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MODO FONTEVECCHIA
Clima político

Mora Jozami: “Lo más probable en 2027 es que se enfrenten Kicillof y Milei”

La consultora política sostiene que el malestar social provocado por el ajuste no necesariamente erosiona el respaldo al Presidente. Advierte que la disputa entre el oficialismo y el espacio que encabeza el gobernador bonaerense podría profundizar la polarización y reducir el margen para alternativas intermedias.

Javier Milei y Axel Kicillof
En abril de 2026, Kicillof calificó a Milei de "fracaso" en una cumbre progresista en España | Collage

La evolución del humor social, el impacto del ajuste económico, la relación entre el PRO y La Libertad Avanza y las posibles alianzas de cara a las elecciones forman parte de los debates que atraviesan a la política argentina. Para la analista Mora Jozami, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), las tendencias muestran una creciente polarización del electorado y un espacio más reducido para las terceras fuerzas: “Lo más probable en 2027 es que se enfrenten Kicillof y Milei”, afirmó al analizar las perspectivas hacia la elección presidencial.

La consultora política y analista de opinión pública argentina, Mora Jozami, trabajó durante años en el armado estratégico del PRO y de Cambiemos durante el gobierno de Mauricio Macri, donde participó en tareas vinculadas al análisis de encuestas, opinión pública y estrategia electoral. Al mismo tiempo, dirigió la Unidad de Opinión Pública de la Jefatura de Gabinete durante la gestión macrista. Durante los últimos años se desempeñó como directora de Casa Tres, una consultora especializada en investigación de opinión pública y análisis político.

El índice de irascibilidad. Esta creatividad que vos le aportás a la métrica perforó, por tercer mes consecutivo, su piso histórico. ¿Qué significa eso?

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Básicamente, el índice intenta mostrar el nivel de humor de la sociedad, el nivel de crispación, específicamente de irascibilidad. Lo que muestra es una sociedad que está en su pico histórico de irascibilidad. Por decirlo de una manera simple, más enojada que nunca, más irascible que nunca.

¿Y a qué lo atribuís?

A lo que venían hablando hace un rato con Leandro Ziccarelli. Esta cuestión de una sociedad que apostó a un cambio, que apostó a un gobierno que venía diciendo que iba a hacer un ajuste y a estabilizar la macroeconomía. Pero van pasando los meses y esa estabilización macroeconómica, que si bien es valorada por los argentinos, fundamentalmente por sus votantes, hoy no encuentra un correlato en el metro cuadrado de los ciudadanos.

Los ciudadanos se encuentran con altas restricciones en su consumo, con una expectativa a futuro bastante deteriorada, y eso lógicamente genera niveles de crispación, mal humor e iracibilidad más altos.

¿Y esto es reversible de cara a las elecciones de 2027?

También es un dato importante que, si bien esto habla del humor social, no necesariamente tiene un correlato en términos del apoyo al Gobierno. Si bien ese apoyo se encuentra más deteriorado y está sufriendo los coletazos de lo que vemos en términos de humor, hoy sigue siendo un gobierno fuerte, principalmente en su votante duro y en aquellos indicadores de opinión pública que tienen mayor correlación, por decirlo de alguna manera, en clave electoral, con lo que después efectivamente hagan los electores.

¿La erosión del apoyo al Presidente puede ser modificada o no de cara a 2027?

Me parece que este año, que es un año impar, es un período en el cual los gobiernos tienden, o deberían, fortalecerse en su núcleo duro para después, cuando empieza el año par, tender puentes y ampliar su masa electoral.

Hoy el Gobierno tiene un apoyo importante. Hay un 40% que señala que el rumbo que está llevando adelante es el correcto. Cerca de un 30% manifiesta su apoyo electoral.

Sin duda, si logra que aquello en lo que se lo reconoce claramente como exitoso, que tiene que ver con la estabilización macroeconómica, empiece a reflejarse en la vida cotidiana de la gente, no pareciera que fuera un escenario tan difícil para el oficialismo en términos electorales.

