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MODO FONTEVECCHIA
Necesidad de un "relato mentiroso"

Gustavo Córdoba: "Pasaron de decir que tenían diferencias con Lavagna a que era un conspirador contra el Gobierno"

El analista político sostuvo que el Gobierno pasó, en menos de 24 horas, de cuestionar los números del IPC a acusar a Marco Lavagna de conspirar contra la gestión. “Era vital controlar la narrativa”, advirtió.

Gustavo Córdoba
Gustavo Córdoba | CEDOC

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el analista político Gustavo Córdoba analizó la crisis desatada en torno al Índice de Precios al Consumidor y el desplazamiento de Marco Lavagna, y advirtió sobre la centralidad del control del relato en la estrategia del Gobierno. “Pasaron de decir que no coincidían los números a decir que lo echaron y que Lavagna en realidad era un conspirador contra el Gobierno”, sostuvo, al tiempo que remarcó que “al Gobierno lo van a reelegir en función de la inflación” y que, por eso, “era vital controlar la narrativa”.

Gustavo Córdoba es consultor y analista político, es magíster en Comunicación Política por la Universidad Austral y politólogo especializado en comunicación electoral y gubernamental. Dirige la consultora Zuban Cordoba y Asociados, conocida por sus informes mensuales sobre el humor social, la aprobación presidencial y tendencias electorales.

Nos preguntábamos si hay una metáfora entre aquella del cuento clásico infantil de Blancanieves, donde la madrastra y bruja rompe el espejo cuando ve que ella no es la más linda, y tantas otras metáforas en la historia de quien rompe el termómetro cuando lo que le indica no le satisface. En la actitud de Milei respecto del Índice de Precios al Consumidor y el despido o la renuncia de Lavagna, en cualquiera de los casos producida forzada por el propio Milei. En ese caso, ¿estamos frente a algo similar a alguien que se pelea con la realidad, ya no solamente con la oposición?

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Este es un gobierno, podríamos parafrasear esto que bien decís, que el milagro no es económico sino metafórico. Entonces, es como que si la realidad no encaja en mi aspiración, postergo, elimino, renuncio, en función del objetivo que tiene el gobierno de mostrarle a la sociedad argentina un índice inflacionario controlado.

Porque, a ver, fijémonos en esta pauta. Escuchaba atentamente cuando estaba hablando mi colega hace unos minutos atrás, que él hablaba de que las hegemonías no son para toda la vida. Yo coincido con esa mirada y te quería plantear esto. Milei tiene la posibilidad de ser reelecto. Todo presidente electo en democracia tiene aspiración de un mandato más y legal y constitucionalmente y políticamente está avalado.

Ahora bien, a Milei no lo van a reelegir por la transparencia, no lo van a reelegir por el sistema democrático que han mejorado bajo su mandato. A Milei no lo van a elegir por el aporte de la producción que ha hecho en la Argentina, sino más bien por este intento velado de acomodar, bajar los índices inflacionarios, aunque en el camino se crean sus propias mentiras.

Entonces, por eso para el gobierno era vital controlar la narrativa. Fijate que en menos de 24 horas pasaron de decir que no coincidían los números, a decir que lo echaron y que Lavagna en realidad era un conspirador contra el gobierno. Hay un intento de control de la agenda por parte del gobierno que me parece que es muy poco eficaz por estos momentos.

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¿Hay similitudes de este proceso político con otras hegemonías coyunturales, y alguna explicación respecto de la falta de surgimiento de una alternativa y una oposición más competitiva?

Creo que este gobierno es incomparable con cualquier otro en contexto, en proceso, en cómo se origina, en cómo se da su propio funcionamiento. Fijate que hasta el comportamiento de la sociedad argentina, este 40% que lo apoya a ojos cerrados al gobierno, no tiene una equiparación. A lo mejor el voto a Macri en el 2019 contra Alberto Fernández, que lo votaron con los ojos cerrados a Macri en ese contexto.

La diferencia, creo, con otras épocas es que hay un 55, 60% de argentinos que no son mileístas ni libertarios, que podríamos ponerlos en la vereda del frente, pero que no tienen una única representación política. Creo que la gran diferencia con otras épocas es que la actual representación política está absolutamente rota, fragmentada, en crisis. Veremos si estos episodios de pérdida de confianza en el gobierno se traducen en ganar la iniciativa para sectores opositores. Porque, más allá de que falta mucho para el 2027, no está mal y no sería una mala idea que la oposición se vaya despertando.

Me preguntaba, buscaba comparaciones mientras hablábamos, Menem del 95, donde gana con más del 50% de los votos sobre elección y tiene una oposición dividida en dos, y como en un proceso de fragmentación. Cristina del 2011, que también gana con más del 50% y le saca, no sé, 25 puntos al segundo, también con una oposición dividida en aquel momento ¿Hay alguna similitud entre 2011 y 2015, donde la oposición fragmentada no logra aparecer como una alternativa?

