Una escena se vuelve cada vez más frecuente. Un joven en crisis a las 3 de la mañana se despierta. No espera al otro día para sacar un turno con un profesional: abre su celular o computadora y conversa con el chatbot de Gemini, Claude o ChatGPT. ¿Qué consecuencias psicológicas tiene el uso de la IA como confidente emocional o psicoterapeuta? ¿Es mejor que nada? Es decir, quienes no tienen dinero para costear un tratamiento psicológico, ¿pueden usarlo para mitigar la angustia o ansiedad o es totalmente perjudicial para la salud mental?
Según diferentes estudios, aproximadamente uno de cada tres usuarios de IA en el mundo la utiliza también como psicólogo o confidente emocional. Uno de los informes que lo señala es el realizado por la empresa de ciberseguridad Al Security. Entre los argentinos, este número es del 20% y del 35% entre los más jóvenes.
En Asia crece el uso de la IA como confidente, sobre todo entre jóvenes. En India, un estudio citado por India Today indica que el 57% la usa para apoyo emocional y el 88% cuando está estresado. En China y Taiwán también se popularizó porque es más barata, accesible y menos estigmatizante que la terapia.
Un estudio de la American Psychological Association encontró que el 48% de las personas que sufren una afección psiquiátrica y usan IA le piden consejo terapéutico.
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Mi psicólogo ChatGPT
“ChatGPT me ha ayudado muchísimo a nivel emocional, porque no es una persona, no es alguien que te quiera atrapar para que sigas haciendo sesiones como un psicólogo o un psiquiatra”, confesó el influencer Tomás Mazza en una entrevista con el streamer español René ZZ.
Para responder al planteo de Mazza, le consulté a mi propio chatbot de ChatGPT. Su nombre es Marina y la utilizo de manera diaria en mi trabajo. Contestó lo siguiente.
“Es comprensible que algunas personas sientan que hablar con una IA puede ser más cómodo que hacerlo con un profesional o con alguien cercano, porque no hay juicio ni presión social. Pero también es importante aclarar que herramientas como ChatGPT o Gemini no reemplazan la terapia psicológica. Las plataformas tecnológicas suelen estar diseñadas para que los usuarios vuelvan a utilizarlas con frecuencia, como ocurre con muchos servicios digitales, aunque no funcionan exactamente igual que las redes sociales. La IA puede servir para reflexionar, ordenar ideas o desahogarse, pero el acompañamiento profesional implica algo distinto: diagnóstico, responsabilidad clínica y un vínculo humano que hoy la tecnología no puede sustituir”.
¿Es mejor que nada?
Ahora, ¿el uso de IA como confidente emocional o psicoterapeuta es mejor que ningún tipo de contención? Es decir, ¿qué sucede cuando el retiro del Estado de la cobertura de salud mental gratuita o la falta de poder adquisitivo dejan a las personas sin ningún tipo de atención psicológica? En esos casos, ¿la IA puede ayudar o es totalmente perjudicial?
El psiquiatra digital John Torous, director del programa de salud mental digital del Beth Israel Deaconess Medical Center y profesor en Harvard Medical School, ha señalado que las herramientas de IA pueden servir como primer punto de apoyo para personas que no acceden a terapia. Según explica, los chatbots pueden ayudar a “organizar pensamientos, registrar emociones o sugerir estrategias básicas de afrontamiento”, algo que, para alguien aislado o sin recursos, puede ser mejor que no tener ningún tipo de contención. Sin embargo, advierte que no reemplazan el diagnóstico ni el tratamiento clínico.
Una postura similar sostiene el psicólogo australiano Nick Allen, investigador de salud mental digital en la University of Oregon. Allen explica que las herramientas conversacionales pueden funcionar como “apoyo de baja intensidad”, especialmente en contextos donde la terapia es inaccesible por costos o falta de profesionales. Desde su perspectiva, los chatbots pueden ofrecer ejercicios de regulación emocional o técnicas simples de terapia cognitivo-conductual, lo que podría reducir la sensación de soledad o ansiedad momentánea.