Pocas personas tienen conocimiento y han medido la evolución, primero del PRO, luego de Cambiemos y después de Juntos por el Cambio. Ayer se repitió un hecho relevante respecto de Patricia Bullrich, presidenta del PRO, marcando nuevamente diferencias con el presidente Milei. Y vemos desde hace unos meses a un expresidente Macri que viene aumentando su visibilidad y sus demostraciones, al menos analógicas hasta ahora, de intención de ser candidato a presidente. ¿Es posible que la sociedad el año próximo desee mantener el rumbo, pero cambiar de piloto, y que lo que fue Juntos por el Cambio, el PRO, tenga la posibilidad de ser el próximo paso, como dice el expresidente Macri?

Sin duda hay un porcentaje muy importante, yo te diría que cerca de dos tercios de los electores, que hoy tienen como principal incentivo de voto el miedo a que vuelva el kirchnerismo. Una sociedad que, después de la derrota de Macri en 2019, quedó bastante traumada, por usar una palabra quizás un poco fuerte, con el gobierno de Alberto Fernández, y hoy tiene una paciencia mayor que la que supo tener entre 2015 y 2019 o en las elecciones de 2019.

Hoy el PRO y La Libertad Avanza comparten claramente electorado. De hecho, el PRO fue significativo a la hora de que Milei pudiera ganar en la segunda vuelta.

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Hay que ver cómo se articulan. No sé si un Juntos por el Cambio o un Cambiemos, sino más bien un PRO y una Libertad Avanza. Los otros partidos que conformaban aquella alianza hoy están en una postura que quizás no sea muy consistente con la que está teniendo el PRO.

¿Una parte del radicalismo?

Sí, una parte sí.

Y si uno tuviera que describir esa superposición que existe entre los votantes del PRO, los votantes de La Libertad Avanza y las figuras de Milei, Patricia Bullrich y Macri, ¿la superposición es total? ¿Hay margen para que exista una identidad diferente?

Hay un pequeño margen para diferenciarse, pero es bastante marginal.

Hoy hay casi un 70%, o en algunas mediciones un 75%, de personas que piensan de igual manera del presidente Milei y del expresidente Macri, ya sea bien o mal. Queda un 30% en el que sí hay una diferenciación entre quienes piensan bien de Macri y mal de Milei y quienes piensan bien de Milei y mal de Macri.

Me atrevería a decir que el 100% de esos electores hoy están movilizados. Quienes comparten imagen positiva de uno, pero no del otro, fundamentalmente por el temor o el deseo de que el kirchnerismo no vuelva al Gobierno, no van a inclinarse por ninguna opción que pueda poner eso en juego.

Es un electorado muy sensible a ese factor, que vota más por miedo que por afinidad política.

Del 100% de la población, el 70% piensa de igual manera de Macri y de Milei, ¿no?

Piensan mal de los dos o bien de los dos. Queda un 30% que se divide entre quienes piensan bien de Macri y mal de Milei, y quienes piensan bien de Milei y mal de Macri.

Es en ese espacio donde podrían tener una ventaja competitiva uno sobre el otro. Ahora, ese segmento, el que comparte imagen positiva de alguno de los dos, tiene ante todo miedo. El incentivo que tiene a la hora de pensar en clave electoral es el miedo a la vuelta del kirchnerismo.

Los une el terror, no el amor. Eso está claro. Ahora, ¿podrías trasladarme eso del 100% de la población al 100% de los votantes de Milei y al 100% de los votantes de Macri? ¿Qué porcentaje de los votantes de Macri no gusta de Milei? ¿Y qué porcentaje de los votantes de Milei no gusta de Macri?

Hoy no tengo tan presente ese número, pero tengo algo parecido: el 60% de las personas que votaron a Juntos por el Cambio en 2023 —ya no estamos hablando de Macri— apoyan el rumbo del Gobierno y un 40% no. Mientras que, en el caso de los votantes de Milei, el apoyo al rumbo es del 80%.

Si quisiéramos extrapolar esto, hay un 60% de votantes de Juntos por el Cambio que están a favor de Milei.

Esa masa crítica de exvotantes de Juntos por el Cambio que no están de acuerdo con Milei, que es el 40% del total, y ese 20% de los que votaron a Milei y hoy no están de acuerdo, supongo que debe haber superposición en un porcentaje de ellos. ¿Alcanzan a construir un caudal político que permita imaginar un 2027 que no sea kirchnerismo-antikirchnerismo, sino que vuelvan a ser tercios?