Sí, hay muchas similitudes, pero partamos las diferencias. Convengamos que son modelos ideológicamente opuestos, el de Carlos Menem y el de Cristina Kirchner. Fueron los dos últimos presidentes que consiguieron sus reelecciones, pero fijate qué, a pesar de tener una matriz ideológica económica distinta, hasta te diría opuesta, ambos lograron una mejora relativa en el poder adquisitivo, en el ingreso de los argentinos.

Creo que gran parte del éxito reeleccionista fue logrado en base a ese contexto económico, de ese planito que tuvieron ambas presidencias, cosa que este gobierno no la tiene. Ahí creo que hay una sutil pero importante diferencia, toda vez que hay muchos argentinos todavía hoy que dicen que, comparado con gobiernos anteriores, hoy está peor desde que Milei es presidente.

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¿Qué pasa con los gobernadores? ¿Qué pasa con la frustración que hubo respecto de Provincias Unidas? Si esa oposición alternativa en 2027 se recreará desde allí o ese es un proyecto trunco que no tiene reconstrucción.

Es un dilema que atraviesa hoy todas las conversaciones de todos los quinchos del verano, ¿no? La polarización es tan extrema, no solamente aquí en Argentina, sino en todo el mundo, que prácticamente el que vende moderación, el que vende centro, está vendiendo un ideal que es muy difícil de concretar. Eso le pasó a Provincias Unidas porque, fijate, gran parte de sus votantes, por no decir una mayoría de sus votantes, lo votaron a Milei en el balotaje.

Ese fue el dato de inicio, me parece que hay que tenerlo presente. Aún en una situación de crisis total, porque cuando fuimos a votar en octubre el gobierno de Milei era un gobierno fallido, estaba en default político y en default económico. De no mediar el rescate personal de Donald Trump, el gobierno perdía las elecciones. Ese votante de Provincias Unidas pensó que el lunes negro era el fin de su presente económico.

Entonces, fueron a votar de nuevo a Javier Milei. ¿Cuál fue el pecado? Que de alguna manera no lograron diferenciarse respecto del original, que eran los libertarios, que era Milei, aun con oferta de candidatos desconocidos, mientras que la oferta de Provincias Unidas quedó desdibujada por completo frente a la coyuntura de ese lunes negro que hasta el mismo gobierno vendía.

Entonces, creo que el desafío de los gobernadores es más grave hoy porque el gobierno tiene hoy más legisladores, tiene más diputados y más senadores. Ha ganado presencia, con Santilli y con Bullrich en el Senado, ha ganado espaldas políticas que antes no tenía. Y los gobernadores ahora no tienen tantas opciones. Si quieren seguir apostando a la avenida del medio, yo diría que deben persistir en el ejemplo y sostenerse y diferenciarse.

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Ahora, es muy difícil cuando vos no te diferenciás en lo absoluto durante dos años y cuando llega el momento electoral sí lo hacés. Ahí es donde yo veo que los gobernadores quizás no tienen la constancia o no tienen, y lo entiendo, porque tienen que pagar sueldos y tienen una coyuntura económica y financiera compleja, pero si vos no te diferenciás, ¿por qué le vas a pedir a tu votante que no vote el original?

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En la Argentina no podemos decir de manera categórica que un proceso ha terminado, de ninguna manera. Habrá que ver. Yo creo que la cuestión de la coyuntura política argentina depende mucho de la situación personal política de Donald Trump. A ver, yo separo estas cuestiones: la política, la economía y la política exterior.

En política ya convenimos que Milei y su gobierno tienen más espalda. Ahora, en términos económicos, el gobierno está peor que en octubre. La Argentina está peor que en octubre. Y en términos de política exterior, yo te diría, ¿qué política exterior? No tenemos política exterior. Es la primera vez en la historia que tenemos un ausente gigantesco de nuestras tradiciones diplomáticas de toda la vida.

Allí tenemos un enorme problema porque, si Donald Trump es derrotado en las elecciones intermedias en Estados Unidos, el liderazgo de Trump, que está hoy fragmentando el orden mundial, va a tener una explosión dirigida hacia la Argentina de manera muy directa, hacia el presidente Milei. Por supuesto, si gana las elecciones, Milei saborearía, digamos, iría a festejar a Mar-a-Lago y aplaudiría. Pero, ¿y si pierde? ¿Cuál es el destino de la Argentina si Donald Trump pierde las elecciones? Me parece que el país está en un riesgo muy grande, y creo que el gobierno de Milei no tiene el vuelo como para entender este contexto internacional. Nos expone gratuitamente en una exposición internacional que no tiene, a mi criterio, sentido.

Si vos tuvieras que construir el candidato ideal para el post Milei, ¿qué características tendría que tener? ¿Cuál tendría que ser el discurso lógico a posteriori de los resultados buenos y malos de Milei?

Ahí tiene mucho que ver lo que define el peronismo. Advirtiendo de antemano que hay dos escenarios. Pero el contexto sería que, por primera vez en la historia, el peronismo colabora con el antiperonismo en la destrucción del peronismo. Esto es algo inédito, no lo habíamos visto hasta acá. La mala praxis política de gran parte de la dirigencia nacional del peronismo está expuesta, está visible.

