El sociólogo Pablo Semán aseguró que las estrategias de la oposición no logran interpretar el fenómeno libertario y afirmó que afirmó que la unidad de Miguel Ángel Pichetto y Cristina Kirchner "no funciona frente a la Blitzkrieg de Javier Milei”. Sin embargo, en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), dijo: "La desagregación eventual del caudal y la potencia electorales de Milei le abre oportunidades a la oposición".
Pablo Semán es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Antropología por la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Se desempeña como investigador principal del CONICET y profesor en la Universidad Nacional de San Martín. A lo largo de su carrera ha publicado y coordinado diversas obras fundamentales para entender la sociedad argentina contemporánea, como Está entre nosotros (2023), donde analiza junto a otros autores el ascenso de La Libertad Avanza y la figura de Javier Milei desde una perspectiva sociológica.
Pichetto tras reunirse con Cristina Kirchner: "El peronismo tiene que perdonarse"
Quedamos muy shockeados con el discurso ayer del presidente Milei en Estados Unidos, en un foro en el que se suponía que tenía que hablarles a inversores internacionales para alentarlos a invertir en la Argentina. Por el contrario, se dedicó a criticar a los empresarios argentinos, en un tono que generaba incomodidad. ¿El Presidente no logra calibrar la relación entre su discurso y el contexto o simplemente es una estrategia equivocada?
Creo que son las dos cosas al mismo tiempo, que él no logra calibrar y finalmente eso tal vez resulte en una estrategia equivocada. Cuando lo escuché me quedé pensando en por qué, en un contexto en que no tenía ninguna cabida la posibilidad de plantear eso, porque era para otra cosa la reunión, Milei se enfervorizó e hizo casi como causa principal su pelea con empresarios argentinos. En parte él sabe que ahí se jugó antes una parada muy importante y entonces ahora sale a defender lo que creo que fue un traspié.
Además, está un poco un poco en la misma situación, obviamente con muchísimas diferencias, que esos generales triunfantes que abren frentes que los llevan a la debilidad, como Napoleón en Rusia, Hitler en Rusia. No lo digo porque Milei sea Hitler, sino por abrir frentes que no puede tener, porque finalmente le está pasando eso de romper alianzas con distintos factores importantes de la vida social.
Si uno ve qué es lo que está pasando en los últimos tiempos, con las organizaciones sociales, con los sindicatos, está empezando a perder algo del apoyo que tenía y están volviendo a emerger algunas cosas que estaban presentes en el proceso electoral de septiembre. Ahora también se enajena el apoyo de los empresarios que lo apoyaron, porque no es que son empresarios que estaban descontentos con todo lo que hace Milei, sino más bien que aplaudieron y se beneficiaron de muchísimas de sus iniciativas.
Al mismo tiempo, hay que ver un poco la situación de las clases medias. Entonces si rompe con instituciones, rompe con liderazgos, rompe con grupos sociales, tiendo a ver que él se complica a sí mismo con esa jugada donde no se pudo controlar y finalmente termina en una estrategia incorrecta para él.
También probablemente es una estrategia incorrecta para el país, o seguramente es una estrategia incorrecta para el país, porque uno puede evaluar que toda la prédica antiempresarial o antiindustrial de Milei a esta altura debe haber alarmado a los propios empresarios. Yo creo que los mismos empresarios que apoyaban dijeron que esto es medio imparable. Es como que no puede ni pedir perdón, ni desacelerar, ni desescalar. No tiene freno en esto. No es la primera vez que se ven gobernantes que no tienen freno. Y yo creo que los empresarios deben haber quedado muy, muy mal impresionados de eso.
Milei dijo: “Soy el presidente más sionista del mundo. Vamos a ganar la guerra”. Pareciera ser que hay en su esencia un componente hiperbólico que inevitablemente lo lleva, más tarde o más temprano, si redobla continuamente la apuesta, a meter los dedos en el enchufe.
Sí. Y además es políticamente irresponsable cuando los especialistas en relaciones internacionales de la mayor parte de los partidos políticos, e incluso de personajes próximos a su posición política, dicen que hay moverse despacio, no exponerse tanto y mantener la multilateralidad en las relaciones comerciales. Y Milei sale con el fervor de un converso, que siempre es exhibir cuánto pertenece a un nuevo grupo, a una nueva institución, a un nuevo amo. Sale con ese fervor de converso a una situación, que bien vale la palabra hiperbólica, pero que es entre irresponsable e infantil ese “vamos a ganar la guerra” o “soy el más sionista del mundo”. ¿Qué quiere, competir con Benjamin Netanyahu? Me parece que es irresponsable y que es infantil porque no mide las consecuencias que eso tiene para la Argentina en su posición de país independiente y en su posición en las relaciones de comercio internacional. Ningún país que incluso esté alineado con Estados Unidos produce este tipo de expresiones que, además, al exhibir ese grado de sumisión nacional, también es un daño que le hace al país.