Es complicado. Este razonamiento que estamos haciendo es típico de los años pares, en los cuales las terceras vías, por llamarlas de alguna manera, siempre parecen mucho más anchas de lo que terminan siendo cuando llega el momento de la elección.

Sobre todo viendo lo que pasó en las últimas elecciones en la Argentina y también lo que está pasando en América Latina. Si vos mirás el resultado de las elecciones de Colombia, cerca del 85% de los votantes se ubicaron en ambos extremos del arco ideológico.

Cuando llega el momento de las elecciones, la gente exige cierta nitidez y es ahí cuando el posicionamiento tiene que ser claro. Por eso te decía hace un rato que no me cuesta imaginar que la tercera vía sea un Juntos por el Cambio, que debería tener posicionamientos más ambivalentes en relación con el Gobierno, mientras que hoy el PRO tiene una idea un poco más clara de esto que vos mencionás: el próximo paso. La función ya no es discutir el rumbo, sino discutir la implementación o cómo hacer que ese cambio llegue.

En Colombia, el partido de Uribe, que podría ser equivalente a la derecha republicana y a lo que representaría el PRO, no entró al balotaje, pero salió tercero con una cantidad de votos que hace posible que tenga un peso político importante. Analizamos al PRO como significante de Macri y a La Libertad Avanza como significante de Milei. Patricia Bullrich aparece en muchos análisis de opinión pública incluso mejor que el Presidente y que el expresidente Macri. ¿Qué característica particular tiene? ¿Cómo se diferencia en los ciudadanos la preferencia por ella respecto del Presidente y del expresidente?

Patricia Bullrich, en esto que hablábamos de la nitidez, tiene justamente un obstáculo o está intentando un camino que es el de decir: "Sí, pero estoy en La Libertad Avanza con algunas objeciones".

Para los votantes de La Libertad Avanza, Patricia sin duda es una referente del espacio, mientras que los votantes del PRO son quienes tienen un poco más claro que Patricia ya no pertenece al espacio, si bien mantienen una alta valoración de ella, que supo ser hasta hace poco la candidata a presidenta del partido.

O sea, ¿imaginás posible, en una eventual situación de divergencia creciente con Milei, que pueda ser bien recibida por los votantes del PRO? Y no me refiero a las autoridades del PRO, sino al total de la gente que votó por ella en 2023. ¿Creés que lo podría seguir haciendo?

Sí, sin duda tiene una alta potencialidad para retener a sus votantes de primera vuelta. Quizás no la totalidad de sus votos de segunda vuelta, pero sí podría recoger algo de libertarios desencantados.

Recordemos que sus votos de segunda vuelta también se componen del caudal de votos que sacó Horacio Rodríguez Larreta, y hoy pareciera complicado pensar que ella pudiera retener también ese perfil de votantes.

Vos te referís no a las PASO, sino a la primera vuelta. Ahora, yo digo esto: si ella pudiera retener a los votantes del PRO de la primera vuelta y, al mismo tiempo, al 20% de los votantes desencantados de La Libertad Avanza que dicen que no volverían a votar por ese espacio, se le complicaría bastante a La Libertad Avanza, ¿no? Porque se encontraría con una contrincante, siempre y cuando hubiera una alianza con el PRO, del tamaño de la propia La Libertad Avanza.

Exacto. Sin duda sería un escenario más complejo para La Libertad Avanza. Pero me parece que todos estos escenarios, que ya existieron muchas veces en la historia electoral o en la investigación de opinión pública, siempre necesitan de un momento que es muy complicado anticipar: el momento en que ese rompimiento se da.

Una cosa es cuando uno puede evaluar los techos, los pisos y la refracción electoral de un candidato en un contexto en el que se le plantea al entrevistado la posibilidad de que vaya por fuera de un partido. Otra cosa es después de que suceda efectivamente un momento en el que el candidato decide irse de un partido, con todos los componentes que tiene esa ruptura.

Es complicado anticiparlo. Claramente Patricia tiene un electorado, tiene potencial para captar votantes más allá de La Libertad Avanza y una llegada mucho mejor que otros dirigentes libertarios entre los votantes del PRO. Hay que ver, si se va de La Libertad Avanza, cuántos de esos votantes podría llevarse.