Ahora bien, estos dos escenarios, tienen modelos que tienen mucho que ver con el sistema electoral argentino, con esta posibilidad de elegir un presidente en segunda vuelta, que condiciona el perfil del candidato. Entonces, si vos me decís: “En un contexto de crisis económica en donde Milei estabiliza apenitas”, una opción kirchnerista acompañada por independientes podría ser una opción importante.

Ahora, honestamente, yo creo que eso es una opción de muy baja probabilidad. Creo que la opción de más probabilidad es un candidato peronista, independiente, acompañado por el resto del peronismo y el resto de fuerzas provinciales. Hoy una maniobra de alta política que no sé si alguno la está viendo, no sé si es fácil de construir, pero evidentemente hay que darle algún grado de representatividad a ese casi 60% de argentinos que se consideran antimileístas. Ahí hay un desafío muy grande. Y, si no, veremos si el gobierno tiene más habilidad para fragmentar a la oposición, como ha ocurrido hasta aquí, con la gran elaboración de los gobernadores.

En este sentido, no podemos descartar a Pullaro, ni a Schiaretti, no podemos descartar a Llaryora, no podemos descartar a Nacho Torres, no podemos descartar a Valdés, no podemos descartar a Gustavo Sáenz. Es decir, no podemos descartar a ninguno. Lo que pasa es que el panorama hoy no es muy claro.

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A ver, dejame ponerlo en estos términos: dos hipótesis de oposición. Las dos que requieren el éxito siempre tiene componentes contradictorios dentro de sí. La riqueza es la diversidad en armonía. O sea, siempre para que haya grandeza tiene que haber contradicción interna que se logra mal amalgamar y resolver.

Entonces, podría venir de dos lados. De un Kicillof que logra despegarse de Cristina Kirchner, del kirchnerismo, y logra convencer a sectores de centro, como podrían ser gran parte de los gobernadores. O, por el otro lado, de un Mauricio Macri que logre despegarse de los libertarios y logre convencer también a los gobernadores y al centro de una alternativa.

En cada caso, el de izquierda debería decir que es de centro y el de derecha debería decir que es de centro. Es decir, el desafío de ambos, lo personalizo simplemente como significantes: en Macri, en Kicillof; que son los dos representantes del pasado. Kicillof de lo que podría ser el kirchnerismo renovado y Macri de lo que fue él mismo y lo que sería un PRO renovado. Uno que trate de buscar un Juntos por el Cambio nuevo y otro que trate de buscar la transversalidad de Néstor Kirchner nuevo. ¿Te parecen dos hipótesis plausibles como significantes de alternativas que vengan a decir: “Mantengo el orden económico, pero además propongo desarrollo”?

Sí, son modelos para explicar, con el contexto actual, escenarios que son a futuro. Ahora, dejame decirte esto sin ánimo de contradecir sino con el ánimo de ampliarlo. En el año 2023, en octubre, cuando ganó Milei, corría el año 2022 y no existía la certeza de que Milei podía ganar las elecciones. Es decir, estamos asistiendo a procesos mucho más dinámicos en donde la existencia o no de partidos políticos es una cuestión secundaria. El ánimo social, cómo viene el de la sociedad argentina, va a ser clave para los proyectos de poder que se estén construyendo.

Y dejame ir al 2001 porque me parece un buen ejemplo de la temporalidad. Cavallo había metido corralito, no había más que algunos ahorristas golpeando la puerta de los bancos. Ahí nacieron para la posteridad los cacerolazos; pero recién cuando fue con el proyecto de ley del blindaje al Congreso, la crisis económica en la Argentina se desencadenó en cuatro días. Vino la represión, vinieron los muertos y la salida de De la Rúa del poder.

¿Qué quiero decir con esto? Que la ausencia de la alternativa hoy no es un tema de discusión, porque en cuatro días se te puede armar una alternativa. El dilema es la capacidad del gobierno de gestionar su propia gobernabilidad, porque esta impericia, esta manera de cometer errores autoinfringidos, cada vez con mayor riesgo, porque, vuelvo a insistirte, al gobierno lo van a reelegir en función de la inflación. Entonces, esto que pasó en estos días es el corazón de la propuesta política del gobierno. El gobierno no puede admitir su fallo y que por octavo mes consecutivo la inflación está creciendo. Entonces, necesita, aunque sea un relato mentiroso, contarle a la Argentina que la inflación sigue controlada.

Entonces, vamos a ver. Yo no descarto ningún escenario. Lo que sí creo es que el gobierno tiene hoy desafíos que no sé cómo los va a cumplimentar, porque se está quedando sin apoyos, cada día suma nuevos adversarios o deja de tener aliados, como bien señalabas vos en tu editorial. Así que no sé, tengo más incertidumbre que certezas respecto de este presente gobierno.

LT