Hace un mes, cuando hablamos en este programa de cómo la brutalidad de Trump es parte del cambio cultural, no imaginábamos que fuéramos a estar un mes después en el medio de una guerra. ¿Cómo ves al presidente norteamericano? ¿Encontrás algún punto de comparación en la falta de freno?
La última vez que hablamos ya había sido lo de Venezuela, entonces debería habernos alcanzado para imaginar que era posible esta guerra. Y de nuevo ahí hay una cosa, que es que pasan cosas que todos piensan que no van a pasar, aunque yo creo que había mucha gente prevenida con que lo de Irán podía ocurrir así. No tengo elementos de inside information como para responder a tu pregunta. Por un lado, parece que Trump no tuviese planes y que va decidiendo sobre la marcha, sobre la base de alguna información militar que tiene. Y entonces, muchos están con la tesis de que Trump se puede entrampar en esto, como se entrampó Estados Unidos en otras guerras. Otro que abre un frente que no debería haber abierto.
Y por el otro lado, a mí me impresiona una alternativa a esta interpretación, que yo no estoy seguro que sea así, pero en todo caso es un elemento que está jugando en la situación geopolítica mundial, que es que por el momento Estados Unidos parece haber desarrollado un grado de ventaja tecnológica que le permite apostar a resolver la guerra rápidamente. No sé si lo puede hacer o no, pero hay un hecho que para mí es muy llamativo, que es el tipo de tecnología que han puesto en juego Estados Unidos e Israel es un tipo de tecnología que convierte a gobiernos que tienen organizaciones muy sofisticadas, como el de Irán, que no es lo mismo que el de Venezuela, casi en organizaciones clandestinas dentro de su propio país. Para mí esos son como los extremos de la situación: o no hay plan o, en realidad, hay un plan muy basado en esa superioridad tecnológica que le abre a Estados Unidos una ventana de oportunidad para revertir o desacelerar la expansión de China, que en realidad es lo que está en juego en todo esto. Pero la brutalidad puede ser por plan o simplemente por desatino.
O como vos decías anteriormente, una combinación de ambos: por un lado, hay una superioridad militar tecnológica que no había en el pasado y, por otro lado, una persona que la está utilizando sin medir claramente un plan de contingencia.
Y, por otro lado, porque parece ser que ni a Estados Unidos ni a Israel les preocupe que Irán sea Irak, Libia, Siria, que son países que salieron de esas guerras mucho peor de lo que estaban antes, que no es que estaban bien, pero se han transformado en anarquías. Las entidades nacionales difícilmente sobreviven a esas crisis. Entonces uno se pregunta si estarán apostando efectivamente a eso o será que creen que es un daño colateral que están dispuestos a asumir.
Las encuestas de distintas empresas de análisis de opinión marcan un descenso en el que coinciden todos respecto de la aprobación de la gestión del presidente Milei, mucho relacionado con la economía. Hay quienes dicen que un 60 o 65% está en contra de las políticas económicas del Gobierno y que en un porcentaje simila vive peor que hace un año y que cree que va a estar peor dentro de un año que hoy. ¿Creés que se están creando condiciones para la emergencia de una alternativa o todavía hay, en el caso de Milei, una especie de vacuna por los errores de los gobiernos anteriores que juega a su favor?
Uno de los síntomas que yo vine siguiendo el año pasado y que creo que puede ser parte de la situación es que los niveles de escepticismo de la sociedad en los partidos políticos sigan creciendo si Milei empieza a ser tan frustrante como dicen estas encuestas y como yo veo por otros medios que en parte está siendo frustrante para muchísima gente, incluso gente que lo votó.
Por el otro lado, creo que la desagregación eventual del caudal y la potencia electorales de Milei le abre oportunidades a la oposición. Pero me parece que hay una primera cuestión para tener en cuenta, que es que ese es un campo muy heterogéneo, que no veo ni capacidad ni voluntad de querer abrazar ese conjunto de heterogeneidades.
Y por el otro lado también, para que haya efectivamente una alternativa opositora hay que ver quiénes se ponen al frente de esa alternativa, porque el electorado ya dio pruebas de que puede reaccionar diciendo que, si vuelven los de antes, entonces o no participan o votan en contra de los de antes. El estigma que pesa sobre los de antes me parece que todavía se tiene. No veo síntomas de que eso se haya revertido.