Ahora fijate que ponemos el ejemplo de las elecciones de Colombia. El ganador de la primera vuelta, y todo indica que es quien más posibilidades tiene de ganar el balotaje, ni partido tiene. ¿Qué te hace reflexionar esto de que ya ni siquiera es necesario construir un partido y que se puede ganar la Presidencia sin la necesidad de que haya un partido detrás? Se podría decir que Macri y el PRO representan una perspectiva más tradicionalista, propia del siglo XX, y que hoy, incluso si la mayoría de los gobernadores desdoblaran las elecciones en otoño y luego se realizaran las presidenciales en primavera, la necesidad de tener capilaridad en todo el país pasaría a ser secundaria. ¿Puede haber gobernadores de distintos partidos y que el Presidente no tenga ninguno y aun así gane?

Con la irrupción de las redes y de la comunicación digital, y la posibilidad de que los políticos lleguen a la gente de una manera más directa, los partidos políticos fueron perdiendo representación e importancia.

Incluso hay un mercado de partidos políticos donde, a la hora de presentarte, uno va y compra un sello. Son cosas que hemos visto muchas veces en distintas elecciones.

Los partidos sirven en tanto vehículo para que un político llegue a un cargo. Los sellos cada vez tienen menos correlación. Cuando uno hace preguntas de intención de voto por sello, encuentra candidatos que representan esos sellos con una intención de voto mucho mayor que la de su partido, y sellos que tienen una intención de voto mayor que cualquiera de los candidatos que podrían representarlos.

Hay una divergencia entre lo que es el sello y el candidato. En algunos casos a favor del candidato y en otros a favor del sello.

¿Será que es porque los partidos políticos, con los volantazos que tuvieron —en el caso del peronismo, Menem o Kirchner, que parecen la antítesis—, finalmente vaciaron ideológicamente a los partidos y entonces perdieron su capital simbólico? Porque perdieron la representación de una idea. Si cualquier idea es posible dentro de un partido, el partido finalmente es una caja vacía.

Sí, sin duda puede ser eso. Recién, en nuestra conversación de hace un par de minutos, cuando yo te mencioné al radicalismo, vos me dijiste: "Una parte del radicalismo". Y estábamos hablando de algo tan fundamental como estar a favor o en contra del Gobierno nacional, no de detalles en los cuales se permiten divergencias.

Entonces sí, sin duda fueron grandes bolsas, por decirlo de alguna manera, de incluir dirigentes que hoy no logran articular siquiera una posición respecto de algo muy claro como es el apoyo al Gobierno.

Yo creo que el año que viene, una vez más, se va a plebiscitar el rumbo del Gobierno y los partidos van a tener que tener una posición clara respecto de eso, como sucedió en octubre del año pasado, cuando el Gobierno fue muy exitoso en instalar que la pregunta que contestaba esa elección era si había que seguir por el camino que se había empezado dos años antes.

Ahora simplifico demasiado si digo que, hoy por hoy, con todo margen de modificaciones de acá a un año, tu prospectiva se orienta más a que el escenario que encontraremos en octubre de 2027 será uno dividido entre el kirchnerismo, representado por Axel Kicillof, y el antikirchnerismo representado por Javier Milei. ¿Ese es el escenario más probable?

Para mí hoy ese es el escenario más probable, siempre pensando que se sostenga el diseño institucional electoral que hoy tenemos, que es con elecciones PASO. Si efectivamente se llegara a eliminar ese instrumento de definición de candidaturas, podría darse un escenario más complejo, del estilo del que vivimos en Perú hace poco, con muchas candidaturas atomizadas. Ahí la incertidumbre es mucho mayor.

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¿Y le conviene al Gobierno entonces eliminar las PASO en ese planteo? ¿Le conviene ir a la polarización directamente con Kicillof y dejar que logre unir a todo el peronismo y, viceversa, unir a todo el campo de la derecha?

Sí. Entiendo que la decisión del Gobierno de eliminar las PASO, más allá de su convicción de que son una herramienta de la casta, por decirlo en palabras de La Libertad Avanza, tiene que ver con la idea de evitar un escenario de tres tercios. Ellos tienen un votante duro y, en un escenario muy atomizado, pareciera bastante posible que la primera opción de esa atomización sea el oficialismo.

¿Las PASO permiten la posibilidad de crear una tercera alternativa, de juntar a muchos disidentes tanto del kirchnerismo como del mileísmo?

Exacto.