Dos de cada tres adolescentes usa Chat GPT para hacer la tarea
La emprendedora y psicóloga clínica Alison Darcy, fundadora de Woebot, una de las primeras aplicaciones de terapia conversacional con IA, también defiende este enfoque. Darcy sostiene que estas herramientas no deben verse como sustitutos del psicólogo, sino como “una puerta de entrada al cuidado de la salud mental”. En su opinión, millones de personas no reciben ningún tipo de ayuda psicológica en el mundo, y las plataformas digitales pueden ofrecer apoyo inmediato, accesible y sin estigma.
Sin embargo, los expertos plantean que la contención que puede brindar Chat GPT u otros chatbots es mejor que nada, siempre que sean problemáticas leves. Cuando hay riesgo suicida, hay casos que indican que la atención que puede brindar la IA, puede ser perjudicial e incluso colaborar con el desenlace fatal.
En los últimos años hubo varias demandas judiciales en EE. UU. donde familias responsabilizan a chatbots por suicidios o conductas suicidas, y una de las más conocidas involucra directamente a ChatGPT y OpenAI.
El caso más citado es Raine v. OpenAI, presentado en agosto de 2025 por los padres de Adam Raine, un adolescente de 16 años de California que se suicidó en abril de ese año. La familia sostiene que el joven había desarrollado una relación de confianza con ChatGPT y que el chatbot no solo no lo disuadió, sino que en algunas conversaciones le dio información sobre métodos de suicidio y lo ayudó a redactar una nota de despedida.
Paradoja argentina: en el país de los psicólogos las personas se atienden con ChatGPT
Este debe ser el escenario que enfrentan muchas personas que necesitan atención psicológica en nuestro país hoy. En la actualidad es totalmente esperable que la mayoría de los argentinos que sienten la necesidad de ir al psicólogo no puedan pagarlo.
Actualmente una sesión cuesta entre 30 mil y 40 mil pesos. Es decir, la atención psicológica tiene un valor de entre 120 mil y 160 mil pesos mensuales, teniendo en cuenta que, en general, tiene una frecuencia semanal.
Según un estudio del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, el 72% de los argentinos gana menos de un millón de pesos. La canasta básica individual es de 440 mil pesos y la familiar de 1,2 millones. Sumado a esto, un alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires o el conurbano se encuentra entre 300 mil y 500 mil pesos. Estos números indican que las personas que viven solas y, fundamentalmente, las que son cabezas de hogar están endeudadas y con casi nulas posibilidades de costear un tratamiento psicoterapéutico.
En lo que respecta a la cobertura pública, desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023 ha sufrido un fuerte ajuste presupuestario como parte del programa de reducción del gasto estatal. Informes sobre ejecución presupuestaria indican que el presupuesto sanitario nacional cayó cerca de 48% en términos reales durante el primer año de gestión, acompañado por miles de despidos en el Ministerio de Salud y en organismos vinculados al sistema sanitario.
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El impacto también alcanzó directamente a la salud mental. El histórico Hospital Nacional de Salud Mental Laura Bonaparte, uno de los principales centros públicos especializados, registró una caída presupuestaria cercana al 38% en términos reales, en el marco de recortes más amplios en hospitales nacionales.
Además, el proyecto de presupuesto nacional prevé un fuerte recorte en programas comunitarios de salud mental. La actividad estatal destinada a “Apoyo y Promoción de la Salud Mental”, clave para implementar la Ley Nacional de Salud Mental, podría sufrir una reducción de más del 90% de sus recursos, lo que limitaría programas de prevención, capacitación de equipos y asistencia comunitaria.
Organizaciones de derechos humanos y asociaciones profesionales advierten que este desfinanciamiento llega en un contexto de creciente demanda: en varias provincias las consultas ambulatorias por salud mental aumentaron casi 80% y las internaciones psiquiátricas crecieron en los últimos años.
En ese sentido, miles de argentinos se encuentran solos con su angustia frente a una pantalla e intentan mitigar su sufrimiento con un chatbot. Esto en el país que tiene una de las tasas más altas de psicólogos por habitante. Según datos citados por la World Health Organization, Argentina tiene alrededor de 220 a 286 psicólogos cada 100.000 habitantes, una cifra muy superior al promedio mundial y también al de los países desarrollados. Para que se puedan hacer una idea, Estados Unidos tiene 30 psicólogos por cada 100 mil habitantes.
Paradojas de los tiempos actuales: en el país con más psicólogos por habitante, miles de personas terminan hablando de su angustia con una inteligencia artificial.
EM