Además, porque si uno ve la conducta de la mayor parte de los dirigentes políticos, los dirigentes políticos siguen pensando, y no solamente los del kirchnerismo, que Milei ganó por casualidad y que ellos no tienen nada que ver con el triunfo de Milei y que están esperando que se deshaga la ilusión. Un poco la preeminencia de la pregunta de por qué lo vuelven a votar es la continuidad de la ceguera de por qué lo votaron por primera vez y es la continuidad de la ceguera de que se dijo: “Esto no puede pasar de ninguna manera”. Cuando se dijo que esto no puede pasar, pasó. Y después de que pasó se dijo: “No lo van a votar por segunda vez”. Y lo votaron. Y, sin embargo, sigue la pregunta como si no se hubiera tomado nota de todo lo que ocurrió y se estuviese esperando el milagro de que la sociedad se ilumine y vuelva a la verdadera verdad, valga la redundancia. Entonces, esos dirigentes me parece que están muy impedidos de ejercer su trabajo de representación.
No digo que todos los dirigentes son así. Yo creo que hay dirigentes que han tomado nota y no están diciendo permanentemente su diagnóstico, cosa que me parece bien. Algunos dirigentes políticos, en vez de eso, han tomado los diagnósticos como estrategia justificatoria de negación de sus errores. En general yo diría que todos los dirigentes que dicen “esto es por una ola mundial, es por las redes sociales, es por esto, por lo otro”, no se hacen cargo de haber hecho nada. No es por la inflación, no es por haber mentido con la cifra de inflación, no es por haber relativizado la problemática de la seguridad, no es por lo que pasó en la pandemia, que son cosas que aparentemente ocurrieron, digamos, del cielo por un movimiento geológico.
Entonces es importante tener en cuenta quién se va a hacer cargo de este desierto de representación, o mejor, de esa posibilidad de erosión de la capacidad de representar de Milei. Yo vuelvo a insistir con un dato: Milei ganó con el voto de 33 de cada 100 argentinos en condiciones de votar. Y allí también hay otra cuestión, que es que la misma oposición que no sabe cómo enfrentar a Milei también sacó una conclusión demasiado pesimista de la elección. Porque había muchos que dijeron en su momento: “Miren que este triunfo no es definitivo, es una victoria transitoria. Hay mucho descontento”. Milei podría haber perdido la elección. Y lo que yo veo es reemerger motivos de crítica a Milei que habían aparecido muy marcadamente en septiembre y parte de octubre del año pasado. Eso está volviendo a emerger. Lo que me parece que hay que construir es una situación, desde el punto de vista de la oposición, en la que se pueda confrontar con más éxito y no cargar con que si vuelven los otros, no votan o votan en contra.
¿Cómo ves en ese sentido el intento de Miguel Ángel Pichetto de tratar de plantear una especie de Pacto de la Moncloa, una especie de Mandela, de hablar del perdón, para tratar de unificar a toda la oposición peleada entre sí?
Te voy a decir dos cosas. La metáfora Mandela está muy mal utilizada en general. Ya se había utilizado mal porque se la utilizaba en el sentido de que muchos que acudían a Mandela en realidad eran los blancos que habían torturado y asesinado negros pidiendo un Mandela. Entonces, en este caso, para mí es una metáfora tras la cual Pichetto esconde una visión de la política en la que la política tradicional tiene que volver: que vuelva la rosca, que vuelvan los acuerdos, que si se unen todas las salas de dirigentes del peronismo se une el peronismo por abajo.
Y yo te voy a dar una metáfora para comprender el error de esta apreciación de Pichetto y también quizás de Cristina (Kirchner) y también de (Guillermo) Moreno y, en general, de los opositores. En la Segunda Guerra Mundial los franceses se habían preparado para una eventual invasión alemana con un dispositivo que se llamaba la línea Maginot, que era una serie de fortificaciones artilladas pero fijas. Justo en el momento en que los alemanes, que en realidad habían bastante copiado esto de los rusos que mandó a fusilar (Iósif) Stalin, el dispositivo de la Blitzkrieg, de una guerra rápida con elementos móviles y con elementos aéreos.
Entonces yo lo que creo es que las hipótesis de Pichetto tienen que ver con la defensa de la estrategia de la línea Maginot, unas fortificaciones que no sirven. ¿Por qué? Porque Milei no se ancló en las instituciones, sino en una especie de vendaval y fluidez social, que son los electorados que desbordaron a las instituciones y que desbordan permanentemente a las instituciones. Entonces me parece que en el fondo Pichetto va de diablo, pero es ingenuamente diabólico, porque es un maquiavelismo que no funciona para la situación contemporánea. La unidad de Pichetto y Cristina no funciona frente a la Blitzkrieg de Milei. Eso no niega que los dirigentes tengan que articular proyectos opositores, pero él cree que es el peronismo de derecha, de centro, se junta con Cristina y suman todo, y después van a una elección y pierden porque tiene una imagen negativa espantosa.
TV / EM