. Yo creo, pero más allá de que aparezcan o desaparezcan estos líderes políticos dentro del escenario político global, que si bien han avanzado, digo el caso de Donald Trump y su política exterior, todo lo que está sucediendo, su avance incluso sobre América Latina, todo eso dejará muchas secuelas. Pero más allá de que estén o no en la presidencia, que creo que estamos efectivamente en el medio de esa ola que crece, América Latina también crece, Europa también crece. Veremos también qué pasa en el caso de España el año que viene. Pero hay algo que se instaló. Hay algo que sí se instaló en el debate político, en el debate social, y hay una generación, una nueva generación de jóvenes que está dispuesta a fanatizarse, a elegir a estos personajes porque dan respuestas después de una... Bueno, creo que la pandemia fue decisiva también para el desarrollo de estos modelos, pero también para el desarrollo de muchas de estas juventudes que hoy encuentran dentro de las redes sociales y de los espacios y de los foros anónimos, esta llamada manosfera, donde se promueve la misoginia en línea, donde se promueve el odio a la mujer. Y siempre digo que los discursos de odio se pueden convertir muy rápido en crímenes de odio. Y eso pasa y estamos normalizando y naturalizando la bronca, la ira, la destrucción del prójimo. Y muchos de ellos, paradójicamente, que hablan tanto del proyecto de vida del prójimo, depende de qué prójimo, cuál es el prójimo que les gusta y cuál es el que no, pero muchos lo hacen en nombre de la religión, una religión que habla del amor al prójimo y de poner la otra mejilla. Pero ellos plantean que hoy existe un derecho a ofender. Milei lo ha dicho. Él está muy orgulloso de ser cruel. Donald Trump también. Estos personajes están orgullosos de ser crueles y de atentar y destruir al otro. Y otra vez aparecen muchas contradicciones, contradicciones todo el tiempo dentro de esta nueva derecha.
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Ahora, ¿esas contradicciones? Ayer hablábamos con un especialista en Estados Unidos que nos planteaba que hoy el mapa político mundial es una competencia entre globalistas y nacionalistas. Y que el crecimiento de la derecha es una respuesta a la globalización, a los efectos secundarios negativos de la globalización. Entonces uno puede entender claramente ese nacionalismo con la inmigración, con la pérdida de puestos de trabajo, con la incorporación de amenazas que puede representar para cada una de estas sociedades el extranjero o lo que viene del extranjero. Y esa situación es comprensible fundamentalmente por la inmigración en Europa y en Estados Unidos. Esto determina el carácter de esta nueva derecha, que es el resultado de algo nuevo que fue la globalización, el Consenso de Washington de fines del siglo pasado. Ahora, ¿cómo se explica entonces que integremos en el mismo colectivo a estos personajes como Orbán o Donald Trump con Milei, que Milei es globalista? ¿Cómo se explica una nueva derecha globalista? ¿No hay ahí un oxímoron?
Bueno, el caso de Milei es paradójico en muchos sentidos. También hay un mensaje cuando él habla de la libertad y repite tanto la palabra libertad. También yo creo que es una libertad muy acotada, una libertad muy restringida, incluso, a ver, tener controlado el precio del dólar o pedir dinero al Fondo Monetario Internacional, cosa que él dijo que no lo iba a hacer porque para él el Fondo Monetario Internacional era un instrumento del diablo o algo por el estilo. Hay muchas contradicciones dentro también de ese propio plan económico, pero creo que es interesante también el debate: esto de un mundo más abierto, un mundo más global, frente a un mundo más cerrado, un mundo más proteccionista y nacionalista. Creo que ahí también hay que tener en cuenta específicamente el peligro de los nacionalismos, que los nacionalismos muchas veces van atados a la concepción de la religión unida al poder. Creo que históricamente, en los últimos milenios, cuando vimos —y en el siglo pasado, especialmente— esa unión de la religión a la política, pasó también atravesada por procesos nacionalistas o los fascismos del siglo pasado, las dictaduras del siglo pasado, muchos atravesados por la idea de poner a la nación por encima de la Constitución o de poner también a la religión por encima de la Constitución y de los derechos de los ciudadanos, de las personas. Y también una narrativa muy fácil cuando estos personajes hablan o transmiten estas ideas de la creación de los enemigos, porque lo hacen de una manera muy, muy, muy llamativa para el votante, porque crean los fantasmas, crean el miedo, el uso del miedo del que hablábamos al principio y crean fantasmas que para ellos son los grupos de la sociedad que representan la destrucción de la pureza nacional de la que ellos vienen a hablar. Entonces ahí atacan a las personas migrantes, también a las personas negras en Estados Unidos, a las personas LGBT, a las mujeres independientes, las mujeres que quieren tener autonomía y decidir por y sobre su propio cuerpo. Todo eso para ellos se tiene que volver a estar en un lugar con unos roles asignados que estuvieron así a lo largo de la historia y tienen que volver a encerrarlos. Y por eso ellos proponen dar esta batalla cultural, que es una batalla muy fuerte, muy nacional, muy, muy, y también un oxímoron. Creo que hay, porque cuando hablamos de batalla estamos usando un concepto bélico y cuando hablamos de cultura estamos hablando de un concepto que es mucho más espontáneo, que tiene que ver con el desarrollo a lo largo de la historia de la cultura. Pero se traduce, yo creo, hoy es la palabra que utilizan, que tiene mucho que ver con la narrativa. Pero creo que hoy la batalla cultural es más una inquisición moral, una cruzada moral, más que una idea de debate sobre sociología, arte o demás cosas. Entonces creo que el peligro está ahí y sí, claramente hay contradicciones. Pero lo que hay detrás de todo esto, en un proceso de las últimas décadas, donde el mundo ha tenido sus procesos económicos, y hoy el mundo también, en estos últimos años pospandemia, ha sufrido un golpe muy duro a lo largo de estos años en términos económicos. Y esa máscara en gran parte, o ese argumento, esa justificación, muchos la han utilizado para poner detrás esa batalla cultural, que es la intención de aplicar la religión a la política otra vez. Esto se ve en el avance del movimiento evangélico, porque la llegada de Donald Trump a Estados Unidos no se entiende si no se entiende el avance evangélico y lo que vienen trabajando desde ya principios, mediados del siglo pasado en Estados Unidos. Incluso, bueno, toda la historia de Estados Unidos en gran parte creo que está atravesada por este proceso, incluso religioso. Pero creo que hay que prestar atención también a esto, a este nuevo gobierno de la Biblia del que hablan, donde Milei ahora argumenta la economía desde la Biblia. Antes no lo hacía. Antes hablaba de algunos cuatro o cinco autores que él leyó, creo, pero ahora lo hace desde la Biblia. Ahora el argumento es desde un proceso más celestial que también estuvo atravesado desde el principio a su personalidad. Él siempre se sintió como un enviado, algo típico de cualquier político líder narcisista que necesita ser visto, que necesita atacar al otro, que necesita destruir al periodismo, a cualquiera que lo cuestione. Ellos necesitan destruirlo porque no toleran los límites.
Antonella Marty, muchas gracias.
Gracias a vos, Jorge.
Un placer.
